#77 Afrontar las críticas: crecer gracias a los comentarios
Introducción
«No es lo suficientemente bueno. Tendrás que rehacerlo por completo». Esas palabras me afectaron cuando las oí por primera vez, pero sabía que era la verdad. Era pasante de contabilidad y le había entregado un trabajo a mi jefe, sabiendo que no era el mejor que podía hacer. Sus palabras fueron duras, pero justas. Luego de rehacer toda la hoja de cálculo, aprendí una valiosa lección: trabajar más duro en un proyecto antes de entregárselo a mi superior.
No es poco común recibir críticas. A veces no son amables, y no siempre son justas. Algunas veces tienen justificación, otras no, y normalmente es un poco de ambas. Algo es seguro: todos enfrentaremos algún tipo de crítica en algún momento de nuestras vidas.
La pregunta es: ¿cómo responderemos cuando enfrentemos las críticas? Porque, amigo, seguro que las enfrentarás.
Primero, pensemos en una definición de «crítica». Las críticas son aquellas palabras que resaltan un defecto real o percibido en alguien o en sus acciones.
Puesto de esta manera, las críticas se suelen considerar como negativas por naturaleza, algo que debemos evitar a toda costa. Es por esto que la mayoría de nosotros rehuimos las críticas. Deseamos escuchar palabras de afirmación, no palabras que nos dicen que debemos mejorar. Después de todo, ¿quién quiere enfocarse en sus malos actos o tener una conversación incómoda con alguien sobre sus defectos?
Sin embargo, sostengo que aunque las críticas pueden ser negativas, también pueden ser redentoras. Es decir, podemos resaltar un defecto en alguien o en sus acciones de forma piadosa, para su bien. Es más, incluso las críticas impías pueden ser utilizadas por la gracia de Dios para ayudarnos a madurar, y así volvernos más semejantes a Cristo.
El objetivo de esta guía es equiparte para cuando enfrentes críticas, así como también prepararte para las ocasiones en las que debas proporcionarlas. Mi objetivo es brindarte herramientas para que puedas identificar los distintos tipos de crítica y responder con sabiduría, gracia y verdad.
Hoja de ruta
Esta guía se divide en cinco partes. Primero, ajustaremos nuestras expectativas para no sorprendernos cuando lleguen las críticas. En segundo lugar, analizaremos distintos tipos de críticas. En tercer lugar, consideraremos cómo procesar las críticas piadosas. En cuarto lugar, identificaremos formas de lidiar con las críticas impías. Finalmente, observaremos cómo ofrecer críticas piadosas.
Comencemos.
Audioguía
Audio#77 Afrontar las críticas: crecer gracias a los comentarios
Parte I: Espera recibir críticas
Praemonitus, praemunitus. Si tu latín está un poco oxidado, esto significa: «Quien fue advertido, está prevenido». Esta frase tiene su origen en la guerra del siglo XVI en el Reino Unido. Es una frase que también aplica a otras áreas de nuestras vidas, incluyendo a las granadas de críticas que caen sobre nuestro campo de batalla.
El punto es que, sin estar a la defensiva continuamente, podemos preparar nuestros corazones para recibir y brindar críticas. El primer paso para prepararnos es pensar de dónde vienen las críticas y rastrear sus raíces bíblicas.
Ahora, para empezar, debemos reconocer que la palabra «crítica»no está en la Biblia. Sin embargo, la Biblia dice mucho sobre el concepto de la crítica. Usa términos como «reprender» y «corregir» para las críticas piadosas y «quejas» o «contiendas» para las críticas impías. La Biblia también presenta una gran cantidad de ejemplos de ambos tipos de críticas para que los analicemos.
Primero, observemos de dónde vienen las críticas, cuál es su raíz. Para hacerlo, debemos ir a donde empezó todo: el Edén.
En el principio, Dios creó todas las cosas y la Biblia aclara que lo hizo todo bueno (Gn 1:4, 10, 12, 18, 21, 25). La creación de Dios alcanza su punto más alto cuando crea a los primeros humanos. Después de dar vida a Adán y a Eva, Dios declaró que todo era «muy bueno» (Gn 1:31). Todo estaba bien, no había nadie ni nada que criticar. No había nada que necesitase una mejora o que pudiese beneficiarse de algún consejo adicional.
Pronto todo eso cambió. Las primeras palabras de crítica salieron de la boca de Satanás cuando tentó a Adán y Eva a desobedecer a Dios. En Génesis 3, Satanás criticó de forma (no tan) sutil el mandamiento de Dios para la primera pareja. Satanás criticó a Dios diciendo que Él impedía que Adán y Eva conocieran el bien. ¿Cómo lo hacía? Prohibiéndoles que comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal: «Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal».
De forma trágica, Adán y Eva se pusieron del lado de la crítica de Satanás y comieron el fruto. En el momento en que Adán y Eva desobedecieron, el pecado entró en el mundo. Ahora, un mundo que solo conocía la belleza, la bondad y el gozo estaba sujeto a la dureza, la crueldad y la posibilidad y necesidad de criticar.
A medida que avanzamos en la historia de la Biblia, vemos que en poco tiempo las críticas se propagan. De hecho, apenas Dios confronta a Adán por lo que hizo, este se dispone a criticar a Eva (¡e incluso a Dios!) en su «defensa». «Él respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto y yo lo comí”» (Gn 3:12).
Desde Génesis 3 en adelante, ha habido personas y cosas para criticar, y una gran cantidad de gente ha estado feliz de ofrecer estas críticas.
Por lo tanto, la crítica de todo tipo nace del pecado. Vale la pena analizar esto con más profundidad. Reflexionemos sobre esa verdad por un momento.
Debemos esperar las críticas porque somos pecadores
En primer lugar, vemos que deberíamos esperar las críticas porque somos pecadores. La entrada del pecado al mundo no fue un suceso aislado. No afectó solo a una familia: nos impactó a todos. El pecado se da cuando no vivimos de acuerdo a los estándares de Dios. Incluye el bien que deberíamos hacer pero no hacemos y el mal que no deberíamos hacer, pero que aun así hacemos, rebelándonos contra Dios.
Dios nos pide que lo amemos con nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente, y que amemos al prójimo como a nosotros mismos (Mt 22:37-39). Sin embargo, si somos honestos con nosotros mismos, sabemos que no obedecemos todo lo que nos pide Dios. Esto significa que se nos puede criticar justamente por un montón de cosas. Por nosotros mismos, somos imperfectos, al igual que las cosas que hacemos.
Ahora bien, todos nosotros deberíamos estar dispuestos a admitir nuestra pecaminosidad. Solemos ser ciegos ante nuestro propio pecado, por lo que no siempre vemos las formas en las que dañamos a los demás. Esta dinámica se expresa en Proverbios 12:15, que nos recuerda que «[a]l necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio escucha el consejo».
Además, no solo tenemos el problema de nuestro pecado intencional, lo que nos deja abiertos a las críticas, sino también las consecuencias no intencionales de nuestras limitaciones naturales humanas. En otras palabras, podemos hacer o decir lo correcto y tener buenas intenciones, y de igual manera causar daño accidental a los demás. Por esto, incluso con buenas motivaciones, podemos ser criticados de forma legítima.
No es de extrañar entonces que Pablo nos llame a pensar de nosotros mismos con moderación (Rm 12:3). Esta postura se enfatiza múltiples veces en el libro de Proverbios. Proverbios 12:1 dice: «El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la aborrece es un necio» y Proverbios 15:31-32 dice: «El que atiende a la reprensión que da vida, habitará entre los sabios. El que rechaza la corrección se desprecia a sí mismo; el que la atiende gana entendimiento».
Nos enfrentamos con las críticas a causa de nuestro pecado y nuestras limitaciones naturales.
Debemos esperar las críticas porque los demás son pecadores
No solo nos afecta el pecado que viene de nuestros propios corazones, sino que también estos se ven profundamente afectados por el pecado que se comete en contra de nosotros. De modo que sí, debemos esperar las críticas porque somos pecadores, pero también debemos esperar las críticas porque los demás son pecadores.
Las críticas pueden venir de bocas impías. Pueden brotar de corazones llenos de celos, envidia y codicia. A menudo, las personas lastimadas buscan lastimar a otras. Es por esto que no debería sorprendernos que las palabras que oímos de otros a veces no son intentos sinceros de ayudar o corregir, sino palabras que buscan abatirnos y herirnos.
Incluso Jesús enfrentó este tipo de críticas. Recuerda, Jesús nunca hizo nada malo. Siempre amó a Dios y a su prójimo. Nada de lo que hizo o dijo era criticable. Aun así, a lo largo de su vida, Jesús no estuvo exento de las palabras duras y dañinas de los demás, que comentaban sobre su vida y su trabajo. En Lucas 5, leemos:
Luego Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa, donde un grupo numeroso de recaudadores de impuestos y otras personas estaban comiendo con ellos. Pero los fariseos y los maestros de la Ley que eran de la misma secta reclamaban a los discípulos de Jesús: «¿Por qué comen y beben ustedes con recaudadores de impuestos y pecadores?» «No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos», contestó Jesús. «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan» (Lc 5:29-32).
En esta escena, Jesús estaba haciendo algo bueno —acercarse a los marginados y mostrarles misericordia— pero los fariseos y los maestros de la Ley lo criticaron sutilmente a través de su pregunta por pasar tiempo con «la gente equivocada».
Si Jesús fue criticado, no debería sorprendernos que nosotros también lo seamos. Como seguidores de Jesús, deberíamos esperar más críticas del mundo. Escucha las palabras de Jesús en Juan 15:
Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes me aborreció a mí. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece (Jn 15:18-19).
En otras palabras, hay otra razón por la cual podríamos enfrentar críticas: porque seguimos a Jesús. El mundo odia a Jesús, y nosotros vivimos por Él. A las personas no les gusta cuando nuestras vidas reflejan al Señor y cuando buscamos decir la verdad en su nombre. Como dijo el apóstol Pablo: «Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús».
Entonces, vimos que la presencia del pecado en este mundo y dentro del corazón humano es la fuente de las críticas que recibimos y proporcionamos.
El evangelio y las críticas
Pero, alabado sea Dios, porque gracias al evangelio sabemos que el pecado no tiene la última palabra. Sabemos que Jesucristo vino a morir por el pecado, la gran causa de todas las críticas.
Incluso cuando estaba en la cruz, obteniendo la salvación de todos los creyentes, Jesús enfrentó la crítica de los pecadores, por quienes estaba muriendo. Los que lo vieron colgado en la cruz se burlaron de Él. Le escupieron. Aun así, colgado allí, estaba muriendo por todos los que creerían en Él. Así lo expresa Pedro, mostrándonos las implicaciones que tiene esto para nosotros hoy:
Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes y les ha dado ejemplo para que sigan sus pasos. «Él no cometió ningún pecado ni hubo engaño en su boca». Cuando proferían insultos contra Él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que confiaba en aquel que juzga con justicia. Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados. Antes eran ustedes como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor que cuida de sus vidas (1 P 2:22-25).
En estas palabras podemos ver un mar de gracia y esperanza ante las críticas. Nuestra esperanza para todas las críticas que recibimos y merecemos, así como también las críticas que expresamos, se encuentra en el evangelio. Como dice Pedro en el versículo 24, Jesús, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados para que podamos ser perdonados y purificados.
A pesar de que Dios tiene muchos motivos para desaprobar la forma en la que vivimos, su precioso Hijo llevó nuestros errores a la cruz. Cuando el Señor Jesús estaba colgado en la cruz, no solo oía los insultos y las críticas de la multitud: enfrentaba el juicio justo y definitivo de Dios. ¿Por qué? Para que podamos ser perdonados y sanados de nuestro pecado y restaurar nuestra relación viva con Dios, el Pastor que cuida de nuestras vidas.
Así, el evangelio evalúa nuestros corazones con precisión, hallándonos defectuosos y manchados por el pecado. Sin embargo, en lugar de condenarnos, Dios, en Jesús, nos colma de su gracia. Él ve todo nuestro pecado, pero a pesar de eso, con gran amor nos envió a su Hijo para redimirnos y rescatarnos. Nos rescató de las palabras duras y carentes de amor que dijimos. Nos rescató de la gran amargura, codicia y envidia que sale de nuestras bocas.
Esto quiere decir que nuestras fallas y nuestros pecados no nos definen. No tienen la última palabra: la tiene Jesús. Nuestras vidas están resguardadas con Cristo en Dios, y nuestra identidad en Él es más importante para quienes somos que las cosas que hacemos o decimos.
En Jesús, Dios nos renueva. Dios incluso puede redimir las palabras hirientes y ayudar a que estas sean usadas para nuestro bien. Puede redimir las bocas duras e hirientes y convertirlas en herramientas constructivas para formar la imagen de su Hijo en nosotros por el poder de su Espíritu.
Ya vimos el trasfondo de las críticas y cómo pueden surgir del pecado en nosotros o en los demás.
A partir de esto, ahora nos preguntamos: ¿cómo debemos responder a las críticas? Este es el próximo tema a debatir.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿De qué manera el hecho de comprender que las críticas provienen en última instancia del pecado (propio o ajeno) cambia tu modo de ver el hecho de criticar y ser criticado?
- El evangelio expone nuestro pecado y nos ofrece sanarlo. ¿De qué forma esta verdad puede liberarnos de una actitud defensiva a la hora de ser corregidos o confrontados?
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Parte II: Debemos discernir entre los distintos tipos de crítica
Mi familia vivió tres años en los Estados Unidos para asistir al seminario antes de regresar a nuestra Inglaterra natal. El tiempo que pasamos en los Estados Unidos fue una experiencia cultural memorable, ¡sobre todo por vivir en un país donde hay animales que pueden matarte con una mordida! Una mañana soleada, abrí la puerta principal y encontré una serpiente tomando sol en nuestro porche. Una vez superada mi conmoción, intenté descifrar si se trataba de una inofensiva coral ratonera o una serpiente cabeza de cobre venenosa (¡¿por qué tienen que ser tan parecidas?!). Me tomó cierto tiempo (y una búsqueda en Google) darme cuenta de que era una serpiente inofensiva. Sin duda, un ojo experto lo hubiera notado mucho más fácilmente. Sin embargo, conocer la diferencia fue crucial para saber cómo responder: si debía correr o quedarme ahí.
Al igual que las serpientes, las críticas lucen de distintas maneras, y debemos aprender a discernir con cuál nos estamos enfrentando. Es decir, necesitamos determinar si las críticas son piadosas (buscan corregir con amor el pecado en nosotros) o impías (difunden las acusaciones de Satanás).
Para diferenciar estos tipos de críticas, veamos algunos de los lugares de la Biblia en donde aparecen.
Primero, consideremos dos ejemplos de críticas o correcciones piadosas. El primero es cuando el profeta Natán confronta al rey David luego de que este haya pecado gravemente. La verdadera historia en la Biblia se encuentra en 2 Samuel 12.
El rey David había cometido un grave pecado sexual e intentó ocultarlo rompiendo la mayoría de los diez mandamientos. Luego, David fue confrontado por el profeta Natán. Este no atacó directamente a David, sino que sabiamente contó una historia para abrir sus ojos y que notara la gravedad de su pecado. Su estrategia funcionó. La confrontación de Natán hizo que David se arrepintiera, declarando: «¡He pecado contra el Señor!» (2 Sm 12:13).
Cuando David se arrepiente, Dios lo perdona de inmediato (¡cuánta gracia!). Sin embargo, David aún debe enfrentar las consecuencias terrenales para él y su familia a causa de su pecado. No obstante, para el propósito de esta guía, nos centraremos en Natán y en cómo ofreció una corrección piadosa que llevó al arrepentimiento y al perdón. Le dijo la verdad a David con precisión, y este fue restaurado.
Vemos un segundo ejemplo de crítica piadosa cuando Pablo corrige a Pedro en Galacia. En Gálatas 2, leemos cómo Pedro temía la opinión de los hombres y, por lo tanto, se negaba a compartir la mesa con otros cristianos. Pablo se dio cuenta de que este no era un asunto trivial. No se trataba de elegir con quién sentarse en el almuerzo: era un comportamiento que socavaba los fundamentos del evangelio (Ga 2:14), por lo que Pablo se lo echó en cara (Ga 2:11). Esta crítica piadosa fue hecha en público (Ga 2:14). Pablo cuestionó las acciones de Pedro. La carta (y el resto de la Biblia) implican que Pedro aceptó la corrección de Pablo y se preservó la integridad del evangelio.
Aquí vemos dos ejemplos de correcciones piadosas (una privada y una pública) de un creyente a otro cuando uno no estaba actuando de acuerdo con su profesión de fe. En ambos casos, la corrección fue motivada por el amor a la persona y por el deseo de honrar a Dios y mantener la verdad de su Palabra. Las correcciones fueron claras, específicas y tenían la intención de ayudar a un hermano a seguir a Dios más de cerca.
Este tipo de correcciones y críticas dan vida. Proverbios 27:5-6 dice: «Más vale ser reprendido con franqueza que ser amado en secreto. Más confiable es el amigo que hiere que los abundantes besos del enemigo».
También tenemos ejemplos en la Biblia de críticas impías. Un ejemplo de esto son los hijos de Coré en Números 16.
En esta historia, vemos una rebelión contra Moisés y Aarón cuando los israelitas se encontraban en el desierto. En Números 16, Coré y otras personas desafiaron la autoridad de Moisés y Aarón. Sus palabras fueron muy críticas de Moisés:
Moisés mandó llamar a Datán y Abirán, hijos de Eliab, pero ellos contestaron: «¡No iremos! ¿Te parece poco habernos sacado de la tierra donde abundan la leche y la miel, para que ahora quieras matarnos en este desierto y dártelas de gobernante con nosotros? Lo cierto es que tú no has logrado llevarnos a esa tierra donde abundan la leche y la miel; tampoco nos has dado posesión de campos y viñas. Lo único que quieres es seguir engañando a este pueblo. ¡Pues no iremos!».
Su juicio era erróneo. Para empezar, Moisés tenía un claro mandato de Dios para guiar al pueblo. Además parece ser (Sal 106:16) que no los motivaba una preocupación piadosa, sino los celos y la envidia. Tristemente, sus críticas abiertas llevaron a su propia destrucción, no la de Moisés. Como cuenta el capítulo 16 a continuación, la tierra se abrió y se tragó a Coré, Datán y Abirán, mientras el fuego consumía a los 250 hombres que ofrecían incienso (Nm 16:31-35).
Entonces, estos son los distintos tipos de críticas. Las críticas piadosas conducen al arrepentimiento y a la vida, mientras que las críticas impías que fluyen de corazones amargados y endurecidos conducen a la destrucción. Por lo tanto, cuando enfrentemos una crítica, es importante que el primer paso sea discernir si es piadosa o impía.
¡Es más fácil decirlo que hacerlo! ¡No siempre se nos dice cuál es cuál! ¡Si tan solo la tierra se abriese y tragase a quienes ofrecen críticas impías (aunque si fuese así, ¿quién de nosotros seguiría aquí?)!
Aunque pueda ser difícil discernir si estamos recibiendo críticas piadosas o impías, es muy útil tener estas dos categorías en mente.
Pero ¿cómo lo hacemos?
Bien, no hay una respuesta sencilla a esta pregunta. Sin embargo, a partir de los ejemplos de arriba, podemos notar que hay ciertos principios que diferencian a las críticas piadosas de las impías.
Las críticas piadosas buscan amar a las personas y sostener la verdad, mientras que las impías provienen de un lugar de envidia y ambición egoísta. La corrección piadosa apunta a alinearnos con la verdad de Dios, mientras que las críticas impías buscan menoscabar y dañar a los demás. A menudo, las críticas piadosas se ofrecen de forma clara y humilde, en contraste con una actitud desafiante y acusatoria.
A continuación, te presento una tabla útil para considerar las características y cualidades de los distintos tipos de críticas con los que nos podemos encontrar.
| Categoría | Crítica piadosa | Crítica impía |
| Ejemplos bíblicos | Natán confronta a David (2 Sm 12); Pablo corrige a Pedro (Ga 2) | Coré, Datán y Abirán se rebelan contra Moisés (Nm 16) |
| Motivación | Amor por la persona, honrar a Dios, sostener la verdad | Celos, orgullo, rebelión, ambición egoísta |
| Intención/Objetivo | Corregir el pecado de forma amorosa y restaurar la relación con Dios | Socavar, dañar o desacreditar a otros; vanagloria |
| Tono y forma | Humilde, claro, específico (algunas veces en privado y otras en público) | Irrespetuoso, acusatorio, desafiante |
| Enfoque | Comportamiento incongruente con la fe o con la verdad | Ataque personal o desafío a la autoridad otorgada por Dios |
| Efecto/Resultado | Conduce al arrepentimiento, al perdón y al crecimiento espiritual | Conduce a la división, al juicio y a la destrucción |
| Ejemplo de resultado | David se arrepintió y fue perdonado; Pedro corrigió su comportamiento | La rebelión de Coré llevó a su destrucción |
| Principio en Proverbios 27:5-6 | «Más confiable es el amigo que hiere»: da vida | «[Q]ue los abundantes besos del enemigo»: hace daño |
Puede que esta valoración tome algo de tiempo, y necesitamos mucha sabiduría para diagnosticar si
(y qué tanto) las palabras que oímos entran en estas categorías. Sin embargo, es una tarea que vale la pena llevar a cabo ante el Señor.
Consideremos ahora cómo podemos lidiar con ambos tipos de críticas, y luego pasaremos a analizar cómo podemos ofrecer críticas piadosas de la mejor forma posible.
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Preguntas para reflexionar:
¿Por qué es importante reconocer que no todas las críticas son iguales, y cómo puede esa percepción cambiar tu reacción inicial cuando alguien te critica?
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Parte III: Debemos aceptar y pedir críticas piadosas
Hay un famoso cuento de Hans Christian Andersen que dice así: «Había una vez un emperador al que no le importaba nada que no fuese su apariencia. Un día, dos astutos tejedores acudieron ante él, diciéndole que podían confeccionar un traje tan especial que sería invisible para los tontos y para quienes no fueran dignos de verlo. Ansioso por demostrar su sabiduría, el emperador les pagó generosamente. Los tejedores no confeccionaron nada, pero aun así todos —los ministros, cortesanos y hasta el mismo emperador— pretendían ver la maravillosa tela, por temor a ser considerados poco aptos para sus puestos. El emperador decidió desfilar por la ciudad luciendo su “nuevo traje”, desnudo ante su pueblo. Los espectadores permanecieron callados por miedo y orgullo. De pronto, un niño exclamó: “¡Pero si está desnudo!”. Solo entonces la verdad acabó con la ilusión».
La moraleja del cuento destaca la importancia de rodearnos de personas dispuestas a decirnos las verdades más difíciles.
Al igual que ese emperador, nos vemos tentados a rodearnos de voces que nos adulen, no que nos corrijan. Deseamos recibir palabras de afirmación, no de honestidad, es por eso que caminamos ciegamente, vestidos de falsas ilusiones. Sin embargo, una crítica piadosa (honesta, humilde, nacida del amor) es como la voz del niño: incómoda pero liberadora.
Entonces, habiendo distinguido los diferentes tipos de críticas que enfrentamos, pasemos a analizar nuestra respuesta cuando recibimos cada una de ellas. Primero, consideraremos cómo deberíamos responder a las críticas piadosas, o lo que la Biblia describe como «corrección» o «reprimenda».
El título de esta sección dice que debemos aceptar las críticas piadosas. Deberíamos buscar rodearnos de personas que tengan más temor de Dios que deseos de recibir nuestra aprobación, ya que más vale la verdad por dura que sea que una dulce mentira.
Esta es la postura que la Biblia nos llama a adoptar. Esto es lo que dice Salomón en Proverbios 9:
No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio y te amará. Instruye al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber (Pr 9:8-9).
Aquí vemos que las personas sabias están abiertas a las críticas piadosas, de hecho las aman. El sabio en Proverbios 9 reconoce que siempre necesita corrección, que siempre hay formas en las que puede crecer, por lo que acepta las críticas. El justo reconoce que puede aprender de la perspectiva de los demás. Por lo tanto, cuando se ofrece una corrección, hay que aceptarla con los brazos abiertos.
La Biblia dice que crecemos al escuchar las críticas piadosas. Nuevamente, mira lo que nos enseña Proverbios en el capítulo 19:20:
Escucha el consejo, acepta la corrección y llegarás a ser sabio.
Y en Proverbios 13:18:
El que desprecia la disciplina sufre pobreza y deshonra;
el que atiende la corrección recibe grandes honores.
Vemos en estos versículos que primero deberíamos buscar tener corazones abiertos a la corrección piadosa. Recuerda que el evangelio es fundamental aquí. Estar afirmados y fundamentados en el evangelio es estar más preparados para aceptar las críticas piadosas y abordarlas con curiosidad, no con defensividad.
Habiendo comprendido esta postura del corazón, ¿cómo podemos aceptar y pedir críticas piadosas?
Hay tres pasos que debemos seguir:
1. Hacer preguntas
En primer lugar, podemos hacer preguntas sobre los comentarios que recibimos, e incluso, de ser posible, sobre la persona que nos corrigió.
Estar afirmados en el evangelio nos brinda apertura para explorar y hacer buenas preguntas tanto de quien nos critica como de nosotros mismos. Hacer preguntas sobre la persona que te critica puede ayudarte a evitar malentendidos. Por ejemplo, preguntas como:
– ¿Podrías darme un ejemplo específico de lo que identificaste?
– ¿Hay algún otro aspecto en el que creas que necesito crecer?
– ¿Cómo crees que este problema afecta a quienes me rodean?
Ahora bien, no estoy diciendo que hacer estas preguntas sea sencillo. Nos abren a recibir más críticas y pueden hacernos sentir vulnerables. Sin embargo, debemos recordar que la Biblia dice: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes». Cuando se actúa con curiosidad y amabilidad, se obtiene una gran bendición de este tipo de preguntas que nos dejan vulnerables.
Preguntas como estas, hechas desde una posición de seguridad en el evangelio, nos permiten avanzar hacia un mejor entendimiento de nosotros mismos. Las respuestas actúan como un espejo: nos permiten vernos mejor por quienes realmente somos.
Sin embargo, también podemos hacernos preguntas a nosotros mismos cuando recibimos comentarios como este. En lugar de reaccionar a la defensiva por orgullo y buscar proteger nuestra reputación o imagen, podemos ser curiosos sobre nosotros mismos. Podemos hacernos preguntas como:
– ¿Qué está invitándome Dios a cambiar por medio de esta corrección?
– ¿Qué pasos prácticos puedo dar hacia el arrepentimiento y el crecimiento?
– ¿Expuso este comentario otros problemas o pecados más profundos en mi vida?
Estas preguntas no se contestan rápidamente. Sugiero que te tomes bastante tiempo y uses un diario para trabajar tus respuestas cuando enfrentes críticas.
De esta forma, podemos responder a las críticas piadosas con curiosidad. Así, crecemos en nuestro entendimiento de nosotros mismos y nos volvemos más semejantes a Cristo.
2. Orar
En segundo lugar, cuando recibas críticas piadosas, una respuesta piadosa es orar. En la oración, podemos debatir con Dios sobre nuestras vidas (ver Salmos). Cuando enfrentemos críticas, llevarlas ante el Señor en oración es una forma en la que podemos lidiar con ellas.
Cuando te topes con críticas piadosas, ora para que Dios te dé un corazón blando. Ora para que Dios evite que te pongas a la defensiva. Lleva ante Él las cosas que te cuestan escuchar, las cosas que te duelen. Ora por la persona que te ha corregido. Agradece a Dios por su voluntad y su amor para ofrecer esos comentarios. Ora para que puedas ver sus palabras como heridas por parte de un amigo.
Entonces, hay dos buenas respuestas ante las correcciones o reprimendas.
Aun así, para enfrentar bien las críticas, estoy convencido de que debemos ser proactivos, no solo reactivos en nuestro abordaje. En lugar de simplemente lidiar con las críticas que recibimos, podemos crecer buscando de manera apropiada comentarios de personas de confianza en diferentes áreas de nuestras vidas. Entonces, en tercer lugar, debemos:
3. Pedir críticas piadosas
Puede que esto suene alocado, pero ¡escúchame! Hay muchos beneficios cuando pides comentarios piadosos y apropiados sobre tu vida. Principalmente, al pedir críticas, estás contribuyendo a la salud de tu corazón.
Verás, si nos protegemos de todas las críticas, corremos el riesgo de tener corazones orgullosos y endurecidos. Al abrir canales en donde las críticas piadosas puedan ser recibidas con humildad y amor, podemos (por gracia de Dios) buscar mantener nuestros corazones blandos y humildes.
Un pastor que conozco es un gran ejemplo de esto. Cada domingo por la noche, reúne a un grupo de personas que dan su opinión sobre el servicio de ese día. Al inicio de cada sesión, dice: «El propósito de este momento es dar el ejemplo de cómo brindar y recibir aliento y críticas piadosas». De esta forma, existe un canal donde se pueden proporcionar críticas apropiadas y mesuradas (y palabras de aliento).
Esta dinámica no debería limitarse solo al ministerio o a las cosas que hacemos. También puede ser una gran postura en nuestra vida cotidiana. En nuestros matrimonios, familias y lugares de trabajo también podemos buscar comentarios apropiados de personas de confianza.
Entonces, ¿por qué no comienzas con uno o dos amigos piadosos que te conozcan bien, tal vez incluso tu mentor? Expresa tu deseo de crecer y pídeles sus comentarios.
No sería útil adoptar esta postura con todos. Es importante que elijas a alguien con quien te sientas cómodo, que te conozca y en quien confíes. Si no tienes a nadie así en tu vida en este momento, ora para que Dios te lo presente. Comienza por ahí. Ora también para que ambos sean un instrumento en las manos de Dios para corregirse mutuamente.
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Preguntas para reflexionar:
- La próxima vez que recibas comentarios o críticas, ¿cómo podrías responder con curiosidad en lugar de una actitud defensiva?
- ¿A qué persona en tu vida podrías pedirle intencionalmente que te brinde críticas honestas y piadosas, alguien que te aliente y te desafíe a crecer?
- ¿En qué áreas específicas de tu vida (p. ej. trabajo, relaciones, ministerio) podrías comenzar a pedir retroalimentación regularmente y orar por lo que te dicen?
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Parte IV: Debemos filtrar las críticas impías
Ya analizamos cómo responder a las críticas piadosas. Sinceramente, ¡esa es la parte más fácil! Sin embargo, habrá veces en las que las críticas no serán piadosas y se centrarán más en abatirte que en edificarte.
¿Cómo deberíamos responder a este tipo de críticas?
Tal vez nos veamos tentados a criticar también, a tirar un par de granadas nosotros mismos. O, todo lo contrario, podríamos escapar (de forma literal o metafórica) y evitar pensar o hablar del tema. Huir o pelear. Puede que haya ocasiones en las que sea lo correcto responder, y habrá veces en las que lo más sabio será salir de la situación. Todo esto después de trabajar en tu corazón.
A continuación, cinco pasos a dar cuando recibimos críticas impías:
1. Hacer una pausa
Lo primero que debemos hacer en esta situación es detenernos un momento. Santiago dice en 1:19-20: «Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse; pues el enojo de una persona no produce la vida justa que Dios quiere».
Santiago nos aconseja hacer una pausa cuando queramos responder con enojo. Estar listos para escuchar y no apresurarnos para hablar. ¿Cuántas discusiones y peleas se podrían haber evitado de haber seguido el consejo de Santiago? Como dice Proverbios 10:19: «El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua».
Uno de los beneficios de hacer una pausa antes de responder es que podemos tener más tiempo para pensar en lo que hemos escuchado; específicamente, en si la persona que nos criticó nos conoce lo suficiente como para hablar de nuestras vidas de esa manera. Antes de erizarnos cuando nos critican, vale la pena recordar lo que dijo una vez el famoso predicador C. H. Spurgeon: «Si algún hombre piensa mal de ti, no te enojes con él; porque eres peor de lo que él piensa que eres».
2. Orar
En segundo lugar, al igual que cuando recibimos críticas piadosas, al oír críticas impías debemos recordar orar. Como dice el himno:
¿Te desprecian tus amigos? Cuéntale en oración; en sus brazos de amor tierno, paz tendrá tu corazón.
Nuevamente, deberíamos orar por nuestros propios corazones a la luz de lo que hemos oído. Oremos para que el Señor nos ayude a amar a la persona que nos criticó y para que nuestros corazones no se amarguen a causa de sus palabras. Oremos para que el Señor nos dé la gracia y la sabiduría para responder bien y de una forma que lo honre. Oremos para que el Señor nos ayude a decir la verdad con compasión y amabilidad.
3. Considerar el cinco por ciento
Una vez, alguien me dijo que incluso si estás en desacuerdo con una crítica, siempre habrá algo de verdad en lo que se dijo. Tal vez es el cinco por ciento, tal vez menos. Entonces, una vez que hayamos orado por lo que nos dijeron, vale la pena ver qué verdad podemos rescatar de esas palabras tan duras.
Como escribió alguien muy sabiamente una vez: «Es raro no poder encontrar ni un poco de oro incluso en la pila más grande de basura». Como nos recuerda Proverbios, este enfoque volverá más sabia a una persona que ya practica la sabiduría. Considera filtrar las palabras que te dicen de la forma más bondadosa posible, para así poder ver en qué aspecto la persona que te criticó puede tener razón.
4. Responder con gracia
Antes en esta guía, vimos cómo Jesús enfrentó las críticas. «Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que confiaba en aquel que juzga con justicia» (1 P 2:23). Así lidiaba Jesús con quienes lo criticaban injustamente. No siempre sentía la necesidad de contraatacar. Cuando respondía, lo hacía con palabras de gracia.
Jesús es un ejemplo de cómo podemos responder a las críticas con gracia. Habrá ocasiones en las que lo correcto será permanecer en silencio. No obstante, si sentimos la necesidad de responder, somos llamados a vivir la verdad con amor (Ef 4:15) y a abandonar «toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Ef 4:31-32).
5. Apoyarse en la comunidad cristiana
Finalmente, en esta situación, podemos apoyarnos en nuestra comunidad cristiana. La vida cristiana no se lleva adelante en soledad, ni en los buenos momentos ni en los difíciles. Por esto, cuando enfrentemos críticas impías, deberíamos apoyarnos apropiadamente en nuestra comunidad cristiana.
¿Cómo hacerlo? Puede ser pidiéndole ayuda a un mentor o a un creyente maduro para comprender cómo deberíamos recibir o responder a las críticas inoportunas. Ahora bien, debemos tener cuidado cuando hacemos esto. Debemos asegurarnos de no caer en la autocompasión, las habladurías o la calumnia. Sin embargo, podemos pedirle a una persona de confianza su opinión sobre hasta qué punto una crítica es válida. Tal vez puedas preguntarle a un amigo de confianza cuál es ese «cinco por ciento». Pídele que esté pendiente y que te pregunte de vez en cuando cómo te sientes sobre la situación.
Hasta ahora, hemos visto formas de afrontar las críticas piadosas e impías.
Pero no solo debemos pensar en cómo recibir las críticas. También debemos considerar cómo brindar críticas piadosas. Ese es el tema que trataremos en nuestra última sección.
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Preguntas para reflexionar:
- Cuando recibes críticas injustas o duras, ¿qué pasos prácticos podrían ayudarte a detenerte y evitar reaccionar con enojo o a la defensiva?
- Piensa en alguna ocasión en la que hayas recibido críticas injustas o dolorosas. Pensándolo bien, ¿había algunos aspectos verdaderos («el cinco por ciento») que Dios quería que vieras? ¿Cómo podrías usar esa lección para crecer en humildad y sabiduría?
- ¿Cómo podrías asegurarte de que tu respuesta a las críticas impías refleje la gracia y la verdad de Cristo? ¿Quién en tu comunidad cristiana podría apoyarte en oración y rendición de cuentas en esas situaciones?
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Parte V: Debemos buscar ofrecer críticas piadosas
Hasta ahora, hemos analizado cómo recibir las críticas. No obstante, habrá ocasiones en las que necesitaremos dar retroalimentación a los demás. Cuando lleguen esos momentos, debemos intentar hacerlo de forma piadosa. Nuestro objetivo al hacer comentarios no es ganar la discusión, sino edificar a nuestro hermano o hermana en Cristo.
Entonces, ¿cómo podemos ofrecer críticas piadosas? A continuación, veremos cinco pasos para hacerlo.
1. Orar
Nuevamente, debemos orar antes de ofrecer correcciones o reprimendas. A través de la oración, buscamos la sabiduría de Dios para discernir el momento, el tono y el enfoque correctos para la conversación.
La oración también puede obrar en nuestros corazones y prepararnos para las charlas difíciles. Orar ablanda nuestro espíritu y nos ayuda a reemplazar la dureza por la compasión y la actitud defensiva por la paciencia. Sé que para mí es más difícil perder los estribos y enojarme con las personas por las que oro.
Ora para que te puedas expresar con gracia, humildad y amor. Ora también por el corazón de la otra persona. Comienza por pedirle al Señor que él o ella pueda recibir tu corrección de forma comprensiva y abierta.
2. Ser específico
Debemos apuntar a ser específicos en todos nuestros comentarios. Las generalizaciones vagas no son tan útiles y pueden malentenderse. Los comentarios específicos ayudan a los demás a comprender con claridad lo que necesitan cambiar o mejorar, en lugar de hacerlos sentir confundidos o desanimados con comentarios vagos.
Entonces, sin sonar como si estuvieras llevando un registro de errores (1 Co 13:5), deberíamos apuntar a dar ejemplos concretos de la acción que debe ser corregida. Esto es difícil para algunos de nosotros a quienes no nos gusta molestar a los demás. Pero en ese caso, es bueno recordar que cuando los comentarios son concretos y provienen del amor reflejan el carácter de Dios.
A fin de cuentas, ser específicos con nuestras críticas piadosas nos asegura que nuestras palabras edifican a la otra persona (Ef 4:29) y la guían hacia la justificación y la verdad.
3. Ser humildes y amables
Como mencionamos antes, nuestro tono y nuestra forma son importantes a la hora de ofrecer nuestra retroalimentación a los demás. Las Escrituras nos llaman a corregir al prójimo de manera amable y con amor. En Gálatas 6:1, Pablo dice: «Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado».
La amabilidad demuestra que estamos buscando ofrecer palabras que sanen, no que dañen, para guiar a los demás hacia la verdad con compasión y gentileza. Al hacer eso, apuntamos a reflejar el corazón de Cristo, lleno de gracia y verdad (Jn 1:14).
4. Alejarse de un espíritu crítico
Si debes ofrecer comentarios regularmente, puede que te veas tentado a tener un espíritu crítico. Debemos proteger nuestros corazones de esta tendencia.
¿Cómo podemos asegurarnos de evitar el espíritu crítico en nuestros corazones? Bueno, estas son algunas de las preguntas que podemos hacernos si estamos pensando en ofrecerle comentarios a un cristiano o a una cristiana:
– ¿Estoy buscando guiar a esta persona por el buen camino o solo quiero condenarla?
– ¿Me alegraría ver que esta persona se acerca a la verdad?
– ¿Deseo honrar a Dios o solo demostrar que tengo la razón?
Hacernos este tipo de preguntas nos puede ayudar a discernir si estamos actuando con motivaciones puras o impuras. Responderlas con honestidad ante el Señor puede ayudarnos a proteger nuestros corazones de desarrollar un espíritu crítico.
5. Cultivar el apoyo
Una cultura y relaciones de apoyo son clave para que una corrección sea bien recibida. Un escritor dijo muy acertadamente: «Si el apoyo es intencional, persistente y honesto, las críticas serán como un paño para pulir el corazón del otro. Si no es así, se convertirán en un lanzallamas». Creo que es así. Si las personas saben que las amas, estarán más abiertas a recibir tus críticas que si piensan que solo las estás atacando.
Con este fin, deberíamos examinar regularmente qué decimos, especialmente a aquellos con quienes mantenemos una relación cercana. ¿Es más fácil brindar apoyo que críticas? De no ser así, ¿es necesario hacer algunos ajustes (y disculparse)?
Hemos visto formas en las que podemos crecer al brindar críticas piadosas. Si lo hacemos bien, pueden ser una maravillosa herramienta que el Señor usa para moldearnos y hacernos crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 P 3:18).
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Preguntas para reflexionar:
- Piensa en una situación reciente en la que hayas tenido que corregir a alguien. ¿De qué forma el haber orado antes podría haber cambiado tu actitud, tu tono o la elección de palabras en esa conversación?
- Piensa en tus relaciones actuales (tu familia, tu iglesia, tu trabajo o tu ministerio). ¿Cuáles son algunas formas prácticas en las que podrías construir intencionalmente una cultura de apoyo para que en el futuro las críticas se reciban con confianza y no con una actitud defensiva?
- Al hacer comentarios, ¿cómo podrías evaluar tu propio corazón para asegurarte de que estés siendo humilde y amable y que no estés desarrollando un espíritu crítico? ¿Qué señales específicas podrían mostrar que tus motivaciones surgen del orgullo o del juicio y no del amor?
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Conclusión
En esta guía, vimos que las críticas son el resultado inevitable del pecado. Podemos dividirlas en dos tipos: piadosas e impías. Analizamos algunos principios que nos pueden ayudar a discernir el tipo de crítica que estamos analizando. Luego, vimos cómo podemos responder a estos distintos tipos de críticas. Por último, observamos cómo podemos ofrecer críticas piadosas que edifiquen en lugar de destruir.
Mientras reflexiono sobre las críticas y cómo lidiar con ellas, siempre pienso en un párrafo específico de la Biblia. Este es Gálatas 4:22-26:
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a provocarnos y a envidiarnos unos a otros.
En el trasfondo de todo lo que hemos analizado, una forma básica de crecer en el manejo de las críticas es que el fruto del Espíritu crezca en nuestras vidas. Cuando cultivamos el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la gentileza y el autocontrol, es más probable que respondamos a las críticas de formas que honren a Dios, en lugar de reaccionar desde el orgullo o el dolor.
Cuando las críticas son piadosas —es decir, se ofrecen con verdad y amor—, el fruto del Espíritu nos permite escuchar con humildad y crecer a partir de ellas, identificando cómo Dios puede estar moldeando nuestro carácter a través de esas palabras. Cuando las críticas son impías —duras o injustas—, ese mismo fruto espiritual nos ayuda a no contraatacar precipitadamente y perdonar sin dejar que sintamos rencor.
Acerca del autor
JAMIE SOUTHCOMBE es pastor en Grace Church en Guildford, Inglaterra, donde vive con su esposa Gracie y sus cuatro hijos.
Tabla de contenido
- Parte I: Espera recibir críticas
- Debemos esperar las críticas porque somos pecadores
- Debemos esperar las críticas porque los demás son pecadores
- El evangelio y las críticas
- Preguntas para reflexionar:
- Parte II: Debemos discernir entre los distintos tipos de crítica
- Preguntas para reflexionar:
- Parte III: Debemos aceptar y pedir críticas piadosas
- 1. Hacer preguntas
- 2. Orar
- 3. Pedir críticas piadosas
- Preguntas para reflexionar:
- Parte IV: Debemos filtrar las críticas impías
- 1. Hacer una pausa
- 2. Orar
- 3. Considerar el cinco por ciento
- 4. Responder con gracia
- 5. Apoyarse en la comunidad cristiana
- Preguntas para reflexionar:
- Parte V: Debemos buscar ofrecer críticas piadosas
- 1. Orar
- 2. Ser específico
- 3. Ser humildes y amables
- 4. Alejarse de un espíritu crítico
- 5. Cultivar el apoyo
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Acerca del autor