#80 Nuevos Comienzos: Reconstruir La Vida Después De Una Desgracia

por Taylor Hartley

Introducción

«¡Taylor! ¡Ven aquí ahora! ¡Necesito ayuda!». Nunca olvidaré cuando oí a mi papá gritar esas palabras. Tenía diez años. Recién habíamos llegado a casa desde Cleveland, donde habíamos comprado una motocicleta de enduro de segunda mano. Esta era una noticia muy importante para mí, ya que tenía un cuatriciclo, y me emocionaba la idea de que mi padre me acompañara a hacer de las nuestras por el bosque de mi abuela. La última vez que había visto a mi papá, se encontraba cargando la batería de la motocicleta en el garaje. Corrí adentro a llamar a mi amigo Evan para contarle la noticia. Mientras estaba adentro, mi papá arrancó la moto, se subió y dio una vuelta por el patio. Fue entonces cuando las cosas salieron muy mal. Al dar la vuelta frente a nuestra casa, la rueda delantera rozó la acera, y mi papá salió despedido de la motocicleta. En ese momento, lo oí gritar: «¡Taylor!».

Cuando salí, encontré a mi papá tirado en la entrada de la casa, incapaz de levantarse. Me dijo que fuera adentro y que llamara a mi mamá de inmediato. En cuestión de minutos, ella y mis abuelos estaban en casa junto a dos paramédicos decididos a llevar a mi papá al hospital lo antes posible. Ese iba a ser el mejor día, pero pronto se convirtió en el peor. Poco después de llegar al hospital, supimos que se había partido la tibia en dos y se había desgarrado tres de los ligamentos principales de la rodilla izquierda. Ese accidente en motocicleta derivó en ocho cirugías, USD 250 000 en gastos médicos, la ejecución hipotecaria de nuestra casa, la consiguiente bancarrota y años de trauma emocional para mis padres y, en consecuencia, para mi hermana y para mí. En un sentido muy real, entonces y especialmente ahora, ese día es recordado como aquel en que nuestra familia enfrentó la ruina. Nunca volveríamos a ser los mismos.

¿Qué hay de ti? ¿Has enfrentado alguna desgracia? Claramente, las desgracias no adoptan una sola forma. Ello depende de nuestra experiencia. Por ejemplo, para mi hijo de veinte meses, acabarse una caja de cereales y que no haya otra es una desgracia. En cambio, los adultos rara vez consideran que terminarse el cereal sea una desgracia. Para ellos, las desgracias tienen que ver con perder algo (o a alguien) irremplazable, recibir un diagnóstico que los cambiará para siempre o experimentar tanta presión que sienten que van a colapsar. Puede que te encuentres buscando versículos bíblicos sobre la fortaleza o la esperanza en esos momentos duros en los que todo se siente perdido.

Vuelvo a preguntarte: ¿y tú? ¿Has experimentado alguna desgracia? De ser así, esta guía es para ti. De hecho, si ya superaste alguna y ganaste perspectiva, me encantaría que estuvieses aquí conmigo y pudieras darme tu opinión mientras escribo esta guía. Estoy seguro de que esta guía sería mejor si pudieses compartir lo que aprendiste. Si aún no has experimentado ninguna desgracia, temo que debo darte una mala noticia: en algún momento de tu vida, seguramente deberás enfrentar una. Mi abuela siempre solía decir: «O estás en problemas, o acabas de salir de ellos, o probablemente vas camino a meterte en otros». Creo que así es la vida en un mundo caído, donde perdemos las cosas, las personas se enferman y mueren, y acumulamos presión. Por lo tanto, si la desgracia aún no ha tocado tu puerta, sigue leyendo. Puede que aprendas algo que te sea útil en el futuro. Al menos, espero que obtengas una perspectiva que te ayude a ser fuente de consuelo y sabiduría para tus amigos cuando experimenten desgracias y necesiten sanación espiritual en esos momentos difíciles.

Con todo eso en mente, comencemos.

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