#60 Cómo dejar de ser perezoso: vivir con propósito
Introducción
Cada mañana, alrededor de las 4:30, al este de Millersburg, Ohio, mi abuelo se levanta para pasar tiempo con el Señor y luego se va a trabajar. Tiene más de ochenta años. Puede que pienses: «Vaya, ese hombre debería haber tenido un mejor seguro de retiro». La verdad es que el dinero no es su motivación. Trabaja porque así es él; es lo que hace. No le interesa ser perezoso. Ahora bien, no registra su hora de entrada al trabajo ni recibe un formulario W-2 en enero de ningún empleador. Nunca lo hallarás holgazaneando en el trabajo. Pero cuando termina su momento de oración con la Palabra de Dios, se sube a su Chevrolet Traverse y se dirige al Bob Evans de la ciudad, situada justo al norte de la nuestra, para comenzar reuniones con hombres de alguno de estos grupos: plomeros o pastores (y, tal vez, algún que otro ingeniero ferroviario).
Verás, hace sesenta años, mi abuelo comenzó a dedicarse a la plomería: primero como ayudante y luego como maestro plomero. Hoy en día, da clases de plomería a través de su agencia de capacitación para plomeros de Ohio que necesitan cierta cantidad anual de horas de educación continua. Casi en la misma época, recibió el llamado para ministrar, por lo que se mudó con su familia a Lynchburg, Virginia, donde recibió su formación teológica. Desde entonces, ha estado ejerciendo como pastor y predicando fielmente. En la actualidad, sirve como pastor interino de la iglesia bautista Ridgewood en Wadsworth, Ohio.
¿Por qué te estoy contando todo esto? Bueno, debo admitir que estoy orgulloso de mi abuelo. Más allá de eso, quiero ser como él. Me pasé toda la vida observándolo y esperando algún día ser tan trabajador como él, sin preguntarme nunca: «¿Por qué soy tan perezoso?». Podríamos decir que es mi mentor. Y vaya si tengo uno bueno.
Es por eso que cuando tuve la oportunidad de escribir esta guía sobre cómo dejar de ser perezoso y comenzar a trabajar duro, la aproveché. Ahora bien, no soy una obra terminada. Tengo muchas cosas en las que mejorar en cuanto a superar la pereza y esforzarme más. Me imagino que eres como yo: quieres crecer en el área de la ética del trabajo en lugar de confesar tu pereza. Tengo buenas noticias para ti. Además de los maravillosos ejemplos de ética del trabajo que tengo en mi vida (y que espero que tengas en la tuya), la Biblia tiene mucho que decir sobre este tema, y contiene muchos versículos sobre la pereza. Es por eso que en esta guía nos enfocaremos en la pereza según la Biblia.
Comenzaremos por considerar el propósito de Dios para nuestro trabajo, antes y después de la caída. A continuación, analizaremos con más profundidad qué es la pereza y cuáles son sus causas y consecuencias. Luego, discutiremos el cómo y el porqué del trabajo duro. Por último, consideraremos algunas formas prácticas de superar la pereza y crecer en el área del trabajo duro y la disciplina. Entonces, sin más preámbulo…
Audioguía
Audio#60 Cómo dejar de ser perezoso: vivir con propósito
Parte I: El Propósito De Dios Para Nuestro Trabajo
Dios es trabajador
La Biblia inicia con la célebre frase: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Gn 1:1). A partir de esta simple oración, aprendemos mucho sobre Dios. En primer lugar, aprendemos que Dios es eterno: está por fuera del tiempo, siempre ha sido lo que es. ¿Has notado alguna vez cómo Moisés (el autor del Génesis) simplemente presupone la existencia de Dios? Todo lo demás en el universo fue creado, pero no Dios. Dios siempre ha existido. Cuando exploramos lo que la Biblia dice sobre la pereza, debemos empezar por esto: la naturaleza eterna de Dios.
En segundo lugar, aprendemos que Dios tiene un poder extraordinario. Después de todo, ¡creó el mundo entero! Si seguimos leyendo el libro de Génesis, vemos que el medio que Dios usa para crear es su voz. El texto repite: «Y dijo Dios…» (Gn 1:3, 6, 9, 11, 14, 20, 24). Luego de emitir su poderosa palabra, se hacía realidad lo que Él quería. Es el ejemplo definitivo de industria, lejos de ser perezoso.
Por último, combinando estas dos verdades, aprendemos que Dios no es perezoso o, para decirlo de forma positiva, es trabajador.1 Piénsalo. Dios siempre ha existido. Eso significa que es totalmente suficiente en sí mismo para su propia vida. Aun así, Dios eligió deliberadamente actuar a tiempo y crear el mundo. Imagina encontrarte con una inmensa cantidad de dinero. Una cantidad tan grande que te codearías con los Bezos y Musks del mundo. ¿Qué sería lo primero que harías después de contar los ceros? Me imagino que muchos de nosotros dejaríamos de trabajar y sucumbiríamos ante la pereza. No así Dios. Dios, el único eterno, completamente suficiente y totalmente satisfecho, decidió trabajar para crear el mundo.
Dios nos creó para que seamos trabajadores como Él
Está bien, lo entiendo: Dios es trabajador, creó todo el mundo y lo que existe en él. Enfoquémonos en la parte de la historia en la que aparecemos nosotros. Génesis 1:26 dice: «Luego dijo Dios: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo”». Así como podemos aprender mucho sobre Dios en Génesis 1:1, podemos aprender mucho sobre nosotros mismos en Génesis 1:26.
Fuimos hechos a imagen de Dios. Ahora bien, un breve anuncio importante: hay formas en las que nunca seremos como Él. Hay cierta «divinidad» en Dios que nunca tendremos. En caso de que esto te sorprenda, solo necesitamos volver a analizar Génesis 1:1 y 1:26 para darnos cuenta de que Dios es, en ciertos aspectos, completamente único. Él es el Creador y nosotros somos las criaturas. Él tiene vida en sí mismo, y nuestras vidas provienen de Él. Él puede trabajar para crear el mundo a partir de la nada, mientras que nuestros trabajos requieren materiales preexistentes que Dios nos brinda. Estas son solo algunas de las diferencias, para que no se nos suba a la cabeza, como diría mi abuela.
Aun así, hay ciertas formas en las que sí somos como Dios. En particular, fuimos hechos para trabajar. Dios trabaja, por lo tanto, nosotros también. Vuelve a leer Génesis 1:1. ¿Quién tiene dominio sobre los cielos y la tierra? Dios. Es decir, Él creó el mundo, por lo que está a cargo de este. En otras palabras, puede trabajar en él cuando lo desee. Lo entiendes, ¿verdad? El poder creador le confiere una autoridad dominante. Ahora, vuelve a Génesis 1:26 y hazte la misma pregunta. ¿Quién tiene dominio? ¡Nosotros! ¡Guau! Dios nos crea y nos confiere la responsabilidad de dominar todo lo que ha creado. ¡Increíble! Así, el trabajo es una parte de lo que significa ser humano. Es parte de lo que conlleva ser hechos a imagen de Dios. Este es un concepto fundamental al comprender lo que dice la Biblia sobre la pereza y nuestro propósito.
A veces, se asocia erróneamente el trabajo con la caída del hombre, como si no tuviésemos razón para trabajar de no ser por el pecado. Sin embargo, el trabajo es una razón que justifica la existencia humana mucho antes de que el pecado entrara en escena. Es parte del orden creado sin mancha de pecado ni muerte. Entonces, la próxima vez que pienses en relacionar el trabajo con algo malo o te encuentres justificando tu pereza, deberías detenerte y recordar: «Dios me hizo para trabajar. Es parte del porqué de mi existencia».
Dios nos llama a trabajar para su gloria
De acuerdo, Dios nos creó para trabajar. La siguiente pregunta que debemos responder es: ¿por qué? La primera respuesta que nos ofrece la Biblia es de carácter utilitario, y vemos esto en el pasaje que hemos analizado: Génesis 1:26-28. Fuimos creados para administrar las cosas que hizo Dios. Las plantas, los animales y todo lo demás están bajo el cuidado de la humanidad hecha a su imagen. Y, bajo el cuidado de los humanos, estas cosas deberían prosperar. Cuando Moisés vuelve a contar la historia de la creación de Adán y Eva en Génesis 2, escribe: «Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn 2:15). El llamado a cultivar y cuidar indica una responsabilidad de mantener y expandir, de preservar y mejorar. De esto, podemos aprender que Dios hizo al mundo bueno, pero con la capacidad de crecer. También aprendemos que el hombre fue su vehículo elegido para llevar adelante ese crecimiento. El trabajo humano tiene una utilidad en el diseño de Dios.
La Biblia también nos ofrece un propósito teleológico del trabajo humano. Que no te asuste esa palabra difícil con «t». Significa «último» o «definitivo». Hay un propósito último para nuestro trabajo, y no finaliza aquí y ahora. Sí, Dios quiere que Adán expanda el jardín del Edén para que cubra toda la tierra, pero no por amor al jardín, ni siquiera por amor a Adán, aunque ambas cosas influyen. No, Dios quiere en última instancia que Adán haga esto por Él mismo: por la gloria de Dios.
Es por esto que, en el Nuevo Testamento, se ordena a los cristianos que «[…] trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo […]» (Col 3:23). ¿Qué significa esto en la práctica? Que cada aspecto práctico del trabajo en tu vida tiene un propósito más grande del que puedas imaginar. En lugar de ser una parte molesta de tu vida que intentas minimizar o abordar con pereza, el trabajo debería ser algo que realices sabiendo que glorificas a Dios cuando lo haces.
Recuerdo que una vez mi papá me pidió que llevara una pila de leña del frente de mi casa al patio trasero. Tenía solo ocho o nueve años. Para mí, fue como si mi padre me hubiese pedido que tale todo el bosque detrás de la casa. Me horrorizó la magnitud de la tarea. Sin embargo, noté que era una «oportunidad», por así decirlo. Mientras transportaba la primera carretilla de leña, noté que había un pino bastante grande a un lado de nuestro patio, con ramas extensas y bajas. Como diría el Grinch en el mundo del Dr. Seuss, tuve «una maravillosa y terrible idea». Tenía que actuar rápido. A los ocho años, era difícil saber cuándo los adultos estaban al tanto de lo que tramabas. Comencé a rodar las leñas debajo de ese pino. Reduje la distancia en un 75 por ciento y, por lo tanto, terminé en un cuarto del tiempo que me debería haber tomado.
Solo había un problema. Al costado de nuestra casa, a pocos metros de ese pino, había una ventana. Mi padre estaba parado frente a esa ventana, observándome lanzar cada una de esas leñas bajo el árbol. Fui atrapado y el juez me dio la sentencia máxima. Sin embargo, lo que me dolió más que recibir el castigo fue el hecho de que debería haberle hecho caso a mi padre, porque era mi padre y lo amaba. Recuerdo que me preguntó: «Taylor, ¿por qué me desobedeciste? Te amo, y puedes confiar en que cuando te pido algo es por tu bien y por el bien de nuestra familia. ¿Por qué desconfías y me desobedeces?». Esas preguntas fueron incisivas.
Una lección importante relacionada con trabajar para la gloria de Dios surge al reflexionar sobre mis métodos rebeldes y rústicos a los ocho años. En parte, trabajar para su gloria implica ser motivado por el amor; no solo nuestro amor por Dios, sino también su amor por nosotros. Verás, Dios nos ha dado todo lo que tenemos. ¿Qué es lo que tenemos que no hemos recibido? La respuesta es nada. Dios nos bendijo enormemente con todas las cosas. Sus mandamientos apuntan a darnos incluso más bendiciones, ya que solo hay seguridad en temerle a Él. Por lo tanto, trabajar para su gloria debería ser algo obvio. Solo hay un problema. Al igual que yo cuando tenía ocho años, a menudo nos vemos tentados a tomar atajos, hacer menos, esquivar responsabilidades, no hacernos cargo de las cosas y detestar el trabajo. ¿Por qué? Esa pregunta nos conduce a la próxima sección de esta guía, donde hablaremos de las causas de la pereza.
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Preguntas para reflexionar:
- Examina tu corazón y responde con sinceridad: ¿Cómo te sientes en cuanto al trabajo? ¿Por qué?
- ¿De qué forma te ves tentado actualmente a ser perezoso o practicar la holgazanería?
- ¿De qué forma el trabajo glorifica a Dios?
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Parte II: ¿Qué Es La Pereza? ¿Por Qué Existe?
¿Qué es la pereza?
Te daré una definición simple de pereza. La pereza es ser desinteresado o no mostrar voluntad para hacer lo que se supone que debes hacer, con el fin de no hacer nada o abusar de cosas más fáciles y agradables, como dormir, mirar televisión, navegar por las redes sociales o alguna otra actividad poco productiva. Puede que te preguntes: «¿Por qué soy tan perezoso?». Sin embargo, apuesto a que no necesitas una definición de pereza para reconocerla en tu vida y en la de los demás. La pereza resalta.
Una esposa le pide a su esposo que saque la basura, pero él espera hasta que termine el partido de fútbol. Luego, espera a que termine el siguiente partido de fútbol. Luego, espera hasta la mañana. ¿Qué estaba siendo él? Entre otras cosas, ¡perezoso!
Un estudiante universitario tiene un examen importante que necesita aprobar para pasar su clase de química, pero dice que estudiará después de ver un episodio de su serie favorita en Netflix. Luego, otro episodio. Y otro episodio. Muy pronto, está llamando a su mamá para informarle que reprobó la clase. ¿Qué tenemos aquí? Otra vez, pereza, o procrastinación y pereza.
Un padre le pide a su hijo que lo ayude a limpiar el garaje, ¡pero son las 10 a. m. de un sábado! El hijo decide ignorar el pedido y seguir durmiendo. Antes de que pueda darse cuenta, es la 1:30 p. m. Una vez más…
¡Pereza!
¿Qué hay de ti? ¿Cómo te afecta la pereza? Presiento que una de las formas más obvias de pereza hoy en día es el tiempo que pasamos usando nuestros teléfonos celulares. No tengo estadísticas que respalden esto (aunque apuesto que las hay), pero el contenido breve que consumimos hace que sea muy fácil decir: «Un video más y me pongo a trabajar en el proyecto». Un video se convierte en treinta minutos, o incluso en una hora de videos, y terminas sin trabajar. Llámalo procrastinación, llámalo terapia para la ansiedad (o tal vez pienses que es TDAH y pereza), lo que quieras. Sin importar lo que sea, no deja de ser pereza.
Sea cual sea tu «droga» de la pereza, identifícala ahora. Conocer tus inclinaciones hará que esta guía te sea de mayor provecho.
¿Por qué existe la pereza?
De acuerdo, la pereza se trata de evadir las responsabilidades para hacer algo más fácil. Es no hacer lo que debes hacer cuando debes hacerlo. Ahora, trataremos el problema de la existencia de la pereza. ¿Por qué simplemente no podemos nacer en un mundo en el que queramos hacer lo que debemos cuando debemos, y nunca sintamos pereza? Bueno, la respuesta rápida es: por el pecado. Esto aborda la pregunta: «¿La pereza es un pecado?». La entrada del pecado al mundo trastornó muchas cosas, incluida la bondad de las labores del hombre y su disfrute de ellas. Esta es una de las raíces de la pereza.
¿Recuerdas a Adán, el primer hombre en el Edén? Bueno, su pecado no solo lo afectó a él, sino también a todos nosotros. De hecho, en cierto sentido, estábamos en él y éramos representados por él cuando pecó. Pablo escribe a la iglesia de los Romanos: «Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo […] fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron» (Rm 5:12). El pecado, la muerte y todo lo malo en este mundo, incluyendo la pereza, entraron por el pecado de Adán. Ahora, puede que pienses: «Vaya, ¡qué injusto! ¿Ni siquiera estaba ahí y tengo que pagar por el error de Adán?». No tan rápido, amigo mío. Sí, pecamos en Adán. Pero también pecamos de forma personal y constante todo el tiempo. Pecamos voluntariamente, con alegría y a veces casi sin remordimiento, admitiendo que somos perezosos solo cuando alguien nos atrapa. Entonces, el pecado, la muerte y todo lo malo, incluyendo la pereza, existen a causa del pecado de Adán, pero también del nuestro. Esa es la realidad de la pereza en la Biblia.
¿Cuáles son las consecuencias de la pereza?
Entonces, la pereza es no hacer lo que debes hacer cuando debes hacerlo, y existe porque todos somos pecadores. La próxima pregunta que debemos responder es cuáles son las consecuencias de la pereza. La Biblia no se anda con rodeos para responder esta pregunta. A continuación, se presenta una selección de pasajes y versículos bíblicos sobre la pereza.
– Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado! — Proverbios 6:10-11.
– El perezoso codicia y no satisface sus anhelos; el diligente prospera en todo lo que anhela. — Proverbios 13:4
– Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos diligentes atraen riquezas. — Proverbios 10:4
– Por causa del ocio se viene abajo el techo y por la pereza se desploma la casa. — Eclesiastés 10:18
– Porque, incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma». Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que solo se meten en lo que no les importa. A tales personas ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida. — 2 Tesalonicenses 3:10-12
– Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. — Romanos 12:11
Podemos ver en estos pasajes que la pereza causa escasez, hambre e incluso afecta la fraternidad entre los creyentes de la iglesia. ¡Sale caro! Peor aún, Jesús nos enseña claramente que la pereza espiritual conduce a la ruina eterna (Mt 25:23).
Amigo mío, si te ves tentado a practicar el arte de la pereza, probablemente ya conozcas excusas como: «Son solo cinco minutos más», «No necesito hacer eso ahora, lo haré después» o «Si no leo mi Biblia hoy no pasa nada, necesito dormir». Ten mucho cuidado. La pereza te atrae y luego te adormece. El problema es que no puedes asegurarte de que despertarás de tu letargo. La pereza te afectará ahora y también te costará muy caro al final. Espero que una de las razones por las cuales acudiste a esta guía en primer lugar sea porque entiendes los riesgos asociados con la pereza, y deseas evitarlos y dejar de ser perezoso. Oro para que el Señor te ayude a tener éxito al superar la pereza.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿De qué manera se considera a la pereza un pecado?
- ¿Cuáles son algunos de los costos de la pereza?
- ¿De qué forma ser consciente de los costos te anima a trabajar duro y no ser perezoso?
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Parte III: El Porqué Y El Cómo De La Disciplina
El porqué de la disciplina
Thomas Edison le envió las siguientes recomendaciones a una asamblea de jóvenes que le pidió consejos sobre cómo dejar de ser perezoso:
- Siempre muestra interés por las tareas que emprendas.
- No prestes atención al reloj; sigue adelante y deja que la naturaleza te indique cuando necesites descansar.
- Lo que llamamos fracasos son las señales indicadoras que apuntan a la dirección correcta para aquellos que estén dispuestos a aprender.
- El trabajo duro y el interés genuino en todo lo que contribuya al progreso humano hará que los hombres y las mujeres sean más valiosos y aceptables ante sí mismos y ante el mundo.2
Consejos bastante buenos, debo decir. Estos puntos muestran que Edison estaba a favor de que los jóvenes cultiven la disciplina y aprendan cómo dejar de ser perezosos. Es cierto que no fue muy específico en cuanto a qué aspectos deberían mostrar disciplina. De hecho, en su primer punto indica que se debería mostrar interés y, en consecuencia, disciplina en cualquier tarea que se emprenda. Mi madre estaría de acuerdo con esto, solo que probablemente diría algo como: «Si vale la pena hacerlo, vale la pena hacerlo bien». Esta forma de pensar no da lugar al arte de la pereza.
Entonces, según Thomas, sin importar lo que hagas, deberías hacerlo con interés y disciplina. Pero ¿qué deberías hacer? Él responde que nuestro interés y nuestra disciplina deberían contribuir al progreso humano. En otras palabras, el trabajo duro es más que solo el trabajo en sí: es la clave para superar la pereza. El trabajo duro se trata de progreso, y no solamente el progreso personal, sino el de todos los demás, comenzando por quienes tienes más cerca.
Ya analizamos la forma en la que el trabajo debería glorificar a Dios y exploramos qué dice la Biblia sobre la pereza. Sin embargo, para comprender mejor qué tipo de trabajo glorifica más a Dios, necesitamos pensar en cuál es el impacto de nuestro trabajo en los demás. Edison tenía razón en su último consejo, a pesar de que no hablaba específicamente de la gloria de Dios. Lo que queremos hacer ahora es mostrar la relación entre dar gloria a Dios ayudando a otros a progresar, a la vez que nosotros mismos crecemos y evitamos ser perezosos en el trabajo.
Para ver esta relación, consideremos los dos mandamientos más importantes. Una vez, un fariseo experto en la Ley se acercó a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?» (Mt 22:36). Él ofreció dos respuestas a esa pregunta. El Señor dijo: «“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” […]. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”» (vv. 37-39). En su primera respuesta, Jesús dice básicamente que el objetivo principal de un ser humano es dar gloria a Dios al amarlo, la cura definitiva para la pereza espiritual. El Catecismo Menor resume este mandamiento en su respuesta a la pregunta: «¿Cuál es el fin principal del hombre?». Dice: «El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre».3
Por lo tanto, toda tu vida como cristiano se trata de dar gloria a Dios. En parte, haces esto al mostrar disciplina y al trabajar duro, a la vez que te niegas a ser definido como perezoso. El segundo mandamiento de Jesús nos ayuda a entender qué tipo de disciplina glorifica a Dios: aquella en la que amamos y ayudamos al prójimo a progresar. Deberías trabajar para hacerles un bien a los demás, material y espiritualmente, y deberías hacerlo por amor a Dios y al prójimo.
YIncluso se podría decir que la Biblia define a la disciplina de esta manera: el uso de tu vida para amar a Dios y al prójimo. Este es el secreto para superar la pereza. ¿Es así como abordas tu trabajo, sin importar cuál sea? ¿O para ti el trabajo se trata de recibir tu salario o cumplir con una obligación? Analiza la situación, amigo mío. ¿Estás cediendo ante la procrastinación y la pereza? La Biblia te llama a algo más que simplemente cumplir con tu horario laboral. Cumples con tu horario y trabajas con excelencia para demostrar la bondad de Dios hacia ti y sustentar a quienes puso a tu lado y a tu cargo. Cumples con tu horario para dar gloria a Dios y amar al prójimo. Esa debe ser nuestra razón para trabajar si nuestro trabajo es agradar al Señor, y si de verdad queremos dejar de ser perezosos.
La práctica de la disciplina
Abordaremos la parte práctica a partir de este momento y finalizaremos en la siguiente sección.
Mi hijo mayor nació el 4 de junio de 2024. Aprendí, 24 horas después de su nacimiento, una lección muy importante: no le importaba mi calidad de sueño… para nada. No le importaba ni un poco que fueran las 2 a. m. y que todo ser humano decente en nuestro huso horario estuviera durmiendo. Él estaba despierto, y eso implicaba que también yo lo estuviera. Esos fueron cinco meses duros para mi esposa y para mí. Estábamos muy cansados. El trabajo era muy duro.
Aun así, saber que el propósito de nuestras vidas era amar a Dios y al prójimo (especialmente a los que teníamos más cerca, en este caso mi hijo) hizo toda la diferencia. Evitó que me preguntara: «¿Por qué soy tan perezoso?» y me ayudó a actuar. ¿Qué querría Dios que hiciera a las 2 a. m. cuando mi hijo se despertaba con un ataque de llanto? Darle algo para comer, cambiarle el pañal, cantarle una canción o mecerlo hasta que se duerma. ¿Por qué? Porque cuidar de mi hijo en la fe le hacía bien y glorificaba a Dios.
En cierto sentido, el cómo de la disciplina comienza por pasar todo por el filtro del amor por Dios y por el prójimo. Esta es la base para superar la pereza. ¿Esta acción mostrará el carácter de Dios al mundo? ¿Ayudará a mi prójimo a progresar? Hacerte estas preguntas no solo te ayudará a rechazar las cosas equivocadas y a dejar de ser perezoso, sino que también te motivarán a trabajar duro mientras haces lo correcto.
Hablando de hacer lo correcto, estaría mal de mi parte no mencionar que lo mejor que puedes hacer por alguien y, en consecuencia, la mejor forma de glorificar a Dios es el trabajo espiritual. Debemos estar alerta ante la pereza espiritual. No me malinterpretes, está muy bien dar agua a los sedientos, comida a los hambrientos y techo a los sin hogar. Está bien llevar a tus hijos a la escuela cada mañana, recargar una jarra de agua en el trabajo al verla vacía (y no ser perezoso en el trabajo) y quitar la nieve de la vereda de tu vecino. Estos actos de servicio materiales o muestras de trabajo duro ayudan al prójimo y por lo tanto glorifican a Dios y son buenas obras, entonces, ¡haz más de eso!
Pero el trabajo más importante que puedes hacer es espiritual. Esto no quiere decir que todas las personas leyendo esto deban dejar su trabajo y asistir al seminario para convertirse en pastor (¡aunque algunos de ustedes sí!). Sin embargo, lo que quiere decir es que tu objetivo principal en el trabajo debería ser decir la verdad sobre quién es Dios y ayudar a otras personas a entender lo que significa seguirlo. Después de todo, ser cristiano requiere que creas que el cielo y el infierno existen, que Jesús es el único camino para hallar perdón por los pecados, y que la mejor vida que se puede vivir es una en la que sigas a Cristo. Al creer todo eso, ¿qué bien le estás haciendo a tu prójimo si tiras su basura pero no les cuentas cómo pueden reconciliarse con Dios?
Lo último que quiero decir sobre este tema es que los actos de servicio o demostraciones de trabajo duro materiales y espirituales no son mutuamente excluyentes. ¿Por qué llevas a tus hijos a la escuela? Bueno, para que puedan aprender a leer y cultivar su habilidad de pensamiento crítico. Los beneficios de la educación los ayudarán mucho cuando sean mayores y necesiten un trabajo. ¿Sabes para qué más les servirá? Para leer sus Biblias, en donde aprenderán cada vez más sobre Dios. Una vez más, ¿por qué deberías darles una educación a tus hijos? Para que crezcan para convertirse en miembros productivos de la sociedad y para que aprendan a conocer y amar al Señor su Dios.
Te daré otro ejemplo solo para asegurarnos de que entiendas el punto. ¿Por qué eliges servir el desayuno a las personas sin hogar en tu comedor local los sábados por la mañana en lugar de quedarte durmiendo? ¿En lugar de practicar el arte de la pereza? ¡Un objetivo legítimo debería ser asegurarse de que los hambrientos puedan alimentarse! Pero un objetivo incluso mayor debería ser que aquellos a quienes sirvas vean y oigan en tu acto de servicio y en tus palabras algo sobre Jesús, el Pan de vida (Jn 6:35).
Verás, los actos materiales de servicio que son fruto de tu labor también sirven en el ámbito espiritual. Tu trabajo de servir a tu cónyuge, tus hijos, tu iglesia, tu jefe, tus amigos y tu comunidad tiene como propósito glorificar a Dios y hacer que sus vidas sean mejores a la vez que los guías hacia la vida eterna en Jesús. Hay muchos beneficios para ti si trabajas para ellos. Pero no te equivoques: ser perezoso te costará todos ellos. Si trabajas para otros, puedes elevarlos hacia Dios para que vean su gracia y lo reciban al mismo tiempo que se satisfacen sus necesidades materiales. No obstante, si eliges la pereza, no tendrás un impacto tan grande.
Así, aprendemos que aunque sintamos que la pereza nos beneficia, nos cuesta mucho. Entender esto es crucial para aprender cómo dejar de ser perezosos. La tentación de la pereza nos dice: «Será mejor que cuides de ti mismo en este momento y no hagas lo que tienes que hacer». Acceder a esto implica que no bendigas a otros con tu labor y, por lo tanto, no glorifiques a Dios. Si te pierdes de esa oportunidad, no solo los demás pagarán por ello, sino que también tú. Recuerda que nunca puedes beneficiarte de hacer algo distinto del propósito que Dios tiene para ti, y este es que lo ames y que ames a tu prójimo.
De acuerdo, en esta sección comentamos que la razón detrás del trabajo duro es glorificar a Dios y hacerle un bien a los demás. También vimos que estos dos objetivos se interrelacionan y crean un filtro por el cual podemos comenzar a entender a qué trabajos deberíamos acceder, ayudándonos a resistir la procrastinación y la pereza. Por último, resaltamos que el trabajo más importante que podemos hacer es espiritual, a pesar de que este muchas veces se da al mismo tiempo y a través del trabajo material.
Entonces, deberías estar motivado a trabajar duro y ser disciplinado. Incluso deberías tener una idea conceptual de lo que eso requiere. En nuestra próxima sección, la última, echaremos un vistazo a la estrategia para que comiences a dar pasos en esa dirección.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuál es la relación entre amar a Dios y amar al prójimo?
- ¿De qué manera pensar sobre tu trabajo como una forma de ayudar a los demás te anima a trabajar duro y dejar de preguntarte por qué eres tan perezoso?
- ¿Cómo se relaciona el trabajo material con el trabajo espiritual?
- ¿Por qué el trabajo espiritual es el tipo de trabajo más importante que podemos hacer?
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Parte IV: La Estrategia
Es hora de hablar sin pelos en la lengua. La mayoría de las cosas que mencionamos son obligatorias para los cristianos. Por ejemplo, amar a Dios y al prójimo no son cosas opcionales. Ahora, se presentarán algunas sugerencias sobre cómo puedes comenzar a ser una persona más disciplinada y dejar la pereza. Creo que te serán de ayuda, pero no quiero que pienses que son garantías infalibles. Tampoco quiero que creas que estas son las únicas cosas que puedes o deberías hacer para cultivar la disciplina. Hay miles de acciones prácticas que podemos realizar para ser más disciplinados. Considera estas como un punto de partida y sigue adelante desde aquí.
Ten un plan
Es increíble lo poco que se puede lograr sin un plan. Tener un propósito suele ir de la mano con tener un plan. Amigo, si eres perezoso hoy y batallas contra la procrastinación y la holgazanería, probablemente necesites algo parecido a un plan para convertirte en alguien disciplinado el día de mañana.
Ya te conté que mi hijo nació el 4 de junio de 2024. Algo asombroso sucedió tres meses después. Observé a mi esposa correr una media maratón, sosteniendo a mi hijo de tres meses en brazos mientras cruzaba la meta (no, no lo sostuvo durante toda la maratón, se lo pasé cuando faltaban 100 yardas). Al verla lograr eso me sentí extremadamente orgulloso. Cuando terminó la carrera, pensé: «Necesito correr una maratón. Si ella puede hacerlo, también yo».
Solo había un problema: detesto correr. Solía bromear diciendo: «Corro solo cuando juego al básquetbol o cuando alguien me persigue». Odiaba correr y todo lo que eso conlleva. Sentía que lo mío era el arte de la pereza. ¡Pero me propuse correr una maratón! Esto fue lo que aprendí: pasar de no correr nada a correr 42 kilómetros requiere de un plan —un plan con miles de pasos diferentes—. Hay muchas cosas incluidas en 42 kilómetros: nutrición, descanso, estiramientos, carreras lentas, carreras rápidas, carreras intermedias y sí, mucho hielo e ibuprofeno. Todas estas cosas deben ser parte del plan.
Aprendí por las malas que necesitaba un plan. ¿Cómo corres una maratón? Bueno, sales a correr por primera vez y simplemente corres lo más lejos y lo más rápido que puedas hasta que puedas recorrer 42 kilómetros. Luego, repites eso todos los días hasta el día de la maratón. La primera vez que salí a correr recorrí 3 kilómetros, y estaba bastante seguro de que me iba a morir. Rápidamente, aprendí que necesitaba regular el ritmo, entrenar de acuerdo con mi frecuencia cardíaca, descansar algunos días y subir el nivel de a poco si realmente quería llegar a correr esa distancia. Estas cosas también debían ser parte del plan.
¿Adivina qué? En 2025, corrí mis primeras dos maratones (¡lento!). Eso no hubiese sucedido si no hubiese tenido un plan. Tú y yo necesitamos de un plan para dirigir nuestro esfuerzo y superar la pereza.
De acuerdo, quieres ser disciplinado y eso requiere de un plan. ¿Cómo trazar un buen plan? En primer lugar, necesitas priorizar lo más importante. En segundo lugar, debes decidir cómo pasarás tu tiempo. En tercer lugar, necesitas limitar las distracciones y eliminar las excusas (como decir que es solo TDAH y pereza). Finalmente, debes hacer una evaluación para mejorar. Vayamos paso a paso.
Comencemos por las prioridades. Si eres cristiano, tu fin último es amar al Señor tu Dios, y no puedes hacer esto sin pasar tiempo con Él en su Palabra y en oración. Muchos cristianos piensan que la mañana es el mejor momento para estas disciplinas espirituales. Sin embargo, la Biblia no especifica cuándo debes leerla. En todo caso, la imagen que obtenemos de las Escrituras es que deberíamos pasar todo el tiempo en la Palabra de Dios. Josué escribió a los hijos de Israel: «Recita siempre el libro de la Ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito» (Jos 1:8). De forma similar, Pablo les escribió a los Colosenses: «Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza […]» (Col 3:16). ¿Cómo puedes meditar en la Palabra de Dios o permitir que habite en ti con toda su riqueza si nunca pasas tiempo leyendo la Biblia ni orando?
Amigo mío, si no eres disciplinado con las cosas espirituales y sucumbes a la pereza espiritual, tu disciplina en las demás áreas es de poca importancia. Entonces, pregúntate a ti mismo cuál es el mejor momento del día para tener un tiempo devocional. Si no estás acostumbrado a pasar tiempo en la Palabra de Dios y orar a diario, comienza por hacerlo quince minutos al día. Sin importar en qué momento del día sea, asegúrate de tener disciplina y hacerlo diariamente.
La segunda prioridad en la que te sugiero enfocarte es en tu familia. Puede que seas cónyuge, padre o hermano. Definitivamente eres un hijo o una hija. Sin importar qué seas, enfócate en reforzar tus vínculos familiares. Sirve a quienes Dios puso en tu vida. Trabaja para mostrar que te importan las necesidades de tu familia. Prioriza trabajar para ellos en lugar de actividades que no requieren pensar, como usar las redes sociales, una causa común de la pereza. Eso es un desafío para mí. Luego de un largo día, puede que me dé pereza el trabajo y solo quiero llegar a casa y sentarme en silencio a ver las noticias. Pero ¿sabes dónde quiere que esté mi hijo pequeño? En el suelo, jugando con sus bloques, construyendo tiendas con las sábanas o leyendo un cuento. ¿Qué opción crees que es la mejor? Servir a mi hijo, siempre. Sin importar cuáles sean este tipo de oportunidades en tu vida, aprovéchalas y haz a un lado la pereza.
Una tercera prioridad en la que realmente te recomiendo que seas disciplinado es el cuidado de los demás miembros de tu iglesia. El Nuevo Testamento está lleno de mandamientos de «los unos a los otros». Estas son obligaciones que tienen los miembros de una iglesia entre sí. Amarse unos a otros. Servirse unos a otros. Orar los unos por los otros. Amonestarse unos a otros. ¡El peso colectivo de estos mandamientos nos lleva a pensar que nuestra membresía en la iglesia es algo muy importante! Puede que pienses: «¿Qué tiene que ver la membresía con la disciplina?». Tiene mucho que ver. Especialmente cuando llega el domingo por la mañana y te ves tentado a faltar a la iglesia para dormir más o para ir a jugar al golf con tus colegas. Cuando debes elegir entre servirte a ti mismo o servir a tu familia en la iglesia, no cedas ante la pereza espiritual. Sé disciplinado y sirve a tu familia eclesiástica.
Una cuarta prioridad en la que debes tener disciplina es tu trabajo. Ya sea que tu vocación sea ser doctor, abogado o madre y ama de casa, Dios te ha encomendado una tarea y debes hacerla para Él. Esto significa no tomar atajos. No robarle tiempo a tu empleador. No ser perezoso en el trabajo. No mentir. No hablar mal de tus colegas. No disciplinar a tus hijos con ira. No caer en la procrastinación y la pereza. Para decirlo de forma positiva: debes hacer tu mejor esfuerzo. Hacer lo que puedas para mejorar la vida de quienes te rodean. Contribuir con ideas y esfuerzo para mejorar tu compañía o el bienestar de tu familia. Sin importar lo que hagas en tu horario laboral, hazlo de todo corazón y para la gloria de Dios.
Deberías tener un buen plan para cada una de estas áreas. Piensa en formas prácticas en las que puedes ser más disciplinado ya sea como cristiano, cónyuge, padre, hijo, miembro de la iglesia o trabajador; y aprende a dejar la pereza. Escríbelas en forma de plan para superar la pereza y ponte a trabajar.
Practica la rendición de cuentas
De acuerdo, ya tienes un plan. Está bien. El próximo paso es compartirlo con alguien más. Podrías empezar con alguien cercano, como tu cónyuge, o acudir a la iglesia, lo que sería genial. Pídele a otro miembro que revise tu plan y te inste a cumplirlo. En este sentido, creo que a menudo imaginamos que los otros miembros de la iglesia no tienen por qué meterse en nuestros asuntos. Tal vez no nos molesta que alguien nos pregunte sobre nuestras vidas de oración o cómo va nuestro evangelismo, pero que no se les ocurra mencionar nuestras finanzas, nuestros hábitos alimenticios o nuestras relaciones familiares. Amigo mío, si te ves tentado a mantener este tipo de cristianismo «privado», ocultando tu procrastinación y tu pereza, te animo especialmente a que halles alguien de confianza en tu iglesia y les compartas con honestidad tu plan para cultivar la disciplina. No solo te ayudarán a rendir cuentas, lo cual es muy útil para superar la pereza y cultivar la disciplina, sino que también aprenderás a caminar junto a otros mientras ellos caminan junto a ti. La rendición de cuentas es necesaria para crecer en la disciplina y en la transparencia, y la interdependencia es necesaria para crecer espiritualmente. ¡En este caso tenemos una oferta especial de dos por uno!
Ora con frecuencia
Es sorprendente cuán a menudo me engaño a mí mismo pensando que puedo crecer sin oración. Me pregunto si eres igual en ese sentido. Te preguntas: «¿Por qué soy tan perezoso?», pero no oras al respecto. Amigo mío, cultivar la disciplina y aprender a dejar de ser perezoso requerirá de una fuerza que no tienes y una sabiduría que no puedes conjurar. Permíteme hablar un poco más de las maratones. Actualmente, estoy inscrito en mi tercera carrera. La diferencia es que esta vez contraté a un entrenador. La planificación era demasiado elaborada, y simplemente no sabía qué hacer para optimizar mi entrenamiento. Por lo tanto, contraté un entrenador al que puedo llamar y preguntarle: «¿Qué debo hacer ahora?».
Ya hablamos de ser disciplinados al acudir a la Palabra de Dios (leer versículos sobre la pereza) y orar. Aquí, quiero enfatizar en orar pidiéndole a Dios ayuda específicamente para crecer en la disciplina. Al empezar el día, puedes orar diciendo algo como: «Señor, sé que tiendo a desperdiciar el tiempo y ser perezoso. Por favor, ayúdame hoy a saber cómo servirte a ti y a los demás con toda la fuerza que me has concedido». Luego, al ir al trabajo, pregúntale al Señor: «Señor, ¿es sabio pasar tiempo haciendo esto? ¿Esto te glorifica o debería hacer algo más? Ayúdame a evitar la pereza en el sentido bíblico. Necesito sabiduría, por favor, dámela». Santiago escribe: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (St 1:5).
A menudo, imaginamos que la disciplina es algo que debes hacer con tus propias fuerzas para remediar las causas de la pereza. La disciplina cristiana no es así. Eso es porque el cristianismo predica el concepto de que no tienes ninguna fuerza que no provenga de Dios. ¿Quieres cultivar la disciplina? Necesitarás la ayuda del Señor. Por eso, ora. Ora mucho. El Señor escucha las oraciones de sus hijos y le encanta responderlas.
Descansa
Finalmente, permíteme animarte a que, en tu búsqueda de la disciplina, te acuerdes de descansar. Dios te ha dado la vida para que lo glorifiques a través del servicio, y el servicio requiere de disciplina. Eso es cierto. Sin embargo, Dios también te ha dado el descanso para revitalizar tu cuerpo y tu alma. No puedes hacer todo bien, e incluso si te acercas a eso, a veces necesitas sentarte y descansar. De vez en cuando, simplemente necesitas disfrutar de lo que Dios te ha dado, ya sea eso un libro, una película, una siesta o una caminata. Lidero un grupo comunitario en mi iglesia, y actualmente estamos estudiando Eclesiastés. Por supuesto, Eclesiastés tiene mucho que decir sobre el trabajo y lo que dice la Biblia sobre la pereza. Pero me impresionó lo directo que es el escritor al hablar del descanso y de disfrutar lo que Dios nos dio. Escribe: «Esto es lo que he comprobado: que en la vida bajo el sol lo mejor es comer, beber y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que Dios nos ha concedido; es lo que nos ha tocado» (Ec 5:18).
El descanso nos recuerda el punto anterior: que dependemos de Dios. El descanso revitaliza nuestro cuerpo y alma. El descanso nos alienta cuando, de otro modo, nos veríamos tentados a agotarnos. El descanso glorifica a Dios porque nos permite disfrutar de lo que Él nos dio.
Entonces, amigo mío, no ignores el descanso en la búsqueda de la disciplina. La cantidad adecuada de descanso no hará que seas perezoso, ni que te sientas culpable de serlo. De hecho, el descanso apropiado es necesario para ser disciplinado y evitar la procrastinación y la pereza. Entonces, descansa y disfruta de lo que Dios te dio.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué parte de esta estrategia para dejar de ser perezoso parece más difícil para ti? ¿Por qué?
- ¿Ya has rendido cuentas antes? ¿De qué forma? ¿En qué medida te resultó útil?
- ¿A qué persona de tu vida en la actualidad puedes rendirle cuentas?
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Conclusión
La disciplina es algo que deberás perseguir toda tu vida. No es como si un día te ganarás un trofeo de la disciplina y por el resto de tu vida podrás dormir en los laureles. No, las personas disciplinadas son así porque continuamente dicen que sí a lo que deben hacer cuando deben hacerlo. Nadie es perfecto, pero el crecimiento real es posible hasta el punto de que podamos caracterizarnos por este tipo de disciplina, superando con éxito la pereza. Deberíamos querer ser así, porque la disciplina glorifica a Dios. Resalta que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Sirve a quienes nos rodean. Por último, al ser disciplinados, crecemos y dejamos de ser perezosos.
Entonces, ahora que has leído toda esta guía para superar la pereza, ¿qué vas a hacer? Oro que la respuesta sea que vas a ponerte a trabajar para la gloria de Dios y para el bien de los demás.
Referencias
- No estoy diciendo que la existencia de Dios por fuera de su obra creadora en el mundo esté caracterizada por la pereza, o que haya comenzado a trabajar solo cuando creó. En cambio, estoy analizando el libre albedrío de Dios para actuar más allá de sí mismo y crear el mundo según su voluntad. Su elección fue libre en el sentido de que no estaba obligado a actuar, pero aun así lo hizo.
- Zuck, Roy B: The Speaker’s Quote Book: Over 4,500 Illustrations and Quotations for All Occasions [Grand Rapids, MI: Kregel Publications], 1997.
- Catecismo Menor Presbiteriano de Westminster de 1647. Internet Archive, editado por Eduardo Algeciras, https://archive.org/details/CATECISMOMENORPRESBITERIANODEWESTMINSTERDE1647/mode/2up [Consulta: 1 de mar. 2026].
Acerca del autor
TAYLOR HARTLEY se desempeña como director editorial de 9Marks en Washington, D. C. Está casado con Rachel, con quien tiene un hijo, Bode. Taylor obtuvo su máster en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Actualmente, está trabajando para obtener su máster en Teología en el London Seminary, en Reino Unido.
Tabla de contenido
- Parte I: El Propósito De Dios Para Nuestro Trabajo
- Dios es trabajador
- Dios nos creó para que seamos trabajadores como Él
- Dios nos llama a trabajar para su gloria
- Preguntas para reflexionar:
- Parte II: ¿Qué Es La Pereza? ¿Por Qué Existe?
- ¿Qué es la pereza?
- ¿Por qué existe la pereza?
- ¿Cuáles son las consecuencias de la pereza?
- Preguntas para reflexionar:
- Parte III: El Porqué Y El Cómo De La Disciplina
- El porqué de la disciplina
- La práctica de la disciplina
- Preguntas para reflexionar:
- Parte IV: La Estrategia
- Ten un plan
- Practica la rendición de cuentas
- Ora con frecuencia
- Descansa
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Referencias
- Acerca del autor