#62 Dinero y matrimonio: cómo armonizar las finanzas con tu cónyuge
INTRODUCCIÓN
Crecí en un hogar roto. Mi padre no estaba presente y nos quedamos solos para valernos por nosotros mismos. De niño, observaba a mi mamá trabajar de 14 a 16 horas por día como camarera, no solo para sobrevivir, sino también para ahorrar el dinero suficiente para comprar
la franquicia de 7-Eleven. Una vez que lo logró, siguió trabajando muchas horas para que el negocio despegara. El gasto más grande era el de los salarios, así que ahorró dinero trabajando sola.
El estrés y la carga afectaron a mi mamá tanto física como emocionalmente. Esa tensión se trasladó al resto de la familia. La ansiedad y la inestabilidad nos afectaban mucho a mi hermana y a mí. Haber experimentado ese tipo de escasez me hizo prometerme que mi propia familia nunca atravesaría la misma situación.
En cambio, mi esposa Katie creció en un hogar cristiano estable. Es una de seis hijos. Tal vez no se pueda decir que creció rodeada de «abundancia», pero sus necesidades siempre fueron satisfechas. Sus padres eran generosos con los recursos que tenían. Luego de que nos casamos, el padre de Katie, Phil Davis, nos alquiló su propiedad de inversión por muchos menos del de mercado, porque quería ayudarnos a ahorrar para tener nuestra propia casa. Luego de ahorrar por un año, pudimos obtener una hipoteca y comprarnos nuestra primera casa.
Se podría decir que mi esposa y yo venimos de hogares muy diferentes. No fue fácil para nosotros resolver nuestras finanzas a principios de nuestro matrimonio.
Después de todo, las finanzas no se tratan solo de dólares y centavos. A menudo están relacionadas con los valores, las prioridades y los contextos familiares —incluso con heridas emocionales profundas. ¿Cómo planifican y presupuestan dos personas con historias diferentes? ¿Cómo vemos los gastos y los ahorros? ¿Cuánta deuda trae cada uno al matrimonio, y cuántas deudas contraemos juntos? ¿Cómo administramos todo? ¿Y qué le enseñamos a nuestros hijos sobre el dinero?
Estas son preguntas válidas. Esta guía pretende ayudarte a ti y a tu cónyuge a responderlas juntos —con sabiduría práctica y principios bíblicos— para que puedan alinear no solo sus finanzas, sino también sus corazones.
Comprendiendo las finanzas
El dinero suele ser un tema tabú en la iglesia y entre cristianos. Es un tema del que casi nunca hablamos. ¿Por qué sucede esto? Creo que la reticencia de los cristianos a hablar sobre dinero con frecuencia tiene que ver con los telepredicadores: embaucadores que manipulan a la gente para que les den dinero usando su autoridad espiritual. Además de esto, el mundo suele tener una mala impresión cuando asisten a una iglesia y se colecta dinero. Para los no cristianos, parece ser que las iglesias y los cristianos siempre están pidiendo dinero.
Otro motivo por el cual los cristianos son tan delicados con el tema del dinero es por el movimiento del «evangelio de la prosperidad». Este movimiento entiende la bendición financiera y el bienestar físico como la voluntad eterna de Dios para sus seguidores. Esto no es cierto. Puedes observar la vida de Jesús y sus apóstoles para notar que el sufrimiento es una parte normal de la vida cristiana. La mayoría de los cristianos sabe que el evangelio de la prosperidad es una doctrina falsa, por eso suelen evitar los pasajes que prometen prosperidad por miedo a ser cautivados por este movimiento.
Una última razón por la cual los cristianos consideran el dinero como un tema tabú es que, culturalmente hablando, solemos ver el dinero como un «asunto privado». Nuestro individualismo obstinado dice «¡Nadie puede decirme qué hacer con mi dinero!», pero eso es algo más estadounidense que bíblico.
Como resultado, la iglesia y los cristianos en general han sido reacios a hablar sobre dinero. ¿A cuántos grupos de rendición de cuentas has asistido donde te han preguntado cómo estás administrando tu dinero? Supongo que no a muchos.
Esta reticencia a hablar sobre el dinero es extraña, ya que la Biblia en realidad habla muchísimo sobre el tema. Eso significa que los cristianos pueden y deberían abrir sus Biblias para obtener sabiduría sobre cómo manejar sus finanzas. Una de las formas en las que podemos cultivar esta sabiduría es hablando con los demás sobre lo que dice la Biblia.
En nuestro mundo contemporáneo, solemos asociar las finanzas con el dinero, las matemáticas o el manejo de recursos. Desde una perspectiva bíblica, se trata de administración, confianza y adoración. Por lo tanto, es mejor resignificar las finanzas no solo como la gestión de activos personales, sino como una responsabilidad relacional. Como pareja, las finanzas no son solo una herramienta para asegurar tu estilo de vida: son un llamado compartido a honrar a Dios juntos.
Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué mensajes o lecciones recibiste sobre el dinero al crecer?
- ¿De qué forma tu familia de origen moldeó tus hábitos actuales con el dinero?
- ¿Qué miedos o suposiciones no verbalizadas podrían estar influyendo en sus decisiones financieras como pareja?.
Audioguía
Audio#62 Dinero y matrimonio: cómo armonizar las finanzas con tu cónyuge
1 Marco bíblico
Él es dueño de todo
El salmista dice: «Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella» (Sal 24:1a). Pablo le dice a Timoteo: «Porque nada trajimos a este mundo y nada podemos llevarnos» (1 Tm 6:7). Reconocer que el Señor es dueño de todo debería liberarnos de la necesidad de controlar, de la obsesión por las ganancias materiales y del miedo al fracaso. Si todo le pertenece a Dios, somos más bien administradores de lo que Él nos ha dado, no dueños. Es por esto que debemos ser administradores fieles (1 Co 4:2).
La bondad de la riqueza
Además, la Biblia a menudo habla de las finanzas e incluso de la riqueza de forma positiva. Si es algo que Dios creó, es bueno. A continuación, te presento algunas formas en las que la riqueza es vista de manera positiva en las Escrituras:
- A veces la riqueza es un signo de la bendición de Dios. Dios, de hecho, bendice a las personas con riqueza.
Conmigo están las riquezas y la honra, los bienes duraderos y la justicia (Pr 8:18).
La bendición del Señor trae riquezas que no vienen acompañadas de tristezas (Pr 10:22).
- La riqueza también puede ser signo de una vida sabia. La implementación de la sabiduría en el manejo de tus bienes puede colocarte en un buen terreno financiero.
La corona del sabio es su riqueza; la de los necios, su necedad
(Pr 14:24).
La riqueza es un regalo de Dios para nosotros. Es el reflejo de la bondad de Dios hacia su pueblo y, como cualquier regalo, puede ser distorsionada, mal utilizada y convertirse en un ídolo. Para evitar que esto último suceda, es necesario reconocer las limitaciones de la riqueza.
Las limitaciones de la riqueza
A la luz de la eternidad, la riqueza en esta vida viene acompañada de serias limitaciones. Estas son algunas que se mencionan en la Biblia:
- El dinero no puede librar a nadie de la ira de Dios.
En el día de la ira de nada sirve ser rico, pero la justicia libra de la muerte (Pr 11:4).
Jesús le dice a la iglesia en Laodicea: «Dices: “Soy rico, me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de cuán infeliz y miserable, pobre, ciego y desnudo eres tú» (Ap 3:17).
- El dinero es temporal.
[P]ues las riquezas no son eternas ni la corona está siempre segura (Pr 27:24).
El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de su alta dignidad; y el rico, de su humilde condición. Porque el rico pasará como la flor del campo. El sol, cuando sale, seca la planta con su calor abrasador. A esta se le cae la flor y pierde su belleza. Así se marchitará también el rico en todas sus empresas (St 1:9-11).
- El dinero no es nuestro fin último.
El que confía en sus riquezas se marchita, pero el justo se renueva como el follaje (Pr 11:28).
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todas estas cosas les serán añadidas (Mt 6:33).
Administración
La palabra «mánager» es un término moderno. La Biblia denomina «administradores» o «encargados» (1 Co 4:2) a lo que hoy en día entendemos por mánagers. En esencia, son lo mismo. Pero si tuviera que ofrecer una definición de «administradores» diría que son los encargados fieles de los recursos de Dios, confiados a ellos para sus propósitos, para ser usados de formas que lo glorifiquen a Él al bendecir a otros. Sin importar qué nos dé el Señor, Él nos lo confía por un tiempo. Hay un peso y una responsabilidad que deben sentir todos los creyentes, porque seremos juzgados por cómo usemos los recursos que recibimos (Lc 12:42-48; Rm 14:12).
¿Por qué Dios nos designa como administradores? Bueno, encargarnos de sus regalos es una parte fundamental de nuestro discipulado espiritual. En el principio, Dios creó a la humanidad a su imagen y nos dio dominio sobre su creación (Gn 1:26-28). El hombre estaba a cargo de todo lo que Dios creó. Además, el hombre debía dar gloria a Dios cuidando cada aspecto de la creación. Haciéndonos administradores de lo que creó, Dios nos invita a imitar su sabiduría, cuidado y generosidad. Nos creó para ser participantes activos en su obra. Unirnos a Él en esto es una forma en la que construye nuestro carácter y nos hace más semejantes a Él (Lc 16:10).
Recuerda que mencionamos que las finanzas son una responsabilidad relacional. Al ser administradores, aprendemos a confiar en Dios ya sea que tengamos poco o mucho. Somos capacitados para alinear nuestros corazones con sus propósitos y prioridades. Es un aspecto de nuestra relación con el Señor. Dios es un Padre amoroso que confía pequeñas tareas a sus hijos para ayudarlos a aprender sobre la responsabilidad y cultivar la intimidad con Él. ¿Cuál es la promesa de Dios? Él nos guiará en nuestro proceso de crecimiento para nuestro bien. A medida que lo hace, debemos proveer para nuestra familia (1 Tm 5:8), dar con generosidad a los demás (2 Co 9:7), apoyar el ministerio del evangelio en nuestra iglesia (Flp 4:15-17), e invertir en la eternidad (Mt 6:19-21).
Preguntas para reflexionar:
- ¿De qué manera reconocer a Dios como dueño de todas las cosas cambia tu perspectiva sobre lo que «posees»?
- ¿Cómo te enseñaron a pensar sobre el dinero? ¿Es algo tabú?
- ¿Quién ha sido un ejemplo de buena administración financiera para ti?
- ¿Alguna vez te has sentido tentado a idolatrar la riqueza?
2 Objetivos financieros
para parejas cristianas
Él es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para ser en todo el primero. Colosenses 1:18.
Temer y honrar a Dios primero
¿Qué objetivos debería tener un matrimonio para sus finanzas? Creo que es una excelente pregunta. En primer lugar, debemos estar motivados por el temor del Señor y el deseo de honrarlo primero. Salomón escribe: «Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo» (Pr 3:9-10). Pero ¿cómo honramos a Dios con nuestro dinero?
Lo primero que debemos notar es que solo honramos a Dios con nuestro dinero cuando le confiamos todas nuestras necesidades. Antes de que Salomón escribiera el versículo de los primeros frutos, escribió: «Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas» (Pr 3:5-6).
El mandato de confiar en Dios «de todo corazón» significa que debemos entregarnos por completo a su cuidado. En otras palabras, debemos confiar en Dios más que en nuestro dinero. Salomón nos dice que debemos creer en que Dios es quien dice que es. Eso quiere decir creer que Él puede satisfacer todas nuestras necesidades. Debemos confiar en el carácter de Dios y creer en sus promesas. Por ejemplo, cuando Dios dice que no nos dejará ni nos abandonará, ¡deberíamos confiar en que esto es cierto!
Una de las formas en las que podemos mostrar gratitud hacia Dios y confianza en Él es dando de forma generosa a nuestra iglesia y a los demás. No debemos donar por culpa o por compulsión, sino desde un lugar de alegría, libertad y amor por Dios y por nuestro prójimo. Nuestras donaciones deben hacerse para reconocer que Dios mismo ha sido generoso con nosotros. Considera este pasaje del apóstol Pablo:
Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque en esa esperanza fuimos salvados (Rm 8:23-24a).
Los «primeros frutos del Espíritu» son la «primera cuota» de la salvación y la promesa que garantiza nuestra redención definitiva al final de esta era. Pablo escribió en otra carta:
En Él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria (Ef 1:13-14).
Una «primera cuota» quiere decir que hay más cuotas por venir. Dios nos ha justificado y preservado, y ha prometido glorificarnos en el mundo por venir. Nuestra justificación se da por medio del perdón de nuestros pecados a través de la sangre derramada de Cristo. Nuestra preservación se da por medio del sello del Espíritu Santo. Recibiremos glorificación en el futuro cuando estemos en presencia de Dios. Él ha sido generoso y misericordioso con nosotros. Reconocemos la generosidad de Dios honrándolo con nuestros «primeros frutos». Entonces, sin importar qué tipo de ingresos recibas, honra primero a Dios con ellos.
La tacañería frena el progreso
Comparemos el honrar a Dios primero con la tacañería. Parte de haber sido creados a imagen de Dios es tener libre albedrío moral. Por «libre albedrío» me refiero a la capacidad de una persona para tomar decisiones en la medida que sea posible, hacer que sucedan cosas en el mundo y efectuar o impedir cambios en él. La generosidad, por definición, es una forma de libre albedrío. Cuando damos, estamos interviniendo en las circunstancias de algo o de alguien más con recursos para hacer el bien. Cuando damos como pareja o individualmente, reflejamos la generosidad de Dios. ¿Por qué damos? Bueno, en parte, damos para prosperar más. Sí, damos para la gloria de Dios. Y sí, damos para beneficiar a los demás. Pero hay aún más. Cuando obedecemos a Dios y seguimos su ejemplo de generosidad, esto contribuye a nuestro bien, ¡a nuestra prosperidad! El mundo piensa que es mejor que las parejas usen toda su riqueza en sí mismos para prosperar, pero de hecho, la lógica de la Biblia es lo opuesto. ¡Nuestros matrimonios crecen cuando damos!
Compara esto con las personas que piensan «No puedo hacer una diferencia en el mundo» o «No importa lo que yo haga». No hay esperanza o propósito en ese sentimiento. Las personas que viven en un mundo percibido de escasez, deficiencia e inseguridad tienden a acumular cosas. Esto resulta en un empobrecimiento de otro tipo, es decir, sentirse ansiosos, vulnerables e insatisfechos. El pueblo de Dios no debería ser así. Dios es «rico en misericordia» (Ef 2:4). Ser personas redimidas hechas a imagen de Dios nos da propósito y significado. Entonces, nuestras decisiones importan, al igual que nuestras donaciones, que tienen impacto en la eternidad.
Mi hijo, Gabriel, es adoptado. Como tal vez ya sabes, la adopción es muy cara. Pagamos una parte de los costos, pero a través de la generosidad de otras personas, esa carga financiera se alivianó mucho. Puede que la adopción ni siquiera hubiese sido una posibilidad para nosotros si no fuera por la generosidad de otros. La adopción cambió la vida de Gabriel, y él cambió la vida de nuestra familia. Ahora, Gabriel es miembro de una familia donde es amado, cuidado y donde escucha el evangelio todos los días. ¿Ves cómo la generosidad puede causar tan fácilmente un impacto eterno? Espero que sintamos la magnitud de eso. Cuando damos con sacrificio, expulsamos la codicia y el egoísmo de nuestros corazones y profundizamos nuestra capacidad de amar a los demás. El acto de dar combate el consumismo y la pereza egoísta.
Ahorra con sabiduría y diligencia
Antes de que pienses «mi cónyuge y yo debemos donar todo lo que tenemos», seamos sabios en nuestro enfoque respecto de la riqueza y las posesiones. Necesitamos ser equilibrados y holísticos en nuestra perspectiva de la riqueza. Podemos donar todo y sentirnos «espirituales» o «piadosos», pero si terminamos socavando nuestros demás encargos, puede que haya sido una tontería. Pablo le dice a Timoteo que provea para los suyos. Si no lo hace, niega la fe y es «peor que un incrédulo» (1 Tm 5:8). ¿Puedes pensar en una acusación más grave que «has negado la fe y eres peor que un incrédulo»? Ahorrar para tu familia no es egoísta; es sabio. Nuevamente, Salomón escribe: «El hijo prevenido se abastece en el verano, pero el sinvergüenza duerme en tiempo de cosecha» (Pr 10:5).
¿De qué forma el dinero nos ayuda a proveer para nuestras familias? Bueno, el dinero puede brindar protección: «La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina» (Pr 10:15).
Todo el tiempo tenemos gastos inesperados. Tenemos problemas de plomería, nuestros neumáticos se gastan, las cosas se rompen. Aun así, muchos de nosotros no planificamos para afrontar estos imprevistos, a pesar de que sabemos bien que debemos esperar lo inesperado. También enfrentamos crisis: gastos médicos inesperados, pérdida del trabajo o la bancarrota, por ejemplo. Deberías ahorrar para protegerte de estas situaciones y construir tu «ciudad fuerte». Hacerlo forma parte de proveer. ¿Sabes que tú y tu cónyuge son responsables por ustedes mismos y por sus hijos en estas situaciones? Es así. Deberían ser sabios y ahorrar algo de dinero. Sí, ahorrar es trabajoso, ¡pero es un trabajo sabio!
La Biblia también usa a la creación como ejemplo del ahorro prudente. Proverbios 6:6-8 dice:
¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga!
¡Fíjate en lo que hace y adquiere sabiduría!
No tiene quien la mande
ni quien la vigile ni gobierne;
con todo, en el verano almacena provisiones
y durante la cosecha recoge alimentos.
La hormiga no piensa en sus objetivos financieros ni planifica su retiro. Simplemente se prepara para lo que pueda venir. Proverbios nos muestra la sabiduría que hay en la preparación intencional y consistente. Una hormiga puede planear con anticipación sin excusas. ¿Cuánto más deberíamos nosotros, hechos a imagen de Dios, prepararnos con diligencia y prudencia?
Gasta con discernimiento e integridad
Ahorrar requiere de diligencia y disciplina, sin embargo, no es nuestro objetivo final. No ahorramos solo para acumular riquezas. Ahorramos para poder vivir de forma sabia, dar con generosidad y gastar con discernimiento.
La manera en la que gastamos lo que ahorramos es igual de importante. De hecho, nuestros gastos suelen revelar más sobre nuestros corazones que nuestros presupuestos. Si ahorrar es una prueba de autocontrol, gastar es una prueba de carácter. Analicemos a continuación la forma en la que Proverbios nos desafía a abordar los gastos con sabiduría y propósito.
Salomón escribió: «Conmigo [la sabiduría] están las riquezas y la honra, los bienes duraderos y la justicia» (Pr 8:18). Debemos buscar la sabiduría para que la riqueza nos «dure». Necesitarás sabiduría y entendimiento para gastar de forma inteligente. Observa cómo se describe a la mujer ejemplar en relación con el manejo de la riqueza:
Se complace en la prosperidad de sus negocios; no se apaga su lámpara en la noche. Con sus manos sostiene el telar y con sus dedos maneja el hilo. Tiende la mano al pobre y con ella sostiene al necesitado (Pr 31:18-20).
Tiene discernimiento y conoce el mercado y el valor de su producto. Además, no solamente obtiene ganancias, también «tiende la mano al pobre».
La sabiduría nos conduce a la riqueza «duradera», por otro lado, la pereza y el comportamiento necio nos llevan a la pobreza. «Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos diligentes atraen riquezas» (Pr 10:4).
La necedad o el gasto imprudente puede incluir intentar mantener las apariencias sociales, usar las compras compulsivas como mecanismo de escape, la indolencia pecaminosa, vivir por encima de las propias posibilidades o dejarse llevar por el materialismo y contraer grandes deudas. Así lo afirmó Salomón: «El que ama el placer se quedará en la pobreza; el que ama el vino y los perfumes jamás será rico» (Pr 21:17).
Esto no significa que no podamos tener cosas bonitas o irnos de vacaciones y crear maravillosos recuerdos. No obstante, si vivimos por encima de nuestras posibilidades, cruzamos la línea de sabios a necios.
En resumen, un enfoque bíblico del dinero quiere decir que honramos a Dios primero, ahorramos con sabiduría y gastamos con discernimiento. Comenzamos por honrar a Dios con nuestros primeros frutos —no como una idea de último momento, sino como una declaración de confianza. Luego, ahorramos, no por miedo o para acumular, sino con sabiduría y propósito, porque somos administradores, no consumidores. Por último, gastamos con intención, sabiendo que cada dólar es un reflejo de lo que valoramos. El sacrificio, el ahorro y el gasto no son solo categorías financieras: son disciplinas espirituales que revelan a quién o qué adoramos realmente.
Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué quiere decir temer a Dios con nuestras finanzas?
- Cuéntale a tu mentor sobre una ocasión en la que hayas sido tacaño con tus recursos. ¿Funcionó o no?
- ¿Cómo abordabas el ahorro antes de casarte? ¿Y dentro del matrimonio?
- ¿De qué manera gastar dinero revela quiénes somos y qué adoramos?
3 La unidad financiera en el matrimonio
Hemos analizado lo que la Biblia dice que debería moldear nuestros objetivos financieros como cristianos: honrar a Dios primero, temerle a Él por sobre el dinero, ahorrar con sabiduría y gastar con discernimiento. Estos objetivos no solo son personales, sino compartidos.
Sin embargo, la verdad es que no importa qué tan buena sea tu teología del dinero si tú y tu cónyuge no la comparten.
Puedes tener el mejor presupuesto y las mejores intenciones, pero si están yendo en direcciones diferentes, no solo el plan fallará, sino que también creará fricción y conflicto. En un matrimonio, las finanzas nunca tienen que ver solo con números. Tienen que ver con la confianza, la transparencia, la unidad y los valores. Entonces, ahora abordaremos la siguiente pregunta: ¿cómo ponemos esto en práctica juntos?
Uno solo, una cuenta bancaria
Génesis 2:24 dice: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y los dos llegarán a ser uno solo». Esto describe el pacto profundo entre un esposo y una esposa, en el que dos individuos diferentes se unen de forma física, emocional y espiritual en una nueva unidad inseparable.
Esto significa que ya no operan como dos individuos compitiendo entre sí, sino que son un equipo unido que comparten su propósito, sus responsabilidades y sus vidas bajo el diseño de Dios. No creo que la Biblia diga necesariamente que tener cuentas bancarias separadas sea pecaminoso. Puede que haya buenas razones para tenerlas, por ejemplo, si un cónyuge tiene su propio negocio y necesita una cuenta aparte para llevar un registro de este. En términos generales, creo que no es sabio que un matrimonio tenga cuentas separadas.
Si llegan a ser «uno solo», compañeros inseparables, esto debería incluir las finanzas, especialmente dado que la Biblia a menudo identifica nuestro dinero con lo que más nos importa. Es comprensible que exista tensión entre la transparencia y la autonomía, pero analicemos algunos datos.
En el libro de Brad Wilcox, Get married (Cásate), él sostiene que las parejas que unificaban sus finanzas tenían más de un 20 % menos de probabilidades de divorciarse que aquellas que mantenían sus finanzas por separado. Además, varias fuentes indican que las cuentas bancarias conjuntas se correlacionan con tasas de divorcio más bajas y una mayor satisfacción en el matrimonio (por ej., el Institute of Family Studies [Instituto de Estudios de la Familia]). Estos datos muestran con claridad que unificar las cuentas se traduce en mejores resultados a largo plazo.
Ahora bien, no hay nada mágico en compartir una cuenta bancaria. No es una solución milagrosa para la felicidad conyugal. Sin embargo, facilita la transparencia y obliga a tener una perspectiva común sobre las finanzas que mejora y protege las relaciones. Cuando Génesis habla de llegar a ser «uno solo» probablemente se refiere a la intimidad del matrimonio, ¡pero una cuenta bancaria conjunta es el paso siguiente!
Si no estás seguro de unir por completo las cuentas, piensa que no se trata de controlar ni de supervisarse mutuamente. Sigue habiendo espacio para la discreción personal, como tener una cantidad establecida para que cada cónyuge gaste libremente. A fin de cuentas, la forma en la que se gasta el dinero es diferente para cada pareja, pero también debería haber visibilidad compartida. No tienes que pedir permiso para cada compra, pero sí deberías poder ver qué está sucediendo en todo momento. Recuerda que en un matrimonio cristiano, la unidad no es uniformidad. Significa que estamos trabajando de acuerdo con la misma visión y administrando el dinero de Dios juntos con honestidad y cuidado.
Una cuenta conjunta crea el contexto para este tipo de administración compartida, y tanto las investigaciones como las Escrituras afirman que esto conduce a matrimonios más fuertes y sanos.
Comunicación financiera
En resumen, este es el punto: tienen que hablar entre ustedes sobre dinero. Sé que esta afirmación puede parecer innecesaria, pero muchas parejas tienen problemas simplemente porque no se comunican entre sí ni establecen metas claras.
Puede que aun compartiendo una cuenta bancaria, los cónyuges no tengan unidad financiera. Pueden ser «uno solo» y de igual forma ignorar los miedos, hábitos y objetivos financieros del otro. Cuando hablan, es importante tener en mente cuáles son sus preocupaciones. Escucha para comprender a tu cónyuge. Esto no significa que estarás de acuerdo con lo que dice, pero no pueden alcanzar la unidad hasta que se entiendan. El apóstol Santiago no estaba pensando necesariamente en el dinero, pero sus palabras aplican al ámbito del matrimonio y las finanzas. Escribió: «Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse; pues el enojo de una persona no produce la vida justa que Dios quiere» (St 1:19b-20).
Al comunicarse con el otro surgirán miedos, hábitos y problemas de la familia de origen. Puede que esto te resulte extraño y no sepas cómo reaccionar al principio. Debes saber que es completamente normal. Oren juntos cuando esto suceda. Antes de expresar una opinión o respuesta, intenta reformular lo que oíste de tu cónyuge. Ten cuidado de representar de forma justa sus miedos y preocupaciones. Esto le ayudará mucho a no ponerse a la defensiva y a traer claridad a la situación. Lo que ambos desean es que estas conversaciones traigan luz al asunto, no que se pongan acaloradas. Otra cosa útil es programar un momento de planificación. Para algunas parejas, esto deberá hacerse con frecuencia. A medida que vayan mejorando en seguir un plan, descubrirán que necesitarán menos reuniones, pero llegar a eso requiere esfuerzo.
Alinear los valores y la visión
Donde no hay visión, el pueblo se extravía (Pr 29:18a).
Las conversaciones sobre el dinero no se tratan solo de números, se tratan de valores. Lo que gastamos, ahorramos y donamos revela qué nos importa más. Una vez que aprendemos a hablar abiertamente, el siguiente paso es preguntar: ¿Estamos apuntando a las mismas cosas? ¿Nuestros valores están alineados? ¿Tenemos una visión compartida para nuestra vida juntos o solo sobrevivimos de sueldo a sueldo? Esto es importante porque las parejas que alinean sus valores pueden alinear su visión, y las parejas que comparten su visión pueden caminar en unidad.
En general, hay dos personalidades en lo que respecta al dinero: llamémoslas el gastador y el ahorrador. A medida que trabajas para tener una visión alineada con la de tu cónyuge, es útil tener en mente con cuál te identificas tú y con cuál tu pareja. Es decir, en una relación, suele haber una persona más gastadora y otra más ahorradora. Es probable que muchos de los conflictos se den debido a esta diferencia. Dave Ramsey usa los términos «nerd» (el ahorrador) y «espíritu libre» (el gastador).
Creo que esa diferencia es útil, pero usemos imágenes bíblicas para describir esta dinámica. El ahorrador es como la hormiga en Proverbios. «¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace y adquiere sabiduría! No tiene quien la mande ni quien la vigile ni gobierne; con todo, en el verano almacena provisiones y durante la cosecha recoge alimentos» (Pr 6:6-8). La lección aquí es que la hormiga encarna la previsión, la disciplina y la preparación. Esto refleja el instinto del ahorrador para guardar reservas, evitar las deudas y prepararse para temporadas de escasez. Estos atributos son buenos, pero, al mismo tiempo, el ahorrador tiende a acumular o poner su seguridad en los ahorros en lugar de en Dios.
La imagen bíblica del gastador es la del «ave del cielo». Jesús dijo: «Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan, ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?» (Mt 6:26). El ave representa la confianza en la provisión de Dios y la libertad de la ansiedad por las necesidades materiales. Esto refleja la capacidad del gastador para disfrutar lo que Dios le ha dado y vivir el momento. Aunque es maravilloso disfrutar los regalos de Dios, el gastador tiende a comportarse de forma impulsiva o negarse a planificar para el futuro.
Una de las tareas que tienen todos los matrimonios es equilibrar cuán ahorradores y cuán gastadores son. La hormiga, sin la fe del ave, puede estar ansiosa, ser mezquina y tacaña. El ave, sin la sabiduría de la hormiga, puede ser impulsiva y vivir sin preparación. Otra vez, hallamos útiles las palabras de Salomón, quien escribe: «Bueno es agarrar esto sin soltar aquello. Quien teme a Dios evitará los extremos» (Ec 7:18).
Un matrimonio se beneficia cuando el ahorrador aprende a dar con alegría y el gastador aprende a controlarse con sabiduría. Juntos, reflejan prudencia y confianza. La clave en el proceso de alinear sus valores y visión es reconocer que se necesitan el uno al otro.
¿Por dónde empezar?
En primer lugar, comiencen por preparar un presupuesto. Todos los programas o planes financieros te dirán esto. Pueden tener su presupuesto en papel, en una hoja de cálculo de Excel
o en una aplicación móvil. No importa. El punto es tener algo visible. Necesitan ver sus ingresos y gastos. Si están teniendo problemas financieros, tener un presupuesto les ayudará a identificar si es un problema de ingresos o de gastos. A veces, puede tratarse de ambos. No hay forma de dirigir su dinero si no saben a dónde se está yendo.
Una vez que tengan esto claro, es momento de dirigir su dinero a donde quieren que vaya. Esto se llama «presupuesto base cero», en el que se «ponen a cero» los ingresos asignándole a cada dólar un destino concreto (ahorros, deudas, etc.).
Si su problema es que gastan más de lo que ganan, un presupuesto los ayudará a ver qué gastos pueden recortar. Sin embargo, es importante observar que gastar de más puede causar conflictos con facilidad. Puede que te enojes con tu cónyuge por gastar mucho y ser descuidado con el dinero. Es aquí en donde el evangelio es fundamental. Necesitamos ser bondadosos y compasivos unos con otros y perdonarnos mutuamente, así como Dios nos perdonó en Cristo (Ef 4:32). Si ambos están comprometidos a avanzar con un plan, esta es una oportunidad para brindarse gracia entre ustedes y crear valor en su relación a medida que aclaran sus hábitos de gasto.
Luego de obtener claridad sobre los ingresos familiares y cómo están gastando esos ingresos, pueden comenzar a compartir objetivos financieros como pareja. Pueden hablar de donaciones, planear sus retiros o reducir sus deudas. En este momento, tu cónyuge y tú se pondrán de acuerdo en cuanto a qué les importa más. Un paso hacia la unidad financiera en el matrimonio es desarrollar una misión y un propósito compartido. Sus decisiones financieras se toman para servir a esa misión.
Estos son algunos ejemplos de propósitos financieros compartidos en el matrimonio:
- «Queremos vivir de forma simple para dar con generosidad».
- «Queremos tener un margen financiero para pasar más tiempo con nuestros hijos».
- «Queremos vivir sin deudas para estar disponibles para el ministerio o para las misiones».
- «Queremos ser un ejemplo de administración y felicidad para nuestros hijos».
Si tienen un propósito compartido, pueden evitar conflictos y decisiones financieras que se convierten en discusiones como: «¿Por qué estás ahorrando tanto? ¿Por qué no podemos hacer ese viaje? ¿Por qué no [inserte cualquier cosa]?». Dios tiene un propósito para su matrimonio,
y su dinero debe servir a ese propósito.
Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué queremos que diga nuestro dinero sobre nosotros?
- ¿Qué tipo de vida nos sentimos llamados a vivir?
- ¿Qué prioridades del reino deberían guiar nuestras finanzas?
4 Desafíos comunes y sabiduría bíblica
Hemos analizado algunos de los objetivos financieros que deberían dar forma a toda pareja cristiana: honrar a Dios primero, ahorrar con sabiduría y gastar con discernimiento. Estas son metas buenas y bíblicas. Pero seamos honestos: solo porque sabemos lo que deberíamos hacer no significa que siempre lo hagamos.
La vida es complicada. Las emergencias nos toman por sorpresa. Nos endeudamos. Luchamos con el miedo y el egoísmo. A veces es porque nunca aprendimos cómo administrar el dinero con sabiduría, y otras veces es porque tomamos decisiones de las que nos arrepentimos. Tal vez ni siquiera sepas por dónde empezar. Esto puede ser abrumador, o incluso darte vergüenza.
Esta próxima sección no trata sobre la vergüenza, sino sobre la gracia y el crecimiento. Dios nos habla de los aspectos reales y crudos del estrés financiero y el desequilibrio en nuestras vidas. La belleza de Proverbios —y de toda la Biblia— es que no nos da solo ideales. Nos da sabiduría para cuando nos equivocamos y orientación en cuanto a cómo avanzar.
Hablemos de algunos de los desafíos financieros comunes que enfrentan las parejas y de cómo la Palabra de Dios nos da sabiduría para enfrentarlos, no con culpa, sino con esperanza.
Construye un fondo de emergencia
El prudente ve el peligro y busca refugio; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias (Pr 22:3).
Las emergencias no dan previo aviso. Todo el tiempo surgen cosas. Recuerda que ahorrar dinero no se trata de acumular o de ser egoístas, sino de saber administrar y prepararse. En cuanto a los objetivos financieros, se necesita un propósito claro. Cuando estés ahorrando para un fondo de emergencia, necesitas reconocer que ese dinero no es para irte de vacaciones o para divertirte. Es dinero destinado concretamente a las emergencias.
¿Cuánto deberíamos ahorrar?
Como guía general, se recomienda comenzar ahorrando al menos 1 000 dólares. La clave para tener éxito financiero no es tomar una decisión, sino una serie de decisiones. Con el tiempo, pueden seguir aumentando su fondo de emergencia. El siguiente objetivo puede ser ahorrar un monto que cubra de 3 a 6 meses de sus gastos básicos. Puede que eso parezca mucho, pero comiencen con cantidades pequeñas y sean consistentes, ya que «quien ahorra, poco a poco se enriquece» (Pr 13:11b). Para construir su fondo de emergencia, hagan pagos mínimos de todas sus deudas y destinen todo el excedente a sus ahorros. Una vez que alcancen su objetivo inicial de 1 000 dólares, pueden volver a enfocarse en reducir sus deudas.
Liquidar la deuda
Cuando hablo con las personas sobre finanzas, es claro que la mayoría tiene deudas. Si no tienes ninguna deuda, ya estás un paso adelante.
Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores (Pr 22:7).
Tener una deuda puede ponerte en una posición vulnerable, limitar tu libertad y causarte ansiedad. Deberías evitarlo siempre que sea posible.
No te comprometas por otros ni salgas fiador de deudas ajenas; porque, si no tienes con qué pagar, te quitarán hasta la cama en que duermes (Pr 22:26-27).
En este pasaje, Salomón nos dice que no deberíamos firmar como avalistas, para no comprometernos en exceso. La deuda no es un pecado, pero puede ser una carga muy pesada. Necesitarán evaluar qué tipos de deuda tienen o qué tipos de deuda están dispuestos a contraer.
Primero, comencemos con los tipos de deuda «buena». La hipoteca de la vivienda cuenta como este tipo de deuda. Una hipoteca les permite construir su patrimonio y es un gran activo a largo plazo. A diferencia de los bonos y las acciones, su inversión es una propiedad física. Por supuesto que esa hipoteca debe ser razonable. Los expertos financieros suelen sugerir que la hipoteca represente alrededor del 25 % de sus ingresos mensuales brutos.
Un breve ejemplo puede ser de utilidad. Si el ingreso familiar bruto es de 7 000 dólares al mes, el 25 por ciento de ese ingreso es 1 725 dólares. Según esta regla, la hipoteca total, con impuestos y seguros debería costarles alrededor de 1 725 dólares.
Si la hipoteca excede el 35 % de sus ingresos brutos, puede que sea demasiado elevada. Estas no son reglas rígidas, sino orientaciones que les dan un parámetro por el cual guiarse. Es importante tener en cuenta el costo antes de comprometerse. Puede que valga la pena vivir en una casa más pequeña y experimentar menos estrés.
Otro tipo de deuda «buena» podría ser un préstamo para un automóvil. Sé que existen algunos expertos financieros que están totalmente en contra de esto. Idealmente, si puedes pagar un auto en efectivo, hazlo para evitar endeudarte. Sin embargo, si estás en una situación en la que puedes tomar un préstamo pequeño por un auto decente con una tasa de interés razonable, puede ser sabio hacerlo dependiendo de tus circunstancias. Si no necesitan un auto en absoluto, no saquen el préstamo.
Luego, están los préstamos estudiantiles. Esta es un área gris para mí. En general, invertir en educación puede incrementar los ingresos y las oportunidades, pero no siempre funciona así. Asegúrate de que sea una carrera rentable y que te de oportunidades. No obtengas un título simplemente porque te gusta esa área de estudios. Puedes estudiar eso de forma gratuita en tu tiempo libre. Si vas a sacar un préstamo para estudiar, hazlo con un propósito.
Ahora, hablemos de las deudas malas. Las deudas malas son todas aquellas cosas no esenciales que a menudo se deprecian y tienen altas tasas de interés. Esto incluye la deuda de la tarjeta de crédito, préstamos de día de pago o la compra de objetos de lujo para demostrar estatus social. Muchas personas arriesgan su presente y su futuro al ser impulsivas y comprar sin un plan. Esto se relaciona con nuestra condición espiritual. Si gastas sin control, debes tratar la raíz del problema. ¿Estás satisfecho con el Señor? ¿Estás practicando el autocontrol? ¿Estás actuando con sabiduría?
¿Cómo cancelo mis deudas?
Los malvados piden prestado y no pagan, pero los justos dan con generosidad.
Salmos 37:21.
En primer lugar, reconoce la mala administración, la idolatría o cualquier inseguridad que puedas tener. Luego, no te quedes en la vergüenza. Ora, arrepiéntete y comprométete con una nueva mentalidad. Deja que el Espíritu Santo obre en tu corazón transformando tu mente.
Después de eso, pon manos a la obra. Comienza por hacer una lista de todas tus deudas y crea un plan. Hay varias formas de cancelar las deudas. Está el popular método «bola de nieve», creado por Dave Ramsey. Consiste en cancelar la deuda más pequeña primero mientras realizas los pagos mínimos de las demás. Cuando canceles una, aplica esa cantidad a la siguiente más pequeña. Este método está diseñado para incentivarte. A medida que canceles cada deuda, te sentirás motivado para continuar haciéndolo.
Otra técnica es la del método «avalancha». En este, pagas primero la deuda con la tasa de interés más alta. Esto hace que ahorres más dinero a la larga. Puedes decidir junto a tu cónyuge cuál es el mejor método para ustedes.
Sin importar cuál elijan, deben acordar límites para los gastos y definir con claridad sus necesidades. Recuerden que deben trabajar en equipo. Es una oportunidad para ofrecer gracia y paciencia al otro. Busca comprender los miedos y las ansiedades de tu pareja. Es fácil reconocer tus propios sacrificios, ya que eres tú quien los está haciendo. No obstante, también debes identificar los sacrificios que está haciendo tu cónyuge y apoyarlo en eso.
Invertir con propósito
Cancelar las deudas puede sentirse como librarse de una mochila muy pesada tras haberla acarreado cuesta arriba por una gran colina. Sin embargo, no desperdicies ese dulce alivio. Es momento de pensar en el futuro. Estar libre de deudas es solo una parte del plan financiero. La administración sabia no consiste solo en evitar desastres, sino también en construir el futuro. Se trata de plantar semillas con sabiduría en el presente que luego bendigan a tu familia, tu iglesia y las generaciones venideras. Hablemos de cómo puedes hacer eso con claridad, unidad y confianza en Aquel que guarda tu futuro.
No voy a hablar de cómo funcionan las diferentes herramientas de inversión como las acciones, los bonos y los fondos comunes. Eso va más allá del alcance de esta guía. Cuando uso la palabra «inversión», la uso como un término general que incluye todos los métodos más comunes de invertir. Consulta con un asesor financiero para comprender las especificidades de cada instrumento.
En resumen, debes invertir en algo que idealmente tenga un buen rendimiento (de un 15 % o más). Cuanto antes lo hagas, mejor. Además, si tu lugar de trabajo ofrece algún tipo de programa de aportes equivalentes para el retiro, aprovéchalo. Si no lo estás haciendo, estás rechazando dinero gratis.
A veces la gente me pregunta: «¿Debería cancelar todas mis deudas antes de comenzar a invertir?». La respuesta corta es «no». A menudo, las personas tienen una hipoteca a la vez que invierten en sus cuentas de retiro. Sin embargo, la respuesta a esa pregunta variará dependiendo de tu situación particular. Puedes ponerse como objetivo pagar el 75 % de tus deudas de consumo antes de invertir. Puedes elegir un porcentaje diferente. Es una cuestión de sabiduría; por lo tanto, es una decisión subjetiva. Si los pagos mínimos de todas las deudas te dejan un margen muy acotado, probablemente no sea momento de invertir aún. Eso debería motivarte aún más a cancelar las deudas lo antes posible.
Dejar un legado
El hombre de bien deja herencia a sus nietos; las riquezas del pecador se quedan para los justos (Pr 13:22).
Toda pareja deja un legado. La pregunta no es si lo haremos, más bien qué tipo de legado dejaremos. No se trata solo de dejar dinero o propiedades, sino de dejar valores, fe y una forma de vida que refleje el corazón de Dios.
Un legado bíblico no solo dice: «Tuve lo suficiente para mí mismo». Dice: «Administré lo que me dio Dios de una forma que bendecirá a los demás aún cuando no esté aquí». Esa bendición comienza en tu hogar y se extiende a tu iglesia, tu comunidad e incluso generaciones que nunca llegarás a conocer.
Cuando mi esposa y yo nos casamos, como la mayoría de las parejas, no teníamos el dinero suficiente para comprar nuestra propia casa. Mi suegro, Phil Davis, nos alquiló su propiedad de inversión a un precio menor al del mercado para que pudiésemos ahorrar para comprarnos una casa. Luego de un año de trabajar duro y ahorrar con diligencia, pudimos comprar una propiedad en la zona.
Casi dieciséis años después, seguimos viviendo en la misma casa. Tenemos cuatro hijos. Mi esposa trabaja, aunque no lo necesita, lo cual es un gran alivio para ella. Suelo pensar en cómo mi suegro perdía dinero cada mes con su propiedad solo para ayudarnos. Lo hizo a la vez que donaba fielmente a su iglesia local, invitaba a los visitantes a almorzar y contribuía con el fondo de beneficencia.
Falleció de forma trágica en un accidente vehicular en mayo de 2020. Sin embargo, como se había preparado bien, mi suegra tuvo todas sus necesidades cubiertas. A menudo pienso en cómo él trabajó duro para cuidar de su familia. Luego de que mi esposa y yo nos casamos, tranquilamente él podría haber dicho: «Ella ya no es mi responsabilidad». Pero nunca pensó de esa manera. En cambio, continuó siendo generoso en cada oportunidad que tuvo.
Su generosidad será recordada por lo siguientes cien años. Me gustaría mucho más tener ese tipo de legado que pasar el resto de mi vida a oscuras sin un plan, constantemente frustrado y preguntándome por qué no puedo progresar.
Tu legado no se mide por el tamaño de tu cuenta bancaria, sino por la profundidad de tu fidelidad. Este es el punto: un legado así no se crea por accidente. Se construye con administración intencional, visión a largo plazo y un corazón que ve el dinero como una herramienta para bendecir, no solo para alcanzar la comodidad personal.
Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una emergencia y no tuviste dinero para resolverla?
- Habla con tu mentor sobre tus deudas. Sé que puede ser aterrador, pero intenta ser honesto. Una vez que eches luz sobre ello, puedes trabajar para eliminarlas.
- ¿Has invertido alguna vez? De ser así, ¿en qué? ¿Tienes inversiones actualmente?
¿De qué manera estás aprendiendo sobre nuevas oportunidades de inversión? - ¿Qué tipo de legado quieres dejar?
Conclusión
Gracias por tomarte el tiempo de leer esta guía. Sé que estás muy ocupado y tu atención está puesta en cientos de otras cosas. El hecho de que te hayas tomado el tiempo para pensar, orar y hablar sobre alinear tus finanzas con las de tu cónyuge dice algo sobre el tipo de futuro que deseas construir.
Oro para que esta guía te ayude a dar pasos prácticos hacia la unidad, la paz y el propósito en su vida financiera juntos. Espero que no solo tengan más dinero en sus cuentas, sino que su matrimonio sea más fuerte, su fe más profunda y su alegría en la provisión de Dios se desborde en generosidad.
Si vas a recordar solo una cosa de estas páginas, que sea lo siguiente: el dinero es temporal, pero la forma en que lo administras puede tener un impacto eterno. Adminístrenlo juntos. Adminístrenlo con sabiduría. Adminístrenlo de forma que honre a Aquel que se los dio en primer lugar.
Que el Señor los bendiga y los guarde, que les de sabiduría para todas sus decisiones y llene su hogar con la paz que solo proviene de seguir su camino, juntos.
Tabla de contenido
- 1 Marco bíblico
- 2 Objetivos financierospara parejas cristianas
- 3 La unidad financiera en el matrimonio
- Puedes tener el mejor presupuesto y las mejores intenciones, pero si están yendo en direcciones diferentes, no solo el plan fallará, sino que también creará fricción y conflicto. En un matrimonio, las finanzas nunca tienen que ver solo con números. Tienen que ver con la confianza, la transparencia, la unidad y los valores. Entonces, ahora abordaremos la siguiente pregunta: ¿cómo ponemos esto en práctica juntos?
- Uno solo, una cuenta bancaria
- Génesis 2:24 dice: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y los dos llegarán a ser uno solo». Esto describe el pacto profundo entre un esposo y una esposa, en el que dos individuos diferentes se unen de forma física, emocional y espiritual en una nueva unidad inseparable.
- Comunicación financiera
- En resumen, este es el punto: tienen que hablar entre ustedes sobre dinero. Sé que esta afirmación puede parecer innecesaria, pero muchas parejas tienen problemas simplemente porque no se comunican entre sí ni establecen metas claras.
- Alinear los valores y la visión
- 4 Desafíos comunes y sabiduría bíblica
- Conclusión