#20 Caminar y adorar en medio de la injusticia

por Daniel S. Dumas

Introducción

Había un hombre de la tierra de Uz. Ese hombre fue el máximo ejemplo de cómo manejar la injusticia a nivel personal de una manera bíblica; su día fue una total pesadilla. Job era un hombre de carácter, que amaba y temía a Dios, y estaba en la cima de su carrera. Podemos decir tranquilamente que la vida era muy buena en Uz.

Entonces llegó el día en que una conversación cósmica entre el diablo y Dios, en la corte celestial de todos los lugares, puso a Job en la mira. En un solo día perdió su negocio de transporte, su tienda de ropa, su comercio agrícola, su empresa de café y su capacidad para contratar, alimentar y cuidar a sus empleados. ¿Quién querría volver a trabajar para este titán? La cultura alrededor de su negocio agrícola y otros emprendimientos se volvió hostil y fue asaltada por los terroristas de Sabá. Ya no se consideraba algo «seguro» trabajar para Job Enterprises. Job perdió todo en un solo día. ¡Cómo había caído el poderoso!

Su súbito y astronómico ascenso al éxito y su repentina y completa caída necesitan alguna explicación. A veces, experimentamos este tipo de calamidades porque nosotros mismos las provocamos, ya sea por nuestra propia pecaminosidad o por la mala toma de decisiones. No somos perfectos y estamos propensos a tomar una mala decisión de vez en cuando, y también Dios disciplina a los que ama (Heb 12:7-8). Asimismo, aveces experimentamos cosas duras para que aprendamos a cuidar y aconsejar a otros en sus días oscuros. Sin embargo, nada de esto fue el caso de Job. Ninguna de estas dos explicaciones es exacta. En realidad, ¡él lo estaba haciendo todo bien! Job 1:1 dice que su fe en Dios era extraordinaria, temía al Señor y llevaba cuentas claras de sus pecados, su carácter era intachable; era un líder obediente, un gran padre y un hombre de negocios de talla mundial con un amplio portafolio de empresas. Más adelante en el capítulo uno, Dios mismo confirma que todo esto también es cierto. El Señor le pregunta al diablo: «¿Te has fijado en Mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra; es un hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:8). Además, en 2:10, su amada esposa (nuestros cónyuges nos conocen mejor que nadie), también confirma su carácter intachable y destacado. Así que esta calamidad no fue causada por él mismo o por algún pecado que estuviera ocultando. Esta no fue una crisis que él mismo provocara. Esto estaba fuera de su control, conocimiento e influencia. La vida era buena en Uz hasta que un día dejó de serlo. Sin duda, esto ayuda a explicar por qué le pasan cosas malas a la gente piadosa. La causa de todo esto es Dios. Dios sabía que Job podía manejar esta injusticia.

El primer capítulo de Job nos registra el desafío que el diablo le hizo a Dios. Afirmó que Job solo servía a Dios porque le bendecía y ponía un cerco espiritual a su alrededor (1:10). La vida es demasiado fácil para Job —sostenía el diablo— ¿Quién no buscaría a Dios con este enorme cerco a su alrededor y constantes bendiciones? Dios le responde: «De ninguna manera. Has juzgado mal la resistencia de Job y puedes probarlo. Pero no puedes tocar su salud física». De este modo, Job se convierte en el blanco de una conversación cósmica. Lo que sucede a continuación es sorprendente e increíble.

El diablo sale a toda prisa de la presencia de Dios —de por sí es extraño que el inmundo diablo caído esté realmente en presencia de Dios (Job 1:6)— y destruye sistemáticamente la reputación de Job en el mercado. Por muy malo que esto haya sido, estoy bastante seguro de que Job se repondría, se replegaría y pensaría: «podemos reconstruir». Después Der todo, ya lo hizo una vez; puede volver a hacerlo. Y esto tal vez sea cierto para su negocio en general, pero ¿qué hay de sus hijos? Lo siguiente que ocurre es impactante: hasta ahora Job está viviendo su mejor vida pero recibe la noticia de un mensajero de la familia de que un extraño tornado había destruido la casa de su hijo mayor. Todos sus hijos estaban reunidos y celebrando justo ese día tan especial. La casa se destrozó y se derrumbó bajo el tornado, matando a sus diez hijos. ¡Qué pesadilla de día se registra en el capítulo uno de Job! Sin duda, Job se podría estar preguntando: «¿por qué?». Lo más normal es que su pesadilla personal y su implacable oscuridad dieran paso a la duda, ¿cierto? Esto es una injusticia total en la vida de un hombre piadoso. Al leer todo el capítulo uno de Job uno no puede evitar sentir rabia contra el diablo y sus tácticas. Job estaba totalmente desprevenido y simplemente se despertó ese día pensando que la vida era buena en Uz, era un buen hombre de negocios, marido y padre estupendo.

El capítulo uno concluye con tristeza y adoración. Job se levanta del suelo (indudablemente esta horrible noticia lo había abatido y puesto de rodillas), se afeita la cabeza como recuerdo de su dolor y adora (1:20). ¿Cómo es posible adorar en ese mismo momento? Llevaba tanto tiempo caminando con Dios que ésta era la única respuesta adecuada y bíblica a una injusticia tan amplia. Al final, las Escrituras afirman rotundamente que «Job no pecó» (1:22; 2:10). Aunque fue un día inexplicable, su teología permaneció intacta, sólida y vibrante. Incluso dijo: «El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR» (1:21).

¿Ahora ves por qué este es nuestro máximo ejemplo de caminar y adorar a través de una profunda, inexplicable y extensa injusticia vivida? A este hombre piadoso le suceden cosas malas sin que él tenga la culpa. A pesar de todo, Job es heroico en su respuesta, en su teología y en sus habilidades de vida para atravesar esta injusticia. En su carta del Nuevo Testamento, Santiago, el hermanastro de Jesús, dice de Job: «Han oído de la paciencia de Job» (Stg 5:11). Ya antes, en su carta, Santiago había dicho a su audiencia: «Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en[ diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia» (Stg 1:2). Debemos aprender a caminar y adorar a través de la injusticia que experimentamos. O, en palabras de los autores bíblicos, debemos aprender a perseverar dentro del contexto de las injusticias cotidianas. La vida está llena de injusticias. ¿Estás preparado para afrontarlas? No se trata de si te ocurrirán, sino de cuándo.

Las injusticias que experimentamos en lo personal son las más difíciles de afrontar, porque es posible que en esta vida nunca lleguemos a saber por qué han ocurrido. Es posible que la mano soberana de Dios nunca nos dé una explicación, y a menudo la gente se va a la tumba sin entender la razón que hay de fondo. En mi experiencia, son muy pocos los que se sinceran y regresan a confesarle a la persona a la que hirieron qué hicieron y cómo lo hicieron. Y así como muchos otros, también tengo muchas preguntas sin resolver que me gustaría hacer cuando llegue al cielo con relación al tema de la injusticia. Como afirma un autor, los dones difíciles de Dios nos santifican para que ganemos resistencia. En 2 Corintios 1, Pablo afirma que Dios nos permite pasar por ciertas cosas para que podamos servir mejor a los demás a través de nuestra teología y experiencias de vida.

A pesar de todo, seguimos esperando tener claridad en el futuro, ya sea en esta vida o en la próxima. Nosotros hacemos nuestros planes, pero es Dios quien ordena nuestros pasos. O, para decirlo en términos modernos, nosotros escribimos nuestros planes con lápiz, pero Dios tiene un borrador divino y la prerrogativa de enmendar nuestros planes para nuestro bien y Su gloria.

Por mi parte, debo confesar que la injusticia ha sido una de las cosas más difíciles de manejar en mi caminar cristiano, y a lo mejor esa es también tu experiencia. No soy un hombre frágil, y he sufrido muchas injusticias —y no estoy hablando de ofensas menores por ser una persona demasiado sensible—. Desearía que ciertas personas fueran honestas y directas, pero en este mundo de Génesis 3, en mi experiencia, la conciliación no siempre es posible. Francamente, algunas personas nunca pueden superar este obstáculo que supone el misterio soberano, y esto acaba causando estragos en sus almas, desestabilizándolas e incapacitando sus vidas espirituales. Debemos ser fuertes y resistir el impulso de dejar que lo que desconocemos destruya la vida que sí conocemos. Y lo que es más importante, tenemos que confiar en que la mano soberana de Dios primero dejó que nos sucediera a nosotros. El punto de partida para superar la injusticia es tener a Dios en alta estima y confiar en que ha diseñado un plan que será bueno para mí y le glorificará.

El ejemplo de Job es impresionante, pero no es el único. Las Escrituras están repletas de ejemplos de injusticia contra las personas. El libro del Génesis es un registro de injusticias algo saturado. La disputa de Caín y Abel como hermanos concluye con el último aliento de Abel. José es vendido como esclavo y enviado a Egipto por sus propios hermanos (hablaremos de ello más adelante). La injusticia personal forma parte de la vida en un mundo roto como el que nos muestra Génesis 3, donde el pecado corrompe y se manifiesta en múltiples injusticias. Cuando lees las Escrituras es normal que te preguntes cómo la gente puede soportar, sobrevivir e incluso prosperar a través de sus diversas pruebas. Este es el propósito de esta guía de estudio. Permíteme intentar servirte a través de lo que sigue para que puedas afrontar la experiencia de injusticia de una manera sana y que honre a Dios.

La injusticia contra mí ha sido parte de mi vida. Para muchos líderes, simplemente es parte del trabajo. Esta es una de las razones por las que es frecuente oír la frase de liderazgo: «Es muy solitario en la cima». Sabotaje en la cima, celos en el fondo y disolución en el medio. La lucha es real. La he experimentado en carne propia durante toda mi vida y ministerio. Sin embargo, por la gracia de Dios, no estoy amargado, me niego a renunciar y no me siento desilusionado. Sé que lo que he vivido pudo haber sido para mal, pero Dios lo usó para mi bien. Y, a decir verdad, eso me ha convertido en un mejor líder, con una mayor resistencia y determinación. Incluso siento compasión por mis adversarios, que tienen que enfrentarse a las consecuencias de sus tristes decisiones y a sus conciencias rotas.

Lo que me preocupa es que, para muchos, las injusticias sufridas destruyen su confianza en Dios, erosionan su fe, desorientan su liderazgo y los dejan en un mal estado mental. Esta guía de estudio pretende ofrecer una visión renovada para caminar con Jesús y adorarle a través de la experiencia de injusticia. Vamos a profundizar en algunos principios esenciales que nos ayudarán a superar la injusticia sufrida en esta vida y a luchar contra el desánimo que a menudo la acompaña. Creo que hay cinco principios clave que pueden ser útiles.

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