#71 DECIR LA VERDAD: HONESTIDAD SIN CRUELDAD
INTRODUCCIÓN: EL PROBLEMA DE LA HONESTIDAD
¿Por qué es tan difícil ser honestos? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Tal vez tuviste que darle una mala noticia a alguien y simplemente no pudiste hacerlo, confesar un pecado sintiéndote preocupado por lo que te pasaría luego o darle a alguien una opinión y no estar seguro de cómo se lo tomaría.
Quizá tienes el problema opuesto. No te molesta decir la verdad, pero nadie se la toma bien. De hecho, algunas personas te lo han hecho saber. Eres duro. No eres amable. Eres ofensivo. Tu «honestidad» no está dando buenos frutos.
La raíz de nuestros problemas con la honestidad proviene de un concepto erróneo acerca de qué es la honestidad. Sabemos que está relacionada con la verdad, pero, de algún modo, nunca logramos decirla adecuadamente. Hablamos en exceso o no lo suficiente. Para ayudar a entender, pensemos en cuál es nuestro error en primer lugar, y luego consideremos qué es la verdadera honestidad.
Hay cuatro formas en las que podemos fallar a la hora de ser honestos. Algunas de estas pueden ser obvias, y otras podrían sorprenderte. Te animo a que pienses realmente cuáles son las que suelen tentarte más. Esto te ayudará a asimilar mejor los puntos que analicemos más adelante en esta guía. Para permitir que las Escrituras nos moldeen en la santidad, primero debemos comprender las particularidades de nuestro pecado. Pablo nos llama a «quitarnos» nuestro pecado antes de «ponernos el ropaje» de la justicia (Ef 4:22-24).
Cuatro errores a la hora de practicar la honestidad
El primer error relacionado con la honestidad es, probablemente, el más obvio. Este consiste en no compartir algo sobre nosotros mismos que deberíamos decir; como cuando alguien nos hace una pregunta directa y le mentimos, o cuando debemos confesar un pecado y no lo hacemos. ¿Por qué sucede esto? A menudo, evitamos compartir algo sobre nosotros mismos para cubrir nuestra vergüenza.
El segundo error es la acción opuesta, y tal vez sea el menos obvio. Es compartir algo sobre ti que no deberías compartir. Puede que sea algo inapropiado para la relación o puede que sea la exageración de una verdad sobre ti mismo. ¿Por qué sucede esto? A menudo, hablamos de más o exageramos para controlar nuestras relaciones.
Cometemos el tercer error cuando evitamos decirles a otras personas cosas sobre ellos que deberían saber. Tal vez necesitan una corrección, y te rehúsas a darla. Te preocupa cómo responderán, o no quieres perder la relación, por lo que evitas corregir el pecado o el error de alguien más.
Por último, el cuarto error se da cuando compartimos demasiado de lo que pensamos acerca de la otra persona. Es posible que aquí también exageres la verdad. Ofreces una crítica, pero la resaltas de más para que quede clara, o adulas a los demás para ganarte su aprobación.
¿Cuál es tu error más frecuente a la hora de practicar la honestidad?
Entonces, para saber cómo corregir estos errores, necesitamos alinear nuestros objetivos con los de Dios. Debemos considerar qué define Dios como bueno y verdadero. A continuación, analizaremos eso: la honestidad bíblica.
Pero antes de avanzar, tal vez sientas que todo esto es como un cuento de hadas. Te has dado por vencido con la visión bíblica de la honestidad. Has leído los versículos clásicos como Efesios 4:15, pero no te resultaron de ayuda. Sigues cometiendo alguno de los cuatro errores que mencioné. Ignoras el conflicto o lo provocas. Lastimas a los demás u ocultas la verdad.
Quiero darte ánimo y decirte que hay esperanza de un camino mejor. La Biblia nos llama a hablar con honestidad y nos equipa para hacerlo.
Volvamos a Efesios 4:15 por un momento, porque creo que allí se encuentran los principios y las prácticas básicas de la honestidad. Intenta leerlo despacio. Efesios 4:15: «Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo».
Antes de siquiera comenzar, pensemos simplemente en lo bien que suena eso. Necesitaremos motivación. Vivir la verdad con amor es una tarea difícil. Aun así, qué visión tan atractiva de relación comenzamos a ver aquí. Qué visión tan atractiva de una relación con Dios.
Audioguía
Audio#71 DECIR LA VERDAD: HONESTIDAD SIN CRUELDAD
PARTE UNO: LOS TRES PRINCIPIOS DE LA HONESTIDAD
¿Por dónde comenzar? Necesitamos empezar con la pregunta: ¿qué es la honestidad?
Déjame brindarte una definición simple de honestidad que desglosaremos a medida que exploramos más Efesios 4:15.
La honestidad es compartir la verdad adecuada para amar a los demás y honrar a Dios.
Hay tres principios de honestidad en Efesios 4:15 que contribuyen a esta definición.
1. La honestidad honra a Dios
Lee de nuevo la última parte del versículo: «Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo».
La fuente de la bondad, la alegría y la belleza de la honestidad es Dios mismo. Es en Cristo donde vemos la representación más atractiva, poderosa y amorosa de la honestidad. Es en Dios donde vemos el resplandor perfecto de la verdad y la calidez del amor en una armonía sin comparación.
Las palabras de Dios son pura verdad y bondad. Entonces, cuando somos honestos, reflejamos el carácter honesto de Dios. Déjame repetir eso. Ser honesto es reflejar el carácter de Dios. Nuestra honestidad honra a Dios. Dice la verdad sobre Él y su carácter. En nuestra búsqueda de la honestidad, nuestro objetivo último y principal debería ser glorificar a Dios.
Lo que está en juego no es nada menos que su gloria, su nombre y su reputación. Fuimos creados a su imagen. Mucho más que eso, fuimos redimidos por Cristo, su Hijo. Nuestras palabras lo reflejan doblemente. Nuestras mentiras manchan doblemente su honor.
Este es un aspecto tan fundamental que Jesús lo recalca con un lenguaje bastante fuerte en Juan 8. Los fariseos proclaman que están bien con Dios gracias a su herencia. Son los hijos de Abraham, por lo que Dios debe estar contento con ellos. A Jesús no le gusta nada esto.
De hecho, Jesús dice que sí tienen una herencia, pero que no son hijos de Dios. Dice: «Ustedes son de su padre, el diablo, cuyos deseos quieren cumplir. Desde el principio este ha sido un asesino, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!» (Jn 8:44).
Palabras impactantes. Debido a sus mentiras y a su hipocresía, Jesús los llama hijos del diablo. En otras palabras, nuestra deshonestidad honra a Satanás.
Por el contrario, nuestra honestidad honra a Dios. Refleja su carácter, sus atributos y su persona. Nuestro objetivo de honestidad es la diferencia entre honrar a Dios y honrar al diablo.
¿Es así como piensas en tus palabras? ¿Piensas que estas reflejan la verdad sobre Dios o que mienten sobre su carácter? A menudo, cedemos ante la tentación de tergiversar la verdad porque no nos damos cuenta de lo que está en juego. No consideramos el peso de nuestras palabras.
Tómate este momento para pensar en la última vez que ocultaste la verdad cuando deberías haberla dicho, o en alguna vez que hayas exagerado algo para dejar clara tu opinión, o en alguna ocasión en la que hayas usado la verdad como herramienta para vengarte de alguien que te hirió.
Piensa en cómo se refleja esto en tu Redentor. Piensa en cómo moldea la percepción de otras personas sobre su Creador. Piensa en cómo se sintieron los poderes celestiales ante tu mentira. Piensa en cómo el Señor sopesaría tus palabras.
Amigo, debemos comenzar por la gloria de Dios. Nuestras palabras tienen una importancia eterna. Honramos a Dios con nuestra honestidad o, de lo contrario, lo deshonramos sin ella.
Una implicación de esto es que el camino hacia la honestidad con los demás comienza siendo honestos con Dios. Después de todo, no solo honramos a Dios con nuestras palabras, sino también con nuestros pensamientos.
Jesús corrigió a los fariseos, quienes parecían justos por fuera pero estaban enfermos por dentro. Su problema principal no eran sus palabras, sino sus corazones. Jesús les preguntó: «Camada de víboras, ¿cómo pueden ustedes que son malos decir algo bueno? De la abundancia del corazón habla la boca» (Mt 12:34).
Amigo, puede que digas todas las cosas adecuadas, pero si no eres honesto con Dios primero, no te hará ningún bien. De hecho, según Jesús, no serás honesto con los demás. Tal vez nadie lo descubrirá. Nadie antes había podido atrapar a los fariseos en sus juegos de palabras. Pero Dios lo verá, y tu deshonestidad lo deshonrará. Necesitamos hacer lo correcto en nuestro interior primero.
Nuestro propósito mayor al buscar una vida de honestidad debería ser honrar a Dios. No obstante, ese no es el único principio de la honestidad. La honestidad no solo honra a Dios, sino que también brinda amor a los demás.
2. La honestidad brinda amor a los demás
Esto proviene directamente de nuestro versículo. «Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo». Amar a otros quiere decir ser honestos con ellos.
Nuestra cultura está saturada de definiciones de «amor». Tal vez conoces la versión de película romántica del amor. El amor es un sentimiento cálido y difuso. En esta versión del amor, no es apropiado hacer algo que le cause incomodidad o dolor a la otra persona, ya que eso arruinaría el sentimiento de felicidad y confort.
O tal vez, sutilmente internalizaste el eslogan «vive y deja vivir». En esta versión del amor, no es correcto señalar los defectos de los demás, ya que el amor es dejar que los otros sean ellos mismos.
Es más probable que hayas adoptado la versión antigua del amor: «Ámate a ti mismo». En realidad, este es el primer concepto erróneo de amor. En el Edén, Satanás les dijo a Adán y Eva que deberían preocuparse por ellos mismos y llegar a ser como Dios (Gn 3:5). El amor es cuidar de ti mismo, ser tú mismo y complacerte a ti mismo.
De hecho, todos estos tienen la misma raíz: se enfocan en uno mismo. Jesús no describe el amor en relación con nosotros mismos, sino en relación con Dios. Escucha lo que dice: «—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” —respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”» (Mt 22:37-39).
Cuando le preguntan cuál es el mandamiento más importante, Jesús les dice a los fariseos que es amar a Dios. Eso es lo esencial y lo primero en toda la ley. Es el primer principio que acabamos de analizar.
Pero observa lo que hace Jesús. Dice que el segundo se parece a ese. Amar al prójimo no es independiente del amor a Dios. Está muy conectado, fluye del amor a Dios natural y necesariamente. El verdadero amor a Dios producirá el verdadero amor al prójimo.
Esto es una gran noticia en relación con este tema. Significa que nuestras palabras honestas no solo glorifican al Dios que nos creó y redimió, sino que además hablar con la verdad es un acto de amor hacia nuestro prójimo.
Es sencillo creer que lo que realmente será bueno para las personas en tu vida es ocultar la verdad por aquí o alterarla un poco por allá, pero eso es mentira. Lo mejor y lo que producirá más frutos en la vida de los demás es tu completa honestidad.
Recuerda nuestro versículo. La honestidad no está determinada por nosotros. Está determinada en primer lugar por lo que honra a Dios. Luego, está determinada por el amor a otros. No manejamos la verdad para nuestros propios fines.
¿De qué manera esto cambia lo que dijiste y no dijiste? Puede que te haga ser más directo y dispuesto a decir las cosas difíciles porque sabes que será bueno. Tal vez, te haga más paciente, llevándote a esperar para hablar por amor al otro.
Quiero hacer una advertencia en cuanto a este punto. Es muy fácil usar la excusa del «amor al prójimo» para justificar todo tipo de pecados. Si nosotros definimos qué es amar, definiremos al «amor» según lo que sea más fácil y natural para nosotros. En consecuencia, pecaremos contra otros y contra Dios.
Es por esto que las palabras de Jesús que vinculan el amor a Dios y el amor al prójimo son tan importantes. No te estoy animando a que digas lo que se sienta más natural, socialmente aceptable, ni siquiera todo lo que sea técnicamente verdadero en una determinada situación. En cambio, te estoy animando a que digas lo que es correcto, ya que es lo más amoroso. Y, cuando dices las cosas más amorosas, también resultan ser las correctas. La honestidad honra a Dios y brinda amor a los demás.
En este sentido, déjame señalar lo que te será más útil: tu iglesia local. Las personas que podrán enseñarte en dónde estás fallando al amar a otros con tu uso de la verdad y te animarán en donde estás creciendo son los demás miembros de la iglesia. Es probable que estén al tanto de cómo sueles expresarte. Conocen cómo sueles pecar. Son más capaces de abrir la Palabra de Dios contigo y examinar tu discurso a la luz de su verdad.
Después de todo, ¿acaso no es la iglesia el contexto de nuestro versículo? Pablo no solo estaba indicándole a uno de sus amigos, sino a la iglesia de Éfeso, que vivan la verdad con amor unos por otros. Este esfuerzo comunitario les haría bien a todos.
Esto nos conduce al último principio de la honestidad.
3. La honestidad nos hace crecer
Tu discurso honesto glorifica a Dios. Anima, ama y edifica a quienes te rodean.
Sin embargo, tal vez lo más increíble del buen diseño de Dios para la obediencia hacia Él es que ser honesto te hará bien. Producirá todo tipo de crecimiento en tu vida. Observa el resultado de la honestidad en Efesios 4:15: «Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo».
Ciertamente, esto se refiere a aquellos a los que les decimos la verdad. Amarlos los ayudará a crecer. Pero Pablo habla en plural, lo que significa que está incluyendo al que habla con honestidad en este crecimiento. Si eres honesto, es imposible no madurar gracias a ello.
No es un crecimiento genérico. ¡Observa a quién te parecerás!: «Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo».
¿Has pensado que tal vez parte de la distancia en tu relación con Cristo podría deberse a tu deshonestidad? No es porque Dios se aleje de ti, sino porque tú te estás alejando de Él. Imagina la amistad cercana que podrías tener con Dios si fueses honesto.
Quiero compartir una confesión personal y animarte. Siempre me costó ser honesto, no de una manera obvia para los demás. Sin embargo, internamente, por temor a los hombres y por querer evitar el rechazo, a menudo no decía la verdad cuando debía hacerlo.
Esto impactó en mi evangelismo. Impactó en mis amistades. Impactó en mi discipulado. Todas mis relaciones fueron afectadas por mi deshonestidad. Puede que haya confesado mis pecados y compartido mis problemas, pero no siempre fui del todo honesto. No siempre estuve dispuesto a abrirme sobre lo que realmente era vergonzoso o desafiante. Por sobre todas las cosas, esto afectó mi relación con el Señor. Mi falta de honestidad con los demás es, después de todo, solo un reflejo de mi falta de honestidad con Dios.
Hebreos 4:15a dice que en Cristo tenemos un sumo sacerdote que no es «incapaz de compadecerse de nuestras debilidades». Mi problema es que no siempre fui honesto sobre mis propias debilidades, por lo que me privé de su empatía. El evangelio no era tan dulce, la gracia de Dios no era tan profunda y sus brazos no estaban tan abiertos en mi mente.
Hasta que un día, un querido amigo mío que notó esta característica me confrontó. Me dijo de forma directa que yo no estaba siendo honesto. El problema era más grave que solo una gran mentira. Era un patrón de ocultar, disimular y evadir que me impedía amar realmente a los demás y conocer el amor de Dios hacia mí.
Agradezco a Dios por este amigo, porque yo no estaba honrando al Señor con mis palabras. No estaba amando a los demás como debía. Mi crecimiento estaba estancado. Mis raíces no se hundían en lo profundo de la oscuridad de mi pecado y el poder de la cruz. Estaba estancado, era superficial, hasta que mi amigo me amó lo suficiente como para ser honesto conmigo, a pesar de que yo no lo había sido con él.
Sin importar dónde estés en tu camino hacia la honestidad, permíteme animarte: será profundamente bueno para ti. Conocerás mucho más de la gracia de Dios en tu vida.
Repasemos nuestra definición una vez más. ¿Qué es la honestidad? Es compartir la verdad adecuada para amar a los demás y honrar a Dios.
Entonces, sabemos hacia dónde ir. Pero ¿cómo llegamos ahí? Conocemos el propósito y los principios de la honestidad, pero ¿cómo la practicamos? A continuación, te presento siete prácticas útiles que encontré en mi búsqueda de la honestidad.
Preguntas para reflexionar:
- ¿Cómo fue tu camino hacia la honestidad? Comparte tus éxitos y fracasos con tu mentor.
- ¿Por qué a veces es tan difícil hablar con honestidad?
- ¿Cuál es la relación entre la honestidad con Dios y la honestidad con el prójimo?
PARTE DOS: LAS SIETE PRÁCTICAS DE LA HONESTIDAD
1. Sé equilibrado (no seas un subibaja)
Nunca me gustaron los subibajas de niño. De hecho, siendo honesto —en el espíritu de esta guía de habilidades para la vida—, los subibajas son un juego terrible de los parques infantiles. Cuando estás en un columpio, estás constantemente suspendido en el aire. Cuando te tiras por un tobogán, te diviertes en el recorrido hacia abajo. Pero en el subibaja, oscilas entre volar por los aires y estrellarte en el piso. ¡De nuevo en el aire! ¡De nuevo en el piso! ¡Da náuseas!
Antes de que pienses que esta guía ha empezado a decaer, el fin de todo esto es que a veces buscamos la «honestidad» como un subibaja. Nuestras relaciones van de un extremo al otro. Pasamos de ser completos aduladores a críticos despiadados. De cualquier forma, nos describimos como «honestos», como si dijésemos la verdad tal como es. En realidad, estamos contando solo un lado de la historia.
Entonces, no seas un subibaja.
¿Existen relaciones cercanas en las que solo se den cumplidos? Eso no es honesto. Todos somos pecadores que necesitamos corrección y ayuda. Nadie es perfecto ante el Señor por nuestros propios méritos. Tu deshonestidad podría estar causando mucho daño espiritual. Puede que estés permitiendo que no se trate el pecado en la vida de los demás. Puede que le estés restando fuerza a tus palabras de aliento. Después de todo, ¿no te sientes más animado cuando estas palabras provienen de personas que sabes que no te adulan en exceso? La deshonestidad tiene un efecto debilitador en nuestras palabras de ánimo.
Por otro lado, ¿existen relaciones en las que todo lo que hagas es criticar? No tienes nada bueno para decir, ninguna palabra de aliento ni de ayuda. Si eso es todo lo que dices, estás fallando. Después de todo, ¿acaso Dios solo tiene palabras de corrección para ti? Cuando todo lo que hacemos es criticar, deshonramos a Dios de dos maneras. En primer lugar, estamos menospreciando la obra del Espíritu Santo en la vida de otros cristianos. Dios obra en todos los creyentes, volviéndolos más semejantes a Él. Si nunca reconocemos esto, no estamos honrando el poder de su Espíritu. En segundo lugar, si todo lo que hacemos es corregir, no estamos reflejando el carácter de Dios a quienes nos rodean. Dios a veces usa palabras duras, pero también expresa palabras de sanación. Como cristianos, somos como pequeñas muestras de Cristo para otras personas, transmitiéndoles algo sobre el carácter de Dios. ¿Qué dicen tus palabras sobre Él?
La buena noticia sobre buscar el equilibrio en nuestras relaciones es que nosotros mismos nos volvemos más equilibrados. A medida que alentamos más a otros, también seremos más capaces de recibir aliento de la Palabra de Dios y de su pueblo con mayor facilidad. A medida que crecemos al ayudar a otros a ver su pecado, también responderemos con más humildad a las correcciones.
No seas un subibaja. Practica la honestidad equilibrada.
2. Sé constante (no seas un paracaídas)
A veces, nuestra versión de «honestidad» puede verse como un paracaídas. Caemos en las vidas de personas que no conocemos, compartimos verdades que no nos pidieron y luego nos vamos antes de que aparezca alguien más sabio.
Cuando piensas en qué es la honestidad, empiezas a notar qué es lo que está mal con esto. Sí, se parece a la «honestidad» porque estamos diciendo la verdad, pero este enfoque no siempre honra a Dios. No reflejamos su carácter como alguien confiable y fiel. Tampoco es amoroso hacia los demás. Amar a alguien significa comprender lo que esa persona necesita. Amar a alguien significa quedarse con esa persona durante el tiempo suficiente para ayudarla a cambiar. Amar a alguien significa volver a las mismas verdades con paciencia una y otra vez.
¿Quieres saber algo más? La honestidad en modo paracaídas no te ayudará a crecer. La honestidad constante es difícil. Es fácil confesar tu pecado una vez. Es duro hacerlo regularmente. Al hacerlo, los demás comienzan a verte por el pecador que realmente eres. Es fácil decirle a alguien una «verdad difícil» una vez. Es difícil acompañar a alguien de manera consistente en su lucha contra el pecado.
Una forma de diagnosticar la deshonestidad en tu vida es considerar si eres irregular al decir la verdad. ¿Hay cosas que puedas decir sin problemas una vez, pero que detestes repetir? ¿Hay relaciones de las que constantemente entras y sales?
Vivir la verdad con amor consiste en decirla a menudo. Esto quiere decir que probablemente practicarás el punto uno también. Después de todo, cuando nos involucramos con frecuencia en la vida de los demás, solemos terminar diciendo la verdad de forma equilibrada. Al principio, veíamos un área del pecado dominante en nuestra vida, pero con la confesión regular, nuestros amigos son capaces de señalar gran parte de la gracia de Dios que no podíamos ver antes. Primero queríamos animar a nuestros compañeros cristianos por algo que habían hecho, pero, con el tiempo, nos dimos cuenta de que ellos también necesitan un recordatorio del carácter de Dios en medio de su sufrimiento.
La constancia producirá mucho bien en tu vida. Entonces, no seas un paracaídas al decir la verdad.
3. Sé específico (no seas una nube)
Crecí en Portland, Oregón. La gente dice que allá llueve todo el tiempo, pero honestamente, puedo decirte que no llueve tanto. Sí, está nublado la mayor parte del tiempo. No está oscuro ni diluviando, tampoco nieva o graniza. Simplemente está nublado.
Te agrade o no, creo que nuestros esfuerzos por ser honestos a menudo fallan porque somos un poco como esas nubes. No somos específicos en nuestras conversaciones. Cuando confesamos nuestros pecados, lo hacemos de forma general; les decimos a los demás que «fallamos de nuevo esta semana». Cuando nos molestan los pecados de otros, les decimos que son «orgullosos», «tercos» o «molestos». Incluso al dar palabras de ánimo, lo hacemos de forma genérica. Les decimos a los demás que nos resultan «alentadores» o «edificantes».
¿Qué hay de bueno en eso? ¿Cómo se supone que cultivemos la santidad o ayudemos a otros a combatir su pecado si no conocemos los detalles específicos? ¿Cómo podría alguien continuar haciendo buenas obras o agradecer a Dios por el crecimiento en sus vidas si simplemente les decimos que son «amables»?
La verdad es específica. Dios no es «amoroso» de forma general. Él ama de forma específica a través de su obra creadora, sus actos de providencia, su justicia y, sobre todo, su obra en la cruz. Si en nuestro evangelismo dijéramos simplemente que Dios es «misericordioso» y «justo», ¿cómo podría alguien ser salvado? Ambas cosas son técnicamente ciertas, pero debemos decirles a las personas cómo Dios fue específicamente misericordioso al brindar un Salvador en la persona de Cristo. De forma similar, Dios es específicamente justo al juzgar los pecados.
¿Eres específico en tus palabras de aliento y exhortación hacia otros? ¿Señalas comportamientos, patrones o palabras concretas en las vidas de los demás? Cuando compartes tu propio sufrimiento, debilidad o pecado, ¿eres específico?
No solo es más honesto ser concreto, sino que también es la forma en la que crecemos. Cuando le cuentas a un amigo lo alentador que fue cuando te recordaron un versículo en particular en medio de tu sufrimiento, se ve más motivado a estudiar la Palabra de Dios y comentársela a otros. Cuando te dicen que sueles dominar las conversaciones y hacer que traten solo de ti, eres capaz de crecer.
No seas una nube en la vida de los demás. No seas inespecífico con tus confesiones, correcciones o palabras de ánimo hacia ellos. Sé concreto. Esto también te obligará a pensar en formas en las que Dios es particularmente bueno en tu vida y las de otras personas. Te llevará a considerar las profundidades de tu propio pecado, al nombrarlo específicamente. Te ayudará a lidiar con tus hermanos y hermanas al darte cuenta de que tu problema en específico no es su pecado, sino sus debilidades o sus peculiaridades.
Apunta a ser como los rayos penetrantes del sol y no una vaga neblina. Practica ser específico.
4. Sé directo (no seas una rueda de la fortuna)
Tengo una relación de amor-odio con las montañas rusas. Me encanta la euforia y la adrenalina. Al mismo tiempo, puede ser una experiencia aterradora que te revuelve el estómago. Aún recuerdo cuando subí a la Torre del Terror en los parques Disney.
Sin embargo, una atracción que me resulta indiferente es la rueda de la fortuna. No da miedo. No es divertida. Solo das vueltas en círculos.
Es muy común encontrar ruedas de la fortuna en ferias o paseos marítimos. Pero debemos tener cuidado y no actuar como ruedas de la fortuna con nuestras palabras.
¿Alguna vez te sucedió que debías decirle algo a alguien, pero no querías hacerlo? Tal vez observaste un pecado en su vida y querías señalarlo. Tenías que confesarle algo, pero te preocupaba cómo podría responder.
Creo que en esos momentos, la mayoría de nosotros actúa como una rueda de la fortuna. Damos vueltas en círculos, pero no llegamos a ningún lado. Nunca llegamos al punto. Al final de la conversación, nos encontramos en el mismo lugar en el que empezamos. Tal vez la otra persona termina obligándote a ir al grano o debe adivinar qué estás tratando de decir.
Quiero que te des cuenta de que este comportamiento no es honesto. Evitar decir lo que debes decir es tan deshonesto como mentir o tergiversar la verdad. La honestidad requiere valentía. Es necesario decir las cosas difíciles y asumir el costo de ello, ya sea el enojo o la decepción de los demás.
Evitar decir algo duro se siente como una acción buena y amorosa, pero no lo es. Cuando no dices algo de forma directa, responsabilizas a la otra persona de descubrir lo que quieres decir. Si hay algo que debe decirse, sé valiente y dilo. De hecho, puede que te sorprendan los resultados. A menudo, las personas se sienten respetadas y amadas cuando les hablas directamente.
El resentimiento crece en el silencio. Cuando chismoseamos sobre otros en lugar de hablarles directamente, estamos siendo deshonestos. El pecado crece en secreto. Cuando no confesamos nuestro pecado directamente, a menos que alguien nos pregunte por ello, estamos siendo deshonestos.
Me di cuenta de que me es más difícil ser directo con las personas que más me importan o que más respeto. Me preocupa herir a alguien que amo si le comparto de forma directa una preocupación que tengo. Me preocupa perder el respeto de mi mentor si le confieso mi pecado con sinceridad. ¿En qué relaciones se te dificulta ser directo? ¿Cuáles son los ídolos que se esconden bajo la superficie, que dificultan que seas honesto?
Bájate de la rueda de la fortuna. Sé directo con los demás en tu vida. Será beneficioso para ti y para ellos.
5. Sé humilde (no seas un reflector)
Hace poco fui a un teatro real y vi una obra de teatro real. Lo sé. Nunca pensaste que fuera alguien tan culturalmente refinado.
En marcado contraste con el cine o la televisión, me había olvidado del poder del reflector en una obra. Un rayo de luz en un escenario a oscuras puede crear un efecto dramático. Solo el actor es visible. Todo lo que lo rodea es una profunda oscuridad, un negro impenetrable. Ya sabes que hay otras cosas ahí, pero el reflector tiene un efecto impresionante, invisibilizando casi por completo todo lo demás.
Me pregunto si a veces tus relaciones se ven un poco así. Tal vez resaltas a ciertas personas de forma injusta. Puede que incluso pongas el reflector en ti mismo a veces. Quizá esto sea entretenido en el escenario, pero no es una práctica honesta para la vida.
Por ejemplo, ¿sueles poner el reflector en tu propio pecado o solo en el de los demás? ¿Pones el reflector en la excelencia de los otros o solo pones énfasis en las cosas que tú mismo haces bien? Tal vez eres demasiado humilde como para resaltar tu propio éxito, pero hay ciertas personas a las que no te gusta animar.
Debemos buscar la honestidad con humildad. En lugar de encender el reflector, encendamos todas las luces del escenario. Todos estamos sobre la misma plataforma. Todos fallamos o tenemos éxito de diferentes maneras, pero ninguno es fundamentalmente único respecto al resto.
Todos luchamos con el pecado. No hay nadie tan maduro y respetable como para no combatir el pecado a diario. No pienses que tú mismo u otra persona está exenta de pecado. No es honesto. Confiesa tus propios pecados y reflexiona sobre tus fracasos rápidamente. Cuando las personas que respetas fallen o pequen de manera evidente, debes estar dispuesto a notarlo. Cuando minimizamos el pecado, mentimos sobre nuestra necesidad de misericordia y la obra de Dios en la cruz.
Por otro lado, todos los cristianos tenemos al Espíritu obrando dentro nuestro. No hay cristiano, sin importar qué tan inmaduro o débil sea, que Dios no esté obrando para santificar. Puede que sea difícil de ver, pero ahí está. Es deshonesto no animarnos o reconfortarnos los unos a los otros con esta verdad. Sí, puede que haya relaciones en las que mayormente tengas que corregir, ¡pero no dejes de señalar todo el bien que Dios está obrando también! Ese aliento puede ser el medio que Dios use para ayudarlos a dar muerte asu pecado.
Esta es una de las razones por las que la iglesia local es tan beneficiosa. Si eres un cristiano solitario, es posible que caigas en la mentira de que eres único. O estás demasiado arruinado como para merecer la gracia de Dios, o eres tan maduro que no la necesitas. Cuando estás involucrado en las vidas de otros cristianos, te das cuenta de que estas son mentiras. Necesitas gracia, como todos los demás. Aun así, también tienes muchas cosas buenas que ofrecer. En soledad, te privas de la capacidad de caminar humildemente junto a otros. Su pecado es un recordatorio de que debes combatir el tuyo propio. Su santidad es un ejemplo a seguir.
Los reflectores nunca son del todo honestos. Siempre enfatizan de más una cosa y le restan importancia a otra. Practica la humildad en tu búsqueda de la honestidad.
6. Sé bíblico (no seas un mazo)
Si alguna vez miraste un drama judicial, una película policial o sobre una fuga de la prisión, siempre está la dramática escena ante el estrado del juez. El acusado está de pie, esperando oír el veredicto. La sala de audiencias queda en suspenso. Entonces, cae el mazo del juez. Ese golpe seco indica que se dictó sentencia.
A veces, nuestra honestidad puede sentirse como una sala de audiencias, excepto que nosotros nos sentamos en la silla del juez. Nos vestimos con las togas de la justicia. Golpeamos el mazo. Por supuesto, nunca decimos que tenemos la completa razón, que estamos siempre del lado de la justicia o que nuestra opinión es infalible. Pero ¿acaso a veces no hablamos así? Cuando nuestras excusas se ponen al nivel de las Escrituras, cuando nuestras críticas son expresadas con la autoridad de la Palabra de Dios, cuando nuestro entendimiento de la situación resuena con la firmeza del mazo del juez, es ahí cuando nos hemos equivocado. No estamos siendo honestos en cuanto a la intensidad y la infalibilidad con la que hablamos.
Ahora bien, no me malinterpretes, no quiero decir que esté mal tener una opinión, ofrecer consejo sabio o hacer correcciones. Esas son cosas positivas y correctas. Lo que digo es que la honestidad es útil con una dosis de humildad. La honestidad separa lo bíblico de lo personal. La sabiduría ocupa un lugar importante, pero no el mismo lugar que la Palabra de Dios.
Además, la honestidad incluye la mayor cantidad de palabras bíblicas posibles. Si estás corrigiendo a un amigo, ¿puedes mostrarle un pasaje de la Biblia que hable sobre su pecado? Si estás confesándote, ¿puedes usar la Palabra de Dios para describir tu ofensa? Al hacer esto, ayudamos a los demás a someterse a lo que Dios tiene para decir, no a lo que nosotros tenemos para decir.
Así, honramos al Señor, amamos a los otros y nos ayudamos a nosotros mismos. Le damos a las palabras de Dios su merecido lugar. Los demás maduran al ser llamados a obedecer los mandatos del Señor. Somos humillados cuando consideramos nuestras opiniones como menos valiosas y nos enfrentamos a las mismas palabras que ofrecemos a los demás.
No te sientes en la silla del juez, ni uses su toga, ni golpees con su mazo. En cambio, ofrece a los demás las palabras de corrección y de consuelo de Dios. Puedes ser mucho más honesto, directo y amoroso al hacerlo.
Esto nos lleva a nuestro último punto práctico en la búsqueda de la honestidad.
7. Sé ferviente en la oración (no seas un cronómetro)
Practicaba atletismo a campo traviesa en la escuela secundaria. Todos entrenábamos de formas diferentes. Algunos corrían esprints cortos alrededor de la pista, otros tenían días de entrenamiento por intervalos y otros, carreras largas. Pero la constante en todos estos métodos de entrenamiento era el cronómetro. Ya sea un esprint corto de 100 metros o una maratón de 75 minutos, el cronómetro siempre estaba corriendo.
Me pregunto si te has convertido en un cronómetro en las vidas de los demás. Tal vez haces todo bien. Eres humilde en tu postura, bíblico con tus palabras, directo en tu enfoque, específico en la práctica, constante en la vida de los demás y equilibrado con tu honestidad. Haces todo bien, pero una vez que hablas, el cronómetro comienza a correr. Empiezas a contar cuánto tiempo le llevará cambiar a la otra persona.
Amigo, si queremos ser amorosos y honrar a Dios con nuestra honestidad, no debemos ser cronómetros. En cambio, debemos ser pacientes y orar. Ser honesto con los demás conlleva un largo camino. La oración debe ser nuestra práctica consistente en ese viaje.
Si estás intentando ayudar a alguien a crecer, ora. Si estás intentando combatir el pecado en tu propia vida, ora. Si estás tratando de alentar a un santo desanimado, ora. Si estás teniendo problemas con tu propio crecimiento, ora.
Sin importar en qué parte estés en tu camino hacia la honestidad, ora.
Es sencillo olvidar lo que mencionamos primero. Tu objetivo no es simplemente cambiar algunas prácticas en tu vida: es cambiar tu corazón. Tener problemas con la honestidad es tener problemas para honrar a Dios como deberíamos. Es una lucha para amar a los otros de la forma en que Él nos ordenó. Es un esfuerzo de crecimiento personal. La honestidad es un trabajo del corazón.
El único medio para transformar el corazón es el Espíritu Santo. Debemos orar. Solo Dios puede realizar este trabajo. Pídele ayuda. Clama a Él cuando te cueste ser constante en las vidas de los demás. Pídele ayuda cuando tengas dificultades para ser equilibrado con tus comentarios. Depende de Él mientras luchas para ser específico sobre tu propio pecado.
Nuestros esfuerzos para ser honestos no suelen fracasar al primer intento, sino en el segundo o en el tercero. Ofrecemos consejo de forma justa una vez. Alentamos bien al desanimado una vez. Compartimos nuestro pecado de forma profunda una vez. Pero comenzamos a fallar en la segunda, tercera o cuarta ocasión. ¿Realmente tengo que compartir esto de nuevo? ¿Tenemos que volver a hablar de esto, en serio?
En esos momentos, te animo a que ores. Ora para que Dios haga lo que tú no puedes hacer. Ora para que Dios intervenga en su nombre y por su pueblo. Es lo que más le gusta hacer. Tus palabras, sin importar cuan cuidadosamente las pienses, no pueden cambiar corazones. No obstante, pueden ser el medio que Dios use para hacerlo. Ora para que así sea.
Hemos analizado los principios y las prácticas de la honestidad. Ahora, pasemos a hablar de la búsqueda de la honestidad.
Cuando despiertes mañana, ¿por dónde comenzarás? ¿Cómo aplicarás estas nuevas prácticas? A continuación, te comparto tres reflexiones para la siguiente semana.
Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuál de estos consejos prácticos te resulta más difícil de seguir y por qué?
- ¿Qué indican todos estos principios en su conjunto sobre las palabras honestas?
- ¿A quién podrías pedirle que evalúe tus áreas de debilidad a la hora de ser honesto? ¿Qué piensas que podrían decir?
PARTE TRES: LA BÚSQUEDA DE LA HONESTIDAD
1. ¿Cuáles son tus puntos débiles?
Simplemente, hay demasiados aspectos relacionados con la honestidad como para que puedas dominarlos todos de inmediato. No puedes hacerlo todo en un solo día. Nadie se levanta de la cama una mañana y corre una maratón, o al menos no lo hace bien. La clave es dar el primer paso. Salir de la casa y correr una cuadra. En las palabras de un predicador, muchos de nosotros estamos estancados porque intentamos partir de un lugar al que aún no llegamos. Tenemos que comenzar desde donde nos encontramos en la actualidad.
Entonces, la pregunta es: ¿dónde estás? ¿Cuál de los tres principios de la honestidad deberías meditar más? ¿Cuál de las siete prácticas de la honestidad te sería más útil?
Una forma de pensar en esto es: ¿cuáles son tus puntos débiles? Tómate esta semana para centrarte en eso. No intentes arreglar todo ahora. Elige una cosa sobre la cual trabajar. Si tu problema es la motivación detrás de la honestidad, tal vez haya un pasaje específico de la Biblia que puedas meditar esta semana. Todos los días, en tus momentos de quietud, vuelve a ese pasaje.
Tal vez te diste cuenta de que darle poca importancia a la gloria de Dios hace que seas deshonesto. Pasa tiempo leyendo Apocalipsis 4 y 5 esta semana, o repasa las palabras de Jesús a los fariseos en Juan 8. Tal vez tu deshonestidad es resultado de tu falta de preocupación por los demás. Lee Gálatas 6 o Efesios 4 y medita sobre tu responsabilidad con los otros cristianos.
Quizá el problema sea que sutilmente crees que ya maduraste por completo, y te es difícil relacionar tu deshonestidad con tu inmadurez. Lee Colosenses 3:1-17 y reflexiona sobre tu necesidad de seguir creciendo. Es posible que seas especialmente débil en una de las prácticas de la honestidad. Tal vez haya una relación en particular en la que seas deshonesto de forma obvia y habitual. Trabaja en eso esta semana.
2. ¿Quién puede ayudarte?
Todos necesitamos ayuda para seguir a Jesús. No podrás hacerlo solo. De la misma forma en la que otras personas necesitan tu honestidad, también tus amigos y los otros cristianos deben ser honestos contigo. Hay dos tipos de relaciones que te serán útiles.
Primero, encuentra a alguien que pueda caminar junto a ti. Esta persona puede darte una perspectiva externa sobre tu deshonestidad. ¿En dónde la ven aparecer? ¿Qué hábitos y patrones en particular pueden identificar en tu vida?
El cuerpo humano funciona de forma precisa porque tiene diferentes partes, y cada una necesita de las demás. Es bueno que el cuerpo no sea solo un ojo, una oreja o una mano. Puede que ames tus ojos, ¡pero te alegra tener manos cuando sostienes tu taza de café por la mañana! El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito» (cf. 1 Co 12:21).
Esto mismo aplica a tu búsqueda de la honestidad. Si quieres crecer, busca una mirada externa. Busca a alguien que tenga fortalezas distintas a las tuyas en este ámbito. Si eres rápido para ocultar la verdad, halla a alguien que sea más directo.
Pídele que te haga responsable de tus actos. Cuéntale cuándo sueles tener problemas como la honestidad y cómo se manifiesta eso. Coméntale cuál de las siete prácticas en particular estás trabajando. La iglesia sirve exactamente para esto. Pablo dice en Gálatas 6:2 que debemos ayudarnos unos a otros a llevar nuestras cargas. Necesitas a alguien que te ayude con esta carga.
Segundo, encuentra a alguien cuya honestidad puedas imitar. Un hermano o una hermana que camine junto a ti es fundamental para que puedas rendir cuentas. Sin embargo, un hermano o una hermana que camine delante de ti también es esencial para darte esperanza, perspectiva y una imagen de cómo se ve el camino más adelante.
Una vez más, es por esto que la iglesia es tan buena. ¡No todos en la iglesia son iguales a ti! Algunos son más ancianos, más sabios, más maduros o más dotados que tú. Esto es perfecto para tu alma. En lugar de pertenecer a un grupo de personas que se vean, caminen y hablen exactamente como tú —un grupo que corre al mismo ritmo y que tiene dificultades con las mismas cosas—, habrá quienes sean un ejemplo y corran más adelante. ¡Síguelos! Tómalos como ejemplo para tu vida.
Esto es verdad para todas las realidades espirituales, y es muy acertado para nuestro objetivo de honestidad. La Biblia es clara: vivan la verdad con amor. Sean honestos. Sin embargo, la vida no es tan clara. Hay muchas situaciones en las que puede ser difícil saber cómo se ve la honestidad.
Es por esto que seguir a un santo más anciano y más sabio es fundamental. Esta persona sabrá como aconsejarte. Aplicará la honestidad en situaciones con las que todavía no te has encontrado. Compartirá historias de ocasiones en las que haya fracasado para que puedas aprender de ellas. Te alentará para que no te desanimes en tu proceso de crecimiento.
Si estás teniendo dificultades para encontrar a alguien, habla con uno de tus pastores. Comparte tu pecado de deshonestidad con él o ella y pídele ayuda. Es un gran punto de partida, ya sean ellos mismos quienes acaben aconsejándote o te deriven a otro miembro de la iglesia.
3. ¿Por dónde empezar?
De acuerdo, dije que ya iba a terminar, pero aquí te traigo un consejo adicional para que sigas adelante: vuelve a la práctica número 7 y comienza por ahí.
Ora.
Ora con fervor, ora con constancia, ora según las Escrituras, ora en comunidad, ora con honestidad, ora con especificidad.
Ora por tu pecado de deshonestidad. Ora pidiendo ayuda, esperanza y que el Espíritu Santo obre en tu vida. No podrás crecer por tus propios medios. No podrás ser más honesto solo con tu propia voluntad. Puede que quizá tengas algunos cambios en tu conducta, pero no podrás cambiar tu corazón. Para eso, necesitas que Dios obre en ti. Ora para que así sea. Nuestro Dios ama responder a esas oraciones.
Preguntas para reflexionar:
- Escribe un plan para definir cómo aplicarás las verdades y sugerencias de esta parte de la guía.
PARTE CUATRO: LA PROMESA DE LA HONESTIDAD
¿Cómo podemos hacer esto? Parece que tenemos el viento en contra. Ser honesto es muy difícil. Hay muchas formas en las que nos vemos tentados a darle un mal uso a la verdad o a distorsionarla. Preferimos amarnos y honrarnos a nosotros mismos antes que al Señor y a otros.
El poder de perseverar
Anímate con las palabras de Pablo. Al pensar en su propia madurez espiritual, dijo: «No es que ya lo haya conseguido todo o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí» (Flp 3:12). Pablo no era perfecto, pero siguió adelante. Soportó el sufrimiento y los pecados de otros. ¿Por qué? Dejaré que él mismo responda: «Cristo Jesús me alcanzó a mí».
Piensa en eso. ¿Cómo puedes luchar para ser honesto, para sacrificarte, para amar a otros y honrar al Señor? Porque Cristo Jesús te alcanzó. Te compró con su sangre. Dio su vida en tu lugar. Su cuerpo fue puesto en la cruz en tu lugar. Su cuerpo estuvo en el sepulcro en tu lugar. Y resucitó de entre los muertos para que conozcas el poder de su resurrección.
Esto significa que ahora, en tu vida, el poder de la resurrección de Cristo está obrando en ti. Su Espíritu está trabajando para ayudarte a combatir tu pecado y a reflejar su verdad.
Además, esto significa que un día también resucitarás con Cristo. Un día, Dios hará nuevas todas las cosas.
La promesa de perseverar
Medita en la promesa de ese día en Apocalipsis 21:1-3: «Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está el santuario de Dios! Él habitará en medio de ellos y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios”».
Todo será nuevo. Todo será limpiado. Incluso tú, si te has alejado de tu pecado y confiado en Cristo. No más pecado, no más angustia. No más manchas de deshonestidad, falsedad, exageración y mentiras. Si estás en Cristo, algún día estarás con su pueblo, como una novia vestida para su prometido. Un día, estarás con Dios.
¿Cómo será tu relación con Él? Esto se describe en Apocalipsis 22:4: «[L]o verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente».
Amigo, un día estarás cara a cara frente a Dios. Él te conocerá de verdad, y tú a Él. No habrá más mentiras que destruyan relaciones, engaños que empañen las amistades ni deshonestidad que arruine matrimonios. Nada que te separe de la relación con otros. Nada que te separe de la relación con tu Creador y Redentor. Un día, en Cristo, estarás con Dios.
Qué alegría pensarlo. Qué gran esperanza. ¿Acaso no es una promesa que valga la pena perseguir?
Deshazte de la deshonestidad. Elige la sinceridad. No importa que tan difícil, dolorosa, incómoda o vergonzosa sea. Hazlo porque estás esperando ese día, y porque desde hoy conoces la alegría que traerá.
De la misma manera en la que tus relaciones serán perfectamente honestas en ese entonces, puedes ser honesto hoy. Al igual que tu conocimiento de Dios será perfectamente claro en ese momento, puedes ser honesto con Él hoy. Deja que el poder del evangelio y la promesa del cielo te animen a practicar la honestidad ahora.
Di la verdad para amar a otros y honrar a Dios. Un día, eso es todo lo que harás. Comienza hoy.
Preguntas para reflexionar:
- ¿De qué manera pensar en el cielo te ayuda a ser honesto en esta vida?
- ¿Cuál es tu primer paso para buscar ser más honesto?
- ¿Con quién puedes compartir tu plan?
Tabla de contenido
- PARTE UNO: LOS TRES PRINCIPIOS DE LA HONESTIDAD
- 1. La honestidad honra a Dios
- 2. La honestidad brinda amor a los demás
- 3. La honestidad nos hace crecer
- Preguntas para reflexionar:
- PARTE DOS: LAS SIETE PRÁCTICAS DE LA HONESTIDAD
- 1. Sé equilibrado (no seas un subibaja)
- 2. Sé constante (no seas un paracaídas)
- 3. Sé específico (no seas una nube)
- 4. Sé directo (no seas una rueda de la fortuna)
- 5. Sé humilde (no seas un reflector)
- 6. Sé bíblico (no seas un mazo)
- 7. Sé ferviente en la oración (no seas un cronómetro)
- Preguntas para reflexionar:
- PARTE TRES: LA BÚSQUEDA DE LA HONESTIDAD
- 1. ¿Cuáles son tus puntos débiles?
- 2. ¿Quién puede ayudarte?
- 3. ¿Por dónde empezar?
- Preguntas para reflexionar:
- PARTE CUATRO: LA PROMESA DE LA HONESTIDAD
- El poder de perseverar
- La promesa de perseverar
- Preguntas para reflexionar: