#72 Cómo enfrentar la duda: fortalece tu fe en los momentos difíciles

por Por Rob Kane

Introducción

Yo, como muchos, me he vuelto más escéptico con la edad. La duda es una visita habitual que me controla a diario y sopesa casi todo lo que se me pasa por la mente. La precisión de un pronóstico del tiempo, las afirmaciones de un artículo de Internet, las promesas de un político, la confiabilidad de un compañero de trabajo, los beneficios para la salud de la última moda alimentaria… Todas estas son cuestiones que me rondan constantemente la cabeza. Sin embargo, no creo que eso sea algo que solo me ocurra a mí. Todos luchamos contra la duda.

Para ser justos, muchas de nuestras dudas son razonables. A menudo provienen de años de experiencia vital. Por ejemplo, probablemente sea bueno dudar de los beneficios para la salud de un plátano con moho. Cuestionar las palabras de un falso maestro es un acto de fidelidad. Dudar de la integridad de un estafador es prudencia. No toda duda es mala. En más ocasiones de las que creemos, la duda puede ser una forma de sabiduría.

Pero la duda no debe caracterizarnos a los cristianos. Al fin y al cabo, debemos ser personas de fe: fe en el Salvador crucificado, sepultado, resucitado y ascendido, Jesús Rey. Lucas, ya al inicio de su Evangelio, deja claro su propósito al escribir: «[…] para que llegues a tener plena seguridad de lo que te enseñaron» (Lc 1:4). El cristianismo no consiste en dejarse llevar continuamente por la inseguridad sin saber cuál es nuestra relación con Dios. El cristiano goza de una unión con Dios garantizada por medio de la obra terminada de Cristo. Todo ello se recibe mediante la fe.

En resumidas cuentas, Dios nos llama a buscar descanso con una confianza firme e inquebrantable en quién es Él y en lo que ha cumplido a través de su Hijo. La confianza en Dios nos permite descansar en tiempos difíciles, mientras que dudar de Él conduce a la inquietud.

Es pecado dudar de la obra de Dios. No obstante, dudar de ciertas cosas demuestra sabiduría. Ahora bien, es de necios dudar que lo que dice Dios es verdad. En palabras de Dios: «[…] porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento» (St 1:6).

¿Y qué pasa cuando surgen dudas, no acerca de un político, una fruta pasada o un titular del periódico, sino sobre Dios y lo que Él afirma que es verdad? ¿Qué haces cuando cuestionas aquello en lo que Dios quiere que tengas confianza? ¿Cómo enfrentas la duda?

Aquí comienza esta guía de habilidades para la vida.

La primera parte arroja luz sobre la propia duda definiéndola, descubriendo sus orígenes y buscando su rastro en las Escrituras.

La segunda parte se centra en la respuesta de Dios a nuestra duda. El objetivo es que tengamos claras la paciencia y misericordia de Dios y, en consecuencia, nos sintamos movidos a plantearle nuestros interrogantes cuando surjan.

Finalmente, la tercera parte analiza los métodos que Dios nos provee para pasar de la duda a una fe más fortalecida.

Dios mediante, estos apartados se complementan y conforman una senda clara que seguir cuando se instale la niebla de la duda.

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