#89 La Hospitalidad En La Biblia: Abrir Las Puertas De Tu Hogar
Introducción
Hace unos años, una fría mañana de un sábado de enero, recibí un mensaje de uno de nuestros pastores preguntándome si mi esposa y yo podíamos alojar por esa noche a un hombre que solía ser miembro de nuestra iglesia. Esta persona estaba volando de Londres a Richmond, pero tuvo que aterrizar en Washington D. C. debido al mal tiempo y necesitaba un lugar donde pasar la noche. A simple vista, parecía una tarea sencilla: preparar la cama, mostrarle dónde estaba la llave y tal vez servirle una taza de café la mañana siguiente, antes de que se fuera. Después de todo, este hombre había sido miembro de la iglesia por siete años. Probablemente tendría muchas personas con las que encontrarse y ponerse al día. ¡Tal vez ni siquiera lo veríamos! Una vez que mi esposa me dio su aprobación, decidimos alojarlo.
Austin, que ahora es mi amigo, llegó unas horas después. Nos sorprendió saber que no tenía planes ni deseos de pasar esa tarde y noche en otro lugar que no fuera con nosotros. Al principio, esto nos resultó extraño y, para ser honestos, algo molesto. No pensábamos pasar el día de esa manera, y él parecía decidido a frustrar nuestros planes. Al conversar con él, notamos que era una persona de posición acomodada, es decir, que pagar un cuarto de hotel no le hubiera sido problema. ¿Por qué necesitaba quedarse con nosotros si podría haber ido al Hilton? ¡Ni siquiera nos conocía!
Algo en la conducta de Austin cambió rápidamente la manera en la que yo percibía su presencia en nuestro hogar: estaba agradecido, demostraba interés y nos animaba. Era obvio que nuestra disposición a recibirlo significaba mucho para él. Por suerte, no podía escuchar mi diálogo interno cuando luchaba por comprender qué es en verdad la hospitalidad. Además, mostraba un interés genuino por nosotros. Nos hacía preguntas sobre quiénes éramos, cómo nos conocimos y por qué vivíamos en Washington D.C. Aún más importante, nos preguntó cómo conocimos al Señor y cómo ha sido seguirlo desde entonces.
Por último, nos animaba. Su sola presencia era alentadora. Sonreía, agradecía y nos deleitó con conversaciones interesantes. También, con toda intención, buscaba animarnos cuando veía evidencia de la gracia de Dios en nuestras vidas. Austin nos estaba dando un ejemplo de la práctica bíblica de la comunión: esa que va más allá de las charlas triviales y se convierte en una conexión que conmueve el alma.
Austin me enseñó mucho sobre la hospitalidad bíblica esa noche de enero. Nunca olvidaré cuando me contó por qué prefiere quedarse con otros cristianos en lugar de hoteles cuando tiene la posibilidad. Dijo: «Ya que estamos unidos en Jesús, creo que es divertido e inspirador pasar más tiempo con cristianos que no conozco. Quedarme en la casa de alguien me brinda esa oportunidad. Puede que no los conozca al llegar, pero son mis hermanos en Cristo, y siempre es muy fructífero el poder conocerlos».
Austin comprendió lo que dice la Biblia sobre alojar a los forasteros mejor que yo. Era parte de mi familia, lo que hizo que su deseo de quedarse en mi casa no fuera tan extraño como parecía. Me ayudó a ver a Jesús como el huésped y el anfitrión, modelando la forma en que Cristo nos recibe en su presencia.
Desde la primera vez que Austin se quedó con nosotros, mi esposa y yo nos hemos esforzado por tener un ministerio rebosante de hospitalidad. Hemos recibido a pastores y a miembros de la iglesia de todas partes del mundo. Hemos reído y llorado con extraños. Nos hicimos amigos de personas que nunca hubiésemos conocido de no ser por intentar ser hospitalarios. Amo la hospitalidad. Amo las oportunidades que me da para hacerles un bien material y espiritual a los demás, poniendo en práctica los versículos sobre el servicio en nuestra sala de estar.
Amo la forma en la que, si se hace bien, casi siempre termina en amistad. Amo cómo la hospitalidad le da gloria a Jesús. Esta guía te ayudará a aprender a amar la hospitalidad, además de darte algunas ideas para comenzar a ponerla en práctica. Comenzaremos por explorar qué dice la Biblia sobre la hospitalidad, e incluso veremos algunos consejos para practicar la hospitalidad bíblica con recursos limitados.
Oro para que tu ministerio de hospitalidad bendiga a muchas personas. Sin embargo, sospecho que si eres como yo, descubrirás que casi siempre terminas por ser el más bendecido. Puede que descubras que los regalos espirituales de la hospitalidad no son para unos pocos, sino un llamado para todo aquel que desee ver cómo cobra vida la teología en torno a la mesa. Dicho esto, ¡comencemos!
Audioguía
Audio#89 La Hospitalidad En La Biblia: Abrir Las Puertas De Tu Hogar
Parte I: ¿Qué Es La Hospitalidad?
La palabra «hospitalidad» proviene de philoxenia, término griego compuesto de dos partes: philo («amor») y xenia («extraños»). Entonces, philoxenia significa «amar a los extraños o ser amigo de ellos». Sin embargo, aquí debemos examinar un poco más a fondo el significado, reconociendo que la hospitalidad ante los ojos de Dios va mucho más allá de esto.
Inspirada en el amor de Dios
Si vas a aprender una sola cosa de esta guía, que sea lo siguiente: la lógica de la hospitalidad tiene su origen en el amor de Dios. Más específicamente, la hospitalidad en la Biblia tiene su origen en el amor de Dios por nosotros. En lugar de estar en comunión con Dios y deleitarnos en Él, tal como lo pensó cuando nos creó a su imagen, elegimos pecar contra Dios y convertirnos en extraños para Él. A pesar de esto, Dios no nos abandonó en nuestro pecado y sufrimiento. No se conformó con dejarnos donde el pecado nos puso. En cambio, Dios envió a su Hijo, el Señor Jesús, quien vivió, murió, resucitó y ascendió en nuestro lugar. Al haber vivido una vida perfecta y haber muerto por nosotros, el Señor Jesús proveyó el medio por el cual tú y yo podemos acercarnos a Dios.
Pablo lo expresa de esta manera en su carta a la iglesia de Éfeso:
Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo.Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba, pues anuló la Ley con sus mandamientos y requisitos. Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz, para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad.Él vino y proclamó paz a ustedes que estaban lejos y paz a los que estaban cerca. Pues por medio de Él tenemos acceso al Padre por un mismo Espíritu. Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos del pueblo elegido y miembros de la familia de Dios (Ef 2:13-19).
Esto quiere decir que tú y yo hemos recibido la hospitalidad de Dios, quien nos ama en Jesús, incluso cuando éramos extraños manchados por el pecado. Si confías en Cristo para el perdón de tus pecados, sabes lo que es acercarte a Dios y que Él te diga: «Ahora eres mío, y siempre lo serás». Esta es la base de la comunión en la Biblia.
Amigo mío, Dios te llama a ser hospitalario con los demás porque Él fue así contigo. Hasta que no te des cuenta de que la hospitalidad tiene sus raíces en el amor que Dios te tiene, no podrás apreciar por completo el privilegio que te brinda la hospitalidad: el de mostrarles el amor de Dios a los demás, incluso a los extraños. En otras palabras, no puedes comprender la hospitalidad sin comprender el evangelio. Al igual que cualquier otro ministerio dado a los cristianos, la hospitalidad se basa en el evangelio. Esta es la esencia de la teología en torno a la mesa.
Pero ¿qué significa ser hospitalario? Espero que puedas responder esa pregunta a lo largo de esta guía. Quiero abarcar dos temas: 1. La hospitalidad es un ministerio de cuidado, y 2. La hospitalidad es una oportunidad de ser generoso.
Un ministerio de cuidado
¿Qué es el cuidado? ¿Te has detenido alguna vez a pensar en eso? Creo que el cuidado es una de esas cosas que todos creen entender, pero que les costaría definir. Déjame intentar brindar una definición:
El cuidado es la práctica de honrar de forma afectuosa y atenta un lugar, persona u objeto inherentemente valioso.
Mi abuela fue uno de los mejores ejemplos que tuve de la hospitalidad como regalo espiritual, en particular debido a la profundidad de su cuidado. Nunca tuve que dudar de su amor porque siempre lo demostraba de forma muy clara. De manera similar, nunca dudé de que estuviera pendiente de mí, porque siempre lo estaba. Me honraba incluso cuando era niño, preparándome comida que sabía que me gustaba, haciendo las bromas que sabía que me hacían reír y dándome la manta que más me gustaba cuando iba a dormir a su casa. Era así con todos sus nietos.
Recuerdo que una vez mi primo tuvo la idea de pintar el pasillo de mi abuela con crayones. Cuando ella vio la obra de la pequeña Picasso, le dijo: «Cara, ¿quién pintó la pared?». Cara, orgullosa de su obra de arte, dijo: «¡Yo! Es bonito, ¿verdad?». En lugar de reprenderla o desanimarla, mi abuela le dijo: «Está hermoso, Cara». Puede que esta historia no parezca tener relación con nuestra temática, pero esa fue una demostración de hospitalidad desde el corazón. Al responder con cuidado, mi abuela honró a mi prima al ponerse a su nivel y ver su acción tal como ella la veía, eligiendo amar lo que ella amó. Básicamente, mi abuela le hizo lugar en su corazón a Cara y a su interpretación de lo que era bonito. ¿Y sabes qué? Creo que esa pared estuvo coloreada con crayones por varios años antes de que mi abuela se decidiera a pintarla.
Verás, la hospitalidad es un ministerio de cuidado. ¿Te has detenido a pensar en cuán superior a nosotros es Dios? Amigo mío, no hay nadie como Dios (Ex 15:11). Sin embargo, Dios se rebajó a nuestro nivel y se hizo hombre para que podamos acercarnos a Él. Lo hizo porque nos ama y cuida de nosotros. La hospitalidad es una oportunidad para amar y cuidar de la forma en que Dios lo hace, con una diferencia clave. Dios cuida de nosotros a pesar de que estamos muy por debajo de Él. También nos llama a cuidar los unos de los otros, aunque todos tenemos el mismo valor. Si Dios puede cuidar de nosotros, de seguro podemos cuidarnos entre nosotros, que es lo que dice la Biblia cuando habla de acoger al forastero.
Antes de concluir el tema del cuidado, me pregunto si captaste estas dos cualidades: el afecto y la atención. El afecto toma el amor de Dios y se lo muestra a los demás. La verdadera hospitalidad es una expresión de amor. Sin embargo, la atención puede parecer algo fuera de lugar a simple vista. Cuando hablo de atención, no me refiero necesariamente al tipo de atención que prestas durante una clase de matemáticas o al ver televisión. Hablo de atención en el sentido de preocuparse por otra persona y su bienestar. La atención consiste en procurar usar lo que tienes para honrar y promover el bienestar de otra persona que, como tú, fue creada a imagen de Dios (Gn 1:26-27). Esta es una parte crucial de cómo ser un buen anfitrión.
¿Por qué es útil pensar en la hospitalidad de esta forma? Porque así evitamos pensar en ella como un quehacer. Cuando eras niño, seguramente tu madre te decía: «¡Ve a limpiar tu cuarto!» Rápidamente, le respondías: «¿Por qué?». Su respuesta era una frase que todo niño detesta oír: «¡Porque así lo digo yo!».
Si estás intentando practicar la hospitalidad porque Dios dice que debes hacerlo, probablemente no estés practicando la hospitalidad de forma auténtica. ¡La hospitalidad no es un quehacer! No es algo que deba hacerse sin afecto, atención y honor. En cambio, la hospitalidad es un ministerio de amor en el que amas tanto como eres amado, por lo que honras tal como has sido honrado. Con la hospitalidad, das una pequeña fracción de lo que Dios te ha dado en Cristo. Esta mentalidad es esencial para superar el miedo a ser anfitrión.
Si te es difícil demostrar hospitalidad de corazón, te recomiendo que te detengas aquí y simplemente ores diciéndole al Señor: «Ayúdame a ver a los demás de la forma en que tú los ves. Ayúdame a comprender tu amor por mí y, con ese amor, permíteme amar a otros». El Señor puede y quiere ayudarte.
Una oportunidad para ser generosos
De acuerdo, la hospitalidad es cuidado, pero el cuidado parece ser algo bastante abstracto hasta ahora. Vayamos a la parte práctica, que nos acompañará hasta el final de esta guía. La hospitalidad basada en el evangelio y moldeada por el cuidado consiste, en parte, en ser generosos. Más específicamente, la hospitalidad se trata de ser generosos con lo que tenemos. Esto se ve a menudo en los versículos que hablan de servir a los demás. En una parte de su primera carta a los corintios, Pablo pregunta de forma retórica: «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1 Co 4:7). Si recordamos que el evangelio inspira la hospitalidad, el siguiente paso es comprender que, tal como Dios nos dio su amor y quiere que lo compartamos con los demás, ¡también nos dio todo lo que tenemos! Entonces, ¿cuáles piensas que son sus intenciones? ¡Que compartamos todo eso con los demás!
Amigo mío, si sientes que tienes mala suerte (una expresión que los cristianos deberíamos usar solo en sentido figurado, ya que sabemos que la suerte no es real), puede que sea una buena idea que intentes recordar todo lo que Dios te ha dado. En primer lugar, tienes tu vida. Probablemente también tengas comida, ropa y algún tipo de vivienda. Puede que tengas familia. Deberías tener una comunidad, ya que eres cristiano, y la comunidad en la iglesia local es un privilegio que Jesús mismo te brindó. A través de la comunidad, tienes amistades y muchas oportunidades de ser fructífero. ¡Estas son solo las cosas básicas! Muchos de nosotros podemos dar testimonio de que Dios nos proveyó de manera abundante, no solo satisfaciendo nuestras necesidades, sino también muchos de nuestros deseos. ¿Qué tienes que no hayas recibido? ¿Por cuáles de estas cosas te adjudicas el crédito? Tu respuesta debería ser: «¡Nada! Todo proviene del Señor».
Entonces, ¿qué deberías hacer? Deberías compartirlo de forma generosa con los demás. Este es el núcleo de lo que dicen las Escrituras sobre la hospitalidad. Espero que puedas ver la lógica. Dios ha compartido contigo el evangelio y muchas otras cosas más pequeñas pero también reales. Él te llama a compartir su amor con los demás, así como también muchas de las otras cosas más pequeñas y reales que te ha dado para que las administres para su gloria. Una parte fundamental de la hospitalidad es la generosidad. De hecho, una persona tacaña no puede ser hospitalaria. La hospitalidad se predica en el acto de dar: darse a uno mismo y también todo lo que tenemos.
¿Quieres cultivar la hospitalidad? Entonces no puedes ser tacaño con tus cosas. Además, no necesitas serlo. Tu Padre bondadoso y perfecto te prometió cubrir todas tus necesidades. Como aprendimos de las Escrituras y de la vida, esto no quiere decir que siempre vamos a vivir de forma fácil. A veces el Señor, en su misericordiosa providencia, dispone que pasemos por carencias para enseñarnos a depender más plenamente de Él. Sin embargo, nunca nos pide que nos quedemos sin lo que necesitamos, y conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos. Entonces, no seas tacaño, ¡sé generoso! No acumules, ¡sé hospitalario! Esta es la esencia de la hospitalidad bíblica con recursos limitados.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuál es la relación entre el evangelio y la hospitalidad?
- ¿Cómo se relaciona el cuidado con la hospitalidad? ¿Y con la generosidad?
- ¿Qué te resulta difícil de ser hospitalario?
- ¿De qué forma esta sección te desafía a buscar la ayuda de Dios para crecer?
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Part II: ¿Con Quién Debería Ser Hospitalario?
En este punto, ya deberíamos haber comprendido por qué es tan importante que los cristianos sean hospitalarios, teniendo en cuenta cuán hospitalario ha sido Dios con nosotros en el evangelio. Nuestro próximo objetivo es orientar nuestra hospitalidad hacia aquellos a quienes Dios desea especialmente que tratemos con hospitalidad. Sostengo que, aunque todas las personas con las que te cruzas pueden ser una oportunidad para ser hospitalario, deberías serlo especialmente con tu familia eclesiástica y aquellos con quienes compartes el evangelio.
¿Quién es mi prójimo?
Existe un asombroso intercambio entre nuestro Señor y un experto en la Ley, relatado por Lucas en el décimo capítulo de su Evangelio. Puede que la conozcas como «parábola del buen samaritano». Al inicio de esta historia, el experto en la Ley le pregunta a Jesús cómo podía heredar la vida eterna. Jesús responde: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente» y «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Lc. 10:27). Bastante directo.
Gracias por ser tan claro, Jesús. El experto en la Ley no se rinde tan fácilmente, y pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús responde con un relato:
… —Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. Así también llegó a aquel lugar un levita y al verlo, se desvió y siguió de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. «Cuídemelo» —le dijo—, «y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva». ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? —El que se compadeció de él —contestó el experto en la Ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús (Lc 10:30-37).
Ahora, déjame preguntarte: ¿respondió Jesús a la pregunta del experto en la Ley con la parábola del buen samaritano? Creo que sí lo hizo, pero para comprender su respuesta, necesitamos conocer la diferencia entre los judíos y los samaritanos. Por cuestiones de tiempo, permíteme resumir lo que pensaban los unos de los otros: no se caían bien, para nada. Esta hostilidad se debía a una larga historia de diferencias políticas, religiosas y sociales entre ambos grupos, en las que no necesitamos profundizar ahora.
Sin embargo, es importante estar al tanto de estas diferencias por una simple razón: el samaritano en la historia de Jesús es la última persona que esperarías que demostrara hospitalidad al judío que había sido asaltado. Aun así, fue precisamente él quien lo rescató. Es el mejor ejemplo de lo que dice la Biblia sobre acoger al forastero.
¿Qué nos enseña esta historia sobre la hospitalidad? Bueno, nos enseña que realmente todos los demás son nuestro prójimo. Si el samaritano puede mostrar hospitalidad más allá de las profundas divisiones entre judíos y gentiles, basándose en que el hombre asaltado era su prójimo, también puedes y debes, aunque sea algunas veces, mostrar hospitalidad a tu prójimo sin importar sus diferencias sociales, políticas o religiosas. Nadie es lo suficientemente diferente de ti como para que no puedas demostrarle tu hospitalidad, según Jesús. Todos son bienvenidos.
¿Esto quiere decir que deberíamos ser hospitalarios con todos de la misma manera? No. Si haces eso, puede que quedes en bancarrota. Si haces eso, definitivamente fracasarás en maximizar el bienestar espiritual que puedas generar con tu ministerio de hospitalidad. Todos son bienvenidos, sí, pero debemos saber cómo priorizar a esas personas en quienes Dios quiere que nos centremos para generar el mayor bienestar espiritual posible.
Hospitalidad con los miembros de la iglesia
Un anuncio importante: es a propósito que no me tomo el tiempo de mencionar que Dios te dio la responsabilidad de cuidar y de ser generoso con tu familia natural. La razón por la que estoy omitiendo esto es, principalmente, porque la hospitalidad propiamente dicha consiste en cuidar y mostrarse generosos con quienes no somos cercanos o son, en algún sentido, extraños. Entonces, sí, ¡sé «hospitalario» con tu familia! Demuéstrales generosidad y mucho amor. Sin embargo, esta guía se enfocará en mostrar hospitalidad a quienes Dios te llama a atender, incluso si no están en tu lista de prioridades.
A partir de lo dicho, en esta sección quiero sostener que el grupo al que más deberías estar dispuesto a mostrar hospitalidad son los miembros de tu iglesia local. Pablo enumeró a la iglesia en Roma una lista de aspectos que deberían caracterizar su vida en comunidad. Entre estas exhortaciones, Pablo escribió: «Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad» (Rm 12:13). Este es un versículo clave sobre la hospitalidad, que contrasta de inmediato con la concepción individualista del cristianismo que tienen muchas personas en los Estados Unidos. Imagina intentar cumplir con este mandato bíblico si las únicas personas que incluye tu cristianismo son Jesús y tú mismo. Claramente, el concepto que tenía Pablo de la vida cristiana era el de una vida en comunidad, ¡una comunidad en la que puedes cumplir mandatos directos como este!
Esto quiere decir que, si no eres miembro de una iglesia local sana, ¡deberías serlo! Ese debe ser uno de los primeros pasos para cultivar la hospitalidad. Este domingo, acércate a una iglesia que, según puedas ver, predique el evangelio y tome a sus miembros en serio. La iglesia local se compone de santos a los que debes mostrar hospitalidad, según las Escrituras. Ese era el caso de la iglesia en Roma, y lo es también para nosotros hoy. Esta es la esencia de la fraternidad en la Biblia.
El Señor ha sido bueno con nosotros, conduciéndonos a una iglesia imperfecta pero muy sana. De hecho, nunca antes había sido parte de una iglesia más sana, y eso es porque nunca fui parte de una iglesia en la que se tomara más en serio la hospitalidad. Oramos públicamente para que cada uno de nuestros miembros crezca en la hospitalidad. Enseñamos sobre hospitalidad en nuestros seminarios básicos los domingos por la mañana. Nos desafiamos mutuamente a ser más hospitalarios en nuestros grupos de discipulado. Contamos historias sobre la hospitalidad que nos llevan a generar bienestar espiritual.
Me inspira mucho la forma en la que varios miembros de nuestra iglesia se esfuerzan por vivir una hospitalidad bíblica. Cuando nos unimos a esta iglesia, mi esposa y yo recibimos un mensaje de texto de un muchacho soltero de la congregación, de unos veintitantos años. En ese mensaje nos invitaba a cenar. Era algo raro, ya que nunca nos habíamos reunido a cenar con un soltero desconocido casi una década menor. Sin embargo, acordamos un horario y él nos dio su dirección. Nos sorprendió ver que vivía en una casa muy bonita aquí en Capitol Hill. Más tarde, nos enteramos de que era la casa de sus padres, quienes habían salido de vacaciones por una semana.
También nos sorprendió el maravilloso aroma que sentimos apenas entramos. Resulta que este hermano estaba haciendo un recorrido gastronómico por varios países: preparaba un platillo de un país distinto para cada miembro nuevo de la iglesia. A nosotros nos tocó Camboya. Este es un ejemplo brillante de ideas de fraternidad intencional para grupos pequeños.
La cena fue increíble, y el tiempo compartido fue aún mejor. El hermano nos preguntó cómo habíamos llegado a vivir a esa ciudad, qué nos había parecido la iglesia, qué desafíos estábamos enfrentando en ese momento y cómo podía orar por nosotros, algo que se ofreció a hacer antes de que nos retiráramos. Nos fuimos sintiéndonos cuidados y plenos. Incluso al contar la historia ahora, agradezco al Señor por haber inspirado a ese hermano a brindarnos un ministerio de hospitalidad tan significativo.
¿A quién en tu iglesia podrías mostrarle hospitalidad? Mientras piensas en tu respuesta, permíteme animarte no solo a elegir a las personas que se parezcan más a ti. Mi nuevo amigo, Josiah, no se parecía a nosotros. Estábamos casados y él era soltero. Estábamos más cerca de los treinta que de los veinte, y él lo contrario. Éramos nuevos; él había estado en la iglesia toda su vida. A pesar de todas estas diferencias, decidió mostrarnos hospitalidad.
Mostrar hospitalidad a quienes son diferentes a ti trae toda clase de ventajas. Aquí te presento algunas para que comiences a pensar en la dirección correcta:
– Jesús ocupa un lugar central: ¡es más sencillo para ti y para los demás saber que Él es la razón de la hospitalidad, por encima de cualquier otra cosa! El mundo elige amigos según sus equipos deportivos favoritos, niveles salariales similares, sus carreras u otros intereses en común. El cristianismo reúne a la gente por medio de Jesús más que por cualquiera de estas otras cosas. De hecho, el cristianismo te ofrece una manera de construir amistades significativas con quienes solo tengas en común a Jesús.
– Creces: si solo te rodeas de personas que son como tú, tus oportunidades de crecimiento son limitadas. Mostrar hospitalidad a personas diferentes te permite aprender de quienes tienen experiencias que tú no tienes, ver el mundo desde una perspectiva que tal vez no compartas y oír sobre la fidelidad que Jesús mostró hacia ellos en desafíos que aún no hayas experimentado. Cuando construyes relaciones a través de la hospitalidad con personas diferentes, ¡creces!
– Otras personas pueden sentirse atraídas: intenta llegar al trabajo un lunes y decirles a tus colegas no creyentes que el día anterior, después de la iglesia, un grupo de personas fue a tu casa a almorzar. Una persona era cuarenta años mayor que tú, otra era de una etnia distinta, otra tenía pasatiempos completamente diferentes a los tuyos y la otra aún no había terminado la universidad. Apuesto a que te escucharían sorprendidos. Esa sorpresa representa una oportunidad para que les cuentes sobre Jesús y sobre tu iglesia. ¡La hospitalidad abre puertas al evangelismo! ¿Quién lo hubiese dicho?
Hospitalidad con los no creyentes
Hablando de evangelismo, ¡la hospitalidad es una gran manera de evangelizar! En el ejemplo anterior, dije que mostrar hospitalidad a los miembros de tu comunidad eclesiástica honra a tu Señor y a tu iglesia ante quienes no pertenecen a ella. Eso es verdad. ¿Sabes qué otra cosa puedes hacer para animarlos a confiar en Jesús? ¡Invitarlos a tu casa también! Demuestra cuidado (honra con afecto y atención) y sé generoso (usa lo que se te ha dado) para bendecir a las personas de tu vida que no conocen a Jesús. Esta es la esencia de lo que enseñan los versículos sobre servir a los demás.
¿Qué personas de tu vida no conocen actualmente a Jesús? Esas personas son perfectas para estar en la lista de invitados de una cena en la semana, una noche de juegos en la iglesia o un almuerzo de domingo. Recíbelos en tu casa, comparte una comida y, lo más importante, háblales de Jesús. Diles por qué la hospitalidad es tan importante para ti. Me atrevo a decir que la mayoría de los no creyentes no han experimentado mucho la hospitalidad cristiana, si es que alguna vez la experimentaron. Es una lástima, pero puedes asegurarte de que no sea el caso de tus amigos no cristianos.
Un último punto al respecto: muestra hospitalidad a los miembros de la iglesia y a tus amigos no cristianos ¡al mismo tiempo! La hospitalidad puede ser un proyecto grupal y, con este formato, rápidamente puede convertirse en un proyecto de evangelismo. Esta es una gran forma de crear un hogar acogedor para el ministerio. Espero que esto te anime a enviar algunos mensajes de texto a las personas que podrían necesitar esa invitación a tu casa para recibir tu cuidado.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué te asusta de ser hospitalario?
- ¿A qué persona de tu iglesia puedes mostrarle hospitalidad esta semana o la próxima?
- ¿A qué persona no cristiana puedes mostrarle hospitalidad esta semana o la próxima?
- ¿De qué forma te ha bendecido la hospitalidad de alguien más?
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Parte III: ¿Cómo Crecer En La Hospitalidad?
Espero que ya estés convencido de que la hospitalidad no es solo un mandato, sino también un privilegio del evangelio. En esta sección, quiero presentarte algunos pasos prácticos que puedes dar para comenzar a practicar la hospitalidad de inmediato. Sin embargo, antes de pasar a estas sugerencias, quisiera aclarar que hay un millón de formas de mostrar hospitalidad. Estas son solo mis ideas. Súmalas a las que ya tienes, ¡y entonces será una verdadera fiesta!
Toma nota de lo que tienes
¿Recuerdas a mi abuela? Era una gran maestra de la Biblia, especialmente cuando se trataba de enseñar las grandes historias de las Escrituras. Una de mis historias favoritas que solía contar era la del hombre que les dio su burra y su burrito a los discípulos de Jesús para que Él pudiera montarlos de camino a Jerusalén y hacer una entrada triunfal justo una semana antes de su crucifixión. Mateo lo relata de esta manera:
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagué, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos con este encargo: «Vayan a la aldea que tienen enfrente. Ahí mismo encontrarán una burra atada y un burrito con ella. Desátenlos y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respóndanle que el Señor los necesita, pero que ya los devolverá». Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: «Digan a la hija de Sión: “Mira, tu rey viene hacia ti, humilde y montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga”». Los discípulos fueron e hicieron como había mandado Jesús. Llevaron la burra y el burrito y pusieron encima sus mantos, sobre los cuales se sentó Jesús (Mt 21:1-7).
A simple vista, esta no parece una historia sobre hospitalidad. No obstante, mi abuela siempre hacia énfasis en que el hombre le dio lo que tenía al Señor. Luego, solía preguntarnos: «¿Qué tienen ahora que pueden darle al Señor?».
¿Qué tienes ahora? Este es un gran punto de partida a la hora de pensar en la hospitalidad, por dos motivos. En primer lugar, solemos pensar que para mostrar hospitalidad necesitamos tener más, como una casa más grande o más bonita. Amigo, no necesitas una casa más grande para practicar la hospitalidad. Piensa en el hermano que nos recibió a mi esposa y a mí con una cena camboyana. No tenía una casa propia, ¡y nos atendió muy bien!
¿Qué tienes ahora? ¿Qué tienes que puedas ofrecer al Señor y a los demás con hospitalidad? Toma nota de lo que tienes y ponlo a disposición de los demás. Este es el primer paso a la hora de superar el miedo a ser anfitrión.
Hay otro joven de nuestra iglesia que tiene un pequeño apartamento con una cocina aún más pequeña. Cada domingo, invita a distintos miembros de la iglesia y a otras personas a almorzar entre los servicios matutinos y vespertinos. Se esfuerza mucho con la comida, y siempre se asegura de que todos tengan lo que necesitan y se vayan sintiéndose satisfechos y amados. Que yo sepa, este hermano nunca se detuvo a pensar que su apartamento era demasiado pequeño para ser usado para la gloria de Dios. En cambio, tomó nota de lo que tenía y lo puso a disposición para cuidar a sus compañeros de la iglesia. Es un experto en demostrar hospitalidad en un apartamento pequeño.
Creo que deberías aspirar a ser como nuestro querido hermano, sin importar si tu casa es grande o pequeña. Si no puedes comprar filete, sirve pollo. Si no puedes pagar una comida completa, sirve café o té. Usa lo que tienes y haz lo que puedas. Dios es glorificado cuando confías en Él y buscas reflejar su amor a través de tu ministerio de hospitalidad. Esto ilustra perfectamente la hospitalidad bíblica con recursos limitados.
Haz la invitación
Aquí es donde se pone a prueba la teoría. Estás en la iglesia el domingo. Al mirar alrededor, ves a la pareja mayor que siempre se sienta en la misma sección. La hospitalidad comienza cuando te acercas a ellos y los invitas a tu casa a almorzar el domingo siguiente después del servicio. «¡Pero no los conozco!». ¡Mejor! Comer con ellos te dará una gran oportunidad de conocerlos.
Para tu sorpresa, inmediatamente se alegran de que un treintañero los quiera invitar a almorzar. Acceden. Genial. Al salir por la parte trasera del templo, ves un grupo de universitarios en el vestíbulo. Tu casa tiene espacio, y sabes que estos chicos han estado asistiendo a la iglesia desde el inicio del semestre. ¿Por qué no invitarlos también? Después de todo, ¿en qué otro momento reciben los universitarios una invitación para cenar con una familia joven y una pareja de septuagenarios? No estoy bromeando, ¡es una oportunidad única! Es así como surgen ideas de fraternidad intencional para grupos pequeños.
Verás, la hospitalidad requiere que hagas la invitación. Ahora bien, no estoy diciendo que no sea difícil a veces. Es decir, una cosa es invitar a un buen amigo a tu casa para ver un partido de fútbol, pero ¿extraños? Claro, los miembros de tu iglesia a los que no conoces pueden parecer extraños. Sin embargo, ahí es donde debes recordar que son tus hermanos, ya que comparten al mismo Dios Padre. Es decir, los demás cristianos no son extraños: son familia. Es por esto que puedes y debes enfrentar tu miedo y hacer la invitación. Este es un gran consejo para practicar la hospitalidad si eres un cristiano introvertido.
Sé curioso y haz preguntas
Tus invitados llegaron. Están en tu casa. ¿Ahora qué? ¡Haz preguntas! En general, el tema de conversación favorito de las personas es ellas mismas. No digo esto para ofender a tus invitados. ¡Todos solemos ser así! Recuerda que Jesús nos dice que el segundo gran mandamiento es: «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mt. 22:39). ¿Cómo prefieres que te amen? Apuesto a que podrías responder a esta pregunta de muchas maneras, pero una de ellas de seguro implica que demuestren interés genuino por ti, tus preferencias, tus pasiones, tu historia, tu familia, etc. Es probable que aprecies que las personas a quienes les importas te hagan preguntas intencionales. Cuando tus invitados lleguen, empieza por preguntarles aquello que te gustaría que te preguntaran. Estos son algunos ejemplos de preguntas que puedes hacer:
– ¿Cómo es que vinieron a vivir a esta ciudad?
– ¿Cuál es su trabajo? ¿Qué es lo que más les gusta de lo que hacen? ¿Y lo que menos les gusta?
– ¿Cuáles son sus pasatiempos?
– ¿Cómo conocieron al Señor?
– ¿Qué aprendieron del sermón del último domingo?
– ¿Qué les está enseñando el Señor en esta etapa de sus vidas?
Escucha con atención
De acuerdo, estás haciendo preguntas. Genial. Si quieres que esas preguntas den todo su fruto, es fundamental que escuches intencionalmente sus respuestas. Una gran forma de demostrarles a los demás que los estás escuchando es haciendo preguntas de seguimiento a partir de lo que dicen. Una vez oí a alguien decir que las personas se convencen de que los estás escuchando cuando haces la tercera pregunta de seguimiento. Esto quiere decir que si le preguntas a alguien cómo está, en general debes responder a lo que dice dos veces más antes de que piense que tu interés es genuino. Entonces, ¡escucha y luego haz más preguntas!
¡Ora!
Me avergüenza decir que a veces me siento incómodo de orar en eventos sociales. Aun así, siempre aprecio cuando le abro mi corazón a alguien, y esa persona se ofrece a orar por mí en ese preciso momento y lugar. Es por esto que intento superar mi incomodidad y ofrecerme a orar por las personas que estén en nuestra casa. Cuando oras por los demás, estás confesando que sus necesidades van más allá de lo que tú puedes satisfacer. También les haces saber que crees que Dios puede darles lo que necesitan. Por lo tanto, ora. Confía en el Señor en voz alta en nombre de tus invitados. Nunca sabes lo inspirador que puede ser para ellos oírte clamar al Señor en su favor.
Satisface las necesidades
Vayamos de lo más pequeño a lo más grande. Para eso, necesito contarte una historia más sobre mi abuela. Ella era una leyenda en nuestra iglesia cuando se trataba de hospitalidad. Siempre recuerdo cómo me decía que era importante preparar un poco de comida de más para los invitados. Decía esto porque nunca quería quedarse sin comida, café o cualquier cosa que sirviera en caso de que sus invitados quisieran un poco más. Este es el punto: cuando invitas a otras personas a tu casa, es importante asegurarte de que tienes lo necesario para satisfacer sus necesidades. Esto no quiere decir que debas gastar mucho dinero, solo que debes hacer tu mejor esfuerzo para dar lo que te gustaría recibir si se invirtieran los papeles.
De acuerdo, eso es lo más pequeño. Vayamos a lo más grande. No puedes satisfacer todas las necesidades de nadie. Sin embargo, es probable que el Señor quiera que satisfagas algunas de ellas. Nuestros vecinos han vivido junto a nosotros por aproximadamente dos años. En ese tiempo, los hemos visto abrir las puertas de su hogar a dos hermanas distintas de nuestra iglesia que necesitaban un lugar donde vivir los meses previos a casarse. Estoy seguro de que Nick y Kaitlyn oraron para que el Señor proveyera. Sin embargo, no se quedaron solo con la oración. Se preguntaron a sí mismos y al Señor: «¿Deberíamos usar nuestra casa para cubrir las necesidades de estas hermanas?». Contestaron con un sí. Amo su ejemplo. Comprendieron de verdad los límites bíblicos de la hospitalidad, y a su vez fueron radicalmente abiertos.
Verás, a veces realizar un primer acto de hospitalidad te muestra que puedes hacer mucho más. Puede que te enteres de que el auto de alguien se rompió y esa persona no tiene cómo ir a trabajar. De casualidad, tienes un auto que no pensabas usar esa semana. ¿Querría el Señor que le ofrecieras usar tu auto esa semana? Tal vez. Pregúntale y, con fe, haz lo que creas que Él haría. Tal vez tu invitado no necesita un auto, pero sí comida. Hay una madre soltera de tres niños en nuestra iglesia a quien su esposo abandonó hace años. Podría enumerar más de diez miembros a quienes conozco que buscan ayudarla a ella y a sus niños regularmente, asegurándose de brindarles comidas calientes en las noches en que la madre debe trabajar hasta tarde. Esta es una hermosa forma de comparar la hospitalidad con el entretenimiento desde una perspectiva cristiana: no se trata del espectáculo, sino del alma.
¿Qué tienes hoy? Sin importar qué sea, ¿puedes usarlo para satisfacer las necesidades de la persona a la que has estado cuidando con tu hospitalidad? Puede que tus actos de amor sean el medio por el cual esa persona entienda algo del amor de Dios. ¡Qué privilegio!
Casi al final del Evangelio según Mateo, Jesús les enseña a sus discípulos algo sobre la importancia de la hospitalidad y del ministerio de cuidado. Dijo:
Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de Él, y Él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: «Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me dieron alojamiento; necesité ropa y me vistieron; estuve enfermo y me atendieron; estuve en la cárcel y me visitaron». Y le contestarán los justos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?». El Rey les responderá: «Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí» (Mt 25:31-40).
Satisfacer las necesidades de los otros miembros de la iglesia es, en un sentido muy real, satisfacer las necesidades del Señor Jesús. Él se identifica tanto con su pueblo que el bien que se les hace a ellos se le hace a Él. ¿Comienzas a notar lo importante que son la hospitalidad y el ministerio de cuidado? Esta es la esencia de crear un hogar abierto para el ministerio.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué tienes ahora que puedas usar para practicar la hospitalidad?
- ¿Qué te asusta de buscar un ministerio de hospitalidad en tu iglesia?
- ¿Qué te entusiasma de la hospitalidad?
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Conclusión
Me encanta la hospitalidad. Fui objeto de la hospitalidad de muchas personas, y mi esposa y yo buscamos cada vez más practicar la hospitalidad con otros. Gracias a haber sido invitado y haber sido hospitalario, hice amigos de todo el mundo, literalmente. El Señor ha sido bueno al usar nuestro esfuerzo y el de los demás en nuestro favor para bendecirnos en abundancia y para enseñarnos algo de su amor por nosotros.
Apuesto a que te sucederá algo similar si comienzas a ser hospitalario con quienes el Señor puso en tu camino. Usa lo que tienes y úsalo de todo corazón para el Señor. Bendecirás a los demás y probablemente tú seas aún más bendecido. Y Dios recibirá gran gloria.
Acerca del autor
Taylor Hartley se desempeña como director editorial de 9Marks en Washington, D. C. Está casado con Rachel, con quien tiene un hijo, Bode. Taylor obtuvo su máster en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Actualmente, está trabajando para obtener su máster en Teología en el London Seminary, en el Reino Unido.
Tabla de contenido
- Parte I: ¿Qué Es La Hospitalidad?
- Inspirada en el amor de Dios
- Un ministerio de cuidado
- El cuidado es la práctica de honrar de forma afectuosa y atenta un lugar, persona u objeto inherentemente valioso.
- Una oportunidad para ser generosos
- Preguntas para reflexionar:
- Part II: ¿Con Quién Debería Ser Hospitalario?
- ¿Quién es mi prójimo?
- Hospitalidad con los miembros de la iglesia
- Hospitalidad con los no creyentes
- Preguntas para reflexionar:
- Parte III: ¿Cómo Crecer En La Hospitalidad?
- Toma nota de lo que tienes
- Haz la invitación
- Sé curioso y haz preguntas
- Escucha con atención
- ¡Ora!
- Satisface las necesidades
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Acerca del autor