#100 Cómo Irse Bien De Una Iglesia Comunitaria: Una Separación Sin Dolor

por Danny D’acquisto

Introducción

Para irse bien de una iglesia, lo primero es entender qué es una iglesia. Si una iglesia fuera un mero edificio u organización, por ejemplo, no sería muy necesaria esta guía de habilidades para la vida. Irse sería sencillo: te despides y sigues tu camino. Pero, al observar lo que dice la Biblia sobre la iglesia, comprobamos que estas congregaciones terrenales son mucho más que instituciones religiosas. Participamos en la obra redentora de Dios en la tierra, en gran medida, a través de una iglesia comunitaria local.

La iglesia local es «el cuerpo de Cristo» (1 Co 12:27) y el nuevo templo vivo de Dios (Ef 2:19-22). En la Biblia, cuando la iglesia se reúne, el propio Cristo está «en medio de ellos» (Mt 18:20). Y perseguir a los miembros de una iglesia es perseguir al propio Cristo (Hch 9:4). Huelga señalar que, con frecuencia, la salida de una iglesia se asemeja más al abandono de una familia espiritual que al de un grupo religioso voluntario, y así ha de ser. Hay mucho en juego. Cielo y tierra están mirando.

Sin embargo, a veces es acertado —y tal vez incluso importante— irse de una iglesia. En las Escrituras también vemos que las iglesias pueden perder su «primer amor» (Ap 2:4). Sus líderes y maestros pueden abandonar el evangelio y, en tal caso, deben ser malditos (Ga 1:6-9). Quizá hayan cometido contra ti o contra un ser querido un pecado tan atroz como el abuso sexual, y tu permanencia te hurtaría la dignidad y te mantendría en peligro. Por no hablar de que, en ocasiones, hay creyentes que han de separarse por conflictos que no pueden resolver, como el fuerte desacuerdo que abrió una brecha entre Pablo y Bernabé (Hch 15:36-41). Sin duda, existen motivos bíblicos válidos para irse de una iglesia.

No obstante, al cambiar de iglesia, cambiamos, para bien o para mal, la naturaleza de nuestra relación con todos los demás miembros. ¿Cómo podría afectar tu salida de la iglesia a algunas de las amistades más cercanas que tienes allí? Los versículos bíblicos sobre las relaciones nos recuerdan la importancia de estos vínculos. ¿Hay cerca otras congregaciones doctrinalmente sólidas y fuertes a las que puedas unirte? ¿Qué desafíos podrías enfrentar como miembro de esas iglesias? Luego, aparte de todos estos factores que complican las cosas, está el que más las complica: nuestro corazón. ¿Por qué queremos irnos? ¿Son nuestros motivos realmente respetables?

Cada uno de estos factores debe ser considerado y sopesado detenidamente para irnos bien de una iglesia, de una forma que verdaderamente honre al Señor y edifique a su pueblo aquí en la tierra. Ese es el objetivo de esta guía de habilidades para la vida. A continuación dividiremos el proceso en cuatro partes. Primero examinaremos nuestro corazón para asegurarnos de tener la conciencia tranquila ante el Señor. Después dilucidaremos nuestro(s) motivo(s) principal(es), a fin de poder determinar los pasos adecuados para irnos bien de una iglesia. Luego abordaremos el modo de comunicar nuestra decisión. Y, finalmente, empezaremos a desarrollar una expectativa más clara de cómo cambiarán (y deberán cambiar) nuestras relaciones cuando ya nos hayamos ido.

Casi siempre es muy difícil y complicado irse de una iglesia, pero alabado sea Dios, pues Él también es fiel. No es solamente el Dios de tu iglesia, sino de todas, y nos ha llamado a la comunión cristiana con su Hijo, Jesucristo (1 Co 1:9). Por tanto, podemos confiar en que, durante este arduo proceso de transición entre iglesias, Dios nos guiará, y hasta nos moldeará a imagen de Cristo. Comencemos.

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