#102 La digitalización: cómo liberarse de la adicción a las pantallas

por Luke Rininger

Introducción: Esperanza Entre La Distracción

Descargué el juego para conectar con mis hijos. Los dos menores lo estaban jugando en la tableta y no paraban de pedirme ayuda. Tras intentar entenderlo con ellos durante varios días, pensé: «Lo voy a descargar en el teléfono para enterarme mejor y demostrar verdadero interés por lo que les importa». Primer error…

En cuestión de semanas, me enganché. El juego estaba diseñado para que nunca pudieras ganar. Los niveles eran cada vez más difíciles, tu equipo siempre podía reforzarse y siempre había alguien con un equipo mejor que el tuyo. Al final, mis hijos perdieron el interés y siguieron con su vida, pero yo no. Dos meses después, pasaba un promedio de siete horas al día frente a la pantalla del teléfono, la mayor parte de ellas en ese juego.

Si estás leyendo esto, tal vez tengas una historia similar. Quizá no sea un juego, sino una adicción a las redes sociales, a las emisiones en directo o a las aplicaciones de noticias, o el mero hábito compulsivo de mirar el teléfono cada pocos minutos, lo que indica una posible adicción. Tal vez hayas notado que tus hijos —la generación de los nativos digitales— están pegados a las pantallas y te hayas dado cuenta de que tú no eres distinto. Es posible que hayas sentido una culpa persistente por haberte perdido momentos reales a causa de las distracciones digitales. O, a lo mejor, simplemente estás cansado, cansado de la atracción constante, de la dispersión, de la sensación de que nunca te hallas plenamente presente en ningún lugar.

No estás ni solo ni loco. Las pantallas y la tecnología digital se han convertido en una de las fuerzas más dominantes que hayan competido por nuestra atención en toda la historia de la humanidad. El estadounidense promedio pasa alrededor de siete horas al día ante las pantallas, y la generación Z, unas nueve. En 2023, el estadounidense promedio miró el teléfono 144 veces al día, cifra que aumentó a 205 solo un año después.1 Escroleamos antes de orar. Acudimos a nuestro dispositivo antes que a nuestro cónyuge. De algún modo, nos hemos convencido de que así funciona la vida ahora, lo que ha arraigado en nosotros estos hábitos digitales insanos.

Esta guía de habilidades para la vida no pretende avergonzarte, sino ayudarte a ver con claridad lo que sucede y darte una salida. La adicción a las pantallas no es una pérdida de tiempo sin más. Supone un corazón dividido, dispersión y un alma que fue creada para algo mucho más grande que escrolear sin fin.

Los dispositivos han dejado de ser herramientas neutrales. Han sido diseñados para captar y mantener nuestra atención. Las mentes más brillantes y miles de millones de dólares trabajan para que nos resulte casi imposible apartar la mirada de las pantallas, lo que fomenta la dependencia digital. Dicho esto, que algo esté diseñado para engancharnos no significa que tengamos que quedarnos enganchados.

No fuiste creado para vivir distraído, disperso y rodeado de distracciones digitales. Fuiste creado para conocer a Dios, amar a los demás y ser mayordomo de tu tiempo y tu atención para su gloria. Jesús dijo: «[…] yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10:10). La vida abundante no viene de ninguna pantalla. Viene de Aquel que te creó, te ama y te llama a algo mejor que la dopamina digital barata.

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