#96 El liderazgo de servicio: cómo liderar sin orgullo
Introducción
Liderazgo e influencia
¿Qué te viene a la mente cuando te preguntas qué significa liderazgo?
En mi caso, sobre todo porque vivo en Washington D. C., mi mente salta inmediatamente a la política. Pienso en aquellos que escriben discursos para los políticos poderosos, salen en los canales de noticias o dirigen a cientos de personas. Algunos redactan proyectos de ley, crean tratados de paz con países de todo el mundo y toman decisiones que afectarán millones de vidas. Pero quizá tu mente no se vaya hacia los políticos. Tal vez pienses en gente de las redes sociales. En muchas partes del mundo, la denominación de «influyente» tiene más peso que las de político o profesor universitario. Estos ejemplos de liderazgo demuestran que el liderazgo y la influencia adoptan muchas formas: unas veces, de figura severa que ejerce autoridad, y otras, de alguien con millones de seguidores.
Sin embargo, estas no son las únicas formas de liderazgo. La gente normal (¡cristianos normales como tú y como yo!) influye en los familiares y amigos de su entorno. El liderazgo cristiano no está reservado a la élite. Si eres padre o madre, tienes una influencia pequeña (cantidad) pero muy importante (calidad) sobre aquellos que Dios ha puesto a tu cuidado. También es posible que ocupes una posición de liderazgo en la iglesia o en el trabajo. Aunque no sean cientos de personas, tu rol de maestro de escuela dominical, diácono o miembro te obliga a pensar en quienes están a tu cargo y a ocuparte de ellos. La influencia puede ser mayor o menor, pero su repercusión, sea global o personal, es significativa.
En pocas palabras, todos influimos. Todos lideramos.
Si bien la respuesta a la pregunta «¿Quién es un líder?» puede variar de una persona a otra, todos conocemos las tentaciones y los peligros que acechan a los líderes. La manera más obvia de abusar de la influencia es liderar con orgullo y en beneficio propio. El orgullo distorsiona la autoridad. Poco a poco, el orgullo engrandece la autopercepción y asfixia el liderazgo de servicio. Se apropia de todo, en lugar de dar a los demás; hiere, en lugar de sanar; derriba, en lugar de construir.
Desafortunadamente, este tipo de desgracias no se limita a los líderes mundanos. El abuso de autoridad y los líderes orgullosos no son exclusivos del mundo secular, sino que también proliferan en nuestras iglesias. Constantemente salen titulares sobre pastores y líderes que aprovechan su influencia para obtener ganancias injustas. No solo los bancos de las iglesias están llenos de líderes orgullosos; también lo están los hogares. Lo triste es que el abuso es común, pues hay cónyuges o progenitores que malinterpretan quiénes son y abusan de la autoridad que Dios les ha dado.
Ninguno de nosotros quiere tener malos líderes por encima. ¿Quién quiere ser entrenado a gritos? ¿Quién quiere que le dé clase un profesor corrupto? ¿Quién quiere volver a casa a estar con un cónyuge que no escucha?
¿Y tú? Sin importar si somos pastores, progenitores o presidentes de una empresa, todos necesitamos una guía para ejercer la mayordomía de nuestra influencia, liderar sin orgullo y servir a los demás con humildad. Necesitamos saber qué cualidades tiene un gran líder. ¿Cómo podemos hacer eso de una manera que glorifique a Dios?
Partiendo de versículos bíblicos acerca del liderazgo y de ejemplos que observo a mi alrededor, quiero mostrarte tres cualidades del liderazgo de los líderes piadosos. Por supuesto, podría citar más. No obstante, me centro en estos tres rasgos de los buenos líderes porque son los más evidentes en el liderazgo espiritual que yo tengo en mi vida. No son unas cualidades al azar: veo nombres y rostros de líderes piadosos que ejemplifican con su vida lo que vamos a tratar.
¿Cuáles son? En primer lugar, descubriremos que los líderes humildes encuentran la alegría en Dios; concretamente, conociéndolo a través de su Palabra. A continuación, veremos que los líderes piadosos se arraigan en la iglesia de Dios y se comprometen con ella. Y, por último, que confían en la providencia de Dios en todas las áreas y vertientes de la vida, incluido el sufrimiento.
Su Palabra, su Iglesia y su providencia
Esta guía no se apoya en consejos rápidos ni en un modelo de liderazgo situacional secular. De hecho, no existe una vía rápida para ser un líder humilde. Un líder se forja a fuego lento y pasa por pruebas que lo fortalecerán, no solo endureciéndolo, sino también sensibilizando su corazón. La mayordomía de la influencia requiere una sabiduría, un ambiente y una actitud de dependencia centrados en Dios. Espero que al final de esta guía entiendas que la mayordomía de la influencia y el liderazgo sin orgullo no son naturales en nosotros. Solamente podemos liderar de manera piadosa cuando disfrutamos del Señor, nos sometemos a Él y confiamos en Él.
Preguntas para reflexionar:
- ¿En qué áreas ves que ejerces influencia?
- ¿Qué ejemplos buenos y malos de influencia se te ocurren?
- Antes de empezar, ¿en qué otras cosas se basa el liderazgo piadoso?
Audioguía
Audio#96 El liderazgo de servicio: cómo liderar sin orgullo
Parte 1: Cómo Disfrutar De La Palabra De Dios
¿Con qué disfrutas en la actualidad?
Desde hace poco, disfruto preparando un buen café. Hiervo el agua exactamente a la temperatura deseada, echo mis nuevos granos de tueste claro en el molinillo y vierto el agua en el momento y la cantidad adecuados. Cuando el café no me gusta, mi esposa me sorprende mirando videos de YouTube sobre cómo hacerlo mejor.
Pero eso no es lo único que disfruto. Me encanta hablar sobre el café con otras personas. Por ello, un sábado invité a unos amigos a casa y celebré una competición informal de degustación de café. Nos enseñamos los unos a los otros cómo lo preparamos. Mis amigos comentaron qué granos de café compraban, cómo cuelan el café en casa y qué sabores han podido extraer.
Hacer café no es una mera cuestión de café. ¡Claro que necesito la cafeína! Sin embargo, lo que realmente aprecio es el arte del buen café, además de hacer amistades y comunidad hablando de él y disfrutándolo con los demás.
¿Con qué disfrutas tú en la actualidad? Esto es importante porque lo que disfrutamos muestra y moldea quiénes somos. Así como un café bien hecho muestra mi aprecio por el buen gusto y el arte cafetero, aquello que tú disfrutas muestra lo que aprecias y valoras. Quizá te gusten distintos tipos de comida, lo que indica que aprecias la diversidad y el conocimiento de diferentes culturas. Y, al igual que un buen café me ayuda a encontrar ocasiones para hablar y compartir, aquello que tú admiras moldea tu economía, tu tiempo y tu día a día.
¿Qué relación guarda esto con la mayordomía de la influencia? Una amenaza constante para quienes tienen la responsabilidad de liderar es engancharse al hecho de que, efectivamente, ¡tenemos influencia sobre los demás! La tentación es tan común como grave. Es común porque todos queremos el control. Queremos ser reconocidos. Queremos ser esa persona a la que los demás vengan a escuchar. Pero también es grave porque el amor a la influencia como tal acaba cegándonos. Esto conlleva una mayordomía peligrosa y, si no le ponemos freno, terminamos aprovechando nuestra influencia para controlar, manipular y herir a quienes están por debajo de nosotros.
Esta tentación caracterizó a los líderes religiosos pecadores de la época de Jesús, quienes representaron unos ejemplos negativos de liderazgo que hay que evitar.
«Todo lo hacen [los fariseos] para que la gente los vea: Usan en la frente y en los brazos porciones de las Escrituras escritas en anchas cintas y ponen en sus ropas adornos llamativos. Les encanta el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas. Y les gustan los saludos en las plazas y que la gente los llame “Rabí”» (Mt 23:5-7). «¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la Ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito, pero se tragan el camello» (Mt 23:23-24).
«Todo lo hacen [los fariseos] para que la gente los vea: Usan en la frente y en los brazos porciones de las Escrituras escritas en anchas cintas y ponen en sus ropas adornos llamativos. Les encanta el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas. Y les gustan los saludos en las plazas y que la gente los llame “Rabí”» (Mt 23:5-7). «¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la Ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito, pero se tragan el camello» (Mt 23:23-24).
Cómo disfrutar de la Palabra de Dios mientras la estudiamos
Para empezar, estudiar la Palabra de Dios aumenta nuestro disfrute de ella. Ya sea obteniendo nuevos conocimientos que no percibimos anteriormente o recordando la verdad que conocemos desde hace mucho, estudiar la Palabra de Dios es la llave que libera la alegría que se esconde en las páginas de las Escrituras. Pero ¿qué alegrías son relevantes para el liderazgo humilde y para liderar sin orgullo?
A medida que estudiamos las Escrituras, se nos recuerda especialmente que somos justos y justificados por la vida, muerte y resurrección de Cristo. Ninguna obra —incluida la posesión de impresionantes cualidades de liderazgo o la humildad ante los demás— puede salvarnos de nuestros pecados. «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe. Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios y no por obras, para que nadie se jacte» (Ef 2:8-9).
No solo somos declarados justos ante Dios Juez, sino que somos adoptados en la familia de Dios Padre. Un pastor señaló: «Cuando Dios golpea el mazo para absolverte, también te entrega un documento de adopción para hacerte hijo suyo». Según Pablo, la doctrina de la adopción es demostración del amor eterno y voluntario de Dios por nosotros. No hicimos nada para merecerlo, sino que Dios «nos predestinó» para ser hijos suyos «según el buen propósito de su voluntad» (Ef 1:5-6). Página a página, la Biblia habla de la infinita, inmensa y abundante misericordia de Dios hacia los pecadores como nosotros. Aunque estábamos muertos por nuestras ofensas y nuestros pecados, Dios nos salvó porque nos ama.
¿Qué tienen que ver la justificación y la adopción con el liderazgo y el orgullo espirituales? Ambas doctrinas eliminan todo orgullo de nosotros, ya que nos recuerdan que no hicimos nada para merecer ser llamados hijos de Dios. Tenemos la alegría de saber que nuestra posición y nuestra condición en Cristo nos son otorgadas libremente por Su generoso amor por nosotros. Dicha alegría conduce a la humildad porque demuestra que nuestro mayor problema —la necesidad de ser perdonados de nuestros pecados— ha sido solucionado.
A su vez, estas doctrinas también nos fortalecen como líderes para tolerar tanto los elogios como las críticas. ¿Cómo? Recordándonos que hemos sido aceptados y validados por el Dios del universo. Si no queremos dejarnos influir por las opiniones de los hombres, debemos apoyarnos en los sólidos fundamentos de la Palabra de Dios, comprendiendo la vital vinculación entre la Biblia y el liderazgo. Los elogios de los hombres son adictivos. Cuando no controlas eso, vives para complacer a los hombres, no a Dios. Lo que hace falta, pues, es recordar que lo más importante es lo que Dios dice de nosotros.
Cuando la Biblia expone claramente la mejor de las noticias —que somos justificados y adoptados por Dios—, la reacción correcta es deleitarse. Me pregunto si conoces a gente que se deleita en las buenas nuevas de Dios. Aunque sean líderes, lo que más les importa no es lo que opinen los demás, sino, básicamente, lo que Dios piensa de ellos. Se sienten tan humildes y alegres por vivir la verdad del Evangelio que saben recibir críticas y elogios. Son buenos mayordomos de su influencia, ejemplos de liderazgo piadoso, ya que su identidad no radica en lo que hacen, sino en quiénes son.
Si bien el estudio de las Escrituras puede brindarnos alegría, hay otro paso que podemos dar para experimentar una alegría más plena. Si queremos quedar verdaderamente cautivados por la Palabra de Dios, no solo debemos estudiarla, sino también someternos a ella. Este es un tema que siempre surge cuando analizamos el liderazgo en la Biblia.
Cómo disfrutar de la Palabra de Dios mientras nos sometemos a ella
Para la mayoría, disfrute y sometimiento no suelen ir de la mano. ¿Cómo puede uno sentirse libre y feliz bajo la autoridad de otro? El sometimiento, en todo caso, parece obstaculizar e impedir la alegría. Sin embargo, en el liderazgo cristiano sabemos que la auténtica alegría no proviene de estar libre de toda autoridad; proviene exclusivamente del sometimiento a lo que Dios dice. En otras palabras, someterse a las Escrituras es el único camino hacia la alegría que nos permite liderar bien a los demás, liderando con el ejemplo. Examinemos los salmos 1 y 2. Los estudiosos a menudo advierten que estos dos salmos deben leerse juntos1, y, aunque hay muchas razones para ello, una que cabe señalar es que el camino hacia la felicidad y la bendición verdaderas pasa por meditar en la Ley del SEÑOR (Sal 1:1-2) y someterse al Hijo (Sal 2:12).
Esta felicidad no es únicamente la que experimentaremos en el cielo. No, se puede experimentar ahora mismo. Seguir las palabras de Jesús y someterse a ellas nos conducirá a la alegría hoy, cuando experimentemos su bondad tanto al bendecirnos como al sostenernos en las pruebas. John Webster escribe: «La ley de Dios es que Dios nos cuida educándonos en la verdadera forma de la plenitud humana. Si queremos ser y queremos plenitud, esto es lo que significa vivir alegres desde Dios, con Dios y bajo la autoridad de Dios».2
¿Y quién es este Dios al que nos vamos a someter? No es una figura distante que nos ordene qué hacer. Básicamente nos muestra cómo someternos a su Palabra al asumir nuestra condición humana. Nos sometemos a Jesús como un líder siervo que vino «no para que le sirv[ier] an, sino para servir», dando finalmente la vida por los pecadores como nosotros. Le servimos a Él, que fue condescendiente con nosotros «tomando la naturaleza de siervo» (Flp 2:7) y modelo perfecto de liderazgo de servicio en la Biblia. Podemos estar seguros de que la obediencia a la Palabra de Dios es alegre porque el propio Cristo se sometió a la voluntad de su Padre, con lo que nos enseñó el camino.
¿Te sorprendió la lectura de este apartado? «Pensé que se trataría de ejemplos de liderazgo de servicio, no de la Biblia y el Evangelio». «Sé que son importantes, ¡pero dime cómo ser un buen líder en la iglesia o en casa!». Somos demasiados los que nos sentimos tentados a pensar que podemos aprender más sobre las cualidades de un gran líder, las habilidades de liderazgo, la dinámica de las iglesias y la gestión de equipos en la literatura secular. Hay algo de cierto en esa idea. Necesitamos buenos libros sobre esos temas, ¡y hasta espero que este cuadernillo te resulte útil!
No obstante, en el salmo 119, el autor declara que tiene más sabiduría que sus enemigos y más perspicacia que sus maestros porque medita en los mandatos de Yavé (Sal 119:98-99). ¿Y cuáles eran esos mandatos? Lo más probable es que los mandatos a los que se refiere fueran recordatorios de quién es Dios, de quiénes eran ellos como pueblo del pacto y de lo que sucedía cuando obedecían sus mandamientos. Al salmista le interesaba más la relación entre la Biblia y el liderazgo —lo que Dios decía— que lo que afirmara cualquier otra persona.
También debemos reconocer que las Escrituras nos instruyen, asimismo, en la fe en el liderazgo; no informándonos primero del lado práctico del tema, sino recordándonos nuestra identidad. La correcta mayordomía de la influencia en el liderazgo y el liderazgo humilde son resultado, ante todo, del crecimiento espiritual, no de la gestión de habilidades. Las Escrituras nos recuerdan que debemos empaparnos de la eterna alegría del Evangelio, que nos muestra y moldea como hijos de Dios, y celebrarla. Esa alegría, y nada más que ella, es el fundamento de todo líder humilde e influyente.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuál es la fuente de tu alegría? ¿Acaso algo que haces o el lugar donde te encuentras? (Lc 10:20).
- ¿Qué has aprendido acerca de Dios y de ti mismo en la Palabra y cómo ha afectado eso tu forma de influir en quienes te rodean?
- ¿Qué ha condenado o corregido Dios en ti y cómo ha afectado eso tu forma de influir en quienes te rodean?
- ¿Qué otras doctrinas pueden ayudarte a liderar a quienes tienes por debajo de ti? ¿La doctrina de la imagen de Dios? ¿La doctrina del pecado?
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Parte 2: El Compromiso Con La Iglesia De Dios
Hay tres personas que quiero que conozcas.
La primera es John. Sigue a Jesús, pero no le gusta mucho la religión organizada. Cree que los líderes de las iglesias siempre terminan abusando de su autoridad. Por tal motivo, a John le parece mejor adorar a Dios haciendo senderismo el domingo.
La siguiente es Leann. No tiene problema en ir a la iglesia, pero, en vez de comprometerse con una sola, va a una diferente cada semana. Está un poco en la Primera Iglesia Bautista, y luego empieza a asistir a la Grace Calvary durante un tiempo. Leann va a la iglesia todos los domingos. El único problema es que cada domingo es una iglesia distinta.
En último lugar tenemos a Matt. Le encantan las predicaciones de su iglesia, pero tiende a marcharse corriendo justo después. No cree que necesite conectar con la gente de allí. ¿Por qué debería hacerlo? ¿No son la Biblia y la predicación lo más importante para un cristiano? Y, como disfruta con las predicaciones, nunca ha pensado realmente en hacerse miembro. ¿Qué sentido tiene eso? Estas actitudes revelan confusión sobre la vital importancia del liderazgo en la iglesia.
¿Qué tienen en común estas tres personas? Antes de nada, nos fiamos de que son auténticos cristianos. Los tres quieren seguir y amar a Jesús. Sin embargo, otra similitud entre ellos es que sus intentos de seguir a Jesús son ajenos a su iglesia local. Su versión del cristianismo es más individualista que la imagen que nos ofrecen las Escrituras.
Pero ¿cómo contempla la Biblia la vida cristiana? Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, cuando Dios salva a un individuo, lo salva para integrarlo en un pueblo. La fe es siempre personal, mas nunca privada. La vida cristiana no se trata únicamente de ti y de Jesús; se trata de hacer causa común con otros creyentes. Por ello, seas líder o no, Dios ordena a todos los cristianos que formen parte de una iglesia, donde integrarán su fe y su liderazgo en comunidad.
¿Qué tiene que ver la incorporación a una iglesia con la mayordomía de la influencia? En este apartado intentaré demostrar que la iglesia fomenta el liderazgo sano porque la iglesia es el lugar donde el liderazgo sano se muestra en público. En concreto, veremos que la iglesia local es un lugar donde se enseña y modela el liderazgo humilde. Espero que al final de este apartado veas que la Iglesia de Dios es importante para cultivar y sustentar el liderazgo cristiano que da frutos del Espíritu.
La enseñanza del liderazgo
¿Qué quiero decir con que en una iglesia local se enseña el liderazgo sano? Pues quiero decir que una iglesia local es precisamente donde los cristianos se discipulan entre sí haciéndose responsables de la salud espiritual de la otra persona, incluido el modo en que se es mayordomo de la influencia. Esta es la esencia de la rendición de cuentas de un líder. La forma en que lideras —en tu familia, tu negocio o tus estudios— queda expuesta para que otros puedan ayudarte. El liderazgo bíblico suele enseñarse y corregirse dentro de la membresía de la iglesia.
Esto comenta un pastor con respecto a la membresía: «La membresía bíblica implica asumir una responsabilidad. Proviene de nuestras obligaciones mutuas tal como se enuncian en todos los pasajes de las Escrituras que contienen “los unos a los otros”: amarnos los unos a otros, servirnos los unos a los otros, alentarnos los unos a los otros».3
La gente a menudo considera que esta responsabilidad supone mantener relaciones serias en las que se formulen preguntas espirituales válidas a otros miembros de la iglesia. Ahora bien, aparte de la responsabilidad de preguntar, una responsabilidad que se pasa por alto es la de ser sincero y abierto acerca de tu vida. Abrirte sobre tu vida e invitar a la rendición de cuentas en una iglesia local es uno de los mejores indicadores de que estás creciendo en liderazgo y humildad. En la práctica, esto implica forjar amistades que generen ocasiones para el aliento y la crítica.
Me acuerdo de un día que salí a comer con Nate después de la iglesia. Nate había estado observando cómo ejercía de padre, trabajaba y vivía como cristiano, y confío plenamente en que él me aconseja con afecto. La confianza en el liderazgo —incluso entre iguales— se construye sobre este tipo de vulnerabilidad. Le pregunté: «¿Hay algún área en que percibas que me hace falta crecer?». Nate lo pensó unos minutos y me sugirió una corrección. Me comentó que me había visto manejar información sensible de una manera que podría haberse interpretado como chismosa. Nate fue amable y, sobre todo, tenía razón. Entendí inmediatamente qué quería decir y coincidí con él: no era un buen mayordomo de la información privada.
¿Tienes algún amigo como Nate, un verdadero líder que no teme decir la verdad?
Nate estaba cumpliendo el pacto de iglesia que él y yo firmamos cuando nos incorporamos a ella. Si quieres ser de mi iglesia, tendrás que firmar ese mismo pacto. Una de las promesas que hice con todos los miembros de mi iglesia es: «Ejerceremos con afecto el cuidado y la vigilancia recíprocos, y nos amonestaremos y exhortaremos fielmente unos a otros según lo requiera la ocasión». Ser miembro de una iglesia te brinda la oportunidad de enseñar liderazgo y aprenderlo de los demás. Eso da margen para que otros te aconsejen.
¿Y tú dónde recibes sugerencias en tu vida? La principal pregunta podría ser: ¿recibes sugerencias en tu vida? ¿Te cierras a oír qué tal lo haces como padre o esposo? ¿Tienes personas mayores a las que acudir para hacerles preguntas y recibir correcciones? ¿Cómo reaccionas cuando alguien te corrige? ¿Tienes una actitud defensiva o pones excusas? Los líderes seculares no son los únicos que admiten ampliamente que la crítica constructiva es importante; también lo hace la Palabra de Dios. El libro de Proverbios comenta: «Más confiable es el amigo que hiere que los abundantes besos del enemigo» (Pr 27:6).
¿Tienes a alguien que pueda serte fiel diciéndote la verdad? Si quieres demostrar liderazgo y deseas ser un buen líder, ¡esto es imprescindible! Si no tienes a nadie que te diga la verdad, ¡ora! Ora para que el Señor traiga a tu vida a alguien que te ame y cuide diciéndote la verdad. Puede que te resulte más fácil que nadie te haga sugerencias sobre cómo lideras en casa, pero ¿cómo sabes que lo haces bien si no hay nadie que observe y comente? Después de orar, pregunta. Pídele a tu pastor que te discipule. Pregúntale si conoce a alguien que quiera discipular a otros. Busca un mentor de liderazgo.
Una de las peligrosas mentiras que podemos creer sobre nosotros mismos es que no es preciso que rindamos cuentas, que tenemos suficiente sabiduría e inteligencia como para hacer las cosas por nuestra cuenta. Pero, como se advierte en Proverbios: «Tras el orgullo viene la destrucción; tras la altanería, el fracaso» (Pr 16:18). Es posible que la destrucción no llegue de inmediato, pero que esté de camino.
En la iglesia, el liderazgo no solo se enseña, sino que también se ejemplifica con modelos de liderazgo coherentes.
Los modelos de liderazgo
El apóstol Pablo no estaba siendo orgulloso ni egoísta cuando les dijo a sus amigos que lo imitaran (1 Co 4:16, 11:1; Flp 3:17). Dios concibió la vida cristiana de tal modo que los creyentes maduros deben ser puestos como ejemplo y presentados como modelos de liderazgo. Naturalmente, Jesús, como líder, es el mayor ejemplo que debemos seguir. Sin embargo, la Biblia también exhorta a los cristianos a mirar a los líderes, especialmente a los ancianos, en busca de ejemplos de un caminar piadoso, maduro y firme. Ellos demuestran un liderazgo fiel personificando la verdad de que un líder es aquel que conoce el camino y lo sigue.
Hoy en día, la autoridad en el liderazgo (y aquellos que tienen autoridad) se enfrenta al escepticismo y la resistencia. En parte, es lógico. Proliferan los abusos. La injusticia ocasionada por quienes deben proteger y cuidar es especialmente grave y dañina. No obstante, la respuesta a una mala autoridad no es que no haya autoridad, sino que esta sea buena.4 Necesitamos que se ejerza y ejemplifique la buena autoridad.
Si perteneces a una iglesia local, uno de los ejemplos que Dios te da es tu(s) pastor(es). Tu líder espiritual debe enseñarte madurez y piedad. Deberías poder señalar a tu pastor y decir: «Quiero ser como él. Quiero liderar una familia/iglesia como él lo hace». No sé tú, pero mis pastores son una bendición para mí. Pastorean, lideran e influyen de una forma que agrada al Señor. He aquí algunos ejemplos de su liderazgo de servicio y de cómo yo los he visto liderar:
Repartiendo la influencia: en vez de acapararla, mis pastores la reparten.
– Son generosos dando a otras personas oportunidades de enseñar.
– Recuerdan constantemente a los hombres de la congregación que deben ser mayordomos de la influencia a través del liderazgo, discipulando a otros hombres, sirviendo a la familia y aprovechando las oportunidades de enseñar.
– Los pastores buscan deliberadamente a hombres a quienes formar como futuros ancianos de la iglesia. Nos hacen preguntas complejas, como qué tal va nuestra relación con los demás, cómo tratamos a la familia, qué pecados hemos confesado esta semana, etc.
– Los pastores les confían a los miembros el trabajo del ministerio. Esto significa que lo supervisan, pero no controlan excesivamente a nadie.
Construyendo: los pastores alientan al cuerpo con su liderazgo en la iglesia.
– Con su liderazgo ponen de relieve el Evangelio. Sus enseñanzas, estímulos y correcciones surgen de la Palabra de Cristo, que habita abundantemente en ellos.
– Son reacios a aplicar sus preferencias como criterio y diligentes a la hora de utilizar la Biblia para aclarar las cosas.
– Los pastores pasan muchísimo tiempo en reuniones de ancianos, orando por diversos miembros. Oran por los matrimonios, por la unidad entre los miembros y para que Dios fortalezca y proteja a las ovejas débiles y vulnerables.
– Discipulan y aconsejan a miembros en la iglesia antes o después de su horario laboral.
Se someten a otras autoridades.
– Los pastores se someten a otros pastores. Esto significa que se resignan cuando pierden votos en las reuniones de ancianos, lo que demuestra liderazgo y humildad.
– Como los pastores saben que también están sujetos a la autoridad de la congregación, se esmeran en preparar la reunión de miembros para explicar a la congregación cómo opinar y votar.
– Los pastores se comprometen a hacer «evaluaciones de servicio» semanales, en las que otros miembros de pastoral y laicos pueden ofrecer aliento y críticas de carácter piadoso sobre lo que enseñaron el domingo.
– Mi pastor principal involucra a un grupo del personal para decidir qué otras oportunidades de predicación debería contemplar en el futuro (otras iglesias, congresos, etc.). Se somete a otros miembros del personal/pastores animándolos a dar su opinión sobre si es prudente faltar los domingos.
Estas son algunas formas en que he visto a los pastores piadosos de mi entorno ejercer bien las cualidades de los buenos líderes. Y eso, por la gracia de Dios, está dando muchos frutos. Está dando frutos en mi vida mientras me someto a este liderazgo, que me enseña y modela cómo debo ser en casa y en el trabajo. Está dando frutos en la vida de los demás, pues me reúno con amigos y comentamos lo que aprendemos en la iglesia. La conversación no gira exclusivamente en torno a lo que aprendemos, sino también en torno a las personas de quienes aprendemos. Los ancianos son viva imagen del liderazgo de servicio según la Biblia y de cómo debe ser la humildad en todas las áreas de la vida. Así como ellos son buenos mayordomos de su influencia, también nosotros estamos llamados a aprender e imitarlos.
Si quieres liderar con humildad, comprométete con una iglesia local.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Tienes a alguien en tu vida capaz de alentar y enseñar el liderazgo piadoso?
- ¿De qué manera han ejemplificado los líderes de tu iglesia el liderazgo piadoso?
- ¿Te abres a la crítica piadosa? Si no, ¿cómo puedes hacerlo esta semana?
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Parte 3: La Confianza En La Providencia De Dios
Mi primer ministerio fue un llamado de atención.
Estaba recién casado y a punto de terminar las clases en el seminario. Mi esposa y yo estábamos en una iglesia estupenda cerca de casa y nos sentíamos preparados para volar del nido. Al fin y al cabo, ¡me había estado formando cuatro años para ser pastor! Por medio de unos amigos, me enteré de una interesante oportunidad que, tras numerosas conversaciones, a mi mujer y a mí nos pareció excelente. Parecía un puesto perfecto en una gran iglesia, en una ciudad maravillosa para formar una familia y con un buen pastor del que aprender y con quien trabajar.
Pero, poco después de llegar, todo empezó a desmoronarse. La falta de comunicación y las inseguridades se apoderaron de todo. Les sucedieron el orgullo y la culpa. Y, finalmente, las acusaciones y dimisiones.
En menos de un año me quedé sin empleo.
Vendimos un montón de cosas que compramos de recién casados con la esperanza de estar allí mucho tiempo. Y, con nuestro primogénito de un mes y un baúl lleno de libros y ropa, manejé de regreso a casa de mis suegros. Lo que esperaba que fuera un lugar de servicio a largo plazo terminó siendo más bien un fiasco.
Me invadió una oleada de emociones dispares. En ese momento estaba, entre otras cosas, frustrado, decepcionado, avergonzado y ansioso. «¿Cómo pudo pasarme esto a mí? Merezco algo mejor».
Sin embargo, casi 5 años después, miro atrás con agradecimiento. Quizá pienses que es extraño que un sueño roto y un intento de ministerio fallido produzcan gratitud. Parecen más naturales la amargura o el resentimiento. No quiero decir que yo fuera perfecto. Ojalá hubiera sido más paciente, indulgente y humilde, tanto durante como después de lo ocurrido. No obstante, miro atrás con agradecimiento porque veo algunas cosas que Dios ha hecho por mí por medio de esa experiencia.
Dios fortaleció mi matrimonio, dándome una lección sobre el liderazgo en el hogar. No hay nada que refuerce y consolide más un matrimonio que pasar juntos por pruebas, y nuestra prueba hizo que nos valoráramos y confiáramos el uno en el otro todavía más. Aparte, Dios sostuvo mi fe. Las promesas de Dios brillan más intensamente entre nubarrones, y no había nada más reconfortante que saber que Él veía y sabía por lo que estaba pasando. Esta fue una prueba severa de liderazgo fiel. Dios santificó mi corazón. No solo conocí mejor a Dios, sino también a mí mismo. Nada te hace más humilde que planificar tu vida y que todo cambie de rumbo. He visto mi lado oscuro y cómo Dios sacaba a la luz mis pecados para corregirme.
Estoy agradecido, asimismo, porque no estaría donde estoy hoy si no fuera por esa experiencia. No nos habríamos trasladado a Washington D. C. ni a una gran iglesia, ni habríamos conocido a amigos con quienes enseguida conectamos, ni nos habríamos sometido a una buena predicación y un buen liderazgo, ni habría comenzado a trabajar en una iglesia que amo.
Mi primer ministerio fue un llamado de atención. No sabía qué estaba haciendo Dios en aquel momento. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, Dios estuvo obrando silenciosa e intencionalmente en mí, a través de mí y para mí de una manera que yo desconocía. Usó a personas y situaciones para santificarme y volverme humilde. Dios me hizo consciente de su providencia.
En los apartados anteriores, descubrimos diferentes vías por las que podemos crecer en la mayordomía de nuestro liderazgo e influencia. Ya sea que dicha influencia esté en un partido político o en los bancos de una iglesia, todo cristiano madura en su forma de liderar con humildad disfrutando de la Palabra de Dios y comprometiéndose con su iglesia. En este capítulo trataremos otro elemento propio de un líder humilde. Un líder es muy humilde solo cuando confía en que Dios lo ha dispuesto todo en su vida, incluidos el liderazgo y la influencia. Cuando sabe que todo lo que tiene —lo bueno y lo malo, lo pequeño y lo grande— viene de las manos de nuestro bondadoso Padre. Esta es la clave del liderazgo humilde.
Antes de ahondar en ello, debemos pensar qué es realmente la providencia. Este concepto es fundamental para el liderazgo piadoso. Hay muchas definiciones prácticas propuestas por teólogos. La siguiente es del Catecismo de Heidelberg:
P. ¿Qué entiendes por la providencia de Dios?
R. La providencia de Dios es el poder omnipotente y presente en todo lugar de Dios, por el cual, como con su mano, sostiene aún el cielo y la tierra con todas sus criaturas, y los gobierna de tal manera que la hierba y la hoja, la lluvia y la sequía, los años fértiles y los estériles, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, y todas las cosas, no vienen por azar, sino por su mano paternal.
La verdad, ¡no se puede definir mejor! Pero observemos un par de cosas. Para empezar, la providencia de Dios es activa. Su poder «omnipotente y presente en todo lugar» no pone el mundo en marcha y luego lo deja. Por el contrario, Dios «sostiene aún» y «gobierna» el mundo mientras nosotros nos movemos y vivimos. Él obra hasta cuando estamos durmiendo.
En segundo lugar, la providencia de Dios es global. Dios sostiene y gobierna todas las cosas, ya sean criaturas animadas, como los cuervos y las cabras monteses, o inanimadas, como las algas o las estrellas. Dios no pierde de vista a ninguna de ellas. Sean lo que sean y estén donde estén, la providencia de Dios alcanza todas las cosas del universo. Nada ni nadie escapa a su control.
En tercer lugar, la providencia de Dios es continua. Observa que es activa y está presente tanto en las épocas buenas como en las malas. En la lluvia y la sequía; en los años fértiles y estériles; en la salud y la enfermedad; en la riqueza y la pobreza. Dios no controla la situación únicamente cuando las cosas van bien. No, tanto lo bueno como lo malo provienen de Dios.
Por último, la providencia de Dios es afectuosa. Al principio y al final, se dice que la providencia de Dios la mueve su «mano». Hay un toque personal cuando utilizas la mano en vez de un instrumento tosco. Tú puedes mandar con una vara o gobernar con una espada. Pero Dios gobierna con su mano. Y no solo se habla de ella como su mano, sino como su mano «paternal». Todo lo que Dios dispone en nuestra vida proviene únicamente de su afecto paternal y su cuidado hacia nosotros como hijos suyos, y se da a través de ellos. La providencia de Dios es lo que el padre hace por el bien de sus hijos. Jesús es el líder que confió a la perfección en esta mano paternal.
La providencia de Dios es activa, global, continua y afectuosa. ¿Cómo encaja esto con nuestro tema y con nuestra comprensión de lo que se entiende por liderazgo?
La providencia en las personas
Si creemos que Dios tiene el control, también debemos confiar en que puso a personas concretas en nuestra vida. Desde el comienzo de nuestra existencia hasta hoy, Dios nos gobernó y nos gobierna a todos con un propósito. Esta verdad es vital para comprender nuestro liderazgo y nuestra influencia.
Esta es una verdad persistente que necesito recordarme a mí mismo mientras crío a mis hijos. Cuidar de los hijos puede resultar agotador y pesado. A veces tienes que quedarte despierto toda la noche. ¡Otras veces se lastiman y te alteran totalmente el día porque tienes que ir a urgencias! Es fácil pensar que ser padre te frena o te impide aprovechar otras oportunidades. Sin embargo, la doctrina de la providencia nos recuerda que Dios ha puesto a nuestros hijos en nuestra vida por algo. Principalmente, para santificarnos. Ser padres es una gran responsabilidad de liderazgo que enseguida deja al descubierto las áreas oscuras de nuestra vida y nos ayuda a darnos cuenta de que somos menos pacientes y amables de lo que pensábamos. Además, nos hacemos conscientes de que con frecuencia somos débiles y volubles, mientras que Dios es nuestro padre celestial constante y perfecto, que nos lidera para nuestro bien y su gloria.
¿Y qué pasa con aquellos que están influenciados por nosotros? Esto nos lleva al liderazgo en el trabajo. Es posible que tu compañero sea un inconformista o difícil de tratar, o que no sea fácil llevarse bien con él. Incluso podría calumniar o socavar tu autoridad. Es posible que te sientas herido y molesto con aquellos a quienes estás llamado a dirigir. ¿O quizá con un miembro de tu iglesia? Sé que estamos llamados a amar a nuestros hermanos y hermanas, pero hay ocasiones en que te ponen de los nervios. Tal vez no estén de acuerdo contigo en cuanto a política, educación o cuestiones sociales, lo que hace que se sientan más enemigos que hermanos. No obstante, incluso ellos son puestos en nuestra vida por la soberanía de Dios. Él sabe lo que hace y lo hace por nuestro bien.
Confiar en la providencia de Dios afecta el modo en que lideramos a los demás y dicta nuestra fe en el liderazgo. Es menos probable que los veamos como problemas, sino más bien como medios que Dios utiliza para hacernos más parecidos a Jesús. Lideramos con humildad y amor, confiando en que Dios los ha puesto a nuestro cuidado no solo por nuestro bien, sino también por el suyo. Cuando estemos tentados a quejarnos de ciertas personas de nuestra vida, podemos recordar que Dios «gobierna» todas las cosas de este mundo para hacernos madurar y ayudarnos a crecer. La providencia exige confianza, y la confianza da como fruto la humildad.
La providencia en las situaciones
La providencia de Dios no se limita a las relaciones, sino que también abarca las situaciones. Como vimos en nuestra definición de providencia, tanto lo bueno como lo malo están sometidos al control soberano de Dios. Es posible que estés prosperando en tu trabajo; tu rendimiento excepcional es reconocido y elogiado por tus superiores, o caes muy bien a tus compañeros. O quizá tu hogar no es un lugar de comodidad y paz; tu matrimonio puede estar estancado o realmente estás completamente desorientado como progenitor. Sea cual sea la situación en que te halles, el Señor no te ha abandonado ni ha perdido el control. Sabe exactamente lo que está haciendo.
Los misioneros no suelen tener la vida más fácil. Desde luego, Adoniram Judson, misionero en Birmania, no lo tuvo fácil. Vivió glorificando y dedicándose a Dios, traduciendo la Biblia al birmano, plantando iglesias y compartiendo la buena nueva con toda clase de personas; un auténtico ejemplo de fe y liderazgo. Pero su vida estuvo plagada de desdicha y muerte. Perdió varios hijos por enfermedad. Incluso perdió a su amada esposa, Ann, quien viajó a Birmania a ocuparse de Judson mientras estuvo encarcelado injustamente durante muchos años. Por si fuera poco, predicó a lo largo de seis años hasta que por fin alguien se convirtió.
Otros pastores, como Charles Spurgeon, también sufrieron. Él no solo era conocido como un león del púlpito —un líder espiritual influyente—, sino que, además, hizo pública su depresión, la cual a veces lo incapacitaba para el ministerio y arrojaba una sombra oscura sobre su vida. La enfermedad crónica que padeció, así como el infame siniestro de Surrey Gardens, en el que murieron siete personas, lo hicieron plenamente consciente de que, aunque Dios tenga el control, no siempre elimina el sufrimiento de la vida de su pueblo.
Charles Spurgeon predicó una vez sobre la providencia de Dios a partir del libro de Ezequiel. Spurgeon comparó la providencia de Dios con una rueda. Al igual que las distintas partes de la rueda se mueven hacia arriba y hacia abajo, cambiando de posición y sin saber cuándo volverán a subir o bajar, así sucede en las distintas épocas de la vida. Unas son mejores que otras. Unas están marcadas por la lluvia, y otras, por la sequía.
Con una perspectiva que nos ayuda a demostrar liderazgo incluso cuando la vida parece inestable, señala:
Ya sabes que en una rueda hay una parte que nunca gira, el eje. Así pues, en la providencia de Dios también hay un eje que nunca se mueve. Cristiano, ¡he aquí un dulce pensamiento! Nuestro estado es siempre cambiante: a veces estamos exaltados, otras veces deprimidos, pero hay un punto inmóvil en nosotros. ¿Cuál es este eje? ¿Cuál es el pivote sobre el cuál gira toda maquinaria? Es el eje del amor eterno de Dios hacia su pueblo del pacto. El exterior de la rueda cambia, pero el centro permanece fijo por siempre. Otras cosas pueden moverse, pero el amor de Dios nunca lo hace. Él es el eje de la rueda, y esta es otra razón por la que la providencia debe compararse con una rueda.5
En momentos de prueba, la inclinación hacia el orgullo te hará sentir que mereces algo mejor, pero que recibes lo peor. Sentirás que mereces compañeros de trabajo más amigables, hijos más obedientes o un mejor cónyuge. En cambio, te sentirás atrapado en lo que tienes. El orgullo te cegará y dejará que la duda se infiltre y te impida ver quién es Dios y qué está haciendo.
Pero confiar en la providencia de Dios vuelve tu mirada hacia lo alto. Si bien es posible que las pruebas en sí no desaparezcan, entiendes que el sufrimiento viene con afecto y propósito; una mano amorosa de Dios que pretende hacer el bien en ti. Esta perspectiva es esencial para comprender a Jesús y su liderazgo. Él soportó la cruz por el gozo que lo aguardaba, confiando totalmente en el plan del Padre.
Confiando, no rechazando, Dios también nos capacita y fortalece para enseñar a los demás. Inculca la humildad que los líderes necesitan para amar y servir a su entorno. O nos hace más misericordiosos —una de las diez características fundamentales del liderazgo de servicio— dándonos un nuevo lenguaje para que hablemos con compasión. Así, imitamos las características del liderazgo de Jesús, quien siempre lideró con misericordia y dependencia del Padre.
¿En qué situación te encuentras? ¿Cómo estás reaccionando a ella? Eleva la mirada hacia Dios Padre, quien, en su providencia, te ama, y confía en que te está santificando en medio de tu situación. Y que esta confianza en Dios se convierta en amor a los demás. Recuerda que, en tu vida, todo está dispuesto por la mano del Padre. Él no te quita la mirada de encima. Tienes su favor.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cómo has confiado en la providencia de Dios en tu vida?
- ¿De qué maneras te sientes tentado a abordar a las personas y las situaciones cuando no te acuerdas de la soberanía de Dios?
- ¿Qué lecciones te ha revelado Dios tras las pruebas? ¿Recuerdas alguna prueba que haya sido en balde?
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Conclusión
El liderazgo humilde comienza por deleitarse en la Palabra de Dios. El orgullo no puede arraigarse en ella. Antes bien, en el terreno de la Palabra de Dios se planta y crece la humildad. Cuando nos deleitamos y meditamos en las Escrituras, recordamos que estamos hechos para la gloria de Dios y que nuestro gozo deriva, básicamente, de nuestra reconciliación con Él. Un liderazgo cristiano marcado por la humildad también exige compromiso con su Iglesia. La Iglesia de Dios es el gimnasio donde los cristianos ven cómo se practica el liderazgo fiel y pueden imitar a los líderes sanos. Finalmente, la correcta mayordomía de la influencia requiere confianza en la providencia de Dios en toda circunstancia. Somos buenos mayordomos de nuestra influencia por medio del liderazgo siempre que reconocemos que un Dios soberano nos lo concedió para nuestro bien.
Estas verdades nos recuerdan que la humildad no es debilidad, sino fuerza arraigada en la dependencia de Cristo. Es la Palabra de Dios, la Iglesia de Dios y la providencia de Dios. Cuando lideramos desde esta postura, nuestra influencia se vuelve vivificante en lugar de egoísta. Da vida y plenitud a quienes se relacionan con nosotros, trabajan para nosotros, nos escuchan y nos obedecen. Pastores y progenitores, ustedes en particular tienen una autoridad excepcional, la cual exige mayordomía y equilibrio entre el liderazgo en el hogar y en el ministerio. ¿Cómo lo gestionas tú? ¿Tu liderazgo está marcado por la humildad o por la arrogancia? ¿Escuchas a los demás o solamente a ti mismo?
¿Cómo describirías el liderazgo de servicio según la Biblia? ¿A qué se parece la mayordomía de la autoridad y la influencia sobre los demás? Se parece al amor, un amor derramado por ellos. Esta es la esencia los mejores versículos sobre el liderazgo de servicio. El apóstol Pablo hace la siguiente descripción: «El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni presumido ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13:4-7).
Esforcémonos por ser líderes que reflejen el carácter de Jesús —Aquel que vino no para que le sirvieran, sino para servir—, personificando el auténtico liderazgo piadoso, para que aquellos que están a nuestro cuidado lo vean a Él, no a nosotros, como fuente última de esperanza y alegría.
Notas
- Ver Christopher Ash: «The Psalms: A Christ-Centered Commentary» (Salmos: una interpretación centrada en Cristo), II.5-6.
- John Webster: «Christ Our Salvation: Expositions and Proclamations» (Cristo, nuestra salvación: comentarios y predicaciones), ed. Daniel J. Bush (Bellingham, WA: Lexham Press, 2020), 21.
- Dever: ¿Qué es una iglesia sana?, 98.
- Ver Autoridad, de Jonathan Leeman.
- https://www.instagram.com/p/CP63lpbgayk/
Acerca del autor
SAM KOO es auxiliar de pastoral en la Iglesia Bautista de Capitol Hill, en Washington D. C. Está casado con Anna, y tienen dos hijos: James y Noah.
Tabla de contenido
- Parte 1: Cómo Disfrutar De La Palabra De Dios
- Cómo disfrutar de la Palabra de Dios mientras la estudiamos
- Cómo disfrutar de la Palabra de Dios mientras nos sometemos a ella
- Preguntas para reflexionar:
- Parte 2: El Compromiso Con La Iglesia De Dios
- La enseñanza del liderazgo
- Los modelos de liderazgo
- Repartiendo la influencia: en vez de acapararla, mis pastores la reparten.
- Construyendo: los pastores alientan al cuerpo con su liderazgo en la iglesia.
- Se someten a otras autoridades.
- Preguntas para reflexionar:
- Parte 3: La Confianza En La Providencia De Dios
- La providencia en las personas
- La providencia en las situaciones
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Notas
- Acerca del autor