#23 El Espíritu Del Deporte: El Deporte En La Vida Cristiana
Introducción
Nunca voy a olvidarlo. Ocurrió casi al final de un día extraordinario. Todo comenzó con un grupo de chicos disfrutando de un partido de béisbol de los Dodgers de Los Ángeles, en una agradable tarde en el sur de California. Disfrutábamos del pasatiempo americano y los Dodgers-dogs, y conseguimos entradas gratis para ver una pelea de boxeo de pesos pesados a la vuelta de la esquina en el Staples Center: Lennox Lewis se enfrentaría a Wladamir Klitscko. Allí estábamos, seis o siete asaltos después de iniciada la pelea, gritando, animando y boxeando en el aire como si estuviéramos ayudando a estos hombres enormes a asestar golpe tras golpe, cuando veo de reojo a una señora de unos ochenta años, vestida y peinada a la perfección, balanceándose y gritando tan apasionadamente como el resto de nosotros. Así es el deporte: atrapa a casi todo el mundo, llena estadios e inunda los servicios de streaming hasta tal punto que los atletas son algunas de las personas más celebradas y remuneradas de nuestra sociedad.
Pero no son solo los profesionales los que acaparan tanta atención y fervor. Basta con ir al parque de la liga infantil para ver cómo personas en su sano juicio pierden la voz por un error del pequeño Johnny en las cuatro bases, lo que a nosotros nos gusta llamar jonrón. No se puede negar. El deporte se ha apoderado de nuestro mundo y no va a dejar de hacerlo en mucho tiempo. Desde el béisbol hasta el pickleball, los deportes están por todas partes en nuestra cultura. Los practicamos, los vemos y hablamos de ellos con nuestros amigos. Es tentador pensar que se trata de un fenómeno moderno, pero en realidad no es nada nuevo. El atletismo ha sido una parte importante de la vida y la cultura desde el siglo ocho a.C. con los Juegos Olímpicos o Panhelénicos. Los atletas que triunfan han sido venerados y recompensados en las culturas durante milenios, y la idea de la competencia impregna cada tribu, lengua y nación.
Pero, ¿qué debe pensar el seguidor de Cristo sobre el deporte? Si el atletismo es algo que está en todas partes y si debemos hacer todo para la gloria de Dios, ¿de qué manera debemos considerarlo?
De acuerdo con la exhortación del apóstol Pablo, no debemos limitarnos a seguir al mundo solo porque algo es permisible. El seguidor de Cristo debe evaluar todos y cada uno de los aspectos de la vida y esforzarse por establecer una existencia que sea lo más agradable al Rey. Con esto en mente, y la eternidad en juego, ¿en qué lugar encajan los deportes? ¿Son una distracción innecesaria, un regalo divino, o como la mayor parte de la vida, una oportunidad para adorar bien o mal?
Esta guía de estudio tratará sobre varios de los beneficios y algunos de los peligros del atletismo en la vida de un seguidor de Cristo. La guía está dividida en ofensiva (beneficios), defensa (peligros), y equipos especiales (discusiones sobre los viajes deportivos, becas universitarias, softbol de iglesia, etc.). Ya que los deportes son una parte tan importante de nuestra cultura, vale la pena discutirlos seriamente.
Audioguía
Audio#23 El Espíritu Del Deporte: El Deporte En La Vida Cristiana
Parte I: La Ofensiva
No cabe duda de que el deporte aporta muchos beneficios a la sociedad, y yo diría que también a la comunidad cristiana. El mismo apóstol Pablo utiliza esta figura del atleta como una ilustración positiva de alguien que se esfuerza por conseguir un premio. Junto con el agricultor y el soldado, el atleta se presenta como una imagen digna; un modelo de disciplina, fortaleza y determinación. Es cierto que el premio eterno es la mejor recompensa, y la búsqueda de Cristo es la carrera más importante, pero el atleta no es ridiculizado por Pablo, sino que es presentado como una imagen apropiada.
¿Por qué es esto, y por qué Pablo recomendaría el atletismo como algo bueno para el creyente de hoy? Aunque no estoy totalmente seguro de cuál sería la posición de Pablo cuando se trata de deportes, creo que hay al menos tres áreas significativas en las que el atletismo ofrece beneficios en la vida del cristiano: la salud, el carácter y el testimonio del creyente.
Salud
El primer y quizás más obvio beneficio del atletismo es el fortalecimiento de la salud. Sin lugar a dudas, nuestra cultura es cada vez menos activa. Somos mucho más estacionarios de lo que fueron nuestros antepasados, y el cambio se ha producido rápidamente. Hasta hace una generación, los niños jugaban al aire libre, las parejas paseaban y cada vez más gente hacía ejercicio como parte de su vida, no como un añadido. Ahora, los índices de obesidad se han disparado y la dependencia de los medicamentos es mayor que nunca.
La tecnología ha añadido innumerables comodidades a nuestras vidas, pero la consecuencia es una sociedad en mala forma y poco saludable. Tanto los niños como los adultos pasan menos tiempo en movimiento y más frente a una pantalla. Incluso mientras escribo esto, siento que mi cuerpo se desmorona.
El apóstol Pablo dice a la iglesia de Corinto que “disciplina (su) cuerpo y lo hace (su) esclavo”. Esta misma mentalidad debería ser cierta para todos los que seguimos a Pablo como él sigue a Cristo. Nuestros cuerpos no son algo neutral en esta vida, y si queremos caminar bien espiritualmente, también tendremos que caminar con regularidad.
La ciencia ha estado fascinada durante mucho tiempo con las conexiones que existen entre nuestra salud física y mental y, como creyentes, tenemos que entender que nuestra salud espiritual es inseparable de nuestra salud mental. Estudios seculares han demostrado que el ejercicio regular disminuye la depresión, la distracción, la ansiedad, y da un impulso general al estado de ánimo. Nuestra salud física influye en nuestra salud mental, y asimismo nuestra salud mental está directamente ligada a nuestra salud espiritual. Si nuestros cuerpos no están sanos, esto afectará la manera en que pensamos, y la manera en que pensamos dirigirá nuestro caminar espiritual.
Es cierto que el pecado no pasa a estar ausente cuando las personas están bien físicamente, pero estar enfermo físicamente dificulta aún más la fidelidad espiritual. En general, la gente necesita hacer ejercicio, y el deporte puede ayudar.
El deporte nos da razones y oportunidades para mejorar nuestra salud. En mi experiencia he aprendido que no soy el único al que le es difícil hacer ejercicio. De hecho, la mayoría de la gente opta por hacer ejercicio mientras practica un deporte, o mientras se prepara para practicarlo. Cuando hay un balón y un equipo de por medio, es mucho más fácil golpear mi cuerpo con regularidad. Trabajar para conseguir un objetivo específico, como una carrera de triatlón o intentar entrar en el equipo de fútbol de la secundaria, le añade una motivación muy importante a los entrenamientos matutinos o a mantener la dieta a la hora del postre. Además, la responsabilidad y el ánimo de los que nos rodean nos empujan a salir de la cama, a hacer una repetición más en las pesas o a correr una vuelta más.
Los deportes no solo contribuyen a la salud física. El tiempo de esparcimiento en sí es un descanso útil de las responsabilidades habituales de la escuela, el trabajo y la familia, y proporciona un respiro y una recarga mental para lo que nos espera. Ya sea de forma recreativa o competitiva, el deporte ayuda a los discípulos de Cristo a llevar una vida sana.
Carácter
La segunda y posiblemente más significativa fortaleza del atletismo en la vida del creyente es que expone y construye el carácter. El deporte proporciona tensiones y situaciones únicas que la vida fuera de él no suele ofrecer, y si uno se lo propone, estas situaciones pueden acelerar nuestro crecimiento a imagen de Cristo. Debemos anticipar y no dejarnos sorprender por la pecaminosidad que será expuesta en el entrenamiento y en el calor de la competencia. El deporte eleva la temperatura y pone al descubierto las impurezas, de modo que debemos estar preparados y dispuestos a afrontarlas. La variedad de rasgos de carácter que el atletismo conlleva es más amplia de lo que esta guía tiene espacio para examinar, por lo que nos centraremos únicamente en tres de los grupos de características más notables que quedan al descubierto en el deporte.
- Humildad y abnegación
El primer rasgo de carácter que es fácilmente identificable e increíblemente útil es la abnegación. La Biblia nos llama a dar preferencia a los demás en la vida, y los deportes en equipo ofrecen amplias oportunidades para exponer nuestra resistencia natural a tal preferencia y nos permiten practicar mucho el diferir. Un buen jugador es aquel que hace lo que es mejor para el éxito del equipo; esto se traduce perfectamente en el hogar y en la iglesia, ya que todos estamos llamados a velar por el bien de los demás y a ver a los demás como más importantes que nosotros mismos (Fil 2:3-4).
Esta expresión manifiesta de altruismo procede de un lugar interior de humildad y resistencia al orgullo. El orgullo es un pecado común a toda la humanidad; incluso se podría argumentar que el orgullo es, de hecho, la madre de todos los pecados. En la vida cotidiana, el orgullo y la humildad suelen permanecer ocultos y silenciosos, pero en el terreno del atletismo ambos libran su batalla a la vista de todos.
Por lo general, pensamos en el orgullo en su forma más visible y ruidosa. Pensamos en los golpes de pecho, los gritos de “soy el más grande” y los insultos. Pero el orgullo es mucho más amplio que eso. No está relegado a los extrovertidos ni a los famosos. En el fondo, el orgullo es nuestro deseo de vernos o mostrarnos bajo una mejor luz. Esto puede lograrse de al menos dos maneras. Por una parte, podemos buscar llamar la atención cuando tenemos éxito o, por otra, podemos tratar de huir de los reflectores por miedo a fracasar. Un joven jugador de baloncesto que tira mucho puede estar motivado por su deseo de ser visto, pero el otro joven jugador en la cancha que tira poco suele estar impulsado por su deseo de no ser visto cuando fracasa. Uno lanza para que todo el mundo lo vea hacerlo; el otro no lanza para que nadie lo vea fallar. Ambos atletas están atrapados en las garras de la comparación mundana y el miedo al hombre. Ambos están obstaculizados por el orgullo, y los deportes pueden ponerlo al descubierto de maneras que otras áreas de la vida no pueden.
De hecho, puede que no exista mejor lugar que la cancha, el campo o el terreno de juego para revelar este cáncer que llevamos dentro. Sin embargo, una víctima frecuente e involuntaria en la batalla contra el orgullo es la confianza; parece como si la respuesta a la arrogancia fuera la negación de la capacidad. No obstante, el creyente debería saber que no es así. El orgullo no es simplemente sobrestimar la propia capacidad, sino equivocarse al identificar la fuente de esa capacidad. El orgullo dice mírenme cuando bateo un jonrón, mientras que la humildad dice: “Todo lo que tengo es un don, ¿por qué debería jactarme?”. El orgullo encuentra la fuente del éxito en el interior, mientras que la confianza en Dios ve todo —desde la velocidad, a la coordinación mano-ojo, e incluso una fuerte ética de trabajo— como un don de lo alto. El deporte no admite que alguien se retraiga de sus habilidades o las minimice con una falsa humildad. Se requiere que las personas usen sus capacidades y habilidades para el bien del equipo. Un deportista arrogante y egocéntrico es perjudicial, y si se quiere llegar a ser un gran deportista hay que tener confianza en uno mismo, pero sin ser altivo. Lo mismo ocurre en la vida fuera del deporte. La confianza es crítica y la arrogancia es destructiva tanto en el trabajo como en el hogar, en la iglesia y en la comunidad. Si conseguimos aprender esto en el campo de juego seremos mucho mejores en la familia. Un hogar no necesita un padre que carezca de confianza, pero sí necesita un hombre que tenga humildad. La iglesia no necesita miembros que crean que no tienen nada que ofrecer, sino miembros que utilicen sus dones y den gracias a Dios por habérselos dado.
Todos haríamos bien en tomarnos en serio las palabras de Pablo cuando nos recuerda: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?” (1Co 4:7). El deporte es un gran terreno de entrenamiento donde podemos aprender humildad y confianza, y esa humildad producirá abnegación, y la abnegación traerá el éxito, ya sea en el campo, en la iglesia o en el hogar. - Liderazgo
Otra característica fantástica de los deportes en equipo es la oportunidad para que hombres y mujeres practiquen y crezcan en liderazgo. Esto es cierto incluso en el caso de los deportes juveniles. Los hombres y mujeres jóvenes a menudo carecen de entornos en los que puedan liderar, y un deporte puede proporcionarles un lugar donde hacerlo en una situación menos importante. Un pequeño jugador de liga de diez años puede no tener un hermano pequeño o alguna oportunidad de liderar, pero cuando juega en la categoría de nueve y diez años tiene la oportunidad de animar, exhortar y servir de modelo a los jugadores más jóvenes.
A medida que los deportistas crecen y lo que está en juego se hace más importante, el liderazgo se vuelve una responsabilidad cada vez mayor. Los buenos entrenadores ven esto como una oportunidad para enseñar a sus jugadores lecciones de liderazgo para toda la vida, de modo que cuando estén fuera del campo sean más capaces de liderar en la sociedad.
Mientras que gran parte del liderazgo se basa en modelar la actitud correcta y esforzarse, hay otras habilidades de comunicación y aptitudes interpersonales que se aprenden en los deportes y que tienen un valor incalculable para el caminar cristiano. Aprender a comunicarse de forma que la gente responda bien y quiera seguir es un elemento esencial de un buen liderazgo. Escuchar las opiniones o frustraciones de los demás miembros del equipo antes de tomar decisiones nos prepara para liderar en el hogar, la iglesia y la comunidad. El liderazgo en la iglesia y en el hogar requiere mucha de la misma paciencia y sacrificio que uno puede aprender en el campo de juego. La verdad es que el liderazgo no es fácil, y es una gran ventaja poder practicar la toma de decisiones difíciles y el trabajo duro diario de dar un buen ejemplo cuando el fracaso tiene menos consecuencias. Los buenos compañeros de equipo se convierten en buenos líderes.
El deporte no solo hace líderes a los atletas que juegan, sino también a los entrenadores. Como entrenadores podemos adquirir importantes habilidades de liderazgo y también descubrir algunas de nuestras propias tendencias pecaminosas que a menudo permanecen ocultas en la vida cotidiana. Y no solo eso, los hombres y mujeres cristianos pueden tener una influencia increíble en la comunidad y pueden ser faros para la piedad y el evangelio cuando toman un portapapeles y se dedican a entrenar. Existen pocos roles fuera del hogar y de la iglesia que tengan tanta influencia como un entrenador. ¿Cuántas ocasiones un entrenador ha dicho exactamente lo mismo que mamá o papá, y sin embargo el joven atleta escucha y responde mejor al entrenador que a los padres? Entrenar es un privilegio muy poderoso, y los entrenadores cristianos pueden aprovechar esta realidad para tener un impacto no solo en la comunidad, sino en el reino. - Perseverancia y disciplina
La disciplina y la gratificación lenta están en el centro de casi todo entrenamiento deportivo. Los entrenamientos y el desarrollo de habilidades son rigurosos, monótonos, y a menudo solitarios. La capacidad de hacer cosas difíciles sin obtener una recompensa inmediata es una cualidad fundamental para una vida fructífera. Estas son virtudes que todos los hombres y mujeres jóvenes necesitan desarrollar, y en nuestra cultura a menudo hay que fabricarlas. Son muy pocos los que se levantan antes que el sol salga para ordeñar vacas y arar los campos, y aún menos los niños pequeños que se ven obligados a someterse al tipo de disciplina que gran parte de la humanidad afrontó de forma natural a lo largo de la historia. En lugar de ello, hemos aprendido a obtener gratificación instantánea, comida a domicilio y formas de vida cómodas. Entonces, ¿cómo podemos luchar contra toda esta blandura? ¿Qué mejor manera de desarrollar la perseverancia en los niños (y en los adultos) que el deporte? En incontables mañanas, mis hijos se han levantado al salir el sol para ir al gimnasio, a la sala de pesas o al campo de entrenamiento. Aún con sueño en sus ojos y dejando la comodidad en la cama bajo las sábanas, se enfrentan a cosas difíciles una y otra vez.
El creyente no solo se puede beneficiar del entrenamiento y la preparación que requiere el atletismo, sino que además las agallas y la perseverancia en medio de la competencia son un aprendizaje increíble para la vida fuera de las pistas. El compromiso de levantarse y volver a competir tras una derrota o un fracaso importante tiene una aplicación directa en el caminar cristiano. Aunque Pablo coloca el crecimiento en la piedad muy por encima del desarrollo físico, reconoce que el entrenamiento físico es beneficioso (1Ti 4:8). De hecho, Pablo describe su enfoque general del autocontrol y la autodisciplina en términos atléticos:
Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado (1Co 9:25-27)
La vida cristiana es dura, y aprender a esforzarse por hacer cosas difíciles y tener la voluntad de seguir adelante a pesar de las decepciones y los fracasos son características fundamentales de quienes quieren parecerse a Cristo.
Pero hay otro aspecto del entrenamiento físico que es especialmente beneficioso para los hombres jóvenes. El contacto físico y el entrenamiento de fuerza en algunos deportes que originalmente fueron diseñados para simular la batalla, es una buena preparación para el hombre, ya que está llamado a proteger su hogar y a aquellos que no pueden protegerse a sí mismos. Esta es una ventaja que a menudo se pasa por alto, pero las comunidades necesitan maridos, padres e hijos que se levanten contra el mal y protejan a los inocentes. El deporte proporciona a los hombres un entorno apropiado para desarrollar y mantener las capacidades físicas para ser los protectores y proveedores que Dios espera.
Relaciones
Una de las grandes ventajas del deporte es la oportunidad de compartir con la gente. Ya se trate de una ocasión para hablar del evangelio o de compañerismo cristiano, el deporte nos pone en contacto con la gente de una manera que no ocurre en la vida cotidiana. A muchos cristianos les resulta difícil relacionarse con los perdidos en sus comunidades. Los vecindarios son cada vez menos amigables, y parece que hay menos posibilidades de entablar relaciones evangélicas. Sin embargo, el deporte puede ser una forma eficaz de involucrar a la comunidad que te rodea. En el deporte se reúnen personas de distintas profesiones y creencias.
Es mucho más fácil empezar una conversación sentado en las gradas viendo un partido de fútbol durante una hora que encontrarte con tu vecino mientras saca la basura fuera de casa. Lo mismo puede decirse que sucede conde los deportistas. Si un creyente está en el mismo equipo que otros no creyentes, habrá muchas oportunidades entre los viajes en autobús, los entrenamientos y las comidas de equipo para tener conversaciones significativas.
Los cristianos deben ver el deporte local como campos blancos para la cosecha y deben considerar en sus oraciones la mejor manera de involucrar a los perdidos. Empieza orando por las familias de tu equipo y piensa en organizar una comida de equipo o una fiesta de fin de temporada. Recibir a las familias en tu casa no solo demuestra hospitalidad y profundiza las amistades, sino que además les permite conocer un hogar cristiano. En este entorno, puede orar por la comida, modelar el servicio y, a menudo, hacer preguntas de forma más personal que en las gradas.
Muchas de estas relaciones se mantienen más allá de una temporada, y no es extraño que los jugadores continúen compartiendo durante años. Esto provee al evangelista mucho tiempo y oportunidades para cultivar amistades y demostrar el amor de Cristo en una variedad de formas. Los entrenadores cristianos tienen aún más posibilidades de modelar un carácter semejante al de Cristo y de mostrar a los atletas la bondad de los caminos de Dios. Como entrenador de un equipo de estrellas de béisbol, he predicado el evangelio a jugadores, padres y abuelos en vestíbulos de hoteles y salas de conferencias en más de una ocasión.
El tiempo compartido con otros creyentes también puede ser un beneficio secundario del deporte. Es imposible construir relaciones fuertes sin pasar tiempo juntos. Los deportistas cristianos o las familias que se reúnen para jugar realmente pueden facilitar el discipulado y el verdadero compañerismo bíblico debido al tiempo que pasan juntos en el deporte. He sido testigo de hombres en mi propia iglesia que utilizan una partida de golf o las entradas en los partidos de softball de la iglesia para involucrar a otros en conversaciones de discipulado. Cualesquiera que sean las relaciones, los cristianos deben tener un propósito y aprovechar al máximo el tiempo y las conversaciones que vienen con nuestra cultura deportiva.
Si comes un hot dog en las gradas con un hermano en Cristo u oras mientras comes pizza en el estacionamiento con un grupo de no creyentes, hazlo todo para la gloria de Dios.
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Discusión y reflexión:
- ¿Cuáles considerarías que son las mayores ventajas de los deportes?
- ¿Cuál es la diferencia entre confianza y arrogancia, y cómo nos ayudaría la Biblia a encontrar la mentalidad adecuada para el éxito?
- ¿Cuáles son las formas creativas de sacarle provecho a las oportunidades que presentan los deportes?
- ¿Cuáles son algunas maneras en que has visto a otros cristianos aprovechar las ventajas de los deportes?
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Parte II: La Defensa
Desearía que los deportes fueran solo algo positivo, pero al igual que la mayoría de las cosas que este mundo nos ofrece, la competencia deportiva también tiene peligros inherentes. El poder y la presencia constante de los deportes los convierte en una herramienta increíble, pero una que, si no se maneja con cuidado, puede causar serios daños. El atleta cristiano debe ser muy consciente de las amenazas y tentaciones que se presentan en el deporte, a fin de evitarlas y, al mismo tiempo, disfrutar de los beneficios que ofrece.
Identidad
Quizá el peligro más grave en el deporte sea la pérdida de identidad. Ya se trate de ser los últimos en ser elegidos en el partido de kickball o de tratar de entrar en el salón de la fama, la tentación de encontrar nuestro valor, dignidad e incluso nuestra identidad en un deporte que practicamos es muy fuerte. Como hijos hechos a imagen de Dios y conformados a la semejanza de Su Hijo, anclar nuestra identidad en cualquier cosa o persona que no sea Aquel que nos hizo y nos salva es el fundamento de la necedad.
La cantidad de tiempo y recursos que se dedican a los deportes crea una atracción gravitatoria natural para nuestra identidad. Y seguramente esto no solo ocurre con los deportes, sino que cualquier cosa que atraiga tu tiempo, dinero y atención está peligrosamente cerca de atraer también tu identidad. Sin embargo, en el caso de los deportes, con tanta inversión y atención que se les presta en nuestra sociedad, la atracción es excesivamente fuerte. Las innumerables horas de práctica, entrenamiento y viajes dan al deporte un mayor impulso en la lucha por el trono. Nuestro dinero no solo revela lo que es importante para nosotros, Jesús dice que aquello en lo que lo invertimos realmente mueve nuestros corazones en esa dirección: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6:21).
Ahora bien, no solo la inversión en el deporte crea una enorme tentación de encontrar la propia identidad en el atletismo, sino que la propia competencia también lo hace. Competir consiste en comparar y, como tal, la comparación está siempre presente en el deporte. Desde los promedios de bateo hasta las marcas en natación, la naturaleza competitiva de los deportes conlleva una evaluación constante frente a los demás. Sabemos por las Escrituras y la experiencia que la comparación conduce al orgullo con bastante frecuencia. Incluso los discípulos más maduros batallan con el orgullo que se encuentra en la comparación. Santiago y Juan discutieron sobre quién era el mejor discípulo. La gente de Corinto disputaba sobre quién era el mejor predicador y, por absurdo que parezca cuando lo decimos en voz alta, podemos sentirnos muy orgullosos de ser mejores jugadores de pickleball que nuestro vecino.
Por otro lado, la comparación también puede llevarnos a la depresión y a la angustia cuando fracasamos. Si nuestra identidad está arraigada en los deportes que practicamos, cuando nuestros resultados individuales o de equipo no cumplen con nuestras expectativas, nos sentimos profundamente afectados y no encontramos un ancla a la que aferrarnos. Algunos deportistas dedican miles y miles de horas a entrenar y hacen grandes sacrificios en su dieta y su vida social para finalmente no alcanzar el objetivo que se habían propuesto. Esto puede ser devastador, y si la identidad del atleta se basa en ese deporte, su alegría y satisfacción desaparecen junto con su objetivo.
De hecho, incluso en la victoria, el deportista se encuentra a menudo con la vanidad de las ganancias mundanas. Esta decepción es tan común que se han acuñado términos como “depresión postolímpica” para describir la decepción que sienten los atletas que han ganado medallas de oro después de que suenen los himnos. Más del 27% de los atletas que han ganado medallas olímpicas han declarado haber sufrido una depresión grave tras los Juegos. Desde Missy Franklin hasta Caleb Dressel y Michael Phelps, los nadadores que ganaron medallas de oro no quedaron tan satisfechos como pensaban. Dressel, después de ganar cinco medallas de oro en Tokio 2020, se encontró a sí mismo dándole vueltas, no a las victorias, sino a los tiempos que no hizo: “Y eso no es justo para mí. No es justo en absoluto. Acabo de ganar cinco medallas de oro en el mayor escenario mundial del deporte, y estoy pensando en cómo me hubiera gustado ir más rápido en ciertas pruebas”.1 Los atletas cuya identidad depende del deporte que practican acabarán dándose cuenta de que el deporte no es lo suficientemente fuerte como para mantener su identidad y su propósito. Como dijo Salomón en Eclesiastés, tanto el trofeo de la liga infantil como el oro olímpico se los llevará el viento. Los deportes no solo nos tientan en el momento, sino que también lo hacen a lo largo del tiempo. Las estadísticas son recordatorios implacables de nuestro rendimiento en comparación con los demás. Si relacionamos nuestra identidad con un porcentaje de tiro, un tiempo de 100 metros o un total de victorias, estamos creando un monstruo insaciable.
En vista de esto, la psicología deportiva se ha convertido en un gran negocio, ya que entrenadores y directivos intentan ayudar a los jugadores a manejar el éxito y el fracaso en el deporte. Pero esta es una tarea difícil, si no imposible, cuando la identidad de uno se encuentra en el propio deporte. Sin embargo, un atleta cristiano está mejor preparado para sobrellevar los altibajos de la competición, ya que su identidad está firmemente arraigada en Cristo. Curiosamente, muchos atletas cristianos ostentan Filipenses 4:13 en su persona durante los partidos, dando testimonio público de su confianza en la fuerza de Cristo. Sin embargo, debemos tener cuidado en reconocer que la fortaleza mencionada en ese pasaje no se aplica a ganar en la vida, sino a manejar las victorias y las derrotas. El texto trata del contentamiento y, como tal, es un gran recordatorio para el atleta cristiano de que, gane o pierda, nuestra alegría está asegurada en Cristo.
Inversión
Como mencioné anteriormente, la fuerte inversión que hay en los deportes puede hacer que sea todo un reto el no colocar la identidad propia en ellos, pero además hay un peligro más directo debido a los dólares y los días que se gastan en los deportes. Nuestro dinero y nuestro tiempo nos han sido dados por Dios como una mayordomía y estamos llamados a administrarlos bien. Es un gran desafío encontrar un equilibrio fiel en el atletismo cuando se trata de nuestros recursos. Tanto el tiempo como el dinero son bienes limitados para todos en el planeta, y el deporte pedirá a gritos una mayor cantidad de ambos.
Los deportes requieren tiempo. Aunque los partidos solo duran un tiempo determinado y normalmente corto, la preparación y el entrenamiento para ellos exigen mucho más. Se dedican horas y horas a la práctica y el entrenamiento antes incluso de que se enciendan las luces del estadio. Debemos ser cuidadosos a la hora de considerar y controlar el tiempo dedicado al deporte y sopesarlo a la luz de nuestras otras responsabilidades. Nuestros horarios y la inversión de nuestro tiempo reflejan nuestras prioridades y, si no somos diligentes, el deporte puede devorar todo nuestro calendario. El deporte consume tiempo y si uno no se mantiene firme, consumirá demasiado.
El deporte también requiere dinero. La mayoría de los deportes conllevan algún tipo de inversión económica por el simple hecho de participar. Ya sea que te inscribas en una liga de softball o pagues el green fee de un partido de golf, la mayoría de los deportes no son gratuitos. De hecho, muchos deportes pueden ser muy caros, y los gastos relacionados con los viajes deportivos se encuentran en otro nivel y hablaremos de ellos más adelante.
Además de la inscripción, el equipamiento nuevo también ofrece a los deportistas la oportunidad de gastar dinero. Ese nuevo driver o bañador promete ayudarte a lanzar más lejos y a nadar más rápido. El deportista siempre tendrá la tentación de invertir más y más en los deportes que ama y, si se descuida, gastará una cantidad desmesurada y poco útil en el equipo que usa para jugar. Esto es válido tanto para aficionados como para jugadores avanzados. El atractivo de los nuevos accesorios nunca desaparece con la edad. Deberíamos asegurarnos de recordar periódicamente que el modelo del año pasado funcionó muy bien para los deportistas el año pasado. El viejo adagio “no es la flecha, es el indio” sigue siendo cierto. Rara vez el nuevo equipamiento marca la diferencia como promete. Es mucho más importante la habilidad de quien lo porta. Una vez dicho esto, incluso si gastar en el deporte nos hace mejores, el creyente debe preguntarse si el gasto merece la pena.
El seguidor de Cristo debe evaluar regularmente el tiempo y la inversión financiera cuando se trata de deportes y estar dispuesto a cambiar las prioridades si se salen de la línea. Debemos ser mayordomos de lo que se nos ha dado, y el tiempo y los tesoros que tenemos no son nuestros, sino que deben usarse para glorificar a Dios.
Influencia
Aunque el deporte nos ofrece oportunidades para involucrarnos con el mundo en la evangelización, también es una ocasión para que el mundo nos influya. A menos que estemos hablando del softball de la iglesia, los números suelen estar en contra de los creyentes cuando participan en deportes. Esta interacción es inevitable en este mundo, y si vamos a comprometernos fielmente con la Gran Comisión, se vuelve una necesidad – pero también abre un espacio para el peligro. Con frecuencia, los creyentes inmaduros pueden dejarse influenciar por la cultura negativa que los rodea, y el vestidor es precisamente uno de esos lugares. Para evitarlo, los seguidores de Cristo deben recordar a quién representan y estar preparados para el mundo y sus costumbres. El simple reconocimiento de esto y la preparación son suficientes para minimizar la corrupción que pueda venir de la influencia mundana, pero otras medidas pueden ser tomadas adicionalmente para proteger nuestros pasos.
Ayudaría enormemente si el seguidor de Cristo pudiera ver los deportes como parte de su misión en lugar de algo separado de ella. Ver la comunidad deportiva como un campo listo para la cosecha no solo es bueno para la evangelización, sino que nos ayuda a oponernos a la cultura que trae el mundo.
En el atletismo juvenil, la influencia que reciben en la banca o en los vestuarios puede tener efectos desastrosos. Los padres deben ser intencionales y proactivos cuando se trata de hablar de estos asuntos con sus hijos y deben hacer preguntas difíciles sobre lo que se dice y se hace. Los padres deben ser conscientes de la inmensa cantidad de tiempo y la exposición que los jóvenes atletas experimentan en el mundo y deben contrarrestarlo con tiempo de calidad (y cantidad) en la iglesia y el hogar. Los padres tienden a ser ingenuos acerca de la cantidad de influencias pecaminosas que tienen sobre sus hijos y la edad en que comienzan. Este problema ha aumentado con la introducción de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Tanto los padres como los jugadores deben estar atentos para buscar, huir y protegerse de la tentación terrenal a toda costa.
Y no solo hay peligro en la influencia pecaminosa directa en la cultura del deporte, sino que la batalla por las prioridades también es implacable. Hacer del hogar y de la iglesia la comunidad del joven cuando se dedica tanto tiempo y energía al equipo deportivo es una batalla cuesta arriba. Este es un problema particular con los deportes itinerantes, pero eso lo hablaremos más adelante. Los padres no pueden ser neutrales cuando se trata de la influencia significativa que ejerce el ambiente deportivo y deben planificar conversaciones y evaluaciones regulares con sus hijos e hijas.
Una manera de mitigar esta influencia es tener padres piadosos que entrenen y ayuden a dirigir el desarrollo deportivo juvenil. Mis hijos han tenido el privilegio de jugar bajo muchos entrenadores cristianos que tomaron en serio la responsabilidad de la influencia, y gracias a ello mis hijos son mucho mejores. Mi consejo para ti es: ora y busca entrenadores piadosos para tus hijos, y si no hay ninguno disponible, considera entrenarlos tú mismo. He entrenado docenas de temporadas en múltiples deportes con mis cuatro hijos y eso me ha dado más tiempo con ellos e influencia que si se los hubiera entregado a otra persona.
Sea cual sea la opción, el seguidor de Cristo debe reconocer y planificar teniendo en cuenta las influencias que le rodean. Jesús no pretendía que nos apartáramos del mundo, pero sí espera que vivamos de forma diferente a él. Sin un enfoque activo y bíblico, el mundo influirá más en nosotros de lo que nosotros lo haremos en el mundo.
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Discusión y reflexión:
- ¿Cuál consideras que es la mayor debilidad del deporte?
- ¿Por qué debe el creyente considerar cuidadosamente el tiempo y los gastos relacionados con el deporte?
- ¿Cómo puede uno evitar poner demasiado de su identidad en los deportes que practica?
- ¿Cómo podemos protegernos a nosotros mismos y a nuestros hijos de la impiedad que fluye naturalmente en el mundo?
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Parte III: Los Equipos Especiales
Los viajes deportivos
Como padres de deportistas, inmediatamente se encontrarán con la cuestión de los deportes itinerantes. El “travel ball” se ha convertido en una industria de 39.000 millones de dólares2 y sigue creciendo cada año. Los equipos son cada vez más jóvenes y las categorías son cada vez más amplias.
Cuando mi tercer hijo terminó su primer torneo de all-star a los siete años, inmediatamente supe lo que estaba por venir. El equipo estaba formado por un grupo excepcional de niños, y el núcleo de ese equipo acabó segundo en las Pony League World Series a los diez años. Cuando uno de los padres y yo nos acercamos a hablar con los entrenadores, le comenté: “van a querer crear un equipo itinerante con este grupo”, y efectivamente, a los cinco minutos de hablar de lo bien que jugaban estos jóvenes, surgió la idea de crear un equipo itinerante. Sacudí la cabeza y sonreí al otro padre.
El atractivo de los viajes deportivos es evidente. Más oportunidades para mejorar, más tiempo con los amigos, más ocasión para que los padres vean jugar a sus hijos, a menudo mejor competición y, con el tiempo, más visibilidad para los entrenadores universitarios. No cabe duda de que los viajes deportivos ofrecen estas ventajas y muchas más, pero lo que quizá no sea tan obvio son las desventajas. Los riesgos no son necesariamente diferentes de los de los deportes en general, pero se amplifican enormemente. Por ejemplo, invertir en una temporada de recreación de ligas menores puede ser 150 dólares y dos o tres noches a la semana durante una temporada de tres meses. Pero el compromiso financiero de un viaje de béisbol es de miles de dólares, desde la inscripción inicial del equipo hasta los uniformes, artículos de regalo y merchandise para los padres, así como la gasolina, los tiquetes, las comidas y los hoteles relacionados con los diferentes torneos. Esta importante inversión financiera también requiere una mayor inversión de tiempo. Si vas a gastarte todo ese dinero, más vale que el equipo sea bueno.
Multiplica esta inversión en varios niños y tendrás un movimiento tectónico en casa. El atletismo infantil se convierte en la mayor atracción gravitatoria y todas las demás actividades y responsabilidades pasan a un segundo plano. Si no se toman medidas preventivas serias, esto convierte a los niños en el centro del hogar y crea una estructura poco saludable y antibíblica para la familia. Con la mayoría de los campeonatos itinerantes en fin de semana, la participación en la iglesia se hace a un lado no solo para el jugador, sino también para los padres. Domingo tras domingo se pasa en la cancha o en el gimnasio en vez de reunirse con el pueblo de Dios. He visto a muchos padres buenos y fieles frustrados por este alejamiento de la comunión, y he escuchado a muchos decir que se habrían comprometido mucho menos con los viajes deportivos si pudieran hacerlo de nuevo.
Una última advertencia en lo que se refiere a los viajes está realmente relacionada con el rendimiento. Incluso si el éxito deportivo fuera el único objetivo, siempre les advierto a los padres sobre la ganancia neta de los viajes deportivos. La experiencia y el testimonio de entrenadores universitarios me han confirmado que los años de práctica de deportes itinerantes pueden tener efectos adversos en el desempeño deportivo. Las lesiones aumentan cuando se practica el mismo deporte durante largos períodos, especialmente en los años clave del crecimiento. Los lanzadores tienen un número limitado de lanzamientos en el brazo, y muchos ya están agotados antes de terminar la secundaria. No se trata sólo de fatiga física, sino también de fatiga competitiva. El gran número de partidos y la gran cantidad de artículos relacionados con los deportes itinerantes hace que el atletismo en la escuela secundaria sea mucho menos emocionante y puede atenuar el fuego competitivo de los jugadores. A esto hay que añadir la propia naturaleza de los deportes itinerantes, que hace que los jugadores o los padres que no están satisfechos con su rol o su tiempo de juego simplemente cambien de equipo en lugar de competir por un puesto. No cabe duda de que los deportes itinerantes aportan más repeticiones y experiencia, pero esa experiencia tiene un precio.
Para ser claros, jugar en equipos itinerantes tiene cosas positivas, pero el creyente debe evaluar cuidadosamente los costos antes de lanzarse. Cada familia tiene que tomar sus propias decisiones cuando participa en deportes en general, y los viajes deportivos no son una excepción.
Buscando becas
Una de las premisas más comunes de los deportes itinerantes es que la recompensa al final habrá valido la pena. Pero no puedo cuantificar la cantidad de decepciones que he visto al final de las carreras de secundaria. Y esto no se debe al bajo rendimiento individual o al fracaso del equipo, sino a la falta de atención universitaria o de ofertas de becas. Tanto los padres como los estudiantes se sienten desanimados e incluso avergonzados por las expectativas no cumplidas durante el proceso de selección. La parte principal de este problema se reduce al concepto de identidad. Los padres no deben basar la identidad de su hijo o hija, y los jugadores no deben hacer depender su identidad deportiva de la posibilidad de obtener una oferta o una beca para jugar en la universidad.
Las becas son escasas, y tu joven atleta probablemente no sea lo suficientemente bueno. No digo esto por ser cruel, sino matemático. La mayoría de las personas que leerán esta guía no son o no tienen hijos que sean atletas de nivel universitario y eso está bien. Dejemos que disfruten de los deportes de la liga infantil, la escuela intermedia o la secundaria sin la carga de tener que pasar al siguiente nivel.
Para aquellos que sí reciben ofertas universitarias, rara vez son para la escuela o el nivel de división que desean, o por la cantidad que esperan. La mayoría de las becas son parciales y muy pocos deportistas llegan a la primera división, que es donde está el dinero.3 Sin embargo, como la presión de medir la carrera deportiva de un jugador se mide ridículamente por su actuación en el siguiente nivel, los deportistas y sus padres acabarán yendo a una universidad a la que nunca habrían ido si no fuera por el deporte. Con frecuencia he visto a atletas ir a universidades de las que nunca habían oído hablar antes del reclutamiento o a escuelas con mucho menos aforo e instalaciones inferiores a las que les ofrecía la secundaria.
Ahora bien, no hay nada malo en ir a una escuela pequeña para practicar deportes y obtener una educación. Solo hay que tener cuidado de que la motivación no sea darle validez a alguna percepción tácita o a un valor equivocado del atletismo universitario. Sé que la tentación es decir: “Pero mi Johnny es diferente”, y puede que lo sea, pero al menos deberíamos reconocer que todos tenemos la fuerte tentación de vernos a nosotros mismos o a nuestros hijos como mejores de lo que realmente son.
Todavía recuerdo cuando me llamaron fuera de clase para hablar con un reclutador. Ten en cuenta que yo no era más que un jugador de fútbol de secundaria que estaba por encima de la media, no era nada especial. Pero en mi mente, me dirigí a la oficina esperando ver al cuerpo técnico de Alabama, cuando en realidad era un cazatalentos local de la Academia de la Marina Mercante de ochenta años de edad. No digo esto para menospreciar a los marines mercantes o su programa de fútbol —en realidad es una gran escuela y un buen programa de fútbol— digo esto para exponer el engaño que estaba en mi mente y que en cierto nivel vive en la mente de la mayoría de los estudiantes deportistas y sus padres.
El creyente debe tener una perspectiva mejor y más honesta, así como ser capaz de confiar en un Dios que es bueno y soberano incluso con su futuro atlético. Trabaja duro y observa lo que el Señor tiene, pero conténtate. Créeme, el juego de béisbol será más divertido para ti y para tu pequeño si no estás preocupado por los cazatalentos.
Mezclando géneros
La Biblia afirma claramente que los hombres y las mujeres son diferentes. Aunque ambos están hechos a imagen de Dios, Su diseño para el hombre y la mujer es distinto. En los últimos años, el esfuerzo cultural por aceptar la transexualidad se ha abierto camino en los vestuarios. Los hombres biológicos ahora compiten contra las mujeres biológicas. La cultura no solo niega el diseño divino del género, sino que amenaza la intimidad, socava el juego limpio y, en algunos deportes, incluso pone a las mujeres en peligro físico. Esta guía de estudio no tiene el tiempo ni el espacio para profundizar en este tema; sin embargo, este peligro merece la máxima atención del cristiano.
Aun así, aparte de la cuestión transgénero, la realidad de hombres y mujeres compitiendo plantea un peligro interesante y a menudo pasado por alto en el atletismo. Muchas personas que lucharían firmemente por la belleza y la bondad distintivas del diseño de Dios en cuanto al género, a menudo ignoran el llamado de los deportes a competir. Independientemente del deporte, los hombres deben competir con masculinidad y las mujeres deben luchar por mantener también su feminidad. Algunos deportes lo hacen más difícil que otros, y en algunos casos puede ser algo prohibido. Sea cual sea el caso, el creyente tiene la obligación no solo de mantener, sino celebrar el diseño distintivo de Dios en hombres y mujeres.
Deportes de fantasía
¿Qué sucede cuando no puedes practicar deportes profesionales? ¡Usas la fantasía! Así es. No solo tenemos que considerar el atletismo real y la vida cristiana, sino que, debido a su increíble popularidad, debemos detenernos un momento a considerar el deporte de especulación para espectadores: el fútbol, el baloncesto y el béisbol de fantasía.
Los deportes de fantasía han tenido un crecimiento exponencial en los últimos diez años, aunque ya habían sido introducidos en la década de 1950. Con la llegada y prevalencia del Internet y los teléfonos inteligentes, los deportes de fantasía se han convertido en uno de los mayores y más rápidos focos de crecimiento de nuestra sociedad. Más de cincuenta millones de participantes en estos deportes llenan ahora nuestros hogares, oficinas e iglesias.
Ahora bien, muchas de las advertencias contra los deportes físicos también son válidas para el mundo de la fantasía. No debemos buscar nuestra identidad en nuestros resultados ni en nuestros borradores, y debemos tener cuidado con quienes nos acompañan y la influencia que ejercen sobre nosotros en nuestras distintas ligas. Pero el peligro del tiempo y el dinero es especialmente preocupante en el caso de la fantasía. Debido a que se juega en línea, está disponible las veinticuatro horas del día. Los simulacros en la tabla de jugadores, la investigación y el comercio, por no hablar del esfuerzo que supone ver todos y cada uno de los partidos y comprobar cientos de resultados cada semana, abren las puertas a horas y horas de tiempo dedicadas a una competencia ficticia. Los cristianos deben ser diligentes en aprovechar al máximo su tiempo y ser disciplinados con sus horarios.
Además, el peligro del dinero es también una característica de los deportes de fantasía que el seguidor de Cristo debe vigilar. Aunque muchas ligas de fantasía son gratuitas y no implican apuestas, estos deportes se han convertido en parte de la columna vertebral del mundo de los juegos de azar. Constantemente existe la tentación de apostar y ganar dinero rápido. Las apuestas no son un peligro nuevo en el mundo del deporte. Desde el escándalo de los Medias Negras en las Series Mundiales de 1919 hasta los Juegos Olímpicos de los siglos siete y ocho a.C., donde hay deporte, hay apuestas. Sin embargo, con el desarrollo de los deportes de fantasía y la proliferación de Internet, las apuestas deportivas se han expandido a todos los rincones del mundo del deporte y siguen creciendo a un ritmo alarmante. El cristiano debe ejercer la sabiduría conociendo y evitando la tentación de las riquezas rápidas (Pro 13:11) y reconociendo el carácter adictivo de los juegos de azar que han llevado a la bancarrota a demasiadas familias.
Con estas advertencias en mente, el cristiano también debe reconocer que algunos de los valores propios del deporte también aparecen en los deportes de fantasía. En efecto, crea una comunidad y una fraternidad a través de la demografía de la iglesia. Es un impulso natural para que personas de todas las edades participen, inicien conversaciones y construyan relaciones. En los últimos años, nuestra iglesia ha organizado una liga con participantes de todas las edades, desde adolescentes hasta septuagenarios. Que un estudiante de secundaria se ría con un jubilado de la iglesia por sus elecciones del borrador abre el camino a otras conversaciones más significativas en el futuro.
No todas las comunidades religiosas encontrarán en el fútbol de fantasía una herramienta útil, pero algunas sí. En cualquier caso, el cristiano debe ser consciente y proactivo en su compromiso con los deportes, incluso los de fantasía.
Softbol en la Iglesia
Una última consideración es el deporte en la iglesia. El título de esta sección es “Softbol en la iglesia”, pero esto podría aplicarse al baloncesto, al fútbol americano o incluso al kickball (en el que nuestra iglesia compitió recientemente). Como ya hemos señalado muchas veces, los deportes son una herramienta y pueden ser utilizados para construir o derribar. Si tu programa de deportes en la iglesia es simplemente una oportunidad para que los niños pequeños o las leyendas jueguen una vez a la semana, probablemente estás perdiendo una gran oportunidad y puede que no sea útil a largo plazo.
Las ligas deportivas de las iglesias pueden tener la reputación de ser de temperamento rápido, hablar mal y, en general, de falta de piedad. Como resultado, muchas iglesias las han considerado un tabú. Pero como mencioné anteriormente, una de las ventajas del atletismo es que expone la pecaminosidad de maneras que otro tipo de vida no lo hace. El orgullo, el egocentrismo y la falta de autocontrol se ven bajo presión cuando comienza la competición. Así que, en lugar de despreciar esta oportunidad, yo sugeriría a la iglesia que aprovechara estos entornos tanto para la evangelización como para el discipulado.
Estos son algunos consejos para sacar el máximo provecho de un equipo deportivo en la iglesia:
- Haz que un creyente más maduro y experimentado supervise al equipo, ya sea como entrenador o simplemente como monitor y mentor.
- Habla del elefante en la habitación. Debemos entender que la competencia deja al descubierto las cosas en las que debemos trabajar y asumir como parte del objetivo del equipo el crecimiento en esas áreas.
- Anima al resto de la iglesia a venir y apoyar al equipo. Esto añadirá alegría y también ayuda a moderar las discusiones y los malos comentarios.
- Si hay no creyentes en el equipo, mantén conversaciones de seguimiento con los jugadores creyentes para que se involucren con el evangelio.
Conclusión
Regresemos al principio. ¿Tienen los deportes un lugar en la vida del cristiano? Absolutamente. El deporte proporciona un gran ambiente para ejercitarse y mejorar la salud, estimula el crecimiento y el desarrollo del carácter, y permite al creyente relacionarse con creyentes y no creyentes por igual. Muchos de estos beneficios son difíciles de obtener en otra parte de una sociedad llena de tantas facilidades y comodidades, y el creyente debería considerar seriamente incorporar el deporte a su vida para la gloria de Dios.
¿Tienen también los deportes peligros inherentes y tentaciones intensas? Sin duda alguna. Así que, al igual que muchos aspectos de la vida, el creyente debe aprender a caminar en sabiduría cuando se trata del atletismo.
A menudo, cuanto más eficaz es una herramienta, más cuidado hay que tener al usarla. Y el deporte no es una excepción. Al igual que un cuchillo afilado o una sierra poderosa, los deportes pueden servir bien a los cristianos, pero si somos descuidados o arrogantes en nuestro manejo de ellos, es seguro que las personas resultarán heridas y se perderán los beneficios. Así que considera la arena por todos los medios, pregúntale a Dios cómo quiere que te involucres en el mundo del deporte, y cuando lo hagas, participa en el juego para la gloria de Dios.
Notas Finales
- https://www.si.com/olympics/2022/04/27/caeleb-dressel-faced-mental-health-struggles-before-tokyo-games
- Los estudios indican que los viajes deportivos podrían ascender a 72.000 millones de dólares en 2029, (https://www.wusa9.com/article/news/investigations/youth-baseball-lake-point-sports-big-buisness-of-youth-sports-snyder-bucks-prime-time-aces/65-8c190607-3e18-4da5-a1c8-b52be3853cdc)
- Las normas de la NCAA establecen un límite anual de 11,7 becas de béisbol de la División 1 para las escuelas. Ese dinero de la colegiatura suele repartirse entre toda una lista de cuarenta jugadores, lo que significa que la mayoría de los jugadores de béisbol de la D-1 acaban con alrededor del treinta por ciento de su colegiatura pagada, aunque esa cifra también puede complementarse con becas académicas. La División 2 está limitada a nueve becas de béisbol. Las escuelas de la División 3 no pueden ofrecer ninguna beca deportiva. Según las estadísticas, solo el siete por ciento de los jugadores de béisbol de secundaria son lo suficientemente buenos como para llegar a la universidad.
Acerca del autor
DANIEL GILLESPIE es pastor de Eastwood Community Church en su ciudad natal de Wilmington, NC. Él y su esposa tienen cuatro hijos, Jacob, Josiah, Ellie y Judah. Daniel posee títulos de NC State (Educación Matemática), The Master’s Seminary (Maestría en Divinidades), y de Southern Seminary (Doctorado en Ministerio Educativo).
Tabla de contenido
- Parte I: La Ofensiva
- Salud
- Carácter
- Relaciones
- Parte II: La Defensa
- Identidad
- Inversión
- Influencia
- Parte III: Los Equipos Especiales
- Los viajes deportivos
- Buscando becas
- Mezclando géneros
- Deportes de fantasía
- Softbol en la Iglesia
- Conclusión
- Notas Finales
- Acerca del autor
- DANIEL GILLESPIE es pastor de Eastwood Community Church en su ciudad natal de Wilmington, NC. Él y su esposa tienen cuatro hijos, Jacob, Josiah, Ellie y Judah. Daniel posee títulos de NC State (Educación Matemática), The Master’s Seminary (Maestría en Divinidades), y de Southern Seminary (Doctorado en Ministerio Educativo).