#29 La Búsqueda De Una Mayor Oración
Introducción: La emoción y la dificultad de la oración
¿Por qué es tan emocionante la oración? O más bien, ¿por qué debería serlo? Para empezar, porque Dios responde a nuestras oraciones. Tan solo considera conmigo conmigo que en la infinita sabiduría y el plan soberano de Dios, se nos anima una y otra vez en las Escrituras a orar porque de Dios responderá a nuestras oraciones.
El hecho de que las palabras que le decimos a Dios tengan un lugar importante en Su gran plan es extraordinario. Piénsalo por un momento: ¿existe algún otro medio de gracia que Dios haya dado al hombre del que se pueda decir lo mismo? En efecto, Dios ordena a los cristianos que hagamos muchas cosas, como leer la Biblia, invertir de forma intencionada en los demás, entregarnos a Él para servirle, y cuando caminamos en obediencia en cualquiera de estas áreas, podemos experimentar la bendición de Dios y sentir Su presencia divina guiándonos y dándonos poder. Pero la oración es el único medio de gracia que Dios nos ha concedido en el que Él entra en acción y podemos ver Su poder claramente manifestado. La oración es un don increíble de Dios, porque nos permite ver cómo Él actúa.
Sin embargo, esta realidad también pone de manifiesto otra más triste, y es que es fácil que nos entusiasmemos por orar, pero es difícil hacerlo. Cuando bajamos de la cima en la que vemos que el Dios del universo se mueve, y volvemos a nuestra vida cotidiana, la oración a veces puede parecer algo sin importancia, innecesaria e incluso aburrida. Si te ocurre como a mí, puedo llegar a entusiasmarme mucho frente a la idea de orar y conocer el poder que hay en la oración, pero luego me cuesta orar con constancia.
Al preguntarnos por qué la oración puede resultar tan difícil, podemos identificar algunos bloqueadores potenciales que contribuyen al problema. Tal vez se deba al ritmo de vida acelerado que llevamos en el siglo veintiuno y en el primer mundo. O quizá se deba a que no siempre obtenemos de la oración la respuesta instantánea y positiva que sí recibimos de otras actividades espirituales. También es posible que la oración nos haga sentir como si estuviéramos hablando solos y nadie más nos escuchara. Pero en el fondo de la cuestión, en casi todos los casos, debajo de la falta de oración subyace una raíz de incredulidad. La falta de oración equivale a la falta de fe.
Suena bastante alentador, ¿verdad? Y ya que estamos de acuerdo en que todos podemos crecer en la oración, la pregunta que sigue es: «¿qué hacemos ahora?». La intención de esta guía de estudio es fortalecer tu fe en el Dios que responde a las oraciones. A lo largo del camino, quiero ayudarte a reforzar tu vida de oración ofreciéndote algunos consejos prácticos sobre cómo orar más eficazmente. Y luego quiero enseñarte uno de los secretos mejor guardados sobre la oración del que nadie habla. Esa es la ruta y la meta final deseada. ¿Estás preparado? Pero antes de ponernos en camino hacia esa meta, primero tenemos que entender mejor a qué nos está llamando Dios, y qué es lo que hace que la oración sea tan difícil de practicar.
Audioguía
Audio#29 La Búsqueda De Una Mayor Oración
Parte I: El Mandamiento Más Difícil De Obedecer
La oración es emocionante porque Dios responde a nuestras peticiones, pero también porque es el lugar donde nos encontramos con Él. Moisés solía hablar con Dios cara a cara, y Josué «no se apartaba de la tienda» donde se reunía con Dios (Ex 33:11). De la misma manera, hoy podemos entrar en la sala del trono celestial y hablar con el Comandante del ejército del Señor. Sin embargo, a pesar de toda esa emoción y peso que Dios le quiere dar, la oración sigue siendo el eslabón más débil en la fe de muchos hoy en día en la iglesia.
Por tanto, para intentar develar el misterio de por qué es tan difícil orar, podemos plantearnos y responder algunas preguntas que nos permitirán llegar al fondo de esta realidad que experimentamos muchos de nosotros.
- ¿Qué es la oración?
Con toda la emoción que suscita conocer el potencial que tiene la oración, es importante que primero nos preguntemos: «¿Qué es la oración?». Siendo directos, en su sentido más básico, la oración es simplemente hablar con Dios. Como afirmó un reformador, «la oración no es otra cosa que abrir nuestro corazón ante Dios».1 Esta apertura en la comunicación con Dios implica adorar a Dios por ser quien Es, darle gracias por Su provisión y bendición en nuestras vidas, confesarle nuestros pecados para que nos perdone y suplicarle que nos ayude, ya sea por medio de Su fuerza o de Su consuelo. En resumen, podría decirse fácilmente que la oración es el más sencillo de todos los hábitos de gracia en nuestra vida como cristianos.
A partir de esta definición básica, es importante que sepamos que la voluntad de Dios es que oremos, y que lo hagamos a menudo. Él no quiere que oremos solo de vez en cuando, o cuando nos apetezca, o cuando estemos realmente en un apuro. Dios quiere que «oremos sin cesar» (1Ts 5:17). Él desea una comunicación continua con aquellos que ha hecho a Su imagen, es decir, con nosotros. Dios quiere que oremos.
2. ¿Qué significa orar sin cesar?
Leer el versículo «oren sin cesar» es el equivalente espiritual a recibir una ducha de agua fría en un día fresco: ¡es una verdadera sacudida para el sistema! Pero, ¿qué significa realmente orar sin cesar? Si alguna vez has intentado orar sin detenerte, probablemente ya para el mediodía te hayas sentido desanimado y listo para abandonar, en especial si tienes que hacer otras cosas. Por lo general, no tarda mucho en venir una canción a tu cabeza, o una distracción que lleve tu mente a otra parte, y muy pronto te encuentras lejos de cualquier cosa parecida a la oración. Al fin y al cabo, la multitarea es un mito (compruébalo con la ciencia, ¡es cierto!).
La estructura con la que Dios nos ha creado en realidad solo nos permite hacer una cosa a la vez. Algunos pueden ser muy hábiles en alternar entre dos cosas, pero en toda la maravillosa simplicidad con la que estamos hechos los seres humanos, solo podemos hacer una cosa a la vez.
Y si esto es así, ¿entonces cómo podemos orar mientras mantenemos una conversación, enviamos un correo electrónico o nos centramos en otra tarea importante? O bien estamos fallando constantemente y el mandamiento no puede cumplirse ni remotamente, o bien estamos malinterpretando la intención de lo que Dios dijo.
Cuando estudiamos la vida de Jesús y aplicamos el sentido común, podemos razonar que, si bien no es posible estar en comunicación verbal con Dios en todo momento, sí se puede mantener una disposición para la oración en todos los ambientes y a lo largo de todo el día. O expresado en sentido negativo sería así: no hay momento, lugar o entorno en el que la oración no sea apropiada. Parece que el mandamiento tiene menos que ver con una actividad continua de oración y más con una actitud permanente de ella. En pocas palabras, orar sin cesar es desarrollar una disposición y un instinto de oración.
En la naturaleza, uno de los instintos animales más sorprendentes lo encontramos en la migración de las mariposas monarca. Estas diminutas criaturas emprenden un viaje asombroso que se extiende 5.000 kilómetros desde Canadá y Estados Unidos hasta sus lugares de hibernación en México. Lo que hace aún más increíble este instinto es que esta migración no es el esfuerzo de una sola generación, sino que a menudo abarca varias generaciones. Estas mariposas utilizan una combinación de señales ambientales, como la posición del sol y el campo magnético de la Tierra, para realizar este increíble viaje. ¿Y cómo lo logran? A través de los instintos innatos que el Creador ha puesto en ellas.
Del mismo modo, Dios quiere que desarrollemos una disposición regular y un instinto innato de oración. Este tipo de oración instintiva e incesante es similar a mantener una postura constante y lista para orar en cualquier momento, en cualquier lugar y sobre cualquier cosa.
En cualquier momento. David oraba por las mañanas (Sal 5:3), Daniel oraba en cada comida (Dn 6:10), Pedro y Juan oraban por la tarde
(Hch 3:1), y el salmista oraba a medianoche (Sal 119:62). A Jesús se le encuentra orando a cualquier hora del día y en muchas situaciones diferentes (Lc 6:12-13). La motivación para una oración incesante es que Dios siempre está trabajando y nunca deja de ser Dios. Lo que esto significa, mi querido amigo, es que puedes orar en cualquier momento. Cuando recién te despiertas, o cuando estás en una reunión en el trabajo, como Nehemías (Neh 2:4-5). Si no puedes dormir, ¡ora! Si te sientes feliz, ¡ora! Si estás ansioso, solo o triste, ¡ora! En cualquier momento, de noche o de día, nuestro Padre celestial está dispuesto a escuchar nuestras oraciones.
En cualquier lugar. Al examinar algunos ejemplos bíblicos, descubrimos también que la oración incesante no exige un lugar
fijo para orar. Es cierto que muchos oraban en el templo, y Dios declaró que Su casa sería «una casa de oración» (Is 56:7-8). Además, a la iglesia se le ordena orar colectivamente, como se ve en el modelo original de reunirse para «la oración» (Hch 2:42). Sin embargo, las Escrituras también recogen una plétora de oraciones que tienen lugar fuera de casa. Isaac oró en el desierto (Gn 24:63), David oró en la ciudad (2S 2:1-7), Nehemías oró en el palacio del rey cuando presentaba una petición controvertida que podría haber tenido consecuencias de vida o muerte: «Así que oré al Dios del cielo y respondí» (Neh 2:4-5). Y no olvidemos las últimas veinticuatro horas de la vida terrenal de Jesús, cuando oró en un jardín (Mt 26:36-56) y mientras colgaba de la cruz (Lc 23:34). Personalmente, algunos de mis mejores momentos de oración han sido mientras caminaba por una montaña empinada y me inclinaba a orar, estando completamente empapado en sudor. ¡Alabado sea el Señor por la cobertura que hay para llegar al cielo desde cualquier lugar!
Estos versículos no solo enseñan que la oración puede hacerse en cualquier lugar; sino que la oración debe hacerse en cualquier lugar. De hecho, podría decirse que la oración debe estar presente en cualquier lugar si lo que Dios dice en 1 Tesalonicenses 5:18 ha de llevarse a cabo.
Cualquier cosa. Por último, la oración incesante supone que el alcance y la amplitud de nuestras peticiones son verdaderamente ilimitados. Pedro nos dice que depositemos nuestras preocupaciones en el Señor (implícitamente: «cualesquiera que sean») porque Él
se preocupa por nosotros (1P 5:7). La oración incesante significa
que no debe haber una distinción superficial entre lo sagrado y lo profano, sino que incluso las cosas ordinarias de nuestra vida pueden ser materia de nuestra oración. El apóstol Juan ora por la enfermedad física de una persona (3Jn 1:2). Pablo ora por sus planes de viaje y por una espina en su carne (2Co 12:8). Daniel oró por Jerusalén (Dn 9:19). Jesús oró antes de la fiesta final de la Pascua con los Suyos, ¡y por mucho mucho más! Parecería que la única limitación o advertencia a la oración de gran alcance es orar de una manera que no ofenda o contradiga directamente a Dios. Esto es quizás lo que Jesús quiso indicar cuando comenzó la oración ejemplar para los discípulos: «Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6:10). Incluso hay diversidad en la forma de orar por los demás, como se ve en la exhortación de Pablo a Timoteo: «Que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos»
(1Ti 2:1). Cuando oramos de acuerdo con la Palabra de Dios, nos sentimos libres para orar sobre cualquier cosa.
Así es como Dios quiere que oremos: que tengamos una actitud, una disposición y un instinto para hablar con Él en cualquier momento, en cualquier lugar y sobre cualquier cosa.
Obtener una comprensión más clara de la intención que Dios tiene para que oremos significa que ahora ya no hay excusas. No podemos escudarnos en el pretexto de que orar es demasiado complejo, muy anticuado o de que no soy lo bastante bueno para hacerlo. Para algunos de nosotros, las palabras del Salmo 34:6 nos resultan muy familiares: «Este pobre clamó, el SEÑOR lo oyó y lo libró de todas sus angustias». Y tal vez así es como tiene que empezar para ti. Independientemente de quién seas y de lo que hayas hecho, puedes orar. Y la buena noticia es que, aunque la tarea de perseguir una vida de oración parece enorme, es posible con Su ayuda.
3. ¿Cómo se mueve Dios en la oración?
Una vez que hemos comprendido de forma básica que la oración es simplemente hablar con Dios, y que Él quiere que nos acerquemos a ella de manera instintiva en nuestras vidas, debemos considerar ahora la diferencia en la calidad o eficacia de las oraciones. En otras palabras, ¿qué tipo de oraciones funcionan realmente, y quién las hace? Santiago indica que la oración de un justo sirve —o logra— mucho (Stg 5:16). También dice que se pide y no se recibe porque no se pide con fe (Stg 4:3-5). Jesús dijo que incluso un poco de fe es suficiente para mover montañas con Dios (Mt 17:20). Sin embargo, en el mismo versículo se pregunta si encontrará fe en la tierra cuando regrese. Estos versículos deberían mostrarnos que hay una gran diferencia entre las oraciones apáticas, tibias y egoístas y las que son eficaces y poderosas. Si no tenemos cuidado, la oración puede desviarse de su propósito como expresión de relación entre Dios y el hombre para convertirse en una religión muerta y servil. Y estemos de acuerdo en esto: ¡nadie quiere más religión! Si no ponemos atención, la oración puede pasar de ser algo centrado en la voluntad, la gloria y
los propósitos de Dios y Su reino, a algo centrado en mis deseos, mi gloria y mis propósitos.
El tipo de oración que Dios quiere de nosotros y el tipo de oración que mueve al Señor es una oración poderosa basada en la intimidad de una relación centrada en Él. Es en esta misma línea de pensamiento en la que el salmista nos insta a «buscar el rostro de Dios» (Sal 27:8). Esta es la razón por la que al momento de Jesús darle a los discípulos el modelo de oración, les dijo que empezaran por santificar el nombre de Dios, y que luego oraran por el avance del reino de Dios según Su voluntad. Según Jesús, la receta para una oración poderosa es reconocer la fama de Dios, conocer Su voluntad y buscar Sus propósitos para Su reino, todo lo cual requiere una relación con Él. Si Dios fuera un tren de carga y nosotros un pasajero, ¡querríamos que nuestras oraciones estuvieran en línea con el rumbo de su poderosa fuerza! La oración poderosa es aquella que se une a la voluntad de Dios y a Su obra.
Necesitamos buscar el tipo de oración que agrada a Dios. Debemos desear que nuestras oraciones sean eficaces, de manera que sacudan los cielos y muevan la tierra; que sean una oración que mueva nuestros corazones de manera poderosa y que afecte a las comunidades en las que vivimos; debemos buscar un tipo de oración que no sea una mera prescripción, sino que esté llena del poder de lo alto.
Con esta visión de lo que es la oración y de cómo es una oración poderosa, me gustaría volver a la pregunta: «¿Por qué es tan difícil orar?».
4. ¿Por qué es tan difícil orar?
Teniendo en cuenta lo emocionante que resulta pensar en lo que la oración puede lograr cuando se alinea con la voluntad de Dios, la siguiente pieza del rompecabezas debería ser la pregunta: ¿por qué la oración es uno de los mandamientos más difíciles de obedecer? Las tres sencillas palabras de 1 Tesalonicenses 5:18 ni siquiera son difíciles de entender. Además, el acto de orar es tan fácil que mi hijo de cuatro años puede hacerlo perfectamente. Sin embargo, en la vida cotidiana, llevar un espíritu de oración sin cesar es extraordinariamente difícil, si no imposible de hacer.
Ahora bien, aunque estoy seguro de que todas las épocas han afirmado que lo han tenido más difícil por una razón u otra, creo que hay tentaciones atenuantes que son exclusivas a esta generación en este tiempo y lugar. Consideremos todo lo que está trabajando en contra de desarrollar un ritmo constante de oración. Gracias a los avances tecnológicos y al capitalismo americano que premia el afán y la prisa, el ritmo de vida se mueve a la velocidad Mach. El trabajo duro, los afanes y la prisa son generalmente recompensados con dinero, reconocimiento y más posibilidades, creando una tierra de oportunidades, pero también una tierra de adictos al trabajo. Nos hemos vuelto tan envueltos en esta adicción que, para muchos, la productividad y la eficiencia se han convertido en la nueva gota de dopamina que persiguen. En lugar de proyectos lentos y a largo plazo, todo el mundo persigue algo nuevo, rápido, innovador, algo con respuesta instantánea. La sociedad es progresiva y agresiva. El mundo laboral gira en torno a los currículos y las credenciales, y de demostrar tanto lo que sabes cómo, lo que es más importante, a quién conoces.
Ahora bien, tomemos nuestro contexto cultural y ubiquemos en él la práctica de la oración lenta, prolongada, contemplativa y meditativa. ¿Podríamos decir que son como agua y aceite?
Sin embargo, pensar en la posibilidad de abandonar la oración debido a nuestros singulares problemas culturales —o incluso minimizarla— sería como hacer un agujero en la última balsa de rescate en un barco que se hunde. Es precisamente en medio de la furia de una cultura acelerada donde los cristianos necesitamos más momentos de calma, no menos. Más soledad y tranquilidad, no menos. Más oración, no menos. Fue Martín Lutero quien dijo: «Tengo tanto por hacer hoy, que pasaré las tres primeras horas orando».
Muchos se alejan de un caminar más cerca de Cristo por falta de oración. Para algunos, es porque simplemente no saben cómo orar, y tal vez nunca se les enseñó. Otros saben cómo orar, pero no tienen el deseo de hacerlo. Otros desean orar, y lo hacen durante un tiempo, pero luego, con el tiempo, se dejan arrastrar por otros deseos. Este trágico escenario, en el que todo cristiano debe tener cuidado de no caer, puede tener lugar debido a la distracción, la deconstrucción o incluso el aburrimiento por la falta de resultados. Tal vez sea por esta razón que H. McGregor dijo: «Prefiero entrenar a veinte hombres para orar que a mil para predicar, la misión más importante de un ministro debería ser enseñar a su pueblo a orar». Parecería que si el enemigo logra que los cristianos descuiden la oración, el resto de la deconstrucción se hará sola.
Así que, a fin de que podamos seguir buscando una mayor profundidad y consistencia en la oración, me gustaría darte estos diez consejos, que espero serán de gran ayuda para cualquier cristiano que quiera mantener vibrante su caminar con el Señor y perseguir una mejor vida de oración.
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Discusión y reflexión:
- Haz una evaluación honesta de tu vida de oración. ¿De qué manera puedes crecer y fomentar una relación más profunda con Dios a través de la oración?
- ¿Cómo puedes incluir la oración en tu vida diaria para cumplir el mandato divino de «orar sin cesar» (1Ts 5:18)?
- ¿Cómo influye en tu motivación para orar el hecho de saber que Dios utiliza nuestra oración para cambiar las cosas?
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Parte II: Diez Consejos Para Una Oración Perseverante Y Poderosa
Ante el reto de tamaño Everest que supone el ser llamado a orar de forma incesante e instintiva, uno no puede evitar sentirse un tanto insuficiente. Por supuesto, desde el principio resulta ser una búsqueda paradójica, pues decir que uno ha llegado a la meta en su vida de oración pone de manifiesto el hecho de que realmente se está lejos de alcanzarla. Para la mayoría, la oración es simplemente un reto humillante y, a veces, una derrota.
Así que lo que quiero hacer es pasar de los principios a la práctica. Lo que sigue son diez consejos rápidos que pretenden ayudarte en la verdadera práctica de la oración diaria con Dios.
- Ora para acercarte a Dios
Ora para conocer mejor a Dios. Habla con Él sobre Él, sobre el mundo, sobre tu corazón. Sé sincero y vulnerable, vuelve a las grandes verdades sencillas, recordando que Dios conoce hasta los cabellos de tu cabeza (Mt 10:30) y se preocupa por ti (1P 5:7). Es así como David nos exhorta a «buscar el rostro de Dios» (Sal 27:8).
E. M. Bounds, quien es conocido por sus prolíficos escritos sobre la oración, dijo: «Los que mejor conocen a Dios son los más poderosos y ricos en la oración. El poco conocimiento de Dios, y la extrañeza y frialdad hacia Él, hacen que la oración sea algo raro y débil».2
Así que, persigue una mejor vida de oración para acercarte más a Dios, y verás lo que Él hará después.
2. Ora para alejarte del pecado
En palabras de John Bunyan: «La oración hará que un hombre deje de pecar, o el pecado hará que un hombre deje de orar».3 El plan estratégico del diablo es utilizar la culpa y la vergüenza para desanimar al
cristiano, haciendo que deje de orar —lo que agrava aún más esa culpa y vergüenza— y logrando así distanciarlo de Dios. Esta táctica es tan antigua como el Jardín del Edén, pero tan vigente en nuestras vidas como lo fue probablemente la semana pasada. El pecado nos aleja del antídoto contra el mismo, que es la oración.
Dios quiere que la oración sea una forma de humillar nuestros corazones ante Él. El Padrenuestro de Mateo 6 nos enseña a confesar nuestros pecados y a suplicar la ayuda de Dios para escapar de la tentación. Los Salmos están llenos de clamores de David a Dios en relación con su propio pecado, el perdón y su caminar con el Señor (Sal 22, 32, 51). Pablo no se avergonzaba de pedir a los demás que oraran por él, consciente también de su propia necesidad espiritual de oración (Col 4:2-4). Y en lo que puede considerarse la exhortación más clara y didáctica con respecto a este punto, 1 Corintios 10:13 dice: «No han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, Él les dará también una salida a fin de que puedan resistir».
Todo esto significa simplemente que una parte habitual de la vida de oración del cristiano debe ser pedir a Dios ayuda para mantenerse alejado de la permanente tentación de pecar.
3. Ora la Biblia a Dios
Con respecto a esto, Donald Whitney escribe: «Cuando ores, ora con un pasaje de las Escrituras, especialmente un salmo».4 El método de Whitney, aunque sencillo, es bastante profundo. A menudo, la experiencia de muchos cristianos se reduce a orar las mismas cosas una y otra vez antes de perderse en sus propios pensamientos y dar por concluido el tiempo de oración del día. Además, el desánimo puede surgir al no estar seguros de si las oraciones que se ofrecen a Dios son bíblicas o no, o si incluso le agradan. Asimismo, el pensamiento recurrente de «ya oré por esto ayer» sigue desalentando a la persona que ora hasta el punto en que ya no lo hace por completo. Lo maravilloso de orar la Biblia a Dios es que resuelve toda esta espiral descendente. Donde antes había rutina y repetición, ahora hay un contenido nuevo y fresco para la oración. Donde antes había incertidumbre sobre la conformidad con la voluntad de Dios en las oraciones anteriores, ahora hay completa certeza. En resumen, orar la Biblia mantiene al cristiano orando, y orando bien.
Whitney argumenta que los Salmos son particularmente útiles para este tipo de oración porque fueron diseñados para ser orados. De hecho, escribió, «Dios nos dio los Salmos para que se los devolviésemos a Él». Aunque sin duda es provechoso orar a Dios Su verdad a partir de epístolas y narraciones, quizá haya menos desafíos al orar los Salmos.
Lo último que diré sobre esto lo he aprendido del ministerio de oración 6:4 Fellowship de Daniel Henderson: la «Oración en cuatro direcciones». Al tomar cualquier pasaje de las Escrituras, el primer movimiento de la oración siempre es vertical (hacia arriba). Esto significa buscar dentro del pasaje un aspecto de Dios por el que podamos alabarle. El segundo movimiento es el que desciende del cielo hacia nosotros (hacia abajo). Este consiste en buscar la condición de hombre caído y nuestra pecaminosidad, es decir, algo que confesar. El tercer movimiento de la oración está dirigido a la obra del Espíritu en nosotros (hacia dentro). Este se trata de pedir a Dios que nos ayude a arrepentirnos y a crecer con firmeza. El último movimiento es hacia el exterior para vivir en misión (hacia fuera). Este movimiento supone orar para que la misión avance a través de mí. Hacia arriba, hacia abajo, hacia dentro, hacia fuera, cuatro movimientos de oración que se pueden encontrar en cualquier texto de la Biblia.
4. Ora por los demás
Casi todas las oraciones de Pablo son por otras personas (no por sí mismo) y por sus almas (no por la vida material). Ora por las almas, tanto las perdidas como las salvadas. El reformador y antes sacerdote William Law, aún teniendo muchos oponentes y buenas razones para mostrarse insensible hacia ellos, dijo: «No hay nada que nos haga amar tanto a un hombre como orar por él».5 Mucha gente se sorprende al saber que en la Biblia aparecen muy pocas oraciones por uno mismo en comparación con las oraciones por los demás. De hecho, en muchos de los pasajes en los que se observa una oración por uno mismo, esta se realiza en un contexto colectivo (como por ejemplo en el Padrenuestro de Mateo 6: «perdona nuestras ofensas… no nos dejes caer en la tentación»). Esto implica que los cristianos deben ver las necesidades de los demás con la misma importancia que las propias. Dios quiere que oremos por los demás.
La necesidad de que los cristianos oren por otros cristianos se hace aún más evidente al considerar los ejemplos de Jesús y del apóstol Pablo.
A menudo, Jesús oró fervientemente por los demás, especialmente en la oración del Sumo Sacerdote de Juan 17. Del mismo modo, el apóstol Pablo oraba por los destinatarios de sus cartas, de las que se pueden extraer muchas enseñanzas para nuestra vida de oración hoy. Pablo ora regularmente por la salvación, la santificación, la glorificación final y mucho más. Rara vez es vago, amplio o genérico en estas oraciones, ya que
suele pedir por aspectos concretos de la santificación de sus destinatarios. Además, no solo suplica a favor de ellos, sino que dedica tiempo a dar gracias a Dios por el crecimiento que ya se ha producido en sus vidas. Haríamos bien en dedicar más tiempo a dar gracias a Dios por el crecimiento y el fruto en las vidas de otras personas.
Ahora bien, aquí quiero hacer una rápida advertencia: al exhortarnos a orar por los demás, no estoy diciendo que oremos hacia los demás.
«Y Señor, solo oro para que convenzas a Billy aquí a mi derecha acerca de su pecado. Y ayuda a Sally a ser más generosa con la iglesia». Esto se puede describir mejor como orar hacia otros, no por otros. Orar por otros es levantarlos en apoyo, de una manera alentadora que los motive y los impulse hacia Dios.
Hay muchas maneras específicas de orar por los demás, que varían de una persona a otra. Como ya he mencionado, se espera que los padres oren por sus hijos como parte de su deber de educarlos en los caminos del Señor (Ef 6:1-4). Los pastores deben orar por el rebaño que tienen a su cargo (1P 5:2-4). La iglesia en su totalidad debe orar por sus pastores y por los misioneros a los que apoya como obreros del evangelio (Lc 10:2;
Heb 13:7). Los cristianos deben orar por quienes se encuentran dentro de su círculo de relación e influencia (Stg 5:15, Ga 6:2), así como por el mundo perdido y moribundo que les rodea (Mt 5:13-16, 2P 3:9). Con el tiempo, a través de un estudio diligente y disciplinado de la Palabra de Dios, la conciencia del cristiano se hará cada vez más sensible a las necesidades de los demás y a la expectativa bíblica de orar por ellos. Pero si apenas estás comenzando, haz una pequeña lista de personas y comienza a orar por ellas.
5. Ora por el reino
Si no existe una convicción detrás de nuestras oraciones, parece que la tendencia es a orar por nuestros deseos, necesidades físicas y las preocupaciones locales e internas. Pero las Escrituras nos desafían y confrontan con oraciones que trascienden lo físico y alcanzan el reino espiritual, y se expanden desde las preocupaciones locales e internas hasta un alcance y escala globales. Las oraciones bíblicas llenas de convicción tienen que ver con el avance del reino de Dios.
Leonard Ravenhill lo dijo de esta manera,
Para esta época hambrienta de pecado necesitamos una Iglesia hambrienta de oración. Necesitamos explorar de nuevo las «grandísimas y preciosas promesas de Dios». En ese gran día, el fuego del juicio someterá a prueba la clase de trabajo que hemos hecho, no su tamaño. Lo que nace de la oración sobrevivirá a la prueba. La oración hace negocios con Dios. La oración crea hambre por las almas; el hambre por las almas crea oración.6
Es ese comentario que Leonard hace sobre las almas lo que más me ha llamado la atención aquí: la oración crea hambre por las almas; el hambre por las almas crea la oración. Aquí estamos hablando de un corazón que anhela ver el avance del reino de Dios a través de la Gran Comisión.
Y cuando un corazón comienza a anhelar en esa dirección, no tiene mayor medio y recurso que la oración.
Así que amigos, oren para que el reino de Dios avance. Oren para que la luz brille y haga retroceder a la oscuridad. Oren para que Dios transforme a las personas de la manera en que solo Él podría hacerlo. Oren para que Su reino se establezca en las universidades y los hospitales, en los rascacielos y en los refugios para los desamparados. Ora por grupos específicos de personas en lugares específicos. Haz peticiones concretas con valentía, en busca de un fruto cien veces mayor (Mt 13:8). Ora para que Su provisión y protección se manifiesten de la única manera que Dios puede hacerlo y para Su gloria. Ora para que el reino de Dios se cumpla mejor en este tiempo y lugar, hasta que Jesús venga y lo haga realidad más plenamente.
6. Ora en privado
Jonathan Edwards ha sido considerado como la mente más brillante que jamás haya vivido en suelo americano, y dijo lo siguiente acerca de la oración: «No hay manera de que los cristianos en privado puedan hacer tanto para promover la obra de Dios y hacer avanzar el reino de Cristo como mediante la oración». Además de la oración cotidiana y de las oraciones colectivas y públicas, debe reservarse un lugar para la oración privada. Al hablar de la hipocresía de los fariseos, a quienes les encantaba orar en público, Jesús les dijo: «Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto» (Mt. 6:6). El punto aquí es bastante claro.
Este principio de la oración no tiene mejor modelo que el propio Jesús. En Lucas 5, no solo vemos a Jesús retirarse a orar en soledad una o dos veces, sino que el versículo 16 dice que Jesús «solía retirarse a lugares solitarios para orar». Teniendo en cuenta que los cristianos estamos llamados a «andar como Él anduvo» (1Jn 2:6), este ejemplo tiene mucho que ver también con la vida de oración de los creyentes hoy en día.
Este tiempo de oración solitaria no debe ser tomado a la ligera. La consecuencia eventual de no reservar un tiempo de oración privada por orar únicamente sobre la marcha será devastadora. Al compartir sus reflexiones sobre la vida de oración de los puritanos, Joel Beeke dice,
Tu vida de oración comenzó a desintegrarse gradualmente. Incluso antes de que fueras consciente de ello, tus oraciones se convirtieron más en una cuestión de palabras que en una comunión con Dios de corazón a corazón. La formalidad y la frialdad sustituyeron a la necesidad santa. Al poco tiempo, abandonaste tu oración matutina.
Ya no te parecía tan importante reunirte con Dios antes de reunirte con la gente. Luego acortaste tu oración antes de ir a dormir. Otras preocupaciones irrumpieron en tu tiempo con Dios. A lo largo del día, la oración prácticamente desapareció.7
Los cristianos deben reservar un tiempo para orar en soledad, no sea que caigan en la misma trampa.
7. Ora con otras personas
No podría decirte en cuántas reuniones he estado en las que, al final, alguien me mira tímidamente y me dice: «Pastor, yo no soy muy bueno orando en voz alta». Pero con un poco de ánimo de mi parte, suelen estar dispuestos a dar un paso de fe y hacer su primera oración pública a Dios con otra persona. Y tan pronto como dicen Amén, suelo levantarme de mi silla con entusiasmo por su primer paso de fe al orar públicamente a Dios.
Querido amigo, es bueno orar con otros, y es bueno orar en voz alta. Me arriesgaré a decir que la gran mayoría de las oraciones bíblicas (tanto las que aparecen registradas como las exhortaciones a orar) son de naturaleza pública. Piénsalo conmigo: El Padrenuestro usa pronombres plurales (nuestro, nosotros, nos); la famosa oración de Daniel en Daniel 9 es colectiva (Dn 9:3-19); la oración de Nehemías es frente a otros (Neh 2:4); Moisés oró frente a todo Israel (Dt 9:19), y recuerda que este era un hombre que tenía miedo de expresarse frente a alguien debido a su impedimento en el habla (Ex 4:10); lo que hizo especial a la iglesia primitiva en Hechos 2 fue la devoción en «la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración» (Hch 2:42). Muchos creen que «la oración» es una referencia a las oraciones formales y colectivas que la iglesia hacía cuando se reunía. Pero hay suficiente evidencia aquí para decir que el Señor espera que oremos en voz alta con los demás.
Así que, ¿cuál es el mejor lugar para empezar? En casa. Si estás casado, con tu cónyuge. Si tienes hijos, con tu familia. Si eres soltero, busca un compañero de piso. Si vives solo, fija un momento para orar con alguien de la iglesia. Sin importar la condición que tengas comienza a orar con otros, porque a medida que lo hagas, no solo obtendrás la bendición de orar con alguien y que oren por ti, sino que también crecerás en tu oración mientras que al mismo tiempo tendrás el privilegio de orar por alguien que está sentado justo a tu lado.
8. Ora con urgencia
Santiago 5:16 dice: «La oración eficaz del justo puede lograr mucho».
Tal vez por eso William Cowper dijo una vez más: «Satanás tiembla cuando ve al cristiano más débil de rodillas».8 Debido a la eficacia de la oración en la batalla espiritual, Pablo llama a todos los cristianos del mundo a orar como si estuvieran en guerra. En Efesios 6:18 exhorta a los santos: «Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alertas y perseveren en oración por todos los creyentes». En otras palabras: Dios quiere que oremos como si realmente importara, porque realmente importa.
A partir de este breve pasaje, quiero mostrar cómo es la oración urgente en tiempos de guerra.
- La oración en tiempo de guerra significa que oro todo el tiempo («en todo momento»).
- La oración en tiempo de guerra significa que oro de forma dependiente («en el Espíritu»).
- Oración en tiempo de guerra significa que oro por muchas cosas («con peticiones y ruegos»).
- Oración en tiempo de guerra significa que oro aun cuando no quiero hacerlo («perseveren en oración»).
- La oración en tiempo de guerra significa que oro por otros («por todos los creyentes»).
Bajo cada una de estas premisas existe una urgencia para la oración, que se puede ver en el mandamiento de «mantenerse alerta». Al Pablo dar este mandamiento, está implicando que es posible que los cristianos se aletarguen en su percepción del mundo. Una de las primeras áreas donde la somnolencia espiritual se manifestará es en nuestra vida de oración.
Así que cristiano, toma el toro por los cuernos. Recupera la urgencia de lo que está en juego a medida que la batalla se libra a nuestro alrededor, y ora con una mentalidad de guerra que se refleje en una oración ferviente.
9. Ora con sencillez
Los acrónimos pueden ser útiles; aunque también se pueden abusar de su uso. En este caso, el acrónimo es demasiado bueno como para no utilizarlo, y puede ayudarnos a pensar en un marco sencillo para la oración. Tal vez ya hayas escuchado el acrónimo «A.C.T.S.», pero este podría ser aún mejor. Es «O.R.A.R.»:
Ofrece alabanzas a Dios por Quién es.
Reconoce y arrepiéntete de tu pecado.
Acércate a Dios pidiendo lo que necesitas.
Ríndete a Dios para que te transforme y use según Su voluntad.
El punto es que no existe una fórmula mágica para la oración. Cada uno de estos cuatro componentes es sencillo y fácilmente adaptable. Un niño de cuatro años puede orar de esta manera, y también un profesor.
Orar con sencillez ayudará a que sea algo menos académico y más relacional. Cuando oro, no intento impresionar a Dios con grandes palabras. No utilizo largas frases compuestas. Le hablo desde la vulnerabilidad, la crudeza y la sencillez, no por Él, sino por mí. En la quietud de mi alma ante mi creador, encuentro que hay algo en la sencillez que despeja el desorden y va al grano.
Así que, tómalo por lo que vale, pero recomiendo que los cristianos que oran usen palabras sencillas dentro de oraciones sencillas.
10. Ora para alinear tu corazón con el de Dios
Me encanta lo que Bounds dijo sobre esto:
Orar no es simplemente conseguir cosas de Dios, esa es una forma muy básica de oración; orar es entrar en perfecta comunión con Dios. Si el Hijo de Dios se forma en nosotros mediante la regeneración, con toda seguridad se adelantará a nuestro sentido común y cambiará nuestra actitud respecto a las cosas por las que oramos.9
Lo diré de esta manera: Dios ordena la oración porque es buena para el alma.
En primer lugar, la oración pone la voluntad y los deseos del hombre en conformidad con los de Dios. De hecho, esto es lo que probablemente Jesús tiene en mente cuando dice a sus discípulos que oren: «Hágase Tu voluntad, venga a nosotros Tu reino, así en la tierra como en el cielo». Esto significa que estamos menos preocupados por nuestra reputación y nuestro nombre, y más por la reputación de Dios y Su nombre. En este sentido, la oración es una oportunidad para volver a centrar la atención en Dios y no en uno mismo, en Su reino y no en el nuestro, y en los deseos espirituales y no en los materiales. Alinear las prioridades del hombre con las de Dios no es el objetivo principal de la oración, pero sí un resultado de ella.
Ahora bien, la oración no solo es buena para el alma por este armonizar de las voluntades. También lo es porque nos acerca a Dios. La oración, junto con la Palabra, es el punto de conexión en la relación que Dios desea tener con el hombre. Como dice Wayne Grudem: «La oración nos lleva a una comunión más profunda con Dios, y Él nos ama y se deleita en nuestra comunión con Él».10
Así que cuando te sientas atascado por algo, cuando sientas que tu corazón está un poco apagado, cuando te sientas distante de Dios o enfocado en las cosas equivocadas, ora para poder alinear tu corazón con el Suyo.
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Discusión y reflexión:
- ¿Por qué es importante orar para acercarse a Dios y alejarse del pecado? ¿Ha estado esto en tu corazón cuando oras?
- ¿Cómo puedes incluir más de la Palabra de Dios en tu vida de oración?
- ¿Oras como si estuvieras en una guerra? ¿Cómo puede Efesios 6:18 guiar tu rutina de diálogo con Dios?
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Parte III: El Secreto Mejor Guardado Sobre La Oración
¿Has pensado alguna vez que tal vez lo que obtienes de la oración es incluso más de lo que das? ¿Qué tal vez la oración tenga más que ver con Dios transformando tu corazón y moldeando tu vida que con un beneficio o una bendición para Él? Una vez que hemos analizado la naturaleza de la oración y hemos visto algunos consejos para orar mejor, quiero terminar con una nota de ánimo: el secreto mejor guardado sobre la oración. Uno de los capítulos más conocidos de la Biblia nos revela un secreto que puede cambiar tu vida para siempre, y todo tiene que ver con tu vida de oración. En este capítulo, Pablo parece introducirnos ya en el círculo íntimo en el que obtenemos la salsa secreta de la vida cristiana, y todo mejora a medida que descubrimos más y más bendiciones que pueden ser nuestras.
Pensemos en estas palabras iniciales de Filipenses 4: «No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias» (Fil 4:6). Pablo aborda aquí el problema demasiado común de la ansiedad. La ansiedad es la respuesta de la mente y el cuerpo a un miedo subyacente. A menudo, es el miedo de necesitar algo o de obtener un resultado que todavía no se tiene, o el miedo de no querer perder algo que sí se tiene. Una persona puede tener ansiedad por una reunión futura, por unas elecciones o por el pago de las facturas, cada una de estas cosas tiene su propia fuente de miedo subyacente a la preocupación. Sin embargo, aquí Pablo nos dice: «No se preocupen».
No obstante, en el plan de Dios para que las personas cambien, decir simplemente «no te preocupes» nunca es suficiente. Por eso, en lugar de preocuparnos, dice que debemos acudir a Dios en oración. Y mientras vamos a Dios en oración, debemos hacerlo «con acción de gracias». Amigo, permíteme animarte con esta verdad: La gratitud es un gran antídoto contra la ansiedad. Por consiguiente, el primer secreto mejor guardado sobre la oración es que la gratitud en la oración es la actitud que frena la ansiedad y complace a Dios.
Este primer secreto mejor guardado sobre la oración toma nueva forma en lo que viene a continuación. En la frase siguiente, Dios hace una promesa que es válida los siete días de la semana. Puedes llevarla al cajero del banco y cobrarla en cualquier momento, y puede canjearse por el mismo valor una y otra y otra vez. ¿Cuál es esta promesa? Es la promesa de la paz: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Fil 4:7). El Espíritu de Dios dice que si oras con una actitud de gratitud, Dios te concederá lo que literalmente todo el mundo persigue: la paz. De acuerdo con este versículo, se tratará de una paz de origen divino. Será una paz inexplicable y más allá de todo sentido. Será una paz que calmará el alma, calibrará las emociones y tranquilizará la mente. Será una paz que se encuentra en Cristo Jesús y a la que se accede por el sencillo medio de la oración.
De esto se ha tratado siempre la gran historia de Dios, ¿no es así? Había paz en el Jardín. La paz fue interrumpida y destruida por el pecado. El resto de la historia es el plan redentor de Dios para restaurar la paz y el orden, de modo que la creatividad y el florecimiento puedan abundar de nuevo. Para ello llamaría a su capital Jerusalén (literalmente, «Ciudad de la paz»), y el Hijo de Dios aparecería en escena para hacer ¿qué? En Juan 14:27, Jesús dijo: «La paz les dejo; mi paz les doy». En el futuro estado final de las cosas, habrá paz que fluirá de la Nueva Jerusalén porque el Hijo resucitado ha conquistado hasta el último enemigo de la paz y ha traído completa intimidad con Dios. Pero mientras tanto, podemos experimentar una porción de la paz del cielo cuando buscamos a Dios en la oración.
El secreto mejor guardado de la oración es que combate la ansiedad y promueve la paz en nuestra vida, pero ese no es todo el secreto. Los versículos que siguen inmediatamente a esta sección en Filipenses 4 son una serie de exhortaciones a redimir la propia vida, con la última de ellas al final del versículo 8: «En esto mediten». El versículo 9 es el breve mandato de practicar lo que se predica (¡y pensar en ello!), con una reiteración final de la paz de Dios como bendición.
Con todo, son los versículos 10-13 los que contienen la siguiente mejor bendición de la oración en lo que el propio Pablo llama un secreto. Después de expresar su agradecimiento por la preocupación de la iglesia de Filipos por él, Pablo pasa ahora a su interior y comparte el testimonio de su propia experiencia interna en medio de su camino de fe con el Señor:
No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido
a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4:11-13).
Pablo se había enfrentado a tiempos de hambre y pobreza devastadora, pero también a tiempos de prosperidad y abundancia pródiga. El secreto que menciona aquí, sin embargo, es el secreto de estar contento. Y este fue un secreto que tuvo que aprender.
¿Cómo aprendió Pablo el secreto de estar contento? Por el contexto que precede inmediatamente a este párrafo, parece que lo aprendió practicando lo que acababa de predicar. Pablo había llevado sus ansiedades al Señor en oración. Había sustituido una actitud de codicia por otra de gratitud. Al redimir su mente para pensar en lo que es verdadero, honorable, justo, puro, amable, encomiable, digno de alabanza, Pablo había recibido la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Pablo había aprendido a orar.
Por supuesto, encontrar la verdadera satisfacción que trasciende las circunstancias no es humanamente posible. Por eso Pablo concluye así: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». La fuerza que necesitaba del Señor era para liberar su alma de la inquietud y, en lugar de ello, estar contento. Y la otra cara de la moneda era igualmente cierta: la fuerza de voluntad, la meditación y la disciplina de Pablo eran insuficientes para producir un contentamiento verdadero y duradero. Necesitaba un poder sobrenatural para estar contento, un poder al que solo se accede a través de la oración.
Amigos, el secreto mejor guardado de la oración —la verdadera oración— es que en ella se descubren dos joyas ocultas imposibles de encontrar en ningún otro lugar: la paz y la satisfacción. Donde hay paz y satisfacción no hay miedo ni preocupación. La ansiedad se desvanece y la intranquilidad desaparece. Juntos, la paz y el contentamiento son alegrías profundamente arraigadas que no pueden ser sacudidas.
Las aplicaciones de esta verdad para nosotros son muy amplias. Puedes tener paz y satisfacción en medio de cualquier tormenta de la vida que estés atravesando. Quizás estés fracasando en tu trabajo o a punto de perder tu casa. Tal vez tienes un drama familiar que está a punto de llevarte a la locura, o tienes un esposo que no está caminando con el Señor. Podrías estar enfrentando un peligro inminente, amenazas a tu familia, e incluso la muerte. Pablo escribió estas promesas después de haber caminado a través de algunas circunstancias bastante terribles, y estas promesas siguen siendo ciertas. Lo que Dios quiere que sepamos es que todo lo que necesitamos para estar sanos se encuentra en Él y es accesible a través del sencillo medio de la oración.
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Conclusión
Lo último que hay que recordar con respecto a la oración es que debemos orar porque Dios responde a las oraciones. Hay una parábola que demuestra de forma especial la realidad de que la oración tiene un impacto real en los resultados (al menos desde una perspectiva humana). Encontramos esta parábola en Lucas 18:1-8. En ella, una viuda se dirige insistentemente a un juez en busca de protección, el cual, después de ser constantemente acosado, acaba por conceder a la mujer su petición. Luego, en los versículos 6-7, se hace una comparación de menor a mayor entre el juez (que era malo) y Dios (que es justo y compasivo). Lo que Jesús quiere decir es que a Dios le agrada que oremos con perseverancia, y que responderá a las oraciones que sean conformes a Su voluntad. Amigo, tómate un minuto para dejar que esta simple verdad te anime: Dios quiere que ores, y quiere responder a tus oraciones.
Incluso si la oración no sirviera de nada en esta vida, seguiría siendo un ejercicio espiritual que merece la pena, porque es un acto agradable de servicio a Dios. Asimismo, aunque la oración nunca provocara ningún cambio «ahí fuera», seguiría valiendo la pena por la bendición personal de la paz y la satisfacción divinas que no se encuentran en ningún otro lugar. Pero el hecho de que las Escrituras dejen claro que Dios realmente responde a la oración y actúa en tiempo real debido a ella constituye una motivación aún mayor para orar. No solo escucha las oraciones, sino que es lo bastante soberano como para hacer realidad todo lo que le agrada (Ef 3:20). Y no solo es soberano, sino que cuida íntimamente de la humanidad (Mt 6:26). Y no solo es soberano y se preocupa íntimamente por nosotros, sino que también ha creado un medio para que podamos estar en comunión con Él. Esta tríada de verdades significa que cuando oramos, y cuando esa oración se encuentra alineada con Su voluntad, hay una buena razón para esperar y creer que esa petición se hará realidad. Jesús fomenta una fe tan audaz e incluso atrevida en la oración que la compara con mover una montaña, ¡y luego dice que Dios lo hará! La idea es sencilla: ora, porque Dios responde a la oración.
Así que amigo, este es el final de nuestro viaje, pero espero que sea el comienzo de uno nuevo para ti. La intención de esta guía de estudio ha sido edificar tu fe en el Dios que responde a las oraciones. Nos ha servido de ayuda considerar juntos qué es la oración y qué la hace tan difícil. Hemos visto algunos consejos prácticos sobre cómo orar con más eficacia. Luego hemos desvelado algunos de los secretos mejor guardados sobre la oración. Si has llegado hasta aquí, estoy convencido de que, por la fe y a través de la oración, te habrás sentido estimulado y animado a tener más fe en Dios, lo que se traducirá en una mayor oración. Mientras haces esto en tiempo real, no esperes a orar perfectamente. Tampoco esperes a limpiar tu vida para orar. Simplemente comienza a hacerlo, ¡y observa lo que Dios hará!
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Discusión y reflexión:
- ¿Cómo ha crecido tu fe en el Dios que responde a las oraciones a través de lo que has leído en esta guía de estudio?
- ¿En qué se diferencian la paz y la satisfacción de lo que en el pasado ha motivado tu vida de oración?
- ¿Qué paso sencillo puedes dar para incrementar la oración en tu vida diaria?
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Notas Finales
- Juan Calvino, Commentary on the Book of the Prophet Isaiah [Comentario al libro del profeta Isaías], Vol. 4, p. 353.
- E. M. Bounds, Power through Prayer [El poder a través de la oración].
- John Bunyan, Dying Sayings [Últimas palabras].
- Donald Whitney, Praying the Bible [Orando la Biblia], (Crossway,
2015), 27. - William Law, A Serious Call to a Devout and Holy Life [Un llamamiento urgente a una vida devota y santa].
- Leonard Ravenhill, Why Revival Tarries [Por qué no llega el avivamiento].
- Joel Beeke, Taking Hold of God: Reformed and Puritan Perspectives on Prayer [Aferrándose a Dios: Perspectivas reformadas y puritanas sobre la oración], (Reformation Heritage Books, 2011).
- William Cowper, The Poetic Works of William Cowper [Las obras poéticas de William Cowper].
- E. M. Bounds, The Necessity of Prayer [La necesidad de la oración].
- Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine [Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica], (Zondervan Academic, 1995), 377.
Acerca del autor
MATT THIBAULT sirve como Pastor principal de la iglesia Doxa en San Diego, California. Tiene títulos del Master’s Seminary y del Southern Baptist Theological Seminary y ha servido como profesor adjunto para varias instituciones de educación superior. Cuando no está pasando tiempo con su familia, la pasión de Matt es guiar a las personas hacia una visión de multiplicación a través de la formación de discípulos.