#1 Mentoría: cómo encontrar uno y serlo
Introducción
Habiendo servido como pastor de una iglesia llena de estudiantes universitarios durante la mayor parte de los últimos veinte años, una de las preguntas más frecuentes que recibo es: «¿Cómo puedo encontrar un mentor?». La pregunta normalmente proviene de un estudiante o recién graduado que, rodeado por compañeros de su misma edad, está buscando sabiduría, consejo y una relación con alguien que tenga más edad y sea más experimentado en el camino de la vida. Aunque no sepan exactamente lo que eso significa, quieren contar con un mentor. Muchos incluso asumen que es una especie de derecho de nacimiento que viene con la vida cristiana.
Inevitablemente, este deseo y búsqueda de mentores por parte de hombres y mujeres más jóvenes en nuestra congregación provocó la pregunta que tiene que está en la otra cara de la moneda: «¿Cómo puedo ser un mentor para alguien?». Aunque ser mayor o estar en otra etapa de la vida puede convertirte automáticamente en candidato, cuando alguien te pide que lo mentorees, ¿qué es lo que eso significa? ¿Qué es lo que realmente te están pidiendo? ¿Qué implica ser mentor de alguien? ¿Cómo se hace?
A lo largo de los años, hemos visto cómo se repite esta escena cientos de veces en nuestra iglesia. La gente está ansiosa por encontrar un mentor. Otros están ansiosos por ser mentores. Sin embargo, ninguno de los dos grupos sabe exactamente por dónde comenzar. Y aún más importante, no están seguros de lo que significa ser mentor. La esperanza de esta guía de estudio es ofrecer una base para comprender lo que significa ser y encontrar un mentor.
¿Qué es mentorear?
En términos generales, mentorear es dar una guía piadosa para toda la vida.
Como cristianos, nuestra tarea es ayudar a otros a poner sus vidas completamente bajo el señorío de Cristo Jesús. Por lo tanto, mentorear implica todo tipo de orientación, en la que una persona comparte su sabiduría, conocimiento, habilidades y experiencia para ayudar a otra a crecer en esas áreas.
Un mentor es alguien cuya vida merece ser imitada, alguien que intencionalmente invierte en una relación de vida que es mutuamente enriquecedora. Quien es mentoreado anhela aprender y crecer, y busca la sabiduría y la guía de alguien que sea su ejemplo. El mentoreo cristiano, por tanto, es una relación en la que alguien mayor imparte la sabiduría de toda la vida a alguien más joven. Este tipo de relación es muy amplia e incluye lo que a menudo llamamos discipulado.
Más allá de esta descripción de mentoreo, las Escrituras proporcionan un ejemplo que clarifica e instruye con mucho más detalle lo que ya hemos considerado.
Una de las imágenes más ilustrativas del mentoreo en el Nuevo Testamento es la relación entre el Apóstol Pablo y Timoteo. De hecho, a lo largo de los años, muchas personas han planteado sus preguntas y deseos de recibir mentoría a partir de esta relación.
Audioguía
Audio#1 Mentoría: cómo encontrar uno y serlo
Parte I: Pablo y Timoteo
En el libro de los Hechos y en las dos cartas personales que el Apóstol Pablo le escribió (1 y 2 Timoteo), vemos a Timoteo pasar de ser un joven discípulo de Jesús a uno de los sucesores de Pablo en el ministerio. Los destellos del desarrollo de Timoteo bajo la dirección de Pablo nos proporcionan una base sólida y un modelo de cómo mentorear. Lo que sigue es una breve reflexión sobre el mentoreo de Pablo a Timoteo, tal como se describe en las Escrituras, seguida por algunas implicaciones prácticas para los mentores en la actualidad.
Aunque resulta tentador pasar por alto las reflexiones teológicas e ir directamente a las implicaciones prácticas, no hay que dejarse llevar por ello. Estas reflexiones sobre la relación entre Pablo y Timoteo no son un mero comentario teológico. Su objetivo es ayudarnos a obtener y articular un soporte teológico que implica un enfoque particularmente cristiano del mentoreo. Una vez más, ¿cómo podemos mentorear o ser mentoreados por alguien si no sabemos cuál es el objetivo de esa mentoría? Estas reflexiones sobre la relación entre Pablo y Timoteo proporcionan un fundamento estable y algunas categorías prácticas que ayudarán tanto a mentores como a mentorados a comprometerse con confianza en sus propias relaciones de guianza.
El mentoreo de Pablo a Timoteo: Un resumen
Aunque no sabemos mucho sobre los primeros años de vida y fe de Timoteo, la correspondencia que le enviaba el Apóstol Pablo nos dice que su madre judía, Eunice, y su abuela, Loida, lo educaron desde muy joven en el temor de Dios (2Ti 1:5). Estas mujeres piadosas fueron las primeras mentoras de Timoteo, y las más importantes. Desde la infancia de Timoteo, estas fieles mujeres le enseñaron las Sagradas Escrituras y fueron sus modelos de fe (2Ti 3:14-15).
Podemos decir con mucha seguridad que la mentoría de Pablo hacia Timoteo comenzó en la ciudad de Listra durante su segundo viaje misionero (Hch 16:1). Cuando Pablo lo encontró, Timoteo ya tenía una buena reputación entre los miembros de su iglesia (Hch 16:2). En otras palabras, era un candidato ideal para ser su discípulo. Durante su viaje, Pablo notó algo en Timoteo que lo convenció de querer llevar al joven con él en la misión (Hch 16:3). Parece que Pablo era muy activo y aprovechaba las oportunidades cuando se trataba de ser un mentor. Buscaba continuamente la ocasión para enseñar a aquellos que, como Timoteo, destacaban entre la siguiente generación. Su relación de mentoreo con Timoteo comenzó así.
Cuando salió de Listra, Timoteo se vio inmediatamente inmerso en la obra del ministerio mientras acompañaba y ayudaba a Pablo y a Silas: al principio del viaje, Pablo dejó a Timoteo con Silas, ofreciéndole la primera de muchas oportunidades para dar un paso adelante y asumir más responsabilidades (Hch 17:14). Además, Pablo le encomendó a Timoteo diversas tareas especiales a lo largo del camino (Hch 19:22) y cada vez le confió más liderazgo. Pablo invirtió su tiempo y esfuerzo en Timoteo y trabajó incansablemente para que creciera en el ministerio. Aunque el libro de los Hechos nos ofrece un resumen de las cosas que vivió Timoteo, solo nos podemos imaginar las lecciones que el joven aprendió y los consejos que recibió de Pablo a lo largo del camino. Sin duda, el estar en medio de tantas experiencias hizo que Timoteo creciera y se desarrollara rápidamente en sus convicciones, vocación, carácter y aptitudes. Con el paso de los años, Timoteo pasó de ser uno de los tantos discípulos del Apóstol a ser uno de sus colaboradores más fieles y de mayor confianza.
Pablo reconocía a Timoteo como mucho más que un colaborador (Ro 16:21; 1Ts 3:2) y hermano en Cristo (2Co 1:1; Col 1:1; 1Ts 3:2), lo consideraba su hijo amado y fiel en el Señor (1Co 4:17; 1Ti 1:18; 2Ti 1:2). En sus cartas personales a Timoteo, Pablo nos ofrece una muestra de su relación de mentoreo, incluyendo sus propias esperanzas de que Él continuara creciendo y floreciendo mucho después de que el Apóstol se hubiera ido.
Aunque Pablo estaba formando a Timoteo para un fin vocacional en específico, es decir, el ministerio, hay muchos aspectos en la mentoría de Pablo que son aplicables a cualquier relación de mentoreo. En efecto, uno de los temas principales que se desprenden de las dos cartas de Pablo a Timoteo es la intención que tiene de instruirlo en cuatro áreas concretas de su vida: sus convicciones, su vocación, su carácter y su aptitud. El Apóstol Pablo sabía que estas cuatro áreas de la vida de su mentoreado eran esenciales para su florecimiento. Por tanto, a partir del ejemplo de Pablo sabemos que el objetivo principal de nuestra labor es fortalecer a nuestros mentoreados en estas cuatro áreas. Una lectura más detenida de las dos cartas de Pablo a Timoteo nos puede ayudar a aclarar estas categorías.
La carta de 1 Timoteo
La primera carta de Pablo a Timoteo está dedicada a instruir a Timoteo para que lidere y supervise la iglesia en la ciudad de Éfeso. Como una de sus asignaciones especiales, Pablo dejó a Timoteo en Éfeso para confrontar a los falsos maestros en la ciudad.1 Era una tarea muy poco envidiable. Aunque Timoteo tenía alrededor de unos treinta años2 y era relativamente joven para los estándares del mundo en ese entonces, Pablo creía que su mentoreado estaba a la altura del desafío pastoral. Escribió la carta para confirmar a Timoteo como su representante en Éfeso y animarle en su labor.3 La carta está llena de ideas para los mentores que quieren aprender a formar a la siguiente generación de líderes.
Convicción y vocación
Pablo comienza su primera carta a Timoteo con una petición personal y un encargo, animándole a recordar la meta final de toda su vida y labor: «el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera» (1:5). Al recordarle a Timoteo el motivo por el que debe cumplir este encargo, Pablo le pide que recuerde «las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla, guardando la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la fe» (1:18-19). Con estas palabras Pablo comienza la carta. Antes de darle instrucciones sobre lo que debe hacer en su labor, empieza por lo que es más urgente, es decir, le recuerda a Timoteo su llamado vocacional a su ministerio y lo alienta a aferrarse firmemente a las convicciones de su fe que son las que le brindan el fundamento para hacerlo.
Pablo cree que la sana doctrina de Timoteo y su llamado a la obra —un llamado confirmado por el don del Espíritu y a través de las profecías que se hicieron sobre él4— lo capacitarán para el arduo trabajo que tiene por delante. Pablo comprende que, sin firmeza en las convicciones doctrinales y sin confianza en su vocación, la fe y el ministerio de Timoteo podrían naufragar. Así es como abre esta correspondencia personal a su discípulo.
Pablo termina la carta de forma parecida. Haciendo alusión al modo en que las convicciones y la vocación de Timoteo deben moldear y caracterizar su estilo de vida, Pablo lo amonesta a huir de las tentaciones y seducciones de su carne: «Pelea la buena batalla de la fe. Echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos» (6:12). Unas frases más adelante, concluye la carta suplicando: «Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado» (6:20). Vale la pena notar que Pablo termina la carta de la misma manera que la empieza, recalcándole a Timoteo que su convicción, la cual se hizo visible en su buena confesión, es vital para sus deberes pastorales en Éfeso.5
Los dos puntos finales de la carta de Pablo nos ofrecen una visión significativa de dos de los pilares de un mentoreo que buscar ser distintivamente cristiano. Mientras le indica a Timoteo cómo debe llevar a cabo su ministerio en Éfeso, Pablo le insiste en que lo más importante es que recuerde, conserve y custodie la confesión de su fe y la seguridad de su vocación. La angustia y la exhortación de Pablo para que Timoteo interiorice esto quedan claras por la manera en que comienza y concluye su carta. Sin embargo, en su mentoreo, Pablo también le le dice que necesitará algo más que un recuerdo constante de sus convicciones cristianas o la confianza en su vocación para prosperar. Timoteo necesitará construir sobre estos cimientos para poder desarrollar su carácter y su aptitud.
Carácter y aptitud
En uno de los pasajes más memorables que se encuentra en toda la Escritura en relación con el mentoreo, Pablo ofrece una explicación muy clara sobre el objetivo de mentorear:
«l señalar estas cosas [las instrucciones anteriores] a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad. Porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura. Palabra fiel es esta, y digna de ser aceptada por todos. Porque por esto trabajamos y nos esforzamos, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes.
Esto manda y enseña. No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza. Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio. Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.» (1Ti 4:6-16)
En estos versículos, Pablo le reitera a Timoteo la necesidad de capacitarse en las «palabras de la fe y de la buena doctrina» que ha seguido (4:6). También hace eco de su anterior advertencia de «no descuidar el don» (4:14) que Dios le ha dado. Esta es una prueba más de la preocupación que había en el corazón de Pablo porque Timoteo cultivara sus convicciones y su llamado. Pero hay mucho más en este pasaje.
La idea central del texto es la exhortación que se hace a Timoteo para que sus convicciones y su llamado le den forma a sus dos ministerios principales: su estilo de vida y su enseñanza. Gordon Fee explica que este pasaje «deja claro que Pablo quiere que Timoteo sirva de modelo (vv. 12, 15), tanto para la vida piadosa (v. 12) como para el ministerio (vv. 13-14), todo por el bien de sus oyentes».6 En otras palabras, arraigado en sus convicciones y llamado, Timoteo debía ser un hombre de carácter impecable y notable capacidad al enseñar y modelar la vida cristiana. La mezcla del estilo de vida de Timoteo (vv. 7, 8, 12, 15-16) y su enseñanza (vv. 6, 11, 13, 15-16), impulsada e inspirada por sus convicciones y su vocación, constituyen la verdadera labor del ministerio pastoral al que Timoteo debía dedicarse.
La primera carta a Timoteo nos muestra que el objetivo del mentoreo es fortalecer las convicciones y el llamado de la persona que está siendo mentoreada. Lo que un discípulo cree acerca de Dios y lo que Dios mismo le ha capacitado y llamado a hacer vocacionalmente en el mundo como parte de la Gran Comisión son esenciales para su florecimiento. Sin embargo, esta carta también nos muestra la necesidad de desarrollar el carácter y la aptitud de quien recibe el mentoreo. Si tuviéramos que resumir los objetivos de Pablo para mentorear que aparecen en 1 Timoteo, diríamos que esos objetivos son desarrollar la convicción, la vocación, el carácter y la aptitud de la persona. Esto también lo podemos ver en la segunda carta a Timoteo.
La Carta de 2 Timoteo
La segunda carta de Pablo a Timoteo es más personal que la primera. Aunque Pablo sigue preocupado por muchos de los mismos problemas que afectan a la iglesia de Éfeso, esta carta tiene un tono completamente distinto. Esto se explica en gran parte por el hecho de que la situación personal de Pablo ha cambiado drásticamente desde su primera carta. Cuando Pablo escribe su segunda carta a Timoteo, se encuentra en prisión a la espera de ser ejecutado, y su inminente muerte ensombrece esta última correspondencia con su discípulo. Fee lo explica,
En cierto sentido, es una especie de última voluntad y testamento, un «traspaso del manto». En contraste con 1 Timoteo, esta segunda carta es profundamente personal, recuerda sus primeros días juntos (3:10-11; cf. 1:3-5) y, sobre todo, apela a la lealtad permanente de Timoteo al Evangelio, al propio Pablo y a su vocación (1:6-14; 2:1-13; 3:10-4:5).7
Pablo muestra su corazón en esta carta. Thomas Lea y Hayne P. Griffin lo describen de esta manera: «Pablo enfoca su interés en Timoteo. Esta es una plática personal a un amado seguidor».8 Sus palabras proveen una imagen de las últimas esperanzas que abriga para su hijo en la fe. La carta es un resumen vulnerable de cómo Pablo espera que Timoteo persevere en la obra del ministerio y transmita su fe a la siguiente generación. En ella ofrece uno de los ejemplos más claros del corazón y la esperanza del mentoreo cristiano.
Convicción y Vocación
Aunque tienen un tono diferente, las palabras de exhortación de Pablo en esta segunda carta son similares a las que ya hemos recogido en la primera. Pablo le recuerda a Timoteo que sus convicciones y su llamado son la base de su florecimiento: «tengo presente la fe sincera que hay en ti… Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (1:5, 6-7).
La «fe sincera» de Timoteo (1:5) y «el don de Dios» (1:6) fueron el punto de partida para su vida y ministerio. Timoteo debía aferrarse a las convicciones sinceras de su fe y «avivar» los dones de su vocación. Pablo se presenta a sí mismo como un ejemplo para Timoteo. Le dice: «Retén la norma de las sanas palabras que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús. Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado» (1:13-14). El mentoreo más importante no tiene lugar únicamente, ni siquiera principalmente, a través de lo que decimos, sino a través de nuestra propia vida.
Pablo tiene la esperanza de que Timoteo aprenda de su propio ejemplo el punto más importante acerca de la vida y el ministerio: la sana doctrina conduce a la fe y al amor sanos. Este es el modelo que quiere que siga Timoteo. Al igual que lo hizo en su primera carta, Pablo acompaña estas palabras a su discípulo con una advertencia y un recordatorio de lo que les ocurre a aquellos que no construyen su vida y su ministerio en torno a sus convicciones y su llamado: Abandonan la fe y se apartan de sus colaboradores (1:15). Pablo no quiere esto para Timoteo.
Más adelante en la carta, Pablo reitera su esperanza de que Timoteo siga su ejemplo y construya su ministerio sobre sus convicciones y su vocación:
Pero tú has seguido mi enseñanza, mi conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia, mis persecuciones, sufrimientos…
Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido. Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús
(3:10-11, 14-15).
Al acercarse su muerte, la principal angustia de Pablo por su amado mentoreado es la misma: que persevere en su fe y en su ministerio aferrándose a sus convicciones y recordando su llamado. Parece que Pablo no se cansa de repetir estos fundamentos.
Carácter y Aptitud
Sin embargo, al igual que en su primera carta, Pablo deja muy claro su deseo de que Timoteo no se limite a mantener sus convicciones y su vocación. Timoteo ha sido llamado y capacitado para enseñar y modelar sus convicciones a los demás. Pablo dice: «Lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros» (2:2). Es aquí donde podemos ver cuál es la estrategia de Pablo para ayudar a madurar a la Iglesia.9 Pablo ha dedicado su vida a Timoteo. Ahora espera que Timoteo haga el mismo depósito en los demás. El trabajo de mentoría consiste en implantar las convicciones y el carácter en las vidas de otras personas para que ellas puedan hacer lo mismo. Este trabajo de multiplicación es lo que Timoteo fue llamado a hacer. A medida que se acercaba su muerte, Pablo esperaba que su propio ministerio avanzara a través de los depósitos fieles e intencionales que Timoteo hiciera en otros.
Y, de la misma manera que en la primera carta, Pablo le indica a Timoteo que debe realizar esta labor modelando un carácter piadoso y enseñando competentemente la palabra de verdad. Dos pasajes de la carta dejan esto muy claro. El primero se encuentra en 2 Timoteo 2:
Recuérdales esto, encargándoles solemnemente en la presencia de Dios, que no discutan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha y lleva a los oyentes a la ruina. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad. Evita las palabrerías vacías y profanas, porque los dados a ellas, conducirán más y más a la impiedad, y su palabra se extenderá como gangrena … Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro. Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen rencillas. El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. Debe reprender tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad (2:14-17, 22-26).
Timoteo debe modelar (2:15-16, 22-25) y enseñar (2:14-15, 24-25) la vida cristiana a aquellos que están dentro (2:14) y fuera de la iglesia (2:25).10 Para que Timoteo pueda hacer esto, debe ir creciendo constantemente en un carácter piadoso y desarrollando aptitudes para la predicación. La esperanza es que Dios, a través del estilo de vida y la enseñanza de Timoteo, conceda y conduzca a las personas, especialmente a las que se oponen a su vida y a su mensaje, al arrepentimiento (2:25-26).
El último encargo de Pablo a Timoteo transmite esta misma esperanza. Lo encontramos al final de la carta. Pablo le escribe:
En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por Su manifestación y por Su reino te encargo solemnemente: Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos. Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio (4:1-6).
Una vez más, podemos apreciar la intención de Pablo de que Timoteo cumpliera su llamado al ministerio mediante una mezcla de su carácter paciente, sobrio y firme, y su predicación y enseñanza constantes, diligentes y competentes. Además de velar y alimentar las convicciones y la vocación de su discípulo, Pablo se propone impulsar su carácter y aptitud hasta el final.
La relación de Pablo con Timoteo ofrece una valiosa perspectiva de la naturaleza del mentoreo. En las cartas de Pablo a Timoteo se observa que su labor como mentor se centraba en cuatro aspectos específicos de la vida de Timoteo: sus convicciones, su vocación, su carácter y sus aptitudes. El mentoreo cristiano busca las mismas cosas. Aunque la tarea y el contexto de nuestras relaciones de mentores son diferentes de las de Pablo y Timoteo, su relación nos ayuda a entender la naturaleza fundamental y los objetivos de mentorear. Cualquier persona joven que busque ser mentoreada y cualquier persona mayor que espere mentorear se beneficiará mucho de las instrucciones del Apóstol Pablo y podrá ordenar sus relaciones de mentoría a la luz de ellas. El resto de esta guía tiene como objetivo proporcionar consideraciones prácticas sobre la manera en que debemos hacer eso.
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Discusión y reflexión:
- ¿Qué aspectos de la mentoría de Pablo a Timoteo son esclarecedores respecto a cómo deberían ser nuestras propias relaciones de mentoreo?
- De las cuatro áreas enumeradas (convicciones, vocación, carácter, aptitudes), ¿en cuál crees que necesitas crecer más?
- ¿Ves tu propio llamado de la manera descrita anteriormente? ¿Qué se necesitaría cambiar para verlo de este modo?
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Parte II: Cómo encontrar un mentor
En un sentido, encontrar un mentor es fácil: ¡solo tienes que pedirlo! Encuentra a alguien cuya vida (convicciones, vocación, carácter y aptitudes) sea digna de imitar y pídele que sea tu mentor. Sin embargo, el proceso de encontrar un mentor no siempre resulta tan sencillo. Si esto fuera así de simple, seguramente esta no sería una de las preguntas más frecuentes que haya oído durante todos estos años, y esta guía de estudio sería mucho más corta. En cualquier caso, lo primero que tienes que tener en cuenta al buscar un mentor es que el último paso que se da es pedirle a alguien que te mentoree. Mientras recorres ese camino, aquí tienes algunas cosas que debes considerar y que podrían ayudarte a encontrar el mentor adecuado.
1. Sé mentoreable
Este es un aspecto que fácilmente se ignora a la hora de buscar un mentor. Y ciertamente, es fácil pasarlo por alto en el ejemplo de Timoteo. Cuando Pablo llegó a Listra, Timoteo ya tenía una buena reputación en la iglesia. Aunque no podemos estar seguros del porqué, Pablo vio ciertas cualidades en Timoteo que lo hacían un candidato ideal para mentorear. En otras palabras, Timoteo era mentoreable.
Como mencioné anteriormente, me he encontrado con muchos jóvenes a lo largo de los años que creían que tener un mentor era una especie de derecho de nacimiento que venía con la vida cristiana. La suposición, a menudo inconsciente, era algo así como: “Todo el mundo tiene un Pablo”. Lo que con frecuencia he tenido que responder es: “No, no todo el mundo tiene un Pablo”. Y no solamente porque Pablo fuera un apóstol. En muchos contextos, como el de mi iglesia local, la demanda de mentores simplemente supera la oferta, y por eso, aquellos cuyas vidas merecen ser imitadas ya están mentoreando a otras personas. En pocas palabras, esto significa que cada vez hay menos mentores disponibles, y los que hay tienen que ser selectivos a la hora de elegir a quién mentorear.
Al buscar un mentor, la pregunta que debes hacerte es: «¿Soy el tipo de persona que está preparada para imitar una vida digna del evangelio?». No todo el mundo tiene un Pablo. Y una de las razones por las que esto es así es porque no todo el mundo es un Timoteo. A pesar de que desconocemos todos los detalles de la vida de Timoteo, lo que sí sabemos es que era alguien mentoreable. Él estaba ansioso y listo para que alguien moldeara y fortaleciera sus convicciones, su vocación, su carácter y sus aptitudes. Para cuando Pablo llegó a la ciudad, él ya estaba viviendo una vida guiada por Dios.
2. Hay que saber dónde buscar
Otra consideración práctica a la hora de buscar un mentor es saber dónde encontrarlo. Básicamente puedes encontrar un mentor en cualquier parte, pero el lugar ideal para hacerlo es en tu iglesia local. De esta manera, sus vidas estarán mucho más entrelazadas
—y la mentoría será más profunda— porque sus vidas espirituales estarán siendo formadas por la misma congregación. Estarán celebrando el mismo culto y recibiendo la misma enseñanza cada semana. En términos generales, sus convicciones doctrinales estarán más alineadas, al igual que sus ritmos semanales de adoración. Encontrar un mentor en tu congregación te ofrece más oportunidades para que el mentoreo sea de vida a vida y no algo meramente aislado a un área específica de la vida. Buscar un mentor en tu iglesia local contribuye enormemente a asegurar que el área más importante y fundamental de la relación de mentoreo —tus convicciones cristianas— sea compartida.
Para muchas personas, el principal impedimento para encontrar un mentor es que no están familiarizados con personas de más edad o que se encuentren en una etapa diferente de la vida. Lamentablemente, esto sucede muy a menudo en las iglesias. Para muchos miembros de mi congregación durante los últimos años, tomarse en serio la búsqueda de un mentor significaba levantarse más temprano e ir al culto antes. Para otros, significó empezar a asistir a las reuniones mensuales de oración de la iglesia tratando de encontrar un mentor allí. Para algunos más, significó salir del círculo de su edad y entrar en un grupo de distintas generaciones; o unirse a un estudio bíblico donde pudieran rodearse de hombres o mujeres mayores. Cualquiera que sea el caso, para la mayoría, la decisión de encontrar un mentor requirió que reorganizaran sus horarios para estar en lugares donde pudieran encontrarlos.
Cuando piensas en buscar un mentor, ¿te encuentras en los contextos adecuados? ¿Qué necesitas reorganizar en tu agenda, y en particular en tu vida en la iglesia local, para tener más probabilidades de encontrar a alguien cuya vida merezca ser imitada?
3. Debes saber a quién buscar
Al pensar en dónde buscar un mentor, también es importante tener claro a quién buscas. Cuando piensas en mujeres y hombres cuyas vidas merecen ser imitadas, ¿sabes qué es lo que eso significa? Además de ser cristiano, ¿qué más se debe buscar en un mentor? Aquí es donde las categorías que recogimos de las cartas de Pablo a Timoteo pueden serte útiles como mentoreado. Al buscar a una mujer o a un hombre que te sirva de mentor, estás buscando a alguien que pueda moldear tus convicciones, tu vocación, tu carácter y tus aptitudes.
– Convicciones: Si buscas un mentor, debes pensar en alguien que tenga convicciones claras sobre Dios y el evangelio. No es necesario que sea un profesor de seminario o que lleve un libro de teología sistemática en su auto, pero debes estar seguro de que esta persona está arraigada y cimentada en la verdad de la Palabra de Dios. Y más que simplemente conocer y articular la doctrina correcta, debe vivir su vida a la luz de ella. Recuerda, Pablo animó a Timoteo no solo a imitar lo que él creía sino también cómo lo vivía. Cuando buscas un mentor, buscas a alguien cuya vida sea digna de imitar en este sentido, y, por lo tanto, alguien que sea capaz de guiarte —de moldearte, dirigirte y fortalecerte— en tus propias convicciones cristianas.
– Vocación: Además de tener convicciones cristianas, también buscas a alguien que sea capaz de ayudarte a crecer en tu llamado vocacional. Ya se trate de pastores, amas de casa, maestros o barberos, nuestras vocaciones son importantes en el reino de Dios. Dedicaremos más tiempo de nuestras vidas a nuestra vocación que a cualquier otra cosa, excepto dormir. Por eso es tan importante integrar nuestro culto y nuestro trabajo. La vocación de Timoteo era el ministerio pastoral, y el Apóstol Pablo estaba especialmente preparado para ayudarle a vivir fielmente ese llamado. ¿Y tú? ¿Conoces cuál es tu llamado vocacional? Tal vez lo tengas y quieras encontrar un mentor que haya estado sirviendo en algo similar. Tal vez desees tener más claridad al respecto y por eso estás buscando un mentor para empezar. De cualquier modo, una consideración importante al buscar un mentor es encontrar a alguien cuya vocación y ética de trabajo respetes. Lo creas o no, gran parte de la conversación durante la mentoría se centrará en tu trabajo. A la hora de buscar un posible mentor, tu propio sentido de llamado vocacional, o la falta del mismo, puede jugar un papel importante en tus consideraciones.
– Carácter: Como le gusta decir a uno de mis amigos y mentores: «El carácter es el rey». En una relación de mentoreo sana, esto será cierto. Lo vemos en las cartas de Pablo a Timoteo. Una y otra y otra vez, Pablo aconseja, recuerda y exhorta a Timoteo acerca de su carácter. Y cuando se trata de ser mentor, no se puede dar lo que no se tiene. Al buscar un mentor, estás buscando a una mujer o a un hombre cuyo carácter se viva de una manera digna del Evangelio, estando constantemente arraigado en sus convicciones y floreciendo a partir de ellas. Se ha convertido en un cliché en la mentoría y el discipulado decir que «se aprende más de lo que se enseña», y esto sin duda es cierto en el caso del carácter. Para bien o para mal, tu carácter será formado por el de tu mentor. Es quizás el aspecto más determinante de la relación. Así que tenlo en cuenta a la hora de buscar uno. Mira más allá de los aspectos secundarios que podrían inclinarte inicialmente hacia alguien y encuentra un mentor cuyo carácter sea lo más atractivo de él.
– Aptitudes: Por último, habrá una serie de aptitudes vitales -en el trabajo, en el hogar, en las relaciones, etc.- en las que tendrás que crecer durante los próximos días y años. Una gran parte del mentoreo consiste en tener a alguien que te anime y te impulse en las áreas en las que eres competente y que te aconseje, reconforte y corrija en las áreas en las que aún no lo eres. Obviamente, esto no quiere decir que necesites encontrar un mentor que sea omnicompetente en todas las áreas de la vida. Esa persona no existe. Y lo más probable es que haya ámbitos de la vida, y quizá especialmente en el ámbito profesional, en los que tú tengas más aptitudes y habilidades que tu mentor. Lo que pretendo destacar aquí es que en una relación en la que buscas una guía divina para toda la vida, es importante que respetes la capacidad de tu mentor para hablar de tus aptitudes. En muchos sentidos, esta será el área donde tendrán algunas de las conversaciones más prácticas. Un buen mentor será capaz de detectar y cultivar tus competencias más fuertes y las áreas de tus incapacidades más evidentes. Ambas cosas son importantes.
Aunque esto pueda dar mucho en qué pensar, e incluso parecer un poco abrumador, es importante que sepas a quién estás buscando cuando intentas encontrar un mentor. En principio, buscas a alguien cuya vida has decidido que vale la pena imitar. Específicamente, buscas a alguien que creas capaz de alimentar tus convicciones, tu vocación, tu carácter y tus aptitudes.
3. Ten claro qué pedir
En realidad, al hacer la «gran pregunta» es donde las cosas comienzan a tomar forma en la búsqueda de un mentor. Aunque encontrar uno no es tan fácil como simplemente pedirlo, la forma en la que te diriges a un posible mentor es una parte muy importante para establecer la relación que deseas. Con el paso de los años, una de las respuestas más comunes que he observado a la pregunta: «¿Quieres ser mi mentor?» es: «¿Qué quieres decir con eso?». Así que, una vez que hayas discernido a quién te gustaría pedirle que te mentoree, harías bien en reflexionar sobre lo que estás solicitando.
Particularmente, sería conveniente que consideraras cómo te gustaría que se organizaran los momentos «formales» de la mentoría. Aunque la estructura dependerá en última instancia de la disponibilidad y las preferencias del mentor, es útil saber lo que te gustaría pedir por adelantado. ¿Quieres reunirte con tu mentor dos veces al mes? ¿Una vez a la semana? ¿Quieres que el tiempo esté dedicado a una conversación abierta, al estudio de un libro o a una combinación de ambas cosas? ¿Cuándo y dónde te gustaría reunirte? ¿Durante el almuerzo? ¿En la oficina? Este es el tipo de preguntas que deberías plantearte cuando te prepares para pedirle a alguien que sea tu mentor. Una vez más, será el mentor quien determine gran parte de estos aspectos, pero pensar en ellos por adelantado te servirá para transmitir la sinceridad y la seriedad de tu petición. También podría serte útil utilizar las categorías anteriores —convicciones, vocación, carácter y aptitudes— para desarrollar una lista más específica de las cosas en las que esperas crecer y desarrollarte a través de la relación que estás buscando.
Así que cuando busques un mentor, debes saber lo que estás pidiendo. Porque de ese modo, cuando preguntes: «¿Quieres ser mi mentor?» y te respondan: «¿Qué tienes en mente?», sabrás qué decir. Además de ayudarte a aclarar lo que quieres de esa relación mentora, pensar en ello también permitirá que el posible mentor empiece a concebir conjuntamente cómo puede ser el mentoreo.
4. Necesitas saber a quién preguntar
Otro recurso que se suele pasar por alto a la hora de encontrar un mentor son las demás personas. Diles a otros que estás buscando un mentor y pregúntales si tienen alguna recomendación. Si has decidido buscar un mentor en tu iglesia, pregunta a tus pastores o ministros a quién recomendarían. A menudo, con el conocimiento que tienen de tu vida y los detalles de lo que esperas de un mentor, pueden ayudarte a identificar a alguien que podría ser adecuado para ti. En más de una ocasión, he visto a personas que pedían este tipo de recomendaciones y recibían el mismo nombre de distintas personas. Esta confirmación siempre es alentadora. Aunque puede ser una lección de humildad, es útil dejar que otras personas sepan que estás buscando un mentor y estar abierto a sus ideas.
5. Ora
Por último, pero no menos importante, ora por el mentor que buscas. Encontrar un buen mentor es como encontrar un buen amigo. Puedes prepararte y tratar de encontrarlo, puedes pedir recomendaciones, pero no puedes conseguirlo por tus propios medios. En última instancia, un mentor formativo, al igual que una amistad profunda, es algo que tendrás que recibir a medida que Dios con gracia te lo conceda. Lo cual requerirá que estés atento a la respuesta a tus oraciones.
Si has leído hasta aquí, significa que estás hambriento por encontrar un mentor, por tener a alguien que te forme y dirija hacia la plenitud de tus convicciones, vocación, carácter y aptitudes. Ciertamente, la acción más práctica que puedes emprender en respuesta a este deseo es orar. Pídele a Dios que te provea del mentor que necesitas. Y mantén los ojos y las manos abiertos, dispuestos a reconocer y recibir al mentor que Él te proporcione. Nuestro Padre se complace en conformarnos a la imagen de su Hijo, por lo que no debe sorprendernos que nos traiga a alguien que usará como instrumento para ese fin. Así que, cuando te preguntes a quién pedir y qué pedirle, no olvides consultar a Dios. Él sabe exactamente a quién y qué necesitas.
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Discusión y reflexión:
- ¿Qué pasos necesitas dar a raíz de lo mencionado en la sección anterior?
- ¿Crees que estás preparado para ser mentoreado? Si la respuesta es sí, ¡excelente! Si no lo es, ¿qué áreas de tu vida tienes que abordar?
- ¿Quiénes son algunas de las personas a las que conoces que podrían ser buenos mentores?
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Parte III: Cómo ser un mentor
De la misma manera que encontrar un mentor, ser mentor es fácil: ¡solo hay que decir que sí! O mejor aún, no esperes a que te lo pidan. ¡Comienza! Encuentra a alguien cuyas convicciones, vocación, carácter y aptitudes quieras moldear y pregúntale si puedes ser su mentor. Esto suena bastante fácil, pero sabemos que ser un buen mentor tiene muchos más matices. Si fuera tan sencillo, habría mucha menos gente buscando mentores. Pero en el corazón de la mentoría hay un simple deseo de entregar y compartir con otros todo lo bueno que Dios ha hecho por nosotros. Además de la disposición para hacerlo, aquí hay algunos pensamientos para tener en cuenta que podrían ser útiles en tus esfuerzos por ser mentor.
1. Debes saber que tienes algo que ofrecer
Uno de los primeros y más grandes obstáculos que las mujeres y los hombres encuentran en el camino para ser mentores es la sensación de que no tienen nada que ofrecer. Por lo general, suelen preguntarse: «¿Por qué querría alguien que yo fuera su mentor?» o «¿Qué tengo yo para aportar?». Lamentablemente, estos sentimientos han mantenido alejadas a muchas personas que realmente tienen mucho para ofrecer.
Una forma de superar estas inseguridades es simplemente reconociendo que algo que podemos normalmente esperar en el camino del mentoreo. Es cierto que entre nosotros existen unos pocos afortunados que parecen saber qué es lo que tienen para ofrecer al mundo, pero la mayoría, incluso los que sin lugar a dudas tienen vidas dignas de imitar, no suelen sentirse así. Simplemente no nos sentimos mentores, en parte porque somos muy conscientes de las áreas de nuestras vidas que, de hecho, necesitan una guía. Y por eso es importante que recordemos esto: convertirnos en mentores no significa que hayamos superado la necesidad de ser mentoreados en nuestras propias vidas. Nunca seremos un producto terminado, así que no necesitamos esperar hasta entonces antes de ofrecernos a ayudar a otros. La clave para ser un mentor es tener la voluntad de reconocer humildemente que sí tenemos algo que ofrecer.
Si crees que esto no es así, pregúntale a la persona que te ha pedido que seas su mentor qué es lo que cree que puedes ofrecerle. Y recuerda que, a la postre, mentorear no es algo que gira alrededor de ti. Se trata de la persona a la que mentoreas. Para el mentor, mentorear consiste principalmente en discernir lo que el mentoreado necesita, y cómo podemos servirle para alcanzar ese fin, no lo que tenemos para dar. Todos podemos servir a los demás con amor. Y si te ayuda a verlo de un modo más claro, este es el corazón de lo que se te pide que ofrezcas en el mentoreo: servir a tu mentoreado con amor.
2. Identifica lo que estás mentoreando
Al momento de querer asumir el privilegio e imaginar el potencial de tu mentoría, es importante que sepas qué es lo que realmente estás mentoreando, es decir, qué es lo que quieres moldear, desarrollar y nutrir – en la persona a la que enseñas. ¿Qué esperas que se produzca a través de tu mentoreo? ¿Cuál es tu objetivo? Una vez más, aquí es donde podemos utilizar las categorías que hemos observado en las cartas de Pablo a Timoteo. Aunque no seas el Apóstol Pablo ni estés mentoreando a Timoteo, el objetivo de lo que haces, al igual que Pablo, es moldear las convicciones, la vocación, el carácter y las aptitudes de tu mentoreado.
– Convicciones: La parte más importante que tratamos de guiar en nuestros mentoreados son sus convicciones cristianas. Un mentoreo cristiano se basa en convicciones cristianas. Esto no quiere decir que necesitas un título de seminario o llevar una teología sistemática en tu auto, pero sí significa que el objetivo de fondo de tu mentoreo está orientado hacia Dios. Ser un mentor cristiano es comprender que el propósito fundamental del mentoreo no es impartir sabiduría, aunque es algo que esperamos que suceda. Se trata más bien de dedicarte a que tu mentoreado esté arraigado y cimentado en el evangelio de Jesucristo.
– Vocación: Por supuesto, además de ayudarles a profundizar en sus convicciones cristianas, también les ayudarás a recordar, y tal vez a discernir, cuál es su vocación. Gran parte de tu labor, según podemos ver en las cartas de Pablo a Timoteo, se centrará en la vocación de tu mentoreado. Tendrás que ayudarles a reflexionar sobre los altibajos, las victorias y las derrotas, el deseo o la falta de deseo que experimentarán en el camino vocacional que Dios les ha trazado. A menudo, ésta será la tarea más importante y apremiante a la que se enfrente tu discípulo. Puede que incluso te busquen como mentor para que les ayudes a clarificar su vocación.
Esto no significa que tengas que tener la misma vocación que aquellos a los que estás mentoreando, aunque eso podría ser útil. Y puede que algunos lo prefieran. Pero un bombero puede mentorear a un contador y una ama de casa a un abogado. En el mentoreo, la vocación en particular importa menos que la manera en que uno la ejerce. Una de las principales oportunidades que tienes como mentor es ayudar a tu mentoreado a integrar la fe y el trabajo, a ver el trabajo como un verdadero llamado y vocación en la vida, y no solo como un puesto. Mentoréalos para que confíen en ese llamado y disfruten de él.
– Carácter: La formación del carácter es el corazón del mentoreo cristiano. Al ser un mentor, estás invitando a una persona a seguir a Jesús y a tratar, junto a ti, de conformarse cada vez más a su carácter. Esto es, en última instancia, la esencia del mentoreo. Así que, mientras te preparas para mentorear, haz que este sea tu objetivo principal. Sea lo que sea que tu mentoreado crea que te está pidiendo que hagas o seas al ser su mentor, siempre ten clara en tu mente cuál es la prioridad en la formación de su carácter. No es necesario que se lo digas tan crudamente como aparece escrito en este párrafo (aunque puedes optar por hacerlo), pero sí debe permanecer en el centro de tu visión como mentor. Una vez más, tu función principal no es impartir sabiduría y conocimientos secretos a tu mentoreado, sino guiarlo para que se conforme al carácter de Cristo, en quien están escondidos la sabiduría y el conocimiento.
Y mientras mantienes la formación del carácter como una prioridad en tu mentoría, recuerda también que lo más probable es que tu mentoreado aprenda más observando tu carácter que escuchándote hablar de él. Sabiendo esto, sé intencional en el ejemplo que das. Y ten en cuenta formas creativas de invitar a tus aprendices a ser testigos de tu vida. Invítalos a tu casa o a que te observen trabajando en tu profesión o en otros ámbitos, si es posible. Independientemente de que lo sepan o no, la parte más beneficiosa de tu labor de mentoreo será el efecto que inevitablemente tendrás en el carácter de quien mentoreas, y gran parte de ello simplemente será al observar tu vida. No pierdas de vista este punto. En medio de toda la sabiduría y experiencia que el mentoreado esperará obtener de las conversaciones contigo, recuerda que lo que él o ella más necesita es que su carácter sea transformado. Y una de las principales maneras en que Dios lo logrará es a través de tu propio ejemplo.
– Aptitudes: Por último, habrá una serie de aptitudes vitales —en el trabajo, en casa, en las relaciones, etc.— en las que tu mentoreado querrá y necesitará crecer en los próximos días y años. Tranquilo, esto no significa que tengas que enseñarle a hacer todo. Y ciertamente no significa que tengas que ser competente en todas las áreas en las que él sea incompetente. De hecho, una de las principales formas en que podrás ayudar a tu mentoreado es haciéndole ver cómo tú también, a pesar de llevar varios años de diferencia, sigues identificando áreas de tu vida en las que necesitas crecer, aprender y ser más competente. Así que anímate, ¡tu propia incompetencia es parte de lo que te convertirá en un buen mentor!
De igual manera, cuando se trata de aptitudes en el mentoreo, pensamos principalmente en la toma de conciencia. Parte del trabajo de un mentor consiste en detectar, comunicar y cultivar tanto las competencias más fuertes como las incompetencias más evidentes. Ambas son importantes. Y en gran medida tu papel sencillamente es ayudarles a detectar estas áreas de fortaleza y debilidad, reconocerlas y responder a ellas con valentía y con la mayor fidelidad posible.
3. Necesitas saber a quién estás mentoreando
Aparte de saber qué es lo que estamos mentoreando en los demás, es importante conocer a quién lo estamos haciendo. Aunque el propósito principal del mentoreo es siempre el mismo, cada persona es diferente. Y eso es lo que te proporciona uno de los mayores privilegios de la mentoría: la oportunidad de conocer a la persona de la que eres mentor.
Aunque la individualidad puede ser y ha sido exagerada en nuestra cultura, cuanto más conozcas a tu mentoreado, mejor podrás orientarle, de maneras más específicas y con precisión. En ese sentido, puede ser muy parecido a educar a varios hijos. Una cosa es saber cómo educar a tus hijos de forma general y otra es saber cómo educar a cada uno de ellos de forma específica. En términos generales, los educas a todos por igual. Pero al mismo tiempo a cada uno. los educas de forma particular. Es exactamente lo que mismo ocurre con el mentoreo.
Por ello, disfruta del proceso de conocer a la persona que mentoreas. Del mismo modo que ocurre en la crianza de los hijos, la conexión relacional que establezcas con tu mentoreado te abrirá un mundo de gozo y confianza. Pero esto nunca pasará si te limitas únicamente a «iniciar sesión y comenzar» con la mentoría. Parte de la razón por la que Pablo pudo escribirle a Timoteo las cosas tan concretas y personales de la forma en que lo hizo es porque su relación con él no era meramente transaccional. Era mucho más que transmitir información o conocimientos. Muchísimo más.
Cuanto más tiempo dediques a conocer y amar a tu mentoreado, más transformadora será la mentoría para ambos. Sin duda, uno de los mayores regalos que un mentor puede ofrecerle a la persona que mentorea es la relación. Si la formación del carácter es el corazón del mentoreo, entonces la relación con el mentoreado sería el alma. Debes conocer a quién estás mentoreando.
4. Identifica cómo estás mentoreando
No solamente debes saber a quién y qué estás mentoreando, sino también cómo lo estás haciendo. Con esto me refiero a la forma y la estructura que tomará tu mentoreo. Hay una variedad interminable de formas que puede tomar el mentoreo. ¿Cómo quieres que sea la tuya? ¿Quieres encontrarte con tu mentoreado dos veces al mes? ¿Una vez a la semana? ¿Quieres que el tiempo se centre en una conversación abierta, en el estudio de un libro o en una combinación de ambas cosas? ¿Cuándo y dónde te gustaría que se reunieran? ¿Durante el almuerzo? ¿En la oficina? ¿En casa? ¿Todas las anteriores? ¿Qué tipo de estructura te permitiría desarrollar mejor las convicciones, la vocación, el carácter y las aptitudes de tu mentoreado? Éste es el tipo de preguntas que puedes plantearte al momento de prepararte para mentorear a alguien. Puede que te lleve algún tiempo decidir qué prefieres o qué funciona mejor para ti. No hay ningún problema. Lo importante aquí es tener algún tipo de estructura y coherencia, incluso si esa estructura y coherencia cambian con el tiempo.
Para empezar, podrías considerar reunirte con tu mentoreado una vez a la semana. Tal vez el mismo día y a la misma hora cada semana, pero en un lugar diferente. Esto te permitiría comenzar a conocer a quién estás formando y cuáles son las necesidades más apremiantes de esa mentoría, mientras ambos descubren la manera de desarrollar una estructura que les funcione a largo plazo. Al fin y al cabo, son tus preferencias e inclinaciones las que deben determinar la estructura final. No te sientas mal por ello. Tú eres el mentor. Y aunque nunca quieras ser egoísta en la relación de mentoreo, establecer y estructurar el proceso de manera que puedas prestar tu ayuda será, en última instancia, lo mejor para tu mentoreado.
5. Tienes que estar presente
Por último, gran parte de ser mentor consiste en estar presente con y para el mentoreado. Sería incorrecto decir que estar presente y escuchar activamente es todo lo que hay que hacer para mentorear, sin embargo, es una parte muy importante. Cuando uno se compromete a ser mentor, se compromete a algo más que a mantener reuniones constantes. Se trata de tener presencia en la vida de quien es mentoreado. Durante todo el tiempo que dure el proceso e incluso un poco más, te comprometes a estar ahí para ellos. Estás aceptando ser sus ojos, sus oídos y una voz a la que recurrir en una etapa especial de sus vida. Generalmente, esto se expresa en los momentos que están organizados para encontrarse. Pero en las mentorías más sanas, el estar presente se extiende más allá de esos límites.
Sea cual sea la forma y la estructura que tome el mentoreo, preséntate y permanece presente cuando te reúnas. Recuérdate a ti mismo que ser mentor no consiste únicamente en dedicar tiempo a alguien, sino que consiste en dedicarle tiempo de calidad. Todos sabemos que se puede estar físicamente en una reunión o en una conversación sin realmente estar presente. No permitas que esto ocurra en tu relación de mentoreo. Debes estar ahí. Esfuérzate por escuchar y, en el Espíritu de Cristo, por amar a tus mentoreados. Cuando estés con ellos, debes estar con ellos. Más que nada, lo que la gente necesita de un mentor es que sea una persona que esté adelante de ellos en el camino e igualmente dispuesta a acompañarlos en él. Alguien que los ame escuchándolos activamente.
Sin dejar de lado lo anterior, uno de los mayores regalos que el mentor puede darle a su discípulo es orar por él. Lamentablemente, se trata de un aspecto de la mentoría que se descuida con mucha frecuencia, incluso entre los creyentes. A pesar de que muchos cristianos confiesan lo contrario, realmente consideran la oración como algo pasivo y poco práctico. Eso explica por qué es prácticamente inexistente en tantas mentorías. ¿Por qué orar cuando se puede conversar el tema con un mentor? La respuesta es: porque en una sola hora de oración de un mentor se puede producir más transformación en la vida de un mentoreado que en toda una vida de conversaciones.
Al final, la esencia del mentoreo es la presencia. En tu labor de mentor, debes estar presente. Presente cuando te reúnas con tu mentoreado. Presente al orar por ellos. Habrá muchos momentos en el proceso de mentoreo en los que no sabrás qué decir, o en los que sentirás que no sabes cómo fortalecer las convicciones, vocación, carácter o aptitudes de tu mentoreado, sin embargo, en todo momento, y especialmente en esas ocasiones, cumple con tu labor de mentoreo estando presente. Mantente presente, escucha y ora.
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Discusión y reflexión:
- ¿Estás preparado para ser un mentor? ¿Hay alguien en quien puedas invertir?
- De todas las características anteriores que debe tener un buen mentor, ¿qué áreas son para ti puntos fuertes o débiles?
- ¿Has visto ejemplos de buenos mentores? ¿Qué puedes aprender de ellos?
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Conclusión
Para terminar, me gustaría dar una última palabra de aliento a quienes desean encontrar o ser mentores. Los mentores no duran para siempre. Al menos, muchos no lo hacen. La mayoría de ellos son temporales. Dios trae mentores y mentoreados a nuestras vidas por determinados espacios de tiempo y para áreas específicas de orientación piadosa.
Así que mientras te preparas para encontrar o ser un mentor, relájate. Lo más probable es que este mentoreo no dure para siempre. Y tampoco es el fin de la relación de mentoreo en tu vida o en la vida de la persona que estás mentoreando. Dejar de lado las expectativas malsanas te quitará presión y, con suerte, te permitirá disfrutar del mentoreo que Dios te da.
Es cierto que Timoteo tuvo a Pablo y que su relación fue única y duradera. Pero no todo el mundo tiene un Pablo. La mayoría de nosotros no lo tenemos. Pero en la gracia de Dios, él tiene la bondad de guiarnos hacia otros dentro de su iglesia a quienes podemos dar y de quienes podemos recibir la guía piadosa que necesitamos para profundizar en nuestras convicciones, fortalecer nuestro sentido de vocación, nutrir nuestro carácter y animarnos en nuestras aptitudes. Todo ello para la gloria y el honor de Dios.
Notas finales
- Gordon D. Fee, 1 and 2 Timothy, Titus, The New International Biblical Commentary (Peabody, MA: Hendrickson, 1988), 2.
- John Stott, Guard the Truth: The Message of 1 Timothy & Titus, The Bible Speaks Today (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1996), 37.
- Hayne P. Griffin and Thomas D. Lea, 1, 2 Timothy, Titus, The New American Commentary, vol. 34 (Nashville: Broadman, 1992), 43.
- Fee, 1 and 2 Timothy, Titus, 58.
- Platt, Akin y Merida afirman: «Pablo vuelve a la exhortación con la que comenzó, y al tema que había tocado a lo largo de la carta: aférrate a la verdad del evangelio». David Platt, Daniel L. Akin y Tony Mérida, Exalting Jesus in 1 & 2 Timothy and Titus, Christ-Centered Exposition Commentary (Nashville: B & H, 2013), 129.
- Fee, 1 and 2 Timothy, Titus, 102.
- Fee, 1 and 2 Timothy, Titus, 13.
- Griffin y Lea, 1, 2 Timothy, Titus, 44.
- Fee sugiere que parte del deseo de Pablo de que Timoteo confiara el mensaje a otros era para que Timoteo pudiera salir más rápido de Éfeso y venir al lado de Pablo. Si es así, lo que Pablo está fomentando aquí es algo más que un simple modelo de ministerio. Es también la forma en que la iglesia llega más rápidamente a la madurez. Fee, 1 and 2 Timothy, Titus, 13.
- Como Fee observa, «Pablo quiere que Timoteo modele un tipo de enseñanza que no se limite simplemente a refutar el error y salvar a sus oyentes, sino que también sea utilizada por Dios para rescatar a los que ya han sido enredados en la falsa enseñanza». Fee, 1 and 2 Timothy, Titus, 266.
Acerca del autor
BEAU HUGHES es el pastor principal de la iglesia Cities Church en Minneapolis-St. Paul. Es autor de Mercy for Today: A Daily Prayer from Psalm 51 (Misericordia para hoy: una oración diaria del Salmo 51) y Never Settle for Normal: The Proven Path of Significance and Happiness (Nunca te conformes con lo normal: el camino probado hacia la importancia y la felicidad). Él, su esposa y sus ocho hijos viven en el corazón de las Ciudades Gemelas.
Tabla de contenido
- Parte I: Pablo y Timoteo
- El mentoreo de Pablo a Timoteo: Un resumen
- La carta de 1 Timoteo
- La Carta de 2 Timoteo
- Discusión y reflexión:
- Parte II: Cómo encontrar un mentor
- 1. Sé mentoreable
- 2. Hay que saber dónde buscar
- 3. Debes saber a quién buscar
- 3. Ten claro qué pedir
- 4. Necesitas saber a quién preguntar
- 5. Ora
- Discusión y reflexión:
- Parte III: Cómo ser un mentor
- 1. Debes saber que tienes algo que ofrecer
- 2. Identifica lo que estás mentoreando
- 3. Necesitas saber a quién estás mentoreando
- 4. Identifica cómo estás mentoreando
- 5. Tienes que estar presente
- Discusión y reflexión:
- Conclusión
- Notas finales
- Acerca del autor