#20 Caminar y adorar en medio de la injusticia
Introducción
Había un hombre de la tierra de Uz. Ese hombre fue el máximo ejemplo de cómo manejar la injusticia a nivel personal de una manera bíblica; su día fue una total pesadilla. Job era un hombre de carácter, que amaba y temía a Dios, y estaba en la cima de su carrera. Podemos decir tranquilamente que la vida era muy buena en Uz.
Entonces llegó el día en que una conversación cósmica entre el diablo y Dios, en la corte celestial de todos los lugares, puso a Job en la mira. En un solo día perdió su negocio de transporte, su tienda de ropa, su comercio agrícola, su empresa de café y su capacidad para contratar, alimentar y cuidar a sus empleados. ¿Quién querría volver a trabajar para este titán? La cultura alrededor de su negocio agrícola y otros emprendimientos se volvió hostil y fue asaltada por los terroristas de Sabá. Ya no se consideraba algo «seguro» trabajar para Job Enterprises. Job perdió todo en un solo día. ¡Cómo había caído el poderoso!
Su súbito y astronómico ascenso al éxito y su repentina y completa caída necesitan alguna explicación. A veces, experimentamos este tipo de calamidades porque nosotros mismos las provocamos, ya sea por nuestra propia pecaminosidad o por la mala toma de decisiones. No somos perfectos y estamos propensos a tomar una mala decisión de vez en cuando, y también Dios disciplina a los que ama (Heb 12:7-8). Asimismo, aveces experimentamos cosas duras para que aprendamos a cuidar y aconsejar a otros en sus días oscuros. Sin embargo, nada de esto fue el caso de Job. Ninguna de estas dos explicaciones es exacta. En realidad, ¡él lo estaba haciendo todo bien! Job 1:1 dice que su fe en Dios era extraordinaria, temía al Señor y llevaba cuentas claras de sus pecados, su carácter era intachable; era un líder obediente, un gran padre y un hombre de negocios de talla mundial con un amplio portafolio de empresas. Más adelante en el capítulo uno, Dios mismo confirma que todo esto también es cierto. El Señor le pregunta al diablo: «¿Te has fijado en Mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra; es un hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:8). Además, en 2:10, su amada esposa (nuestros cónyuges nos conocen mejor que nadie), también confirma su carácter intachable y destacado. Así que esta calamidad no fue causada por él mismo o por algún pecado que estuviera ocultando. Esta no fue una crisis que él mismo provocara. Esto estaba fuera de su control, conocimiento e influencia. La vida era buena en Uz hasta que un día dejó de serlo. Sin duda, esto ayuda a explicar por qué le pasan cosas malas a la gente piadosa. La causa de todo esto es Dios. Dios sabía que Job podía manejar esta injusticia.
El primer capítulo de Job nos registra el desafío que el diablo le hizo a Dios. Afirmó que Job solo servía a Dios porque le bendecía y ponía un cerco espiritual a su alrededor (1:10). La vida es demasiado fácil para Job —sostenía el diablo— ¿Quién no buscaría a Dios con este enorme cerco a su alrededor y constantes bendiciones? Dios le responde: «De ninguna manera. Has juzgado mal la resistencia de Job y puedes probarlo. Pero no puedes tocar su salud física». De este modo, Job se convierte en el blanco de una conversación cósmica. Lo que sucede a continuación es sorprendente e increíble.
El diablo sale a toda prisa de la presencia de Dios —de por sí es extraño que el inmundo diablo caído esté realmente en presencia de Dios (Job 1:6)— y destruye sistemáticamente la reputación de Job en el mercado. Por muy malo que esto haya sido, estoy bastante seguro de que Job se repondría, se replegaría y pensaría: «podemos reconstruir». Después Der todo, ya lo hizo una vez; puede volver a hacerlo. Y esto tal vez sea cierto para su negocio en general, pero ¿qué hay de sus hijos? Lo siguiente que ocurre es impactante: hasta ahora Job está viviendo su mejor vida pero recibe la noticia de un mensajero de la familia de que un extraño tornado había destruido la casa de su hijo mayor. Todos sus hijos estaban reunidos y celebrando justo ese día tan especial. La casa se destrozó y se derrumbó bajo el tornado, matando a sus diez hijos. ¡Qué pesadilla de día se registra en el capítulo uno de Job! Sin duda, Job se podría estar preguntando: «¿por qué?». Lo más normal es que su pesadilla personal y su implacable oscuridad dieran paso a la duda, ¿cierto? Esto es una injusticia total en la vida de un hombre piadoso. Al leer todo el capítulo uno de Job uno no puede evitar sentir rabia contra el diablo y sus tácticas. Job estaba totalmente desprevenido y simplemente se despertó ese día pensando que la vida era buena en Uz, era un buen hombre de negocios, marido y padre estupendo.
El capítulo uno concluye con tristeza y adoración. Job se levanta del suelo (indudablemente esta horrible noticia lo había abatido y puesto de rodillas), se afeita la cabeza como recuerdo de su dolor y adora (1:20). ¿Cómo es posible adorar en ese mismo momento? Llevaba tanto tiempo caminando con Dios que ésta era la única respuesta adecuada y bíblica a una injusticia tan amplia. Al final, las Escrituras afirman rotundamente que «Job no pecó» (1:22; 2:10). Aunque fue un día inexplicable, su teología permaneció intacta, sólida y vibrante. Incluso dijo: «El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR» (1:21).
¿Ahora ves por qué este es nuestro máximo ejemplo de caminar y adorar a través de una profunda, inexplicable y extensa injusticia vivida? A este hombre piadoso le suceden cosas malas sin que él tenga la culpa. A pesar de todo, Job es heroico en su respuesta, en su teología y en sus habilidades de vida para atravesar esta injusticia. En su carta del Nuevo Testamento, Santiago, el hermanastro de Jesús, dice de Job: «Han oído de la paciencia de Job» (Stg 5:11). Ya antes, en su carta, Santiago había dicho a su audiencia: «Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en[ diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia» (Stg 1:2). Debemos aprender a caminar y adorar a través de la injusticia que experimentamos. O, en palabras de los autores bíblicos, debemos aprender a perseverar dentro del contexto de las injusticias cotidianas. La vida está llena de injusticias. ¿Estás preparado para afrontarlas? No se trata de si te ocurrirán, sino de cuándo.
Las injusticias que experimentamos en lo personal son las más difíciles de afrontar, porque es posible que en esta vida nunca lleguemos a saber por qué han ocurrido. Es posible que la mano soberana de Dios nunca nos dé una explicación, y a menudo la gente se va a la tumba sin entender la razón que hay de fondo. En mi experiencia, son muy pocos los que se sinceran y regresan a confesarle a la persona a la que hirieron qué hicieron y cómo lo hicieron. Y así como muchos otros, también tengo muchas preguntas sin resolver que me gustaría hacer cuando llegue al cielo con relación al tema de la injusticia. Como afirma un autor, los dones difíciles de Dios nos santifican para que ganemos resistencia. En 2 Corintios 1, Pablo afirma que Dios nos permite pasar por ciertas cosas para que podamos servir mejor a los demás a través de nuestra teología y experiencias de vida.
A pesar de todo, seguimos esperando tener claridad en el futuro, ya sea en esta vida o en la próxima. Nosotros hacemos nuestros planes, pero es Dios quien ordena nuestros pasos. O, para decirlo en términos modernos, nosotros escribimos nuestros planes con lápiz, pero Dios tiene un borrador divino y la prerrogativa de enmendar nuestros planes para nuestro bien y Su gloria.
Por mi parte, debo confesar que la injusticia ha sido una de las cosas más difíciles de manejar en mi caminar cristiano, y a lo mejor esa es también tu experiencia. No soy un hombre frágil, y he sufrido muchas injusticias —y no estoy hablando de ofensas menores por ser una persona demasiado sensible—. Desearía que ciertas personas fueran honestas y directas, pero en este mundo de Génesis 3, en mi experiencia, la conciliación no siempre es posible. Francamente, algunas personas nunca pueden superar este obstáculo que supone el misterio soberano, y esto acaba causando estragos en sus almas, desestabilizándolas e incapacitando sus vidas espirituales. Debemos ser fuertes y resistir el impulso de dejar que lo que desconocemos destruya la vida que sí conocemos. Y lo que es más importante, tenemos que confiar en que la mano soberana de Dios primero dejó que nos sucediera a nosotros. El punto de partida para superar la injusticia es tener a Dios en alta estima y confiar en que ha diseñado un plan que será bueno para mí y le glorificará.
El ejemplo de Job es impresionante, pero no es el único. Las Escrituras están repletas de ejemplos de injusticia contra las personas. El libro del Génesis es un registro de injusticias algo saturado. La disputa de Caín y Abel como hermanos concluye con el último aliento de Abel. José es vendido como esclavo y enviado a Egipto por sus propios hermanos (hablaremos de ello más adelante). La injusticia personal forma parte de la vida en un mundo roto como el que nos muestra Génesis 3, donde el pecado corrompe y se manifiesta en múltiples injusticias. Cuando lees las Escrituras es normal que te preguntes cómo la gente puede soportar, sobrevivir e incluso prosperar a través de sus diversas pruebas. Este es el propósito de esta guía de estudio. Permíteme intentar servirte a través de lo que sigue para que puedas afrontar la experiencia de injusticia de una manera sana y que honre a Dios.
La injusticia contra mí ha sido parte de mi vida. Para muchos líderes, simplemente es parte del trabajo. Esta es una de las razones por las que es frecuente oír la frase de liderazgo: «Es muy solitario en la cima». Sabotaje en la cima, celos en el fondo y disolución en el medio. La lucha es real. La he experimentado en carne propia durante toda mi vida y ministerio. Sin embargo, por la gracia de Dios, no estoy amargado, me niego a renunciar y no me siento desilusionado. Sé que lo que he vivido pudo haber sido para mal, pero Dios lo usó para mi bien. Y, a decir verdad, eso me ha convertido en un mejor líder, con una mayor resistencia y determinación. Incluso siento compasión por mis adversarios, que tienen que enfrentarse a las consecuencias de sus tristes decisiones y a sus conciencias rotas.
Lo que me preocupa es que, para muchos, las injusticias sufridas destruyen su confianza en Dios, erosionan su fe, desorientan su liderazgo y los dejan en un mal estado mental. Esta guía de estudio pretende ofrecer una visión renovada para caminar con Jesús y adorarle a través de la experiencia de injusticia. Vamos a profundizar en algunos principios esenciales que nos ayudarán a superar la injusticia sufrida en esta vida y a luchar contra el desánimo que a menudo la acompaña. Creo que hay cinco principios clave que pueden ser útiles.
Audioguía
Audio#20 Caminar y adorar en medio de la injusticia
Parte I: La Gente Te Decepcionará
Uno de los grandes sinsabores de la vida es comprobar que la gente que te rodea, e incluso la que está más cerca de ti, puede decepcionarte. En nuestra pequeña familia solemos bromear cuando pasa algo en nuestra casa, los chicos me dicen: «No estoy enfadado, solo estoy decepcionado contigo». Supongo que lo he dicho lo suficiente como para que me lo devuelvan cuando me equivoco en algo o peco contra ellos como padre.
Siendo francos, en la mayor parte de nuestras vidas experimentamos una gran decepción: La gente nos decepciona, se esfuma. Nuestra propia familia, las corporaciones, los compañeros de trabajo, la iglesia local y los equipos deportivos pueden decepcionarnos. Mi punto es simple: La vida está llena de injusticias y quebrantos personales. Vivir en comunidad es complicado, sin embargo, forma parte del plan de Dios para nosotros. El aislamiento no es un concepto bíblico y ciertamente no es sabio. Desde el principio, Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo, y le dio a Adán una compañera, Eva, que era igual a él en esencia pero diferente en función. Uno de mis versículos favoritos es Proverbios 18:1, que afirma que es insensato que intentemos pasar solos por esta vida. Si lo intentamos, nos rebelamos «contra todo sano juicio». Así que estamos destinados a ir juntos —a hacer vida juntos— y dentro de esa unión vienen muchas decepciones e injusticias. Y aunque no hay relaciones perfectas, porque todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios, sí hay muchas relaciones que aunque imperfectas son asombrosas. Tenemos mucho que aprender los unos de los otros y la inversión que hacemos en los demás es buena, correcta y hermosa. Aunque a veces sea frustrante, tenemos que admitir que estamos mejor juntos que separados.
Así que hablemos de las personas imperfectas que Dios trae a nuestras vidas. Vale la pena recordar que la vida es desordenada, especialmente en lo que se refiere a las relaciones, pero te animo a seguir adelante en todas las relaciones que Dios ha traído a tu vida. Buscar mentores y amigos es necesario para tu crecimiento en la vida y en el caminar espiritual. Proverbios 27:6 dice que «fieles son las heridas del amigo». ¿Por qué? Porque los amigos te apuñalan de frente y no por la espalda. No sé a ti, pero yo prefiero ver venir el cuchillo y saber quién me apuñala. Además, como tener amigos es necesario, eso significa que todo empieza por ser primero un buen amigo (eso era un principio adicional, pero cierto). Si quieres tener grandes amigos tienes que ser un gran amigo. Si quieres tener mentores, tienes que estar dispuesto a ser mentoreado. En ocasiones, encontrar un buen mentor es todo un reto, como también lo es ser un discípulo dispuesto a aprender (puedes consultar la guía de estudio del Dr. Beau Hughes), pero nunca debes rendirte ni tirar la toalla en la búsqueda de amigos y mentores. Si no estás dispuesto a arriesgarte y a cultivar amigos y mentores para toda la vida, frenarás tu crecimiento espiritual.
Recuerdo haber leído el libro de Filipenses en el Nuevo Testamento y quedar un poco perplejo al leer el primer capítulo. El apóstol Pablo está hablando de aquellos a su alrededor que se estaban aprovechando de su encarcelamiento. Algunas personas estaban utilizando su difícil situación en la cárcel para mejorar su posición en Filipos. Estaban pateándolo cuando estaba en el suelo; creían lo peor y no lo mejor de Pablo. Tal vez estaban leyendo los titulares más ofensivos. Estaban tirando al guerrero debajo del autobús. Así que cuando leí esto, estaba convencido de que el apóstol Pablo iba a poner las cosas en su sitio, a llamarles la atención y a darles una reprimenda. Sin embargo, no fue eso lo que leí. En realidad dijo que su encarcelamiento les dio valor a algunas personas para hablar de Cristo con más audacia. De hecho, los convirtió en testigos más firmes. No obstante, otros proclamaron a Cristo por envidia y ambición propia. Intentaban aumentar el dolor y las dificultades del encarcelamiento de Pablo, aprovechándose de su situación. A esto responde Pablo: “¿Y qué con eso?» ¿Cómo debería responder el apóstol ante esta gente que lo está defraudando? Es aquí que escribe este versículo que marca la pauta del liderazgo: «Al fin y al cabo, y sea como sea, con motivos falsos o con sinceridad, se predica a Cristo. Por eso me alegro; es más, seguiré alegrándome» (Fil 1:18). ¿Cómo puede afirmar esto? La injusticia que padece es tan evidente que llama la atención. Pero, mi amigo, el evangelio no se trata de nosotros. No se trata de hacernos famosos a nosotros, sino de hacer famoso a Jesús. El evangelio requiere que nos humillemos y nos mantengamos humildes.
Pablo estaba tan orientado hacia los demás que se negó a hacer de este asunto algo personal o de su reputación. Como dijo en Colosenses 3:1: Debemos poner nuestra mente en las cosas de arriba y no en las que no podemos cambiar aquí. Si se hubiera tratado de un caso de división o de una mala interpretación doctrinal, Pablo habría estado a la altura de las circunstancias y habría puesto las cosas en su sitio. Pero este no era el caso. Se trataba de una injusticia individual cometida directamente contra él. Así que mantuvo la compostura, se tragó su orgullo y siguió adelante. Su visión del evangelio le mantuvo anclado en la motivación evangélica adecuada. El Espíritu de Dios lo mantenía caminando en el Espíritu (Ga 5:16-26). Él sabía muy bien que la gente lo defraudaría. Cuando leí esto por primera vez, sentí una sensación de injusticia en mi corazón. ¿Cómo podían tratar así al hombre que más se sacrificaba? Hace poco me dijeron que «la iglesia no es segura para los pecadores». Esa es una triste afirmación. ¿Nos hemos convertido en un hotel para santos y no en un hospital para pecadores? Jesús vino para los que necesitan un médico, no para los que están sanos y enteros. Jesús vino por los enfermos y los quebrantados de corazón, pero a veces Sus seguidores lo olvidan.
Terminé ese pasaje transformado y recordando que en esta vida habrá muchas dificultades y decepciones, y muchas de ellas vendrán de las amistades que tenemos —a veces incluso aquellas a las que has dado tu tiempo y energía para ministrar—. A menudo, las personas se preocupan más por sí mismas que por los demás, toman una mala decisión en aras de la autopreservación y tú acabas siendo arrojado bajo el proverbial autobús. La buena noticia es que un día, Dios reparará todos los males que incluso esos llamados amigos te hicieron. Mía es la venganza, dice el Señor (Ro 12:19).
Al seguir leyendo el libro de Filipenses, encontré lo siguiente: «Háganlo todo sin quejas ni contiendas» (2:14). Esto es sabiduría evangélica, y también un fuerte mandato. Es sencillo de leer y difícil de aplicar, ¿verdad? No te quejes de cosas que no puedes cambiar; la gente hace lo que hace, «es lo que es». Pero luego me encontré con estas declaraciones liberadoras: «Espero en el Señor Jesús enviarles pronto a Timoteo, para que también yo cobre ánimo al recibir noticias de ustedes. Nadie como él se preocupa de veras por el bienestar de ustedes, pues todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Jesucristo» (2:19-21).
Timoteo fue un compañero sin igual para el apóstol Pablo. Es difícil imaginar que Pablo tuviera tan pocas relaciones. Cuando más lo necesitaba, solo podía pensar en una persona, Timoteo. Somos afortunados si tenemos uno o tal vez dos amigos para toda la vida que nos amen en todo momento (Pro 17:17). Los amigos que están en «el mal tiempo» son los mejores y raros de encontrar. Pablo era una máquina de viajar, conocía a todo el mundo, era fantásticamente popular, tenía una plataforma increíble y era un rockstar del primer siglo. ¿Solo puede pensar en una sola persona que no tuviera ambición egoísta en su corazón? Esto es un recordatorio para todos nosotros de que las amistades van y vienen. Pero considérate bendecido y afortunado de tener uno o dos amigos para toda la vida. O como dijo Salomón: «Amigos más fieles que un hermano» (Pro 18:24).
El apóstol Pablo remarcó a lo largo de sus cartas que ciertas personas (y en ocasiones las nombró) habían abandonado la fe, habían hecho naufragar sus almas y lo habían decepcionado. Todos necesitamos relaciones para ser santificados, pero eso tiene un precio. Incluso puede llegar a ser arriesgado de vez en cuando; no hay amigos baratos. Existen amigos de verdad y luego hay amigos de ocasión. Deseo que tengas un grupo de amigos de verdad y que te mantengas alejado de los que solo quieren algo de ti y están dispuestos a recibir pero nunca dan. Y aunque la gente te decepcione, recuerda que se te ha ordenado que tengas mentores y amigos que hablen en tu vida. No estás llamado a vivir aislado o fuera de la sociedad. Debemos seguir esforzándonos por difundir el evangelio y buscar el bien de los demás. Todos llevamos heridas de una amistad rota en el pasado. Puede que por ello caminemos un poco más despacio, pero seguimos caminando de todos modos. ¿Cómo podemos vivir así? Sigamos adelante y profundicemos un poco más.
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Discusión y reflexión:
- ¿Qué persona de tu vida te ha defraudado de forma importante? ¿Qué pasos tendrías que dar para perdonarlo?
- ¿Por qué es útil, cuando te enfrentas a injusticias personales, esperar que la gente te decepcione a menudo?
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Parte II: Valora A Los Demás Más Que A Ti Mismo
Me parece fascinante que todos estos principios para las relaciones y las dificultades los aprendamos en una carta que trata explícitamente de la alegría y el regocijo. Las palabras alegría, regocijo y regocijarse se utilizan treinta y dos veces en esta breve y profunda carta. En realidad, la amistad terrenal requiere mucho esfuerzo y humildad. Ya hemos dicho que, para poder humillarnos, tenemos que aprender a olvidarnos de nosotros mismos y ser abnegados (Fil 2:3). Pero eso no es suficiente. En la siguiente línea se nos dice que tenemos que estimar a los demás más que a nosotros mismos. Soy consciente de que es más fácil decirlo que hacerlo, así que sí, tenemos que estar a la defensiva y matar nuestro orgullo, pero también a la ofensiva y considerar a los demás como mejores que nosotros mismos, y no solo a los que nos aman y piensan como nosotros. Si observamos, Filipenses 2:4 no dice simplemente que consideremos a algunas personas más importantes que nosotros, sino: «Cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo» (Fil 2:3). Creo que esto solo puede ser posible cuando sabes que eres el peor pecador en la habitación. Cada mañana intento levantarme y que mi primer pensamiento sea que soy «el primero de los pecadores». Eso es exactamente lo que dijo el apóstol Pablo: «Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero» (1Ti 1:15). ¿Cómo sabrás si tienes esta actitud y mentalidad adecuadas? Cuando la gente te trata como a un pecador, ¿cómo respondes? ¿Dices: «Sí, ese soy yo. Me atrapaste»? ¿O te pones a la defensiva y lo niegas?
Santiago 4:6 dice que Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Seguramente muchas personas se resistirán a ti y a tu liderazgo, pero hay una persona a la que nadie querría resistirse activamente: Dios. Cuando adoptas una visión bíblica del mundo, también desarrollas una imagen adecuada de ti mismo. No quieres pensar mucho de ti mismo; el orgullo debe salir.
La capacidad de revestirse de humildad es realmente importante. De hecho, Isaías 66:2 afirma que la clase de persona en la que Dios pone Su mirada es el «que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante Mi palabra». Parte de esta humildad es una clara conciencia de uno mismo: que realmente conozco la profundidad y la extensión de mi pecaminosidad. Jeremías 17:9 nos recuerda que nuestros corazones están gravemente enfermos, ¿quién puede conocerlos? En esencia, nuestros corazones no son confiables, son retorcidos e incluso a veces perversos. Nuestro corazón nos juega malas pasadas acerca de nuestra identidad en Cristo, y creemos que lo conocemos, pero no es así. Esta verdad puede resultar un poco chocante, pero es vital.
Tanto la injusticia como el desconfiar del corazón tienen una manera de derribar nuestro orgullo y mantenernos bajos. ¿Eres capaz de estimar a los demás más que a ti mismo y reconocer que tu corazón puede engañarte? ¿Incluso cuando otros te defraudan, como Himeneo y Alejandro defraudaron a Pablo? (1Ti 1:19-20). En el texto, Pablo dijo que hicieron naufragar sus vidas. La gente es un desastre. La gente fracasa miserablemente. A menudo la gente hace las cosas que no quiere hacer y no hace las cosas que debería hacer (puedes ver el comentario de Pablo en Ro 7:15).
Asimismo, algunos están totalmente convencidos de que nos están cerrando las puertas o que nos están causando un daño personal. ¿Recuerdas la vida de José en los capítulos 37–50 del Génesis? Sus propios hermanos cometieron un grave atropello contra él: Lo despojaron de su ropa, lo arrojaron a un pozo y lo vendieron a extranjeros. Todo esto lo hicieron con una mala intención, pero Dios lo permitió con una buena (Gn 50:20). Estaba en el plan soberano de Dios que José experimentara una injusticia personal masiva. Dios permitió todo esto para preservar a Israel a través de las décadas y los siglos, y para dar forma a toda una nación. Dios permite que la injusticia que experimentamos nos convierta en un vaso para honra en lugar de deshonra (2Ti 2:20-22).
José es el arquetipo de cómo vencer la injusticia. Todo lo que tocaba se convertía en oro y años más tarde llegó a ocupar un puesto de liderazgo clave. Génesis 39:23 relata que, después de que lo metieran en la cárcel por ofender con su integridad a la mujer del faraón, «El jefe de la cárcel no supervisaba nada que estuviera bajo la responsabilidad de José, porque el SEÑOR estaba con él, y todo lo que él emprendía, el SEÑOR lo hacía prosperar». Dios utilizó la injusticia que sufrió José para forjar su carácter. Y para demostrar ese carácter, permitió que José interrogara a sus hermanos cuando una gran hambruna asoló la tierra y ellos, desesperados, acudieron a suplicar a la corte del faraón. Ellos no lo reconocieron. Pero José los extrañaba y el texto dice: «Conmovido por la presencia de su hermano y no pudiendo contener el llanto, José salió de prisa. Entró en su habitación y allí se echó a llorar» (Gn 43:30). En ningún momento ellos mostraron alguna compasión hacia José, pero él les mostró una gran misericordia. Qué ejemplo tan grande para nosotros de cómo manejar la injusticia.
Dios también puede hacer mucho por medio de tus propias experiencias de injusticia. José dijo en una ocasión: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien» (Gn 50:20). Durante el resto de su vida, José cuidó de sus hermanos y de su padre, Jacob. Podría haberse vengado fácilmente, pero los estimaba más que a sí mismo. Dedica algún tiempo a leer Génesis 37–50 para profundizar un poco más en cómo manejar una injusticia personal grave.
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Discusión y reflexión:
- Lee Filipenses 2:1-11. ¿Qué es lo que debería motivar nuestra humildad? ¿Por qué y de qué manera trató Jesús a los demás como si fueran más importantes que Él mismo?
- ¿Qué tanto estimas a los demás por encima de ti mismo? ¿A quién necesitas tratar con más honor y dignidad en tu vida?
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Parte III: Resiste El Enojo
¿Es posible que tu primera respuesta natural ante la injusticia sea enfadarte? ¿Incluso pasar tiempo pensando secretamente en cómo vengarte, y tomar el asunto en tus propias manos? Si bien la ira es una emoción oscura, la verdad es que puede controlarse. Siempre me ha sorprendido lo tranquilos que pueden ser los líderes en el trabajo y lo tiranos que son en casa. Ellos son conscientes de que si pierden los estribos en el trabajo se enfrentarán a graves consecuencias. Es frecuente ver a las personas herir a los que están más cerca de ellos y tratar con dignidad a los que están lejos porque temen perder un puesto de trabajo. Al contrario, deberíamos mostrar deferencia y gracia a las mismas personas que acudirán a nuestro funeral por amor. La verdad es que a menudo nos encontramos complaciendo a las personas equivocadas. Es algo triste pero cierto.
La ira nos destruye de adentro hacia afuera. Proverbios 19:11 dice que el buen juicio nos hace lentos para la ira, y es una gloria pasar por alto una ofensa. También Santiago 1:19 nos dice que debemos ser lentos para airarnos, es decir, como una mecha de lenta combustión. Y en Proverbios se nos dice que los que tienen un temperamento precipitado exaltan la insensatez (Pro 14:29). Debemos reconocer que la ira es omnívora y destruye a quien la posee. Si quieres resistir la tentación de enfadarte, tienes que estar sobrio ante los efectos intoxicantes de la ira. En primer lugar, debes decirte a ti mismo que la vida es una gran banda transportadora de decepciones. Esta es la razón por la que debemos mantener nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. El escritor de Hebreos dice en 12:3: «Consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo». Nadie experimentó más injusticia que Jesús. Él es Dios. Es perfecto. Murió para perdonar la injusticia y cólera de la humanidad, y sin embargo lo odiaban, y cuando se les dio la opción de hacer lo correcto, exigieron a gritos la liberación de Barrabás y no la de Jesús. En definitiva, fue el justo quien murió por los injustos. La vida está saturada de injusticias, así que mantén tus ojos en Jesús, mata tu ira y adquiere una perspectiva bíblica y teológicamente sana.
Ahora bien, la vida no es únicamente una banda transportadora de injusticias; de hecho, ellas nos llegan por la mano soberana de Dios. Como John Piper dijo en una ocasión, son dones difíciles de Dios, pero dones al fin y al cabo. Nada nos acontece que no pase primero por la mano de Dios. Por tanto, es importante que aclaremos la diferencia entre una prueba y una tentación. Las tentaciones proceden de nuestro interior y son comunes a todos nosotros (1Co 10:13). Las pruebas provienen de fuera de nosotros y han pasado primero por la mano soberana de Dios, están hechas a nuestra medida y son para beneficio nuestro.
Esto puede ser un poco difícil de entender, por lo que un ejemplo puede sernos útil en este punto. En 2 Corintios 12:7-10, el apóstol Pablo detalla que Dios le dio «un aguijón en el cuerpo» (RVC), un mensajero de Satanás para atormentarle y evitar que se enalteciera. En tres ocasiones, Pablo suplicó a Dios que se lo quitara. Y aunque era algo debilitante para él, la respuesta de Dios fue: «Te basta con Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad» (2Co 12:9). Pablo finalmente cedió y dijo: «Me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2Co 12:10). Este es un versículo revolucionario; el viejo guerrero pudo concluir con una teología tan profunda para combatir la posible ira por la injusticia. Y en nuestro caso, si llenamos nuestros corazones de una rica teología, no habrá lugar para la injusticia. Podemos dejar a un lado la ira si recordamos cómo Dios utiliza la injusticia para moldear nuestras vidas y equiparnos para cuidar mejor de los demás. Los líderes tienen que aprender a ser difíciles de ofender. Eso es sin duda una señal de madurez espiritual y de semejanza a Jesús. ¿Puedes decir con Santiago 1:2 que te alegras cuando pasas por diversas pruebas porque producirán la resistencia necesaria para la carrera de la fe?
El creyente es alguien que está hecho para la adversidad. Somos los únicos que podemos soportarla, así que ¿por qué Dios no nos permitiría experimentar la injusticia en nuestra vida personal? Este mundo no es nuestro hogar. Mientras estamos en el mundo, las pruebas y las tribulaciones nos acompañarán en el viaje.
Por tanto, como creyentes, tenemos que rehusar vengarnos y descansar en hacer lo mismo que Jesús, que soportó fielmente innumerables injusticias. Si nuestro Salvador las experimentó en el camino hacia la cruz para comprar nuestra redención, entonces puedes contar con que también las experimentaremos en nuestras vidas. No estamos fuera del alcance de la injusticia. No hay pases «libre de injusticia» para los cristianos. Por tanto, toma valor; nadie está exento.
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Discusión y reflexión:
- ¿En qué situaciones te enojas más? ¿Cómo manejas ese enojo?
- ¿Qué aspectos de la vida, muerte y resurrección de Jesús te dan fuerza y esperanza en la lucha contra pecados como la ira?
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Parte IV: Dios No Te Decepcionará
Es muy fácil colocar nuestra confianza en algo que no es lo correcto. «Algunos confían en carros y otros en caballos, pero nosotros en el nombre del SEÑOR nuestro Dios confiaremos» (Sal 20:7). Tenemos la tentación de depositar nuestra confianza en otros mortales, de subir a las personas a un pedestal. Sin embargo, como ya hemos dicho, el hombre te defraudará. Dios, en cambio, no lo hará. Dios comenzó una obra en ti y se encargará de que se complete (Fil 1:6). Además, ha prometido que todas las cosas cooperarán para nuestro bien y Su gloria (Ro 8:28). Solo Dios es nuestro refugio en tiempos de injusticia personal. El Salmo 91:2 dice que Yahvé es «Mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío».
El escritor de Hebreos nos dio como principio que está bien mirar de vez en cuando a los santos, pero debemos fijar nuestra atención en Jesús (Heb 12:1-2). Si ponemos a cualquier otra persona que no sea Jesús en el centro de nuestra atención, no pasará mucho tiempo antes de que suframos una gran decepción. Por eso me siento tan agradecido de que Dios vele por lo mejor para nosotros, participe activamente en nuestro proceso de santificación y posea un amor implacable y firme hacia nosotros. No hace falta que gastemos nuestra energía temiendo al hombre. De hecho, el hombre más sabio que jamás haya existido, Salomón, dijo: «Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el SEÑOR sale bien librado» (Pro 29:25). Todos sabemos que esto es verdad, pero fallamos en practicar la disciplina del amor a Dios al no amar a Jesús con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerzas. Fácilmente nos distraemos del cuidado constante y de la corrección de Dios en nuestras vidas. Si no somos disciplinados, nos equivocaremos y buscaremos agradar al hombre y no a Dios. Y de este modo, los hombres se convertirán en un ídolo que agradar. Juan nos advierte «apártense de los ídolos» (1Jn 5:21). Nuestros corazones son fábricas de ídolos, y esto es especialmente cierto cuando experimentamos injusticia —cuando estás completamente seguro de que no hiciste, o dijiste, o incluso pensaste algo malo, pero los demás piensan que sí lo hiciste. Es aquí cuando tienes que confiar únicamente en Dios para proteger tu testimonio y tu reputación.
Es muy tentador querer vengarse, poner las cosas en su sitio y luchar contra la injusticia que vivimos, pero recuerda que en Romanos 12:14 no solo se nos llama a amar a nuestros enemigos, sino que se nos dice: «Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan». Más adelante en ese mismo párrafo, Pablo añade,
Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, Yo pagaré», dice el Señor (Ro 12:17-19).
Me siento muy agradecido porque no depende de mí ser el vengador o el protector, sino que Dios es nuestro protector, escudo y ayuda (Sal 33:20). Me recuerda a Amán en el libro de Ester, que fue y construyó una horca para colgar a Mardoqueo. Su odio injusto hacia Mardoqueo lo enloqueció hasta el punto de querer eliminarlo. Pero en lugar de eso Dios protege a Mardoqueo y en 7:10 dice que «colgaron a Amán en la horca que él había mandado levantar para Mardoqueo. Con eso se aplacó la furia del rey». Dios protege soberanamente a Su pueblo y repara el mal cometido. A veces eso sucede en esta vida, y a veces en la otra. A veces usa a reyes incrédulos, a veces elige usarnos a nosotros. Confío en que te sientas agradecido por la soberana protección que Dios ejerce sobre tu vida. Si Dios está a nuestro favor, ¿quién puede estar en nuestra contra? ¡Uno más Dios es mayoría!
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Discusión y reflexión:
- ¿A qué cosas (como el placer, la fuerza física o las nuevas experiencias) te sientes tentado a recurrir y en qué confías para superar las pruebas, aparte de Dios?
- ¿De qué manera puede cambiar tu forma de responder a las injusticias personales (en esta vida o en la próxima) el saber que Dios se encargará de ellas?
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Parte V: Ora Por Los Que Cometen Injusticias
Es muy fácil volverse amargado y vengativo, pero vale la pena repetirlo: la amargura solo destruye a quien se aferra a ella. Perdonar al ofensor es la libertad que necesitas y estás buscando. Eres mejor persona cuando perdonas. La Biblia nos dice: «Bendigan a quienes los persigan» (Ro 12:14). Jesús dijo que debemos amar a nuestros enemigos, no odiarlos. Luego añadió: «Oren por quienes los persiguen» (Mt 5:44). Además: «Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5:9). Y concluye sus diez bienaventuranzas con estas afirmaciones radicales: «Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes» (Mt 5:11-12). ¿Te das cuenta? Tu recompensa será grande. En 2 Corintios 4:17, Pablo llama a estas injusticias «sufrimientos insignificantes y momentáneos» (RVC).
Me ha resultado difícil despreciar a la gente cuando estoy de rodillas. En definitiva, el mejor antídoto para combatir los efectos de la injusticia en lo personal es una sólida vida de oración. «Oren por sus enemigos», dice Jesús. Ora intensamente por los demás. Y además de una vida de oración seria, en Mateo 18:21-35 vemos que estamos llamados a perdonar a los demás cuando pecan contra nosotros de esta manera. Se nos enseña a perdonar porque hemos sido perdonados. En ese pasaje, Pedro preguntó a Jesús cuáles eran los límites del perdón por las injusticias, e incluso sugirió que podían ser un máximo de siete veces en un solo día (pensaba que estaba siendo generoso). Jesús lo dejó boquiabierto cuando le dijo: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18:22). Entonces, Jesús contó una parábola en la que describía a un hombre al que se le había perdonado una deuda gigantesca y que luego volvió y exigió a un trabajador el pago de una deuda mucho menor. Incluso estuvo a punto de quitarle la vida. Puedes leerla tú mismo, es una locura (Mt 18:23-35). Pues bien, la conclusión de esta parábola es que si has sido perdonado por cada pecado —pasado, presente y futuro— entonces, ¿cómo es posible que no perdones a alguien que comete un pecado de injusticia contra ti? Eso es incompatible con la gracia, la misericordia y el perdón de Dios que has experimentado. Los que hemos recibido mucho perdón tenemos que aprender a perdonar mucho.
Volvamos a la oración. Estamos llamados a orar por todo y por todos los que vengan a nuestra mente (Fil 4:6). Es difícil enojarse cuando se está arrodillado al pie de la cruz. De hecho, me recuerda la letra de Evan Craft: «Dios, cuando me rindo encuentro todo lo que necesito Fuerza en cada debilidad en el nombre de Jesús oh, no es un secreto que lucho de rodillas.»1 La oración es el recurso menos utilizado que tenemos los creyentes. En Efesios 6:10-20 se menciona la armadura de Dios y se concluye que, como soldados de Cristo, debemos orar «en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alertas y perseveren en oración por todos los creyentes» (6:18). Así que lucha contra la injusticia personal acudiendo al Padre de rodillas.
Recuerdo una época en la que luchaba por acabar con el sistema de hogares sustituto en Kentucky. Oraba durante todo el trayecto hasta el edificio del Capitolio del Estado en Frankfort. Sabía que estaba luchando contra principados y potestades que no podía ver —sin mencionar la resistencia activa que sí podía ver—. Me pasaba el camino de ida orando y a menudo el camino de regreso llorando. Daba vueltas a la manzana para recuperar la compostura y entrar en casa por la noche. Fue una época difícil. ¿Cómo podía la gente abusar de los niños de formas tan horribles? ¿Por qué el gobierno no se mueve más rápido para llevar a estos pequeños a hogares permanentes? Era algo oscuro y difícil de combatir. Sabía que tenía que luchar de rodillas. El diablo sabe que si consigue destrozar la vida de un niño pequeño, puede encaminarle hacia una destrucción total. Ya atacó a esta comunidad cuando eran jóvenes y dañó sus almas, y el Estado es incapaz de ayudar a estos niños. Tuve que rechazar la oscuridad poniéndome de rodillas.
Te lo ruego: no te amargues ni te vengues; pelea de rodillas y responde como lo hizo Jesús que, cuando fue injuriado, no devolvió la injuria. La oración es una de las mayores armas de nuestro cinturón de herramientas espirituales. Y confieso que no es lo primero que se nos viene a la mente, pero debería serlo.
No permitas que el diablo obtenga la victoria en las micro y macro injusticias. Sé fuerte en la gracia de nuestro Señor Jesucristo (2Ti 2:1). Piensa bíblicamente. Escoge amigos que te edifiquen con el evangelio y que no lo usen para agobiarte. Recuerda: Dios es soberano en todas las cosas. Apoya tu cabeza en Su soberanía. Recuerda que la lluvia cae sobre justos e injustos. No te amargues. Ora como nunca. Humíllate y sigue humillado. Perdona a quienes te causan dolor. Sigue caminando con Jesús y adorando a Dios a través de la injusticia personal. Ten piedad de los que te hacen daño. Dios enjugará nuestras lágrimas de tristeza y reparará todos los males en la eternidad.
Y, por último, recuerda que Dios te conoce y te comprende (Sal 139:17). Jesús es el sumo sacerdote perfecto, y puedes entrar corriendo en el lugar santísimo y pedir al Padre a través de Su Hijo, Jesús. Hebreos 4:15-16 nos da la confianza necesaria para vencer nuestras emociones y nuestro dolor: «Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente». Cuando la injusticia te tienda una emboscada, te animo a que busques estos pasajes en tu Biblia y pongas tu atención en todos ellos. Además de esto, puedes leer Dark Clouds, Deep Mercy [Nubes oscuras, misericordia profunda] de Mark Vroegop. Cuando descubras la gracia del lamento, esto te inspirará a pensar profundamente en Dios y a perdonar a quienes cometieron injusticias contra ti.
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Discusión y reflexión:
- ¿Qué lugar ocupa la oración en tu rutina diaria? ¿Cómo vives la oración en los momentos de sufrimiento y prueba?
- ¿Por qué la oración es la mejor respuesta ante la injusticia en lo personal? ¿En qué ayuda?
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Notas Finales
- Evan Craft, Fight On My Knees, [Peleo de rodillas] publicada en el 2022, en I Believe [Yo creo] (Live at Shepard Church), Universal Music Group.
Acerca del autor
DAN DUMAS es director general y fundador de Red Buffalo, un grupo de consultoría que ayuda a las organizaciones a pensar de forma innovadora, salir de lo establecido, pensar a lo grande, ir más lejos, acceder a redes profundas y volver a alinearse con su misión. Dan trabaja como ejecutivo independiente en varias organizaciones sin ánimo de lucro, como Planted Ministries, una organización de plantación de iglesias en América Latina y otros lugares. Anteriormente, Dan ocupó el cargo de asesor especial para hogares de acogida y de adopción para el estado de Kentucky. Recientemente, Dan fue pastor de Christ Church en Bardstown, Kentucky. Le apasiona todo lo relacionado con el liderazgo, la adopción, la predicación expositiva y el ministerio, la masculinidad bíblica y el ser un líder de organización generador de ideas.
Tabla de contenido
- Parte I: La Gente Te Decepcionará
- Discusión y reflexión:
- Parte II: Valora A Los Demás Más Que A Ti Mismo
- Discusión y reflexión:
- Parte III: Resiste El Enojo
- Discusión y reflexión:
- Parte IV: Dios No Te Decepcionará
- Discusión y reflexión:
- Parte V: Ora Por Los Que Cometen Injusticias
- Discusión y reflexión:
- Notas Finales
- Acerca del autor