#85 Audacia Sobre La Cuerda Floja: La Fe Por Encima Del Temor
Introducción
«Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida» (Hb 10:39).
No tengo el menor interés en caminar sobre una cuerda floja suspendida en el aire. A decir verdad, mis limitaciones se ponen a prueba cuando me subo a una escalera normal para algún trabajo doméstico. Es prácticamente imposible que me acerque al borde de un mirador de montaña. Olvídalo. Bastante se me acelera el corazón con solo observar a otra persona cerca del borde para conseguir mejores vistas o la foto perfecta.
El miedo a las alturas es real y nos recuerda con qué facilidad un espíritu de temor puede arrebatarnos la razón. Esto hace que historias como la singular vida de Jean-François Gravelet parezcan casi de otro mundo. Utilizó el nombre artístico de Charles Blondin, además de «el Gran Blondin», «el Funambulista Temerario» y «el Príncipe de Manila». Se interesó por el funambulismo desde muy joven, después de que una compañía de circo pasara cerca del lugar donde creció en Francia a principios del siglo XIX. Gravelet quedó fascinado por el funambulista e, inmediatamente, se propuso reproducir esa proeza en su jardín.
Su hazaña más famosa se produjo en 1859, cuando fue el primero en hacer equilibrismo sobre las cataratas del Niágara. Los recorridos posteriores por las cataratas fueron más audaces que los anteriores: por ejemplo, cruzando con los ojos vendados, empujando una carretilla, llevando a su representante a la espalda, haciendo una tortilla en un hornillo por el camino, dando volteretas o sobre unos zancos.
Blondin siguió exhibiendo su asombroso talento más allá de los setenta años con espectáculos por todo el mundo. Los riesgos que asumía eran más que peligrosos; lo suficientemente impresionantes como para captar la atención de miles de personas en cada momento. Él constituyó uno de los muchos ejemplos bíblicos de persona audaz en sentido secular, mostrando lo que dice la Biblia acerca de la audacia frente al peligro físico. Sin embargo, pese a la cantidad de personas deseosas de ver sus actuaciones, que desafiaban a la muerte, ni de lejos fueron tantas las que siguieron sus pasos para hacer gestas similares.
Por otro lado, nuestra vida está plagada de distintos tipos de riesgos. Algunos son relativamente menores, y otros, pasos de fe mucho más grandes. Cuando salimos de nuestra zona de confort para servir a Dios, a menudo nos preguntamos cómo confiar en Él cuando tenemos miedo al futuro. ¿Cómo podemos discernir cuándo nuestros temores están justificados y los provee Dios a modo de advertencia de peligro inminente? Esto supone comprender la diferencia entre fe y necedad y la importancia de buscar consejo piadoso antes de arriesgarnos. ¿Y de qué manera podemos sentir que Dios nos está llamando a practicar la fe en Él para vencer el temor y lograr lo que de otra forma sería imposible?
Por fortuna, la Palabra de Dios habla ampliamente de la fe y el temor. Si quieres saber cómo lidiar con el miedo, descubrirás que lo que dice la Biblia sobre la fe proporciona un fundamento sólido. Esta guía de habilidades para la vida utilizará el contexto de Hebreos 11 para aprender de la fe de los santos del Antiguo Testamento. Analizaremos las acciones que llevaron a cabo para obedecer los mandamientos de Dios y seguir su huella, a la par que sus posibles temores correspondientes. Estudiaremos lo que señala la Biblia acerca del temor y echaremos un vistazo a ciertos versículos bíblicos sobre la fe que guiarán nuestro caminar.
Entretanto, oro para que el Señor nos ayude a ver que los riesgos que nos llama a asumir son superados con creces por su favor y sus promesas seguras por venir. Aprenderemos a dejar de tener miedo aferrándonos a la verdad de que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Audioguía
Audio#85 Audacia Sobre La Cuerda Floja: La Fe Por Encima Del Temor
Parte I: La Fe: Definición Y Elogio
«Ahora bien, la fe es tener confianza en lo que esperamos, es tener certeza de lo que no vemos» (Hb 11:1).
¿Quién no querría andar cada día con seguridad y convicción plenas? Tenemos momentos en los que estamos listos para enfrentarnos al mundo. Hay ocasiones en que todo lo que el Señor nos ha encomendado para su gloria viene acompañado de certeza. Luego transcurre la vida, y otras cosas se disputan nuestro tiempo y nuestra atención. Entonces nos damos cuenta de que la fe entraña riesgo, miedo y recordatorios diarios de nuestra dependencia del Señor.
Cómo se demuestra la fe
Si tomamos el conocido versículo anterior y lo sacamos de contexto, cabe la posibilidad de que parezca otra versión de una manifestación de nuestro destino; ya sabes, la creencia de que podemos llegar a ser lo que nos propongamos y todo eso. Con concentración, visualización y energía positiva suficientes, podemos conseguir lo que deseamos y hacerlo realidad en nuestra vida. Suena bastante atractivo, especialmente cuando oímos la versión de alguien que ha alcanzado un logro notable.
No obstante, también podemos reconocer los resultados catastróficos de una vida regida, ante todo, por este paradigma. ¿Qué pasa cuando una persona ha manifestado algo en su mente sin reconocer su imposibilidad en la realidad? ¿Qué pasa cuando los deseos de una persona para sí misma no terminan por cumplirse como pensaba inicialmente? ¿Qué pasa con las grandes cuestiones sobre Dios y los planes que Él tiene para su vida actual y venidera?
Afortunadamente, Hebreos 11:1 está envuelto en la perspectiva de Dios sobre la fe, no en la nuestra. Esta seguridad en aquello que esperamos no es una fe ciega sin evidencia histórica. En realidad, el fundamento de nuestra fe está firmemente arraigado en nuestra confianza en Dios y en su fidelidad hacia nosotros desde el comienzo de la creación por medio de su Palabra. Además, se ha hecho extensivo a nosotros a lo largo de los siglos a través de su fidelidad, evidenciada en el pueblo de Dios, y, en última instancia, contamos con un claro testimonio de dicho fundamento en la persona y obra de Jesucristo.
Entonces, ¿qué es la verdadera fe? La definición bíblica de fe está formulada de manera hermosa en la pregunta 21 del Catecismo de Heidelberg: «[La verdadera fe] No es solo un seguro conocimiento por el cual considero cierto todo lo que el Señor nos ha revelado en su Palabra, sino también una verdadera confianza que el Espíritu Santo infunde en mi corazón por el evangelio, dándome la seguridad, de que no solo a otros, sino también a mí mismo, Dios otorga la remisión de pecados, la justicia y la vida eterna, y eso de pura gracia y solamente por los méritos de Jesucristo».1
El concepto bíblico de fe supera infinitamente nuestro aprecio por aquello que podemos concebir por nosotros mismos. La fe implica adhesión a la verdad que «Dios nos ha revelado en su Palabra» y «verdadera confianza» en la obra del Espíritu Santo en nosotros, basadas exclusivamente en la gracia de Dios por medio de Cristo. Esta creencia nos permite vivir por fe —no en nosotros, sino en Él—, de acuerdo con su Palabra. Esto es lo que dice la Biblia sobre la fe.
La fe por medio del sacrificio
No se nos explica por qué el sacrificio de Abel fue más aceptable que el de Caín. Sin embargo, Dios reconoce a Abel como justo por su fe en que Él aceptaría su ofrenda. Por el contrario, Caín se enfurece, y Dios responde preguntándole por qué y advirtiéndole: «Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado está a la puerta para dominarte. No obstante, tú puedes dominarlo» (Gn 4:7).
Vivir por fe exige sacrificio bajo las condiciones de Dios, no bajo las nuestras. ¿Alguna vez has renunciado por el Señor a algo pensando que era un sacrificio aceptable, solo para enojarte cuando te pareció que no había sido aceptado? Todos hemos pasado ocasionalmente por ello en mayor o menor medida.
Cuando luchamos con estos sentimientos, con frecuencia necesitamos versículos bíblicos sobre la preocupación y el miedo que reorienten nuestro corazón. Robert provenía de un entorno eclesial legalista que, en su opinión, implicaba sacrificar muchas cosas según lo que otros consideraban apropiado. Después de vivir unos años de esta manera, motivó a su familia a seguir su ejemplo, y los efectos negativos se hicieron más obvios. Le habían afectado muy negativamente las ataduras de su conciencia y de su entorno a lo que era aceptable más allá de las Escrituras. Comenzamos a quedar cada cierto tiempo para tomar café y hablar de por qué su vida no era como él creía que merecía.
Lidiamos con mucho resentimiento y enojo hacia Dios, su familia y la iglesia. Sus privaciones no habían hecho que el Señor lo bendijera con una vida abundante. Desilusionado, le resultaba casi imposible confiar en el Señor, y mucho menos en alguien de una iglesia que estaba tratando de caminar junto a él para ayudarlo a imitar a Cristo.
Inmerso en su conflicto, necesitaba saber cómo superar el temor a estar sometido a normas en lugar de a la gracia. Como ya habrás adivinado, no tardó en culpar a otros del derrumbe de su vida y de su familia. Era imposible que asumiera ninguna responsabilidad por sus actos previos y que estuviera dispuesto a considerar que el Señor lo estaba guiando a vivir por fe en lo sucesivo. Había acumulado demasiada ira, por lo que creía justificada su dureza de corazón hacia los demás.
Ojalá el arrepentimiento de Robert hubiera llegado antes para que se pudiera haber evitado tanta devastación. Desafortunadamente, no fue el caso, lo que tuvo un alto costo con la pérdida de su familia y de varios amigos cercanos. Vencer el espíritu de temor con respecto a sus fracasos y su reputación resultó ser un obstáculo que aún no estaba preparado para superar.
A veces, todos podemos caer en la estrategia de Caín de intentar vivir por fe bajo nuestras condiciones. Que el Señor nos ayude a todos a aprender del ejemplo de Abel. Empecemos por ofrendar a Dios aquello que nos ha llamado a sacrificar por nuestra fe en Él, no en lo que nosotros (u otros) hemos ideado por nuestra cuenta.
La fe por medio de agradar a Dios
Cuando nos planteamos la vida en términos de tener que elegir entre agradar a Dios, al hombre o a uno mismo, solo hay una opción que no parece gravemente miope ni egoísta. Sin embargo, siempre está ahí la tentación de alternar entre ellas en un momento dado. A primera vista nos preguntamos: ¿cómo puede ser?
Para todos aquellos cuyos pecados han sido perdonados por la obra de Jesús en la cruz, parecería que agradar a Dios debería ser nuestro estado natural. Entonces, ¿por qué, como tantos otros, somos tan proclives a elegir lo contrario?
Solemos hacerlo porque carecemos de la mentalidad de fe por encima del temor, necesaria para defender la verdad. El siguiente personaje de Hebreos 11 que nos interesa es Enoc. Lo que sabemos de él a partir de Génesis 5:21-24 es mínimo, aunque se repite dos veces una frase que resume su vida: «Enoc anduvo […] con Dios». Eso requiere fe, confiar en que Dios cuidará de ti. Requiere creer que proveerá tus necesidades incluso cuando las circunstancias indiquen lo contrario. Es en esos momentos, entre otros, cuando nos sentimos tentados a tomar las riendas y arreglárnoslas por nuestros propios medios.
Hebreos 11:6 lo deja claro: «En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan». Si eres como yo, es fácil que tengas esta verdad en la cabeza y, aun así, no descanses en ella en tu corazón. Déjame preguntarte: ¿en qué aspectos has dejado de caminar con Él y de acercarte a Él? ¿Cómo te está llamando a regresar a su lado hoy?
Si tienes dificultades, meditar versículos bíblicos sobre la fe puede ayudarte a volver a centrarte. Si estas preguntas presuponen demasiado, desde luego no queremos dar por hecho que la segunda mitad del versículo está asentada en tu vida. Si albergas algún interrogante en tu mente o alguna duda en tu corazón de que Cristo murió por ti para pagar por tus pecados y darte paz eterna con Dios, díselo a alguien hoy. Puede ser la persona con la que estás leyendo esto u otro fiel cristiano que conozcas. Cuán gozoso sería para esa persona ver que también a ti te llega tu día de salvación.
La fe por medio del temor reverente
Al igual que en el caso de Enoc, Génesis 6:9 afirma que también Noé «anduvo […] con Dios», si bien la senda que recorrió con el Señor fue distinta de todas las demás. Dios le advirtió que el mundo quedaría destruido por un diluvio a causa del pecado. Entonces llamó a Noé a creerlo a Él y a construir un arca para que pudiera sobrevivir junto a su familia.
Apuesto a que hubo momentos en que Noé se sintió solo. También nosotros podemos pensar que somos una voz en el desierto, procurando vivir por fe en el trabajo, en el vecindario o en nuestro compromiso cívico. Pero el ejemplo de Noé, que vivía con rectitud en un mundo hostil, está totalmente a otro nivel. Tuvo que aprender a confiar en Dios pese al miedo al futuro, mientras el mundo que lo rodeaba se burlaba de su obediencia.
No obstante, podemos extraer muchas enseñanzas del ejemplo de Noé. Una clave es que caminar por fe exige temor reverente.
Esta es la diferencia entre fe y necedad; Noé no fue temerario, sino obediente a una advertencia divina. Esto nos recuerda el final clásico del libro de Eclesiastés. Tras saber lo que es vivir con sabiduría incomparable, Salomón examina el mundo y lo que implica intentar hallar la plenitud únicamente a través del trabajo, el placer y la riqueza. Descubre que cada una de estas vías no conduce más que a la vanidad.
Así, el libro concluye con estas famosas palabras: «El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto» (Ec 12:13-14). Esto es lo que dice la Biblia sobre el temor en su forma más fecunda y sagrada: la de un temor reverente que conduce a la vida.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué ofrenda te ha pedido el Señor últimamente, aun cuando te resistías a ella?
- Describe qué ha supuesto para ti agradar a Dios en lugar de a los hombres o a ti mismo.
- ¿Qué ejemplos de las Escrituras te han ayudado a cultivar un temor reverente hacia el Señor?
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Parte II: La Fe De Abraham Y Los Patriarcas
«Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios y les preparó una ciudad» (Hb 11:16).
En un pasaje anterior del libro de Hebreos, se aborda el concepto de fe en relación con la desobediencia de los israelitas. Hebreos 4:2 relata: «Porque a nosotros se nos ha anunciado las buenas noticias, lo mismo que a ellos; pero el mensaje que escucharon no les sirvió de nada, porque no se unieron en la fe a los que habían prestado atención a ese mensaje». Escucharon el mensaje del evangelio, pero no lo aunaron con la fe. Afortunadamente, otros escucharon las promesas de Dios y creyeron. Esto resalta la diferencia entre fe y necedad: la primera se origina en la Palabra de Dios, mientras que la segunda ignora su consejo.
La tierra prometida
Hay un pequeño grupo de chicos de mi iglesia a quienes les gusta el excursionismo. Normalmente trazamos una ruta por una nueva zona de las montañas que no hemos atravesado antes. Luego planeamos algunos días y noches juntos, disfrutando de las vistas. Uno de ellos es el líder evidente del grupo. Por lo general, es el responsable de enviar al grupo el mensaje que nos avisa al resto que ya es hora de ponernos a planificar nuestra próxima aventura.
Él es también el que lo tiene todo: el último artilugio de senderismo, el menú más novedoso y mejor para cada viaje y las rutas de senderos con múltiples opciones para elegir. Sin embargo, aun con los planes mejor trazados y todas las ayudas tecnológicas concebibles, todavía hay momentos de incertidumbre, momentos en que hemos de fiarnos de señales antiguas para orientarnos. Con todo, en muchas situaciones hemos tenido que admitir que estábamos perdidos. Esos son los momentos en los que buscamos versículos bíblicos sobre el miedo para calmar los nervios.
Ahora, imagina estar en el lugar de Abraham y que Dios te diga que dejes tu país, tu pueblo y la casa de tu padre para ir a una tierra desconocida (Gn. 12:1). Por fe, Abraham dejó todo y a todos los que conocía. Iba a salir de su zona de confort para servir a Dios sin más motivo para ese viaje que las promesas del Señor.
No basó sus actos en nada que pudiera ver ni que hubiera conocido antes. En cambio, con fe, se fue sin saber adónde lo guiaría Dios, pero confiando en que cumpliría sus promesas. Abraham es uno de los mayores ejemplos bíblicos de persona audaz, lo cual demuestra lo que dice la Biblia sobre la audacia cuando el Creador nos llama.
¿Cuántas veces tú y yo no podemos ver adónde nos llevará la fe en Dios? ¿Con qué frecuencia nos hace falta un recordatorio de las promesas pasadas de Dios para confiar en sus llamados actuales a obedecer su Palabra? ¿Con qué frecuencia debemos alzar la mirada para contemplar de dónde viene nuestra ayuda? «Mi ayuda proviene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 121:2). El mismo Señor que ayudó a Abraham en los riesgos que le encomendó, sin duda también nos ayudará a nosotros en aquellos a los que nos llama, mostrándonos cómo vencer el temor con confianza plena en Él.
El hijo prometido
El Señor no prometió a Abraham una tierra nada más, sino también «[…] descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar» (Hb 11:12). Es obvio que, en este recorrido de fe, Abraham no se encontraba solo. Sara, su esposa, también vivía por fe, aunque ella y su esposo estaban «ya en decadencia» (Hb 11:12), pues eran mayores y no tenían hijos. Ante semejante descripción, únicamente cabe imaginar cómo debieron de sentirse durante tanto tiempo al comprobar que su anhelo de tener hijos no se cumplía.
Si tú o alguna pareja que conoces ha tenido problemas de infertilidad, entiendes la desesperación que puede ocasionar la imposibilidad de concebir. Una prueba así suele acarrear un intenso temor por el futuro. Tener hijos es uno de los grandes deseos de la vida en este mundo; de ahí las múltiples formas en que la ciencia ha intentado intervenir y construir este sueño para las personas que desean tenerlos. No obstante, Hebreos 11:11 nos cuenta que Sara concibió exclusivamente por el poder de Dios.
Esto no solo habla de los deseos que tenemos para las generaciones venideras, sino que, además, puede enseñarnos a manejar los deseos insatisfechos. De vez en cuando, es conveniente pasar tiempo con el Señor considerando en oración lo que más anhelamos en una época determinada. Así es como, en parte, se afrontan el miedo y la decepción: llevando esas emociones tan profundas ante el trono de gracia. Te animo encarecidamente a que hagas una pausa ahora o al final de este apartado para pedirle al Señor que te ayude a discernir qué es lo que más deseas en este momento y lo que Él quiere para ti al no concederte eso, al menos por ahora.
¿Es un anhelo profundo de casarte? ¿De tener un cónyuge piadoso y creyente que comparta su vida contigo mientras siguen juntos a Cristo? ¿La salvación de un familiar cercano o un amigo? ¿Alguien por quien has estado orando y suplicando a Dios que lo rescate? ¿De ser usado significativamente por Dios para mayor gloria suya? ¿O que te ayude a superar una época especialmente difícil de ansiedad o depresión? ¿Acaso una temporada tras la cual te sientes aislado y solo? Busca entonces versículos de la Biblia sobre el temor y la ansiedad para hallar consuelo en presencia de Dios.
Está bien desear todas estas cosas. ¿Cómo debes esperar en el Señor el cumplimiento de los buenos deseos? Orando más todavía. Al orar, demuestras a tu propio corazón y a los demás que Dios es confiable y que hace lo correcto incluso cuando no entendemos sus caminos. Esta es la esencia de la fe por encima del temor.
La vida prometida
Si esta vida fuera la única que hubiera, Hebreos 11:13 sería uno de los versículos más deprimentes de la Biblia. Es muy decepcionante pensar: «Todos ellos vivieron por la fe y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las miraron y les dieron la bienvenida desde la distancia». Gracias a Dios, todos se daban cuenta de que estaban de paso y de que este mundo no era su hogar definitivo. Si solamente hubieran pensado en este mundo, tal vez hubieran regresado a todo cuanto habían dejado atrás.
¿Dónde estaríamos tú y yo sin la vida venidera prometida? Esto nos recuerda el estribillo y la pregunta que se repite a lo largo del siguiente himno:
«Oh, ¿dónde estaré cuando suene la primera trompeta?
Oh, ¿dónde estaré cuando suene tan fuerte,
cuando suene tan fuerte como para despertar a los muertos?
Oh, ¿dónde estaré cuando suene?».2
Como resultado de la gracia de Dios para vivir por fe, Él «[…] no se avergonzó de ser llamado su Dios […]» (Hb 11:16). ¡Qué papel tan vital desempeña la promesa del cielo para sostenernos y fortalecernos en nuestro viaje hacia la ciudad celestial!
Esta perspectiva ayuda a superar el temor a la muerte y a lo desconocido. Sabiéndolo, es conveniente preguntarnos con qué frecuencia tú y yo recordamos este resultado último de nuestra salvación. Yo, por mi parte, habitualmente no reflexiono lo suficiente sobre esta esperanza cierta ni aliento a otros a ello. ¿Cuánto más podríamos sentirnos alentados en la fe y ser audaces por Dios si recordáramos que nos ha prometido vida en el mundo venidero? De este modo es como se confía en Dios cuando se tiene miedo al futuro.
Esta puede ser una excelente pregunta de debate para ti y para la persona con la que estés leyendo esto. Analicen cómo cada cual puede aprender de la manera en que el otro piensa en el cielo. ¿Cómo pueden ayudarse mutuamente a reflexionar de forma más enriquecedora sobre la vida venidera prometida?
Las promesas son probadas
Una cosa es caminar con Dios y confiar en sus promesas, y otra, caminar con Él y obedecerlo cuando el camino no tiene lógica para nosotros. Quién sabe qué se le pasó por la cabeza a Abraham cuando Dios lo probó ordenándole sacrificar a su único hijo amado, Isaac.
Nos preguntamos cómo Abraham pudo obedecer a Dios hasta ese punto. Nos preguntamos cómo fue la conversación entre él e Isaac cuando este se interesó por el cordero para el holocausto. Nos preguntamos qué se le pasó por la cabeza a Abraham cuando tomó el cuchillo creyendo que su fe lo llevaría a matar a su propio hijo. En aquel momento, Abraham tuvo que optar por dejar de temer perder lo que más quería.
Y nos preguntamos cómo es posible una fe como la de Abraham cuando leemos cómo la describe Pablo en Romanos 4:20-22: «Ante la promesa de Dios no dudó como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia».
¡Oh, fortalecernos en la fe mientras glorificamos a Dios, plenamente convencidos de que es capaz de hacer lo que nos ha prometido a ti y a mí! ¡Oh, temer a Dios hasta el extremo de no negarle nada (Gn 22:12)! ¡Oh, creer que puede incluso resucitar a los muertos si así lo desea (Hb 11:19)! Esto es superar el temor a fallar como cristiano: descubrir que, aunque todo parezca perdido, Dios tiene el control.
Amigo, si te cuesta confiar en que Dios es capaz de hacer por ti lo que te ha prometido en Cristo, recuerda que Él se encuentra contigo donde estás ahora. Puede que no te encomiende algo tan extraordinario como lo de Abraham, pero eso no significa que no te esté llamando a continuar fortaleciéndote en la fe mientras recorres el camino que nos ha señalado. No lo olvides: Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.
¿Cómo está siendo probada actualmente tu fe en las promesas de Dios? ¿A quién ha traído el Señor a tu vida para orar por ti y hablar de esta prueba? Quizá estés buscando consejo piadoso antes de asumir los riesgos que el Señor te está presentando. ¿Qué ha provisto Dios anteriormente para fortalecer tu fe? ¿A dónde te está llevando a crecer en fe ahora? Ojalá estas preguntas deriven en futuras conversaciones fructíferas.
Las promesas heredadas
Desde luego, hay algo especial en ver cómo la fe se transmite de una generación a otra. Después de Abraham, Isaac es elogiado por bendecir a Jacob y a Esaú para lo sucesivo. Jacob es elogiado por bendecir a los hijos de José. Y José es elogiado por reiterar la promesa de Dios de rescatar a su pueblo y llevarlo a la tierra prometida.
Con suerte, esto te recordará a esas personas que el Señor usó para transmitirte la fe. ¿Fueron las oraciones y el ejemplo cristiano de unos abuelos piadosos? ¿Fueron unos padres fieles que, de una manera diligente aunque imperfecta, te hablaron del Señor? ¿O acaso te condujo hacia Dios la obediencia de otras personas que Él trajo a tu vida en su tiempo perfecto?
Alabado sea Dios por cada una de las personas que usó para ayudarte a aprender y entender lo que significa vivir por fe en Cristo. Alabado sea también por las personas con las que ha dejado que te cruces en la vida para ayudarte a seguirlo. Y, si tienes hijos, alabado sea por el maravilloso don que son y por el privilegio de enseñarles la fe en Cristo y guiarlos hacia ella.
Este legado es un poderoso antídoto contra los versículos bíblicos sobre la preocupación y el temor. Al examinar las relaciones en tu vida actual, ¿a quién te llama Dios a ayudar a vivir por fe en su Hijo? Puede que, por ahora, ya tengas a todas las personas que puedes atender y te estés centrando más en orar pidiendo sabiduría para ayudarlas a transmitir la fe a otras.
También es posible que el Señor te esté guiando a orar por personas que sabes que necesitan de Él o requieren ayuda de alguien para seguirlo, pero que aún no han estado receptivas a ello. Sea cual sea la forma en que el Señor te ordene que trasmitas la fe a la próxima generación, que lo hagas sabiendo que estás participando en la labor más importante del planeta.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué aspecto de la vida eterna en el cielo te llama más la atención? ¿Cómo te motiva esta promesa en el día a día?
- ¿Has tenido con el Señor algún momento como aquel en que le pidió a Abraham que sacrificara a Isaac? En tal caso, ¿cómo fue y de qué modo te sostuvo Dios?
- ¿Estás contento con la persona a quien el Señor te ha llamado a transmitirle la fe actualmente? Si es así, ¡alabado sea Dios! Si no, ¿de qué manera se conmueve tu corazón por los demás?
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Parte III: La Fe De Moisés E Israel
«Consideró que la deshonra por causa de Cristo era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa» (Hb 11:26).
A veces es más fácil prometer que vamos a arriesgar las recompensas de esta vida para recibir la recompensa de la vida venidera que hacerlo en realidad. Cada día… no, mejor dicho… a cada instante, somos tentados a hacer lo contrario. Aquí vemos por qué Jesús habla de «calcular el costo» antes de seguirlo. Moisés es elogiado por esa fe, pues constituye un ejemplo imperfecto de lo que significa seguir el llamado de Dios y guiar a otros a seguirlo también. Esta es la esencia de lo que expone la Biblia sobre la fe: mirar más allá de lo inmediato para fijarnos en lo eterno.
La fe de los niños
En Hebreos 11:23 encontramos por primera vez que se reconoce el miedo o el temor debido a su función en el marco de una vida por fe. El libro del Éxodo comienza con la cruel orden del faraón de matar a todos los niños varones hebreos al nacer. En el Nuevo Testamento, Esteban retoma esto en un famoso discurso en el que acusa al pueblo de Dios de rechazarlo a Él y su obra. Hechos 7:20 describe a Moisés como un niño «hermoso a los ojos de Dios».
Considerando esto una señal del favor de Dios, la familia de Moisés eligió la fe por encima del temor y no vivió con un espíritu temeroso de lo que les pudiera suceder tras eludir el edicto del rey. Apenas podemos imaginar cómo se tradujo esto en que Moisés renunciara a las comodidades y facilidades de ser criado por la hija del faraón en el palacio real. Por el contrario: «Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que la deshonra por causa de Cristo era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa» (Hb 11:25-26).
¡Qué ejemplo para inspirarnos y emular en nuestra vida! Orar para pedir a Dios que no nos veamos seducidos ni influenciados por los beneficios a corto plazo de vivir para este mundo implica superar el temor a perder el estatus mundano. En ocasiones, esto supone no aceptar automáticamente lo que parece mejor sobre el papel, sino tomarse el tiempo suficiente para orar y buscar consejo piadoso antes de asumir riesgos y dar por sentado lo que es mejor verdaderamente. A menudo, el camino de Dios puede parecer un poco diferente de lo que esperábamos o de lo que otros esperaban para nosotros.
Esto puede venir acompañado del maltrato de quienes no comprenden por qué habríamos de renunciar a lo que a ellos les parece tan claro y evidente. Puede suceder de forma sutil cuando cuestionan nuestra sabiduría y nuestro razonamiento. También es posible de maneras más explícitas, ya que algunos pueden decir que simplemente estamos equivocados o que vamos a malograr nuestras posibilidades de tener una vida mejor en el futuro. En esos momentos debemos recordar que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Sin embargo, como me repetía una y otra vez un mentor mío: «No hay nada en el mundo como estar donde Dios quiere que estés y hacer lo que Dios quiere que hagas». Este es el objetivo último de salir de tu zona de confort para servir a Dios.
If you have questioned whether your past decisions to follow Christ were worth it, be encouraged to know the anSi has cuestionado si valieron la pena tus decisiones anteriores de seguir a Cristo, anímate sabiendo que la respuesta es: ¡por supuesto! Y, si actualmente estás cuestionando una decisión pendiente entre seguirlo a Él o elegir aquello que podría brindarte recompensas inmediatas, observa el ejemplo de Moisés, que al final siguió el de Cristo y confió en Dios por encima de todo.
La fe adulta
Dos capítulos de las Escrituras que el Señor ha usado significativamente en mi vida son, entre otros, Éxodo 3 y 4. Cuando Moisés se aparta para contemplar la zarza ardiente, el diálogo posterior entre él y el Señor no tiene precio. Nunca deja de sorprenderme que Moisés le responda a Dios «no» cinco veces y que, por su gracia, Dios siga usándolo para guiar a su pueblo. No puedo imaginarme ser tan directo con el Señor, aunque en numerosas ocasiones he rechazado más sutilmente su dirección porque no superé el temor a fallar como cristiano.
Todos podemos identificarnos con las preguntas que Moisés plantea en torno a su identidad en el Señor (Ex 3:11), su intimidad con Él (Ex 3:13), su intimidación ante los demás (Ex 4:1), su inadecuación para hablar (Ex 4:10) y su inferioridad al pedirle a Dios que vaya otra persona (Ex 4:13).
Una de las oportunidades más memorables de estudiar estos capítulos tuvo lugar durante una adoración nocturna en un breve viaje misionero a Zambia. Era la primera labor misionera en el extranjero para la mayoría de nuestro grupo. Mientras hablábamos sobre qué dudas de Moisés afectaban más a cada persona, aprendimos muchas cosas acerca de cómo vencer el miedo juntos.
Vince comentó lo inadecuado que se sentía viniendo al viaje. Admitió que, en principio, se inscribió por su esposa y por lo mucho que ella sentía que debía ir. Por ello, su plan era ser usado por Dios para trabajos manuales y dejarnos al resto las charlas y todo lo demás. Básicamente, luchaba por hallar la manera de lidiar con el temor relacionado con la falta de dones que percibía.
Todo eso cambió aproximadamente a mitad del viaje. Vince era, con diferencia, la persona más alta del grupo. Esto se hacía más evidente a medida que íbamos caminando por las chozas para compartir el evangelio e invitar a la gente a la nueva iglesia que iba a establecerse en su aldea. Él era al menos treinta centímetros más alto que cualquiera con quien nos topáramos.
A última hora de esa tarde, todos regresamos al lugar donde nos alojábamos tras dividirnos en pequeños grupos de pocas personas con un intérprete cada uno. Vince, el que juró no hablar, sonreía radiante de oreja a oreja y estaba abrumado por lo que Dios había hecho. Resultaba que, en su debilidad, era verdaderamente fuerte en Cristo y ejemplificaba lo que dice la Biblia acerca de ser audaces por el evangelio.
Su intérprete lo convenció para que diera testimonio del Señor en la choza de al lado, y de ella salió el único hombre que se le acercaba en estatura. Después de rechazar el evangelio durante años, el hombre se sintió abrumado porque Dios le había enviado a alguien de una altura similar. Ahora estaba abierto a recibir lo que Cristo había hecho por él.
Durante su conversación, ambos se preguntaron los respectivos nombres y quedaron casi sin aliento ante la bendición de Dios sobre su fe. Parecía que Vince hablaba con Vince.
La fe de un líder
Aunque ciertamente la fe de Moisés no era perfecta, el autor de Hebreos lo describe como alguien sin miedo a la ira del faraón durante el éxodo (Hb 11:27). El resto del versículo revela con gran perspicacia el origen de su fortaleza: Moisés «[…] se mantuvo firme, pues había visto a aquel que es invisible». ¡Qué imagen de cómo fijar nuestros ojos en Cristo, iniciador y perfeccionador de nuestra fe, cambia nuestra perspectiva y nos ofrece versículos bíblicos para el temor y la ansiedad que serenan el alma!
Por ejemplo, tómate un momento para pensar qué es lo que más te preocupa ahora mismo. ¿Qué temes más en la actualidad? Si eres como yo, basta con pensar un poco en esos miedos para que la desesperación entre en escena. Es posible que hasta busques versículos bíblicos sobre la ansiedad para salir airoso.
Haz también una pausa para pedir a Dios en oración que te ayude a mantener los ojos en Cristo y a conocerlo cada vez más a través de su Palabra. La desesperación no tarda en volverse deleite. Se nos recuerda que no estamos solos. Sean cuales sean nuestras circunstancias actuales, Cristo nunca nos abandonará. Pase lo que pase en un futuro, Cristo nunca nos desamparará. Así es como se confía en Dios cuando se tiene miedo al futuro.
Hagamos esto aún más práctico, teniendo en cuenta lo que está directamente delante de ti. ¿Qué persona te ha dado el Señor para que la guíes en esta etapa de tu vida? Puede tratarse de tu cónyuge, tus hijos, gente de la iglesia, compañeros de trabajo, otros estudiantes y adultos o niños de tu comunidad.
¿Cuál es tu máxima preocupación acerca del llamado a liderarlos? ¿De qué forma te ha alentado la fidelidad de Cristo en esta función anteriormente? ¿De qué manera te ayuda este recordatorio de Dios a seguir adelante? Esto forma parte de la parábola de los talentos: audacia y mayordomía, utilizar aquello que Dios nos ha dado a pesar del temor. ¿Cómo puedes orar con mayor intencionalidad por cada una de estas personas, tanto por tu cuenta como acompañado por quien está leyendo contigo esta guía de campo?
Analicemos lo que te ha sido dado para liderar. ¿Lo calificarías de organización, grupo, equipo, iniciativa, proyecto o, hasta ahora, mera empresa personal? ¿Qué es lo que más tiende a mantenerte en vela por la noche con respecto a tu liderazgo? ¿En qué aspectos eres más susceptible de liderar movido por el temor?
Lee y reflexiona un momento acerca de Hebreos 12:1-3. Sopesa el impacto que el Señor podría tener en este texto para ti, como líder, justo ahora:
Por tanto, ya que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.
La fe de los demás
Qué maravilla cuando un grupo de personas se unen por una misión común para lograr un objetivo compartido. Puede que con esto rememores la última carrera colosal de tu equipo deportivo favorito o una escena cautivadora de una de tus películas preferidas.
Piensa en lo que fue necesario para que el pueblo de Dios atravesara el mar Rojo y viera caer los muros de Jericó, y para que Rahab arriesgara su vida acogiendo a los espías. Son ejemplos bíblicos clásicos de audacia. Las preferencias personales tuvieron que ser relegadas por el bien mayor de obedecer juntos los mandamientos de Dios. El resto de las ambiciones y los planes tuvieron que supeditarse a los riesgos que el Señor los llamaba a asumir.
Por fe, tuvieron que vencer la tentación de regresar a lo que conocían. Por fe, tuvieron que resistirse a seguir un plan distinto, aparentemente mucho más seguro y lógico sobre el papel. Esta es la diferencia entre fe y necedad. Por fe, Rahab tuvo que disipar todas las mentiras que anidaban en su mente y que seguían sacando a relucir su pasado para desalentarla y hacerle pensar que no podía ser usada por el Señor para ayudar a otros creyentes de manera significativa. Tuvo que aprender a dejar de tener miedo de su historia.
Conocemos el potencial de tentaciones como estas porque hemos luchado personalmente contra ellas o hemos oído hablar de su repercusión negativa en gente de nuestro entorno. Que tú y yo huyamos de estas tentaciones, sea cual sea la función que el Señor nos encomiende actualmente en nuestra iglesia. Por el contrario, oremos para que Dios nos ayude a vivir por fe a través de nuestra iglesia local y a alentar a otros a hacer lo mismo. Que hagamos fielmente lo que nos corresponda en unidad con su cuerpo para cumplir la misión que Cristo ha encomendado a su iglesia. Esto es lo que dice la Biblia sobre el temor: que es eclipsado por la gloria del llamado de Dios.
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Preguntas para reflexionar:
- De las cinco preguntas que hace Moisés en Éxodo 3 y 4 sobre identidad, intimidad, intimidación, inadecuación e inferioridad, ¿con cuál tienes más dificultades y por qué?
- ¿Tiendes a considerarte alguien que tiene fe como líder? Si es así, ¿cómo te llama Dios a crecer en este aspecto? Si no, ¿qué te lo ha impedido?
- ¿Cómo se aúna tu fe con la de los demás en tu iglesia? ¿Qué pasos te está guiando el Señor a dar para que esto se amplíe en un futuro?
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Parte IV: Fe De Conquistadores Y Sufrientes
«Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a ser perfectos sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor» (Hb 11:39-40).
Conforme nos acercamos al final de Hebreos 11, nos acordamos de Juan 21:25: «Jesús hizo también muchas otras cosas, tantas que, si se escribiera cada una de ellas, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo entero». De igual modo, si el autor de Hebreos hubiera entrado en más detalles sobre la fe de los demás en el Antiguo Testamento, ¡el capítulo que aborda la fe habría sido uno o varios libros sobre ella!
Herschel Hobbs resume este apartado de Hebreos: «Así concluyó el autor su enumeración de fieles. Cada cual cumplió, gracias a la fe, con su responsabilidad, dada por Dios. Creían en Él. Confiaron en Él. Se comprometieron con Él. Todas estas cosas están ligadas a la palabra “fe.” La lección obvia es que los lectores, pasados y actuales, de esta epístola deben seguir el ejemplo de estos santos. De hecho, deben hacerlo si quieren alcanzar algo para Dios en su esfera de responsabilidad».3
La fe de quienes conquistaron
Los hombres enumerados inicialmente no destacan por sus puestos de autoridad y poder. Se hace alusión a ellos a causa de las grandes hazañas que lograron por fe. Lo que debieron de parecer riesgos insuperables para afrontarlos por su cuenta solo pudieron asumirlos creyendo y confiando en que Dios estaba con ellos. Entre otras cosas, el versículo 34 señala que «sacaron fuerzas de flaqueza».
Tomemos como ejemplo a Gedeón. Su historia se encuentra en el libro de Jueces 6-8. Cuando el ángel del Señor vino a él, estaba trabajando en secreto. Jueces 6:11 relata: «[…] Gedeón estaba limpiando trigo en un lagar, para protegerlo de los madianitas». A duras penas podemos imaginar cómo se habría descrito a sí mismo y su posición en la vida en aquel tiempo, y no digamos al pueblo de Dios en comparación con su temible enemigo.
Le sigue un fabuloso versículo de las Escrituras que contempla la situación a través de los ojos de Dios: «Cuando el ángel del Señor apareció ante Gedeón, dijo: “¡El Señor está contigo, valiente guerrero!”» (Jc 6:12).
La contestación de Gedeón nos indica que él no veía las cosas exactamente de la misma manera. Responde preguntando por qué, en tal caso, parece que Dios los ha desamparado. Nuevamente, como ya subrayamos en la historia de Moisés, brilla la gracia de Dios, que pasa por alto las preguntas de Gedeón y le ordena: «Ve con la fuerza que tienes y salvarás a Israel del poder de Madián. Yo soy quien te envía» (Jc 6:14).
Entonces Gedeón, como Moisés, es honesto acerca de cómo se ve a sí mismo y a su familia. Es evidente que en su cabeza no cabe que aquello a lo que Dios lo está llamando sea adecuado para él o para su entorno. Sin embargo, como recordarás de los fragmentos más memorables de la narración, Dios le deja claro que sí lo es. Esta es la definición bíblica de fe: confiar en el poder de Dios a pesar de percibirnos inadecuados.
Si eres honesto contigo mismo y con aquellos con quienes lees esto y hablas de la fe por encima del temor, ¿cómo te ves hoy en día? ¿Como un hombre o una mujer fuerte y valiente, o más bien débil e incapaz? De igual forma, ¿cómo afecta esta perspectiva a lo que has sido llamado a alcanzar por la fe en Cristo? Este es un buen momento para buscar versículos bíblicos sobre la fe que refuercen tu valentía.
Ora para que Dios te ayude a verte a ti mismo con sus ojos y contemplar tu trabajo para Él desde su perspectiva. Que provoque el cambio de mirada que necesitas hoy mientras aprendes a superar el temor.
La fe de quienes sufrieron
Como decía un mentor mío, «mi santa corazonada» es que la inmensa mayoría de la gente preferiría que su fe fuera probada y se demostrara auténtica por medio de la conquista en lugar del sufrimiento. No obstante, para la mayoría de nosotros, el camino entraña sufrimiento. En efecto, el camino señalado por las Escrituras y la vida de Cristo se inclina al sufrimiento.
Este es el primer tema que trata Jesús en cuanto Pedro confiesa que Él es Cristo, en uno de los principales puntos de inflexión de los Evangelios. Inmediatamente después de que Pedro confiese lo correcto, Jesús les hace saber a sus discípulos que Él «[…] tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado […]» (Lc 9:22). Asimismo, quienes están con Él seguirán una senda parecida. Para comprender lo que dice la Biblia sobre la fe, hay que aceptar esta realidad.
No se puede obviar que la vida como cristiano en este mundo ha de ser difícil. Incluso una mirada superficial a los fieles anónimos que sufren nos presenta imágenes de profundos desafíos; desde niños que murieron y necesitaban ser devueltos milagrosamente a la vida, hasta aquellos que fueron torturados, burlados, azotados, encarcelados, lapidados, asesinados y gravemente maltratados. Ejemplos de este tipo ayudan a poner en la perspectiva adecuada lo que el cristiano promedio padece por su fe. Cuando enfrentamos pruebas semejantes, necesitamos versículos bíblicos sobre la ansiedad, la preocupación y el temor que nos sostengan.
Otro recordatorio útil de cómo Dios usa la fe de aquellos que han sobrellevado el sufrimiento es el impacto que produce observar lo que los creyentes fieles de nuestro entorno han soportado en Cristo. Es evidente que hay algo profundo en acompañar a una persona cuyas circunstancias, desde una perspectiva temporal, no le dan ningún motivo para glorificar a Dios. Aun así, lo glorifica de todos modos por su gracia hacia él o ella en Cristo. Como estamos rodeados de personas similares, no podemos sino orar para que nos contagien algo de su fe. Así aprendemos a lidiar con el miedo en un mundo quebrantado.
Ora para que Dios use tu sufrimiento actual o reciente, «[…] pues ya saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Y la perseverancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros sin que les falte nada» (St 1:3-4). Si estás pasando por dificultades, recuerda que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Elogio a todos ellos
Forma parte de la naturaleza humana querer, más pronto que tarde, lo que nos han prometido. Esto es especialmente cierto después de que nos hayan dicho lo que recibiremos si perseveramos fielmente hasta que sea nuestro. Ahora bien, en este punto, las promesas de Dios se vuelven cada vez más cruciales en nuestro caminar para vencer el temor y seguirlo a Él.
Esta es también una de las formas en que el Señor nos ayuda a guardarnos del «síndrome del hermano mayor». En la parábola del hijo pródigo, los cristianos que se consideran generalmente fieles se enfrentan a sus expectativas respecto de Dios. Todo creyente puede tener momentos en que precise la ayuda de Dios para no quejarse de la percepción de que su obediencia está siendo subestimada. ¿Quién de nosotros no ha tenido pensamientos similares a los que verbaliza el hermano mayor? «¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos!» (Lc 15:29).
En algunas ocasiones, podemos estar resentidos por la paciencia que el Señor extiende a los incrédulos y lo abundante que es su gracia común hacia ellos en la tierra. Incluso hay momentos en que puede parecer que su rebeldía les granjea mayores bendiciones temporales. Esto podría llevarnos a asumir el papel de árbitros de lo que debería suponer el elogio a nuestra fe en este mundo. Si no somos precavidos, nuestro corazón y nuestra cabeza pueden enloquecer con cosas de todo tipo que equivocadamente creemos merecer. Por eso es tan vital buscar consejo piadoso antes de correr riesgos o emitir juicios.
Aquí es donde no se puede exagerar la naturaleza fundamental de nuestro tiempo con el Señor en su Palabra y en oración. Necesitamos recordatorios periódicos de quiénes somos y de lo que realmente mereceríamos de no ser por la abundante gracia de Dios. Del mismo modo, ¿con qué frecuencia es preciso que alcemos la mirada para trabajar por lo que está por venir, en lugar de por una vida mejor aquí y ahora? Reflexionar sobre lo que dice la Biblia sobre el temor y las recompensas nos ayuda a mantener una perspectiva eterna.
Mientras continúas confiando en Dios en lo desconocido, analiza la parábola de los talentos: audacia y mayordomía. Dios te ha dado unos dones específicos para que los uses en su reino. ¿Vas a salir de tu zona de confort para servir a Dios con ellos, o te está frenando un espíritu de temor? Recuerda: se empieza a vencer el temor a fallar como cristiano cuando se comprende que el resultado está en manos de Dios.
«Puesto que nosotros estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a Él le agrada, con temor reverente, porque nuestro “Dios es fuego consumidor”» (Hb 12:28-29). Esto señala la Biblia acerca de la audacia, una audacia arraigada en la inconmovible naturaleza del reino de Dios.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué conquistas victoriosas ha permitido el Señor en tu vida? ¿Cómo hizo que sacaras fuerzas de flaqueza?
- ¿En qué ha afectado más el sufrimiento a tu vida? ¿De qué modo te alentó Dios durante ese tiempo?
- ¿En qué sentido estás tentado a actuar como el hermano mayor? ¿De qué te ha provisto Dios para ayudarte a evitarlo?
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Conclusión
Al concluir este famoso capítulo sobre la fe, el autor de Hebreos inserta un «por lo tanto» para señalar el siguiente apartado. A la luz de la confianza, la obediencia y la audacia sustentadas por la fe de los antiguos santos, se nos ordena dejar de lado todo aquello que pueda impedirnos ejercer una fe similar en nuestros días. Todo cristiano posterior a ellos está llamado a seguir sus pasos, mientras la gran nube de testigos continúa creciendo para alabar la gloria de Dios.
Párate un instante a pensar en los santos piadosos que has tenido el privilegio de conocer. De aquellos que ya terminaron su carrera y llegaron sanos y salvos a su morada celestial, ¿cuál te impactó especialmente por tener una fe tipo Hebreos 11? ¿Qué te emocionó más de la «audacia sobre la cuerda floja» a la que el Señor los llamó? ¿Cómo podrías incorporar estas cualidades a tus peticiones de oración, tanto para ti mismo como para otros creyentes de tu entorno?
Pensemos ahora en a quiénes quieres transmitir la fe en lo sucesivo. ¿De qué manera puedes perseverar en oración por ellos y por otros miembros de tu iglesia mientras ellos procuran transmitir su fe a otros y a la próxima generación?
Que tú y quienes te rodean estén más decididos en un futuro a creer que «[…] sin fe es imposible agradar a Dios […]» (Hb 11:6). Ora por las conversaciones que puedas tener con otras personas y con aquella con la que estás leyendo esto: conversaciones sobre lo que el Señor ha revelado por medio de su Palabra acerca del fortalecimiento necesario para su fe. Juntos, que esto redunde en una nube cada vez más grande de testigos que un día serán perfeccionados y se deleitarán en glorificar a Dios unidos y para siempre.
Notas
- Catecismo de Heidelberg (1563) [en línea]: pregunta 21.
URL:https://www.crcna.org. [Consulta: 27/04/26]. - «¿Dónde estaré?» [en línea] URL:https://www.letras.com/the-carter-family/1645894/traduccion.html. [Consulta: 27/04/26].
- Herschel H. Hobbs: Hebrews: Challenges to Bold Discipleship (Hebreos: desafíos del discipulado audaz) (Fincastle, VA: Broadman Press), 1971, p. 119.
Acerca del autor
Todd Smeltzer es pastor principal de la Iglesia Bautista de London (Ohio). Con-su esposa, Julie, es padre de tres hijos: Abigail, Will y Ben.
Tabla de contenido
- Parte I: La Fe: Definición Y Elogio
- Cómo se demuestra la fe
- La fe por medio del sacrificio
- La fe por medio de agradar a Dios
- La fe por medio del temor reverente
- Preguntas para reflexionar:
- Parte II: La Fe De Abraham Y Los Patriarcas
- La tierra prometida
- El hijo prometido
- La vida prometida
- Las promesas son probadas
- Las promesas heredadas
- Preguntas para reflexionar:
- Parte III: La Fe De Moisés E Israel
- La fe de los niños
- La fe adulta
- La fe de un líder
- La fe de los demás
- Preguntas para reflexionar:
- Parte IV: Fe De Conquistadores Y Sufrientes
- La fe de quienes conquistaron
- La fe de quienes sufrieron
- Elogio a todos ellos
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Notas
- Acerca del autor