#94 ¿Cuál Es La Voluntad De Dios? Cómo Encontrar Tu Camino
Introducción
¿Por qué estamos aquí? Esa es la pregunta que todos necesitamos responder. Muchos intentan evitarla y se distraen con la gran cantidad de cosas insignificantes que ofrece nuestro mundo, pero esa distracción solo sirve por un rato. Al final, todos deben enfrentar la razón por la que se encuentran en este mundo y preguntarse: «¿Cuál es mi propósito?».
La respuesta a esta pregunta le da sentido a… bueno, todo: nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestros estudios, nuestras relaciones, a cada aliento. La pregunta es enorme, y la respuesta transforma cada uno de nuestros pasos. A menudo, las personas pasan años preguntándose cómo encontrarse a sí mismas o cómo encontrar su propósito en un mundo que parece cada vez más caótico.
En esta guía, intentaremos comprender nuestro propósito: por qué estamos aquí y para quién estamos aquí. Exploraremos lo que dice la Biblia sobre la vida y buscaremos versículos sobre vivirla con propósito para anclar nuestras almas. Con este fin, primero volveremos al principio, luego analizaremos dónde estamos y, finalmente, miraremos hacia dónde vamos. Con la ayuda de Dios, espero que al abordar estos temas con la Palabra de Dios en el centro, puedas aprender más sobre cómo vivir con propósito y cuál es la voluntad de Dios para tu camino.
Audioguía
Audio#94 ¿Cuál Es La Voluntad De Dios? Cómo Encontrar Tu Camino
Parte I: ¿Dónde Estábamos?
Crecí en el sudeste de los Estados Unidos, donde los términos «otoño» y «temporada de fútbol» son sinónimos. Muchas personas crecen asistiendo a los partidos o incluso jugando. El ánimo de la toda la escuela depende de las victorias y las derrotas. En nuestro caso, cuando las cosas salían mal en uno de los partidos, mi entrenador solía decir: «¡Tenemos que volver a lo básico!». Antes de pensar en jugadas complicadas, necesitábamos comprender nuestras responsabilidades más básicas y simples. Esto era «lo básico», las cosas que permanecían constantes sin importar la situación. Si no tenemos claro nuestro punto de partida, nos perderemos en el camino, preguntándonos cuál es nuestro llamado y dónde fallamos.
El libro del Génesis cumple esta función en la Biblia. Nuestra comprensión está distorsionada a causa de nuestro pecado y nuestra rebelión contra Dios. Hoy, tal vez más que nunca, necesitamos una base estable. Necesitamos la Palabra de nuestro Creador todopoderoso, omnisciente e infinitamente sabio. El libro del Génesis funciona como fundamento para que podamos responder los muchos «por qué» de la vida. Ofrece el contexto bíblico definitivo para mostrar que Dios tiene un plan para tu vida. Antes de la creación, existía Dios. «En el principio, Dios» estaba ahí: el Dios feliz, infinito e increado. A medida que consideramos la existencia de la creación fuera de Él, debemos comprender que Dios no necesitaba crear nada. Por su naturaleza, no podemos pensar que «necesitara de algo» (Hch 17:25). Entonces, el Dios trino ha existido como una fuente eterna de bondad y felicidad antes de que cualquier otra cosa existiese. En esencia, ser una criatura significa ser innecesaria. En otras palabras, el hecho de que existan otras cosas aparte de Dios es un regalo maravilloso. Entonces, ¿por qué existimos? Porque Dios quiso crearnos. Este es el punto de partida para cualquier persona que se pregunte cuál es el plan de Dios para su vida.
Esto ubica a los seres humanos en una relación de sumisión marcada por la humildad. A pesar de que administramos y «tenemos dominio» sobre la creación, existimos bajo Aquel que gobierna toda su creación. Él creó a los pájaros para que volaran, a los peces para que nadaran y a los humanos con la capacidad de hablar y razonar. Hay límites para lo que hacemos y lo que podemos hacer en la tierra. Nuestro Creador define el propósito de nuestra existencia. El Creador define y gobierna la creación. Este es el primer paso para aprender a conocer la voluntad de Dios.
La buena noticia es que sabemos que nuestro propósito es bueno porque Dios es justo, bondadoso y santo. Podemos confiar en que el propósito que se muestra en su Palabra es el mejor propósito imaginable. Los cristianos se someten con razón a Aquel que tiene un conocimiento inagotable e infinito de sí mismo y de todas las cosas. Él es quien nos creó con un buen propósito. Si eres cristiano y sientes que no tienes propósito, regresa a esta verdad fundamental.
En Génesis, vemos que principios como el de la gravedad sirven para describir el orden y la preservación establecidos por el Creador. La marea del océano proclama el poder y la sabiduría de Dios. La hermosa diversidad de la creación ya no es percibida solo como un resultado del caos atómico, sino como la belleza del Diseñador del universo. El ser humano fue creado por encima de otras criaturas, hecho a imagen de Dios. La sexualidad, tanto la masculina como la femenina, es un regalo diseñado para el bien de este mundo, con diferencias creacionales que refuerzan sus diferentes ámbitos de acción. El matrimonio no es un resultado de la lujuria pecaminosa, sino un regalo que Dios le hizo a la humanidad.
Lo que es más, Dios no nos abandona perdidos en la oscuridad. Hizo un pacto con Adán. Dios, generosamente, inició una relación con Adán y Eva para que ellos no solo vivieran bajo su reinado, sino que también estuvieran en comunión con Él para siempre. Los creó a su imagen para que lo reflejaran en la creación. Los mandó a llenar la tierra con más seres semejantes y a dominar el resto de la creación. Este es el propósito original en diferentes etapas de la vida.
Por derecho soberano, el Creador del universo merece nuestra obediencia. Sin embargo, nuestra naturaleza y nuestro cálido pacto relacional le dan un nuevo sentido a esta obediencia. No somos obedientes a Dios de forma esclava y reacia, sino de forma dinámica, relacional y llena de propósito, enmarcada dentro de la historia en desarrollo de Dios para darse gloria a sí mismo. En el caso de Adán, si obedecía, disfrutaría de la vida eterna y la comunión con Dios. Este es el pilar para glorificar a Dios en las cosas mundanas de nuestro en el día a día.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cómo afecta nuestra relación con Dios el hecho de que Él nos haya creado?
- ¿Cómo afecta nuestro propósito en la vida el hecho de que Dios es el Creador?
- ¿Cómo podemos saber que los propósitos de Dios para nuestra vida son buenos?
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Parte II: ¿En Qué Nos Equivocamos?
Al leer sobre nuestro diseño original y la comunión con Dios, es necesario preguntarnos en este mundo caído: «¿Qué sucedió?». Luego de crear durante seis días, Dios completó su trabajo y lo llamó «muy bueno» (Gn. 1:31). Sin embargo, al mirar alrededor, vemos que todo está roto, por dentro y por fuera. Nuestros corazones están inclinados al mal. Abundan la muerte y los desastres. Incluso cuando vemos pequeños destellos de bondad, encontramos más cosas lamentables en nuestra existencia.
El pacto relacional original establecido con Adán llevaba consigo promesas y maldiciones que dependían de su obediencia. Si él obedecía de forma perfecta y perpetua, disfrutaría del descanso eterno del sabbat con Dios para siempre. Si desobedecía y comía el fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal, moriría. Como vemos en Génesis 3, Adán rechazó a Dios, rompió el pacto y se sumió a sí mismo y al resto de la humanidad bajo la maldición y la muerte (Rm. 5:12-21). La creación se fragmentó en muchos pedazos, y se volvió difícil identificar su propósito. Hoy en día caminamos por un museo de arte que se ha quemado y está patas arriba. Anhelamos saber cómo era antes. Fuimos creados para vivir bajo el mandato de Dios y disfrutarlo para siempre, pero ahora la humanidad perdió esta relación al cometer una traición cósmica contra nuestro Dios infinitamente santo. Nuestra relación se rompió y nuestro castigo es eterno.
Como resultado, nuestra percepción de nosotros mismos se derrumbó. El propósito y el significado de la vida se han convertido en huecos vacíos en nuestro corazón. Intentamos sin descanso colocar otras cosas o personas allí, pero no son suficientes para llenarlos. Nuestro pecado hace que ahora prioricemos las cosas incorrectas, y pensemos que las correctas son erróneas. Confunde nuestro propósito, desvía nuestro camino y distorsiona nuestro objetivo. Hace que muchas personas se pregunten: «¿Cuál es mi propósito?» en medio de los escombros de la caída.
Nuestra caída en Adán nos puso por defecto en un camino de antagonismo con Dios, lo que hace que deambulemos buscando de forma errante ideas para una vida con propósito. Todo esto es en vano. Dios reprendió a Judá por estos intentos vanos a través del profeta Jeremías. Dentro del mensaje de Jeremías, encontramos una perspicaz observación del estado de nuestros corazones luego de la caída.
«Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo:
Me han abandonado a mí,
fuente de agua viva,
y han cavado sus propias cisternas,
cisternas rotas que no retienen agua» (Jr 2:13).
Judá rechazó al autor y a la fuente de vida. Él usa la frase «agua viva» como una metáfora clara. Dios es como una vertiente natural, un suministro infinito de agua pura que da vida. Dios es vida en sí mismo y por sí mismo. Sin embargo, Judá abandonó al único que podía refrescar sus almas. En cambio, cavaron o crearon sus propias cisternas para intentar recoger el agua que necesitaban, pero lo hicieron con roca porosa. En otras palabras, los ídolos que crearon para sí mismos los dejaron tan secos y vacíos como al principio. Se llenaban, pero siempre terminaban por vaciarse. Tenemos muchas «cisternas vacías» hoy en día. Cuando nos sentimos sin propósito como cristianos, a menudo es porque nos hemos desviado hacia estas cisternas rotas. Analicemos algunas de ellas.
Riqueza. Nos obsesionamos con lo que nos puede brindar más comodidad, no con el sacrificio por Dios y los demás. Buscamos tener la mayor seguridad financiera posible y solo después decidimos confiar en Dios, en lugar de confiar en un Dios que nos provea mientras amamos con sacrificio. Esto suele desdibujar la diferencia entre una carrera y un llamado. Esa casa amurallada en los trópicos no es inmune a la erosión o a un huracán. Los hijos irresponsables malgastan fácilmente una herencia. De hecho, «a riqueza del rico es su baluarte y este cree que sus muros son inalcanzables» (Pr 18:11). La riqueza y el camino con menos dificultades no servirán de nada en el día de la ira (Lc 12:20). Un propósito de vida que no dure una eternidad no vale la pena ser vivido.
Poder. ¿Será el poder la forma de vivir una vida con sentido? Muchas personas comienzan con la ambición de cambiar el mundo y se dedican a los cargos políticos altos, las amistades útiles o los grupos en línea. Sin importar qué tan lejos se llegue, el poder es limitado. «Nadie tiene poder sobre el viento para retenerlo; ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte» (Ecl 8:8a). Incluso los hombres más poderosos de la historia ocupan tan solo un pequeño párrafo en un manual escolar y son objeto de burla de muchos estudiantes de secundaria. «… ¡Ay! ¡Ay de ti, la gran ciudad, Babilonia, ciudad poderosa, porque en una sola hora ha llegado tu juicio!» (Ap 18:10). El poder terrenal expirará, no tendrá más influencia y, al final, ni siquiera las generaciones venideras lo recordarán. A menudo, quienes se posicionan más alto en la tierra terminan por estar en lo más bajo del infierno.
Uno mismo. En la era de la autenticidad, podríamos llegar a asumir que nosotros mismos determinamos el sentido de nuestras vidas. Es decir, cada persona tiene la libertad de elegir su propia «aventura». Muchos libros afirman enseñarte cómo encontrarte a ti mismo, pero te alejan del Creador. Cada uno de nosotros vive como un minicreador, moldeando su propia vida. Nuestras acciones, decisiones y sentimientos determinan quiénes somos. En otras palabras, no hay un propósito objetivo para la realidad. Todo el mundo es radicalmente libre para decidir cuál es el sentido de su vida. Por lo tanto, no existe ningún sentido. Este ídolo se desmorona en una vida sin rumbo. No hay ningún sentido excepto el que cada uno inventa, incluso aquellos que están en conflicto con los demás. A fin de cuentas, esta es una respuesta optimista después de admitir que la realidad realmente carece de sentido.
Activismo. A simple vista, el activismo parece ser la más noble de las «cisternas rotas». Parece ser que quienes lo practican tienen en mente el bienestar del mundo, y puede que genuinamente sea así. Sin embargo, en un mundo caído, este es un lugar muy inestable en el que buscar propósito. Para los activistas, la salvación a menudo llega en la forma de una boleta electoral, un líder político, una idea o un sistema educativo. No creo que sea necesario que te diga que el gobierno o un político no son un lugar seguro para depositar tu confianza ni la esperanza de salvación del mundo. Los activistas intentan crear el cielo aquí y ahora, algo que solamente ocurrirá cuando Jesús regrese a eliminar el mal de una vez y para siempre.
Estudios. Aprender sobre Dios y su mundo es una tarea noble que vale la pena. Sin embargo, quienes ponen su esperanza y su propósito en aprender, tarde o temprano notarán que eso es vanidad. En verdad, «hacer muchos libros es algo interminable» y «el mucho leer causa fatiga» (Ecl 12:12). No podemos saberlo todo, pero los estudiosos se dedican a ello como si fuera posible. Si la memoria comienza a fallar o estos objetivos se ven obstaculizados, ¿en qué se convierte su vida? ¿Acaso entonces la vida pierde sentido?
Sensualidad. Digamos que no sabes cuál es el sentido de la vida; entonces, decides vivir para obtener placer carnal todos los días en este mundo. El sexo, las fiestas, la comida, los lujos y el ocio forman parte de la vida sensual. Si no hay nada significativo más allá de esta vida, ¿por qué no disfrutar de lo que deseamos? Acumula tanta euforia temporal como puedas en medio del inevitable dolor. Si nada tiene mucho sentido, tal vez el sentido de la vida sea simplemente hacer lo que nos haga sentir bien. Este tipo de vida aplaza plantearse esta pregunta o simplemente se niega a responderla. La primera opción es más común entre los jóvenes. La segunda es más común entre quienes enfrentan una crisis de mediana edad. En esta vida, el cuerpo se desgasta si uno se dedica a la comida, la bebida y la relajación. Aun así, la experiencia y, a fin de cuentas, la Palabra de Dios nos muestran que «a Muerte y el Destructor jamás se dan por satisfechos, y tampoco los ojos del hombre» (Pr 27:20).
Estas son solo algunas de las muchas formas en que las personas caídas buscan su propósito en la vida. Debemos recordar que esos caminos hacia el sentido no son un recorrido inocente. Cada uno de ellos representa un ídolo del corazón. La riqueza se vuelve nuestro refugio. Los poderosos, de manera menos explícita, comienzan a pensar en sí mismos como dioses. El yo moderno actúa como un legislador divino. Los activistas exaltan a instituciones o gobiernos como si fuesen la cura de las naciones. Los estudiosos piensan que su uso de la razón o su saber intelectual son la solución a los males del hombre. Quienes practican una vida sensual se postran ante los pies de las pasiones humanas. Un catecismo moderno lo expresa de esta manera: «¿Qué es la idolatría? Es confiar en las cosas creadas en lugar del Creador para nuestra esperanza, felicidad, sentido y seguridad».
Ya sea el placer sensual o la adoración de uno mismo, estos ídolos se quemarán junto a sus adoradores. Los adoradores escucharán las palabras de Jeremías 2:28: «¿Dónde están, Judá, los dioses que te fabricaste? ¡Tienes tantos dioses como ciudades! ¡Diles que se levanten! ¡A ver si te salvan cuando caigas en desgracia!».
Pero ¿cuál es la respuesta cristiana? Al buscar tu propósito, debes saber que lo que dice la Biblia sobre la vida se centra en la restauración. La Biblia describe nuestras vidas antes de Jesús como «… sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2:12). Jesús es la respuesta, pero tal vez no de la forma en que crees. No vino simplemente a devolvernos el sentido. Vino a lidiar con un problema mucho mayor. En Cristo, quienes se perdieron fueron encontrados, y podemos comenzar a glorificar a Dios en las cosas mundanas a medida que recuperamos nuestro diseño original.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cómo se muestra el propósito de la vida en Génesis 1-2?
- ¿Qué fundamentos básicos sobre la realidad puedes encontrar en los primeros tres capítulos de Génesis?
- ¿Qué respuestas has escuchado a la pregunta: «¿Cuál es mi propósito en la vida?» ¿Cómo se ajusta esto a las Escrituras?
- ¿Has notado alguna «cisterna vacía» en nuestra sociedad? ¿En qué aspectos se quedan cortos con respecto a Dios?
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Parte III: Hallados En Cristo
Desde que rechazamos y nos alejamos de la Fuente de agua viva, hemos estado perdidos. Los caminos que transitamos ahora nos llevan a una nada eterna. El pecado añade un elemento similar al juego de las escondidas. Los «perdidos» se ocultan activamente de Dios y se oponen a Él. Piensa en cómo Adán y Eva «corrieron a esconderse entre los árboles para que Dios no los viera» después de haber pecado (Gn 3:8). En palabras de Pablo, no existe «nadie que busque a Dios» (Rm 3:11b). El pecado hace que estemos perdidos por voluntad propia.
Pero Dios, rico en misericordia, desarrolló un plan de búsqueda y rescate desde la eternidad para traer a los perdidos a casa. Asesinamos nuestras almas con nuestro pecado, pero como dice la Segunda confesión bautista de fe de Londres, «agradó al Señor hacer un pacto de gracia». Dios anunció en forma de promesa que alguien nos vendría a rescatar en Génesis 3:15. El Hijo de Dios, engendrado eternamente, descendió de los cielos, nació de una virgen en carne humana y «… vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lc 19:10). La salvación en Jesús nos brinda un contexto para que comprendamos dónde nos ubicamos dentro del plan de Dios y revela cuál es la voluntad de Dios para una humanidad que se alejó de Él.
El propósito eterno de Dios
Necesitamos analizar el propósito de Dios antes de pensar en el nuestro. Toda la historia y la creación se centran en el propósito divino de unir el cielo y la tierra en Jesucristo. Sorprendentemente, los perdidos nunca estuvieron ocultos de Dios. Él los escogió, los conoció y los amó «antes de la creación del mundo» (Ef 1:4). Pablo retoma esta idea varias veces.
– Efesios 1:9-11: «Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo, esto es, reunir en Él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra. En Cristo también fuimos hechos herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad».
– Efesios 3:11: «Esto fue conforme a su eterno propósito realizado en Cristo Jesús nuestro Señor».
Dios planeó, desde la eternidad, una redención misericordiosa para salvar a los pecadores. Dios Hijo se dispuso amorosamente con el Padre para ser el puente y comunicar todos los beneficios de la salvación a los escogidos por el Padre en Él. El Hijo pidió y el Padre le dio como herencia las naciones (Sal 2:8). El Espíritu Santo accedió a equipar al Hijo en su misión «sin restricción» y aplicar la redención comprada por Él (Jn 3:34). Dios Padre «concedió» a Dios Hijo un reino que luego les daría a sus escogidos desde «antes de la creación del mundo» (Lc 22:29; Ef 1:4). Jesús completó la «obra» del Padre para nuestra salvación, y Él verá su descendencia (Jn 17:4; Is 53:10). Así de certera es la salvación del pueblo de Dios.
Entonces, ¿qué tiene que ver toda esta teología con el propósito de la vida? Si Dios tiene un plan eterno para la creación y la redención, ¿acaso no tendría sentido que nuestro propósito estuviera alineado con esto? Nuestra salvación es parte de un plan mayor para que el pueblo de Dios sea hallado y redimido en Cristo. Una vida centrada en Jesucristo y su voluntad es ciertamente una vida bien vivida. Entonces, la pregunta que debemos hacernos es cómo conocer la voluntad de Dios y cómo Él cumple este plan eterno en el mundo. Una vez que tengamos la respuesta correcta, debemos abocarnos a ello.
Redirigidos y restaurados
Al principio de esta guía, analizamos el Génesis. Nuestros inicios nos hablan de quiénes somos y de cuál es nuestro propósito en la tierra. Perdimos nuestro propósito original en el primer Adán. Pero ahora, en Jesucristo, el segundo Adán, somos restaurados. Nacemos otra vez con corazones nuevos. Somos redirigidos por su amor y recreados como participantes de la nueva creación que vendrá. Este es a menudo el punto en el que comienzas a ver señales de que Dios está redirigiendo tu vida hacia su diseño original. El Espíritu Santo no solo corrige nuestro comportamiento para imitar a Cristo; renueva nuestras mentes para que comprendamos de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos (Tt 3:5; Ef 4:23-24; Rm 12:2). Destruyó los ídolos de nuestros corazones que nos pusieron en el camino de la destrucción, restaurándonos en el propósito original y glorioso de todas las cosas en Cristo. Ahora somos moldeados por la realidad, la historia de la creación y la redención. J. I. Packer lo resume bien:
Los cuarenta y tantos escritores que produjeron los sesenta y seis libros de las Escrituras a lo largo de unos mil quinientos años se veían a sí mismos y a sus lectores como involucrados en el cumplimiento del propósito soberano de Dios para este mundo: el propósito que lo llevó a crear, que el pecado interrumpió más tarde y que su obra redentora está ahora restaurando. En esencia, ese propósito era y es una interminable expresión y disfrute de amor entre Él y sus criaturas racionales; un amor que se manifiesta en la adoración, la alabanza, la acción de gracias, la honra, la gloria y el servicio que esas criaturas le rinden, y en la intimidad, los privilegios, los gozos y los dones que Él les otorga.
Dios puso su amor en su pueblo antes del inicio de los tiempos. Por lo tanto, toda la historia es el despliegue de este amor transformador de Dios hacia su pueblo pecador, al que Él restaura por su gracia en Jesucristo. Cuando nos preguntamos: «¿Cuál es mi propósito?», debemos comenzar por esta restauración.
Hubo muchos intentos bíblicos de resumir el propósito de la humanidad. Tal vez el mejor de ellos se encuentre en la primera pregunta del Catecismo menor de Westminster:
«Pregunta: ¿Cuál es el fin principal de la existencia del hombre?
Respuesta: El fin principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre».
En última instancia, la humanidad existe para glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Ahora que hemos sido hallados en Cristo, podemos confesar con Pablo en 1 Corintios 8:6 que «para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos». A pesar de todos los propósitos secundarios que podamos enumerar, todos están subordinados al Dios de la gloria. Vivimos por fe en Jesús, quien nos amó y dio su vida por nosotros (Ga 2:20). Los redimidos son redirigidos al propósito original para sus vidas y al fin de todas las cosas: mostrar la gloria de Dios.
El catecismo resalta dos elementos de nuestro fin último: glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. En 1 Corintios 10:31, Pablo menciona la obligación impuesta a los cristianos: «En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios». Este es un principio esencial para glorificar a Dios en lo mundano. No es un mandamiento nuevo, sino un mandamiento viejo para las nuevas criaturas. Dios dice que su pueblo «será justo y poseerá la tierra para siempre. Serán el renuevo plantado por mí mismo, la obra maestra que me glorificará» (Is 60:21). «Glorificar a Dios» a menudo parece ser una respuesta que oímos en la escuela dominical y no entendemos del todo. Dios tiene toda la gloria en sí mismo y no necesita a los humanos para tener más gloria. Dios no aumenta ni disminuye su gloria. Cuando decimos que glorificamos a Dios, no hablamos de hacerlo mejor. Glorificamos a Dios haciendo todas las cosas para darlo a conocer como realmente es, supremamente glorioso. Es decir, mostramos lo increíble que es Dios con nuestro amor, nuestro pensamiento, nuestras motivaciones y nuestras obras. Es así como puedes hallar tu propósito en todas tus acciones.
Nuestro segundo fin es inseparable del primero. Si Dios es el bien supremo, no hay mayor fin para el cual hayamos sido creados que el de deleitarnos en su bondad. Nos alegramos en Dios ahora y siempre. Es por esto que otros propósitos nunca nos satisfarán: porque fuimos creados para algo infinitamente mejor. Ser restaurados en la imagen de Dios es ser adoradores que se deleitan y disfrutan de Él. Como ora David en Salmos 16:11: «Me has dado a conocer el camino de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia y de dicha eterna a tu derecha». Al final, Dios será nuestro Dios y estará con nosotros (Ap 21:3). Dios morará con nosotros, y nos deleitaremos en Él sin impedimentos ni fin. Este es el cumplimiento definitivo de lo que dice la Biblia sobre la vida.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuál es tu experiencia de estar perdido en el pecado y ser hallado en Cristo?
- ¿Moldea el plan eterno de Dios tu forma de ver la realidad? ¿Cómo?
- ¿Por qué el pacto de redención da consuelo al creyente?
- ¿Qué significa glorificar a Dios y gozar de Él? Menciona ejemplos específicos de tu vida.
- ¿Cómo buscas la alegría en Dios? ¿Qué prácticas te resultan útiles?
- ¿De qué forma la iglesia local te ayuda a glorificar a Dios y gozar de Él?
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Parte IV: Vivir En El Presente
¿Cómo fuiste salvado? Tal vez te acercaste a Cristo de forma gradual. Quizás creciste en un hogar cristiano y no recuerdas la vida sin el cristianismo. Puede que te hayas acercado a Cristo en respuesta a una crisis. Esto está muy bien. Sin embargo, las Escrituras nos hablan de la doble gracia de la unión con Cristo en el evangelio, o duplex gratia en latín. Los cristianos no somos justificados solo mediante la justicia de Cristo (Rm 4:5), sino que somos justificados por la obra del Espíritu Santo en nosotros (Rm 6:11). Es por esto que la «senda de los justos» que se describe en Proverbios 4:18 tiene un esplendor que «va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud». Esta transformación es una parte fundamental de mi llamado como seguidor de Jesús.
El camino de santidad
El camino de santidad de todo verdadero creyente se encuentra en Isaías 35:8:
Habrá allí una calzada
que será llamada Camino de Santidad.
No viajarán por ella los impuros.
Ni transitarán por ella los necios;
será solo para los que siguen en ese camino.
Isaías describe el camino que todos los redimidos recorrerán de camino a Sión. En medio de todos estos capítulos sobre juicio y exilio, Dios promete otra liberación similar a la del Éxodo. Un grupo de redimidos transitará un camino hacia su hogar eterno de puro gozo (Is 35:10). Si bien es correcto que queramos defender la justificación solo por la fe, no podemos ignorar los versículos que resaltan de manera similar nuestra santidad. Necesitamos comprender el evangelio: «Te di vida. Ahora, vive». En otras palabras, no hay ni un solo creyente que sea justificado sin ser puesto en el camino de la santidad, ya que sin ella «nadie verá al Señor» (Hb 12:14).
La santidad es un camino necesario que debemos recorrer. Hay quienes resumen la idea de esta manera: no fuimos salvos por nuestras buenas obras, sino para las buenas obras. Esta es la esencia de la glorificación a Dios en lo mundano.
¿Cuál es el propósito de Dios para mí hoy? Cuando me siento desanimado, a veces me hago esta pregunta, como si Dios no me lo hubiese dejado claro. Somos llamados a ponernos el ropaje «de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador» (Col 3:10). Debemos afirmar: «Hoy, por gracia de Dios, soy cristiano. Soy una nueva criatura. Fui comprado por la sangre del Cordero y ahora tengo al Espíritu Santo en mi interior para poder obedecer al evangelio. Es un propósito de santidad». Esta es una vida digna del evangelio.
El nuevo camino de santidad hace que muchas de las oraciones de Pablo por los cristianos tengan sentido. Él escribió a los Colosenses diciendo:
Por eso, desde el día en que lo supimos, no hemos dejado de orar por ustedes. Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación y con mucha alegría (Col. 1:9-11).
Pablo ora para que ellos conozcan y entiendan la voluntad de Dios aplicada a sus vidas. Esto es para que «vivan de manera digna del Señor». Una vida que se asemeje cada vez más a la de Cristo, a quien están unidos por fe. Pablo ora para que Dios guíe sus pasos en el camino de la santidad que les fue dispuesto. Esta es una oración que vale la pena decir al buscar tu propósito.
El mayor privilegio hoy
Cada vez que pienses que, una vez justificado, estás llamado a vivir una vida de moralismo puro, vuelve a considerarlo. En el siglo xvii, un pastor y teólogo meditó sobre la vida cristiana un año antes de morir. Después de ser cristiano por varias décadas y haber publicado alrededor de ocho millones de palabras, resumió el mayor privilegio que tenemos en este mundo:
Uno de los privilegios más grandes de un creyente, tanto en esta vida como en la eternidad, es el de contemplar la gloria de Cristo. Una mirada a su gloria y nada más satisfará de verdad al pueblo de Dios. De hecho, es al contemplar la gloria de Cristo como los creyentes son transformados gradualmente a su imagen, y luego la disfrutan eternamente, ya que serán por siempre como Él, porque «lo veremos tal como Él es» (2 Co 3:18; 1 Jn 3:1-2). De esto depende nuestros consuelos presentes y nuestra bienaventuranza futura. Esta es la vida y la recompensa de nuestras almas (Jn 14:9; 2 Co 4:6).
Más adelante, hablaremos de esta visión en la eternidad. Por ahora, enfoquémonos en el presente. ¿Cómo podemos obtener estos «consuelos presentes» y gozar de Él hoy? Contemplándolo. Viviendo para Él y añorándolo. Es así como discernimos el plan de Dios para nosotros. Al conocer a Jesús—su persona, sus virtudes, su gloria, su belleza, su obra—somos transformados.
Miramos al Cristo revelado en las Escrituras para verlo como realmente es. Buscamos conocerlo en la Biblia porque lo amamos, y cuanto más lo conocemos, más lo amamos. Es así como oímos la voz de Dios y como nos habla Él: a través de la Palabra viva. El Espíritu Santo nos transforma a la imagen de Aquel a quien admiramos. Comenzamos a reflejarlo en el mundo, a hacer lo que fuimos creados para hacer. Esta visión centrada en Cristo ilumina nuestro camino con el esplendor y el poder de Cristo en nosotros. Después de todo, Jesús oró para que así fuera: «Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo» (Jn 17:24).
Designación providencial
En toda empresa, cada empleado tiene un papel importante para promover la visión común. Cuanto más clara es la descripción del trabajo, más paz mental tiene el empleado al saber que lo está desempeñando adecuadamente. Cada uno de los trabajadores cumple una función específica dentro del equipo. La visión de la vida cristiana es mucho mayor que la empresa más grande de la lista Fortune 500. Pero, a menudo, queremos que la descripción específica de nuestro trabajo nos dé la tranquilidad de saber que realmente estamos glorificando a Dios. Con frecuencia, tenemos problemas para distinguir entre una carrera y un llamado, aunque ambas cosas estén bajo su soberanía. ¿Cómo sabemos si estamos poniendo en práctica las buenas obras que Dios dispuso para nosotros? (Ef 2:10).
Nuestra vida es breve y pequeña en comparación con la historia del mundo y con la misión de Dios: de reunir para sí a un pueblo global. Sin embargo, eso no debe llevarnos a pensar que el presente es insignificante. La doctrina de la providencia implica que cada vida individual y cada momento de ellas es importante y tiene un propósito. Esta es la verdad bíblica definitiva de que Dios tiene un plan para tu vida. La pregunta número veintisiete del Catecismo de Heidelberg explica:
Pregunta: ¿Qué es la providencia de Dios?
Respuesta: Es el poder de Dios omnipotente y presente en todo lugar, por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas de tal manera, que todo lo que la tierra produce, la lluvia y la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, riquezas y pobrezas, y finalmente todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar, sino por su consejo y voluntad paternal.
Cada detalle, cada interacción y cada milisegundo de nuestras vidas está lleno de propósito porque Dios así lo dispuso. Si queremos saber cómo glorificar a Dios, tenemos que observar el presente. Así es como exploramos nuestro propósito a lo largo de diferentes etapas de nuestras vidas. ¿Qué áreas de mi vida son únicas para mí? ¿De qué forma una vida digna del llamado del evangelio moldea lo que pienso, quiero y hago en este momento específico? Puede que solo tú estés en la posición de animar o evangelizar a tu compañero de trabajo. Tú, entre todos los demás, eres llamado a cuidar con paciencia y amor a tu padre anciano. Tú eres miembro de esa iglesia local y eres llamado específicamente a amar y cuidar de esas personas.
Incluso es posible que sientas un llamado, recibas el respaldo de tu iglesia y tengas la oportunidad de servir como misionero en un país específico sin una iglesia establecida ni testimonio del evangelio. Tenemos que discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, qué agrada al Señor y aferrarnos a lo bueno en cada situación. Cada escenario particular tiene un propósito. Esto forma parte del proceso de encontrar nuestros dones espirituales.
Esta es la idea que expresa Pablo en 1 Corintios 7. Dice: «En cualquier caso, cada uno debe vivir conforme a la condición que el Señor le asignó y a la cual Dios lo ha llamado. Esta es la norma que establezco en todas las iglesias». Históricamente, los puritanos llamaban a esta idea la «vocación» de un cristiano. Todo es obra de Dios: desde las posiciones y decisiones de los reyes hasta el orden de nacimiento de los hermanos en una familia. Cada trabajo, cada ministerio y cada fecha de graduación fue designada por nuestro Dios todopoderoso y sabio. A veces, vemos indicios de cómo Dios redirige tu vida a través de estas vocaciones.
La pregunta es: ¿cómo administrar esta designación providencial? Podría ser que un hombre de negocios exitoso viva con un ingreso mínimo para maximizar sus donaciones a un grupo de misioneros de su iglesia local. O como Adoniram Judson, que dio su vida por Cristo en Birmania. Podría ser un estudiante que no pierda el tiempo con su teléfono, sino que se dedique con diligencia a sus estudios, o que aproveche su flexibilidad para acompañar a un anciano de su iglesia al doctor. Cada uno de nosotros tiene que responder a esta pregunta: ¿De qué forma la providencia de Dios me ha equipado hoy con los talentos, las habilidades, la autoridad, la provisión y el tiempo para imitar a Cristo, servir a otros y glorificarlo? Así, hallarás tu pasión por medio de la fe.
Cuando no éramos creyentes, no pensábamos de esta forma. Las cosas simplemente sucedían. Las casualidades y las coincidencias apenas nos despertaban curiosidad. La mayor parte de la vida parecía estar llena de resultados insignificantes o naturales. Tristemente, podíamos reducir la existencia a una mera colisión de átomos y reacciones químicas. Solo por la gracia de Dios, los cristianos ya no reprimen la verdad. Ven que incluso la lluvia que cae del cielo es una demostración de la bondad de Dios con la humanidad (Mt 5:45). Las hojas caen al suelo y las plantas florecen según la voluntad de nuestro Padre celestial (Mt 6:30). Todo es parte de su plan. Nada es arbitrario.
Al tener un pilar en Cristo y en su Palabra, no nos vemos atrapados cuando nos enfrentamos a nuestras decisiones para el futuro. Ya se trate de un trabajo, una casa, o una iglesia que predique el evangelio, pon a prueba el corazón y la situación con la Palabra de Dios. A menudo, esperar el tiempo de Dios para tu propósito es parte del camino. Ora para que Dios te brinde entendimiento. Busca consejo de cristianos piadosos que harán lo mismo. Luego, elige con libertad cristiana para la gloria de Dios y su reino.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿De qué manera el «camino de santidad» moldea tus oraciones por ti mismo y por los demás?
- Estudia 2 Corintios 3:18 y 1 Juan 3:1-2. ¿Cómo nos transforma el contemplar a Jesús?
- ¿Es contemplar a Cristo tu mayor privilegio? ¿Por qué? ¿Qué crees que se interpone en el camino?
- ¿Qué te ayuda a contemplar a Jesús? ¿Cómo te ha transformado esto?
- ¿Dónde ves la providencia de Dios en tu vida? ¿Qué te ayudó a tomar decisiones en el pasado? ¿Qué aprendiste de esta experiencia para tomar decisiones en el futuro?
- ¿Consideras que tu «vocación» te fue otorgada por Dios? ¿Cómo cambia eso tu percepción de tu trabajo «ordinario»? ¿Cómo podría esto ayudarte a enfrentar desafíos?
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Parte V: El Final Del Camino
Vivir en la luz del final
A menudo en casa comienzo a construir muebles sin saber cómo se verán cuando los termine. Esto suele causar confusión y afectar el proceso de armado. Termino colocando alacenas al revés. Encuentro orificios que no se alinean con los tornillos porque asumí que tenía una idea de hacia dónde apuntaba el proyecto. Pienso: «Es solo una mesa. ¿Qué tan difícil puede ser?». Verás, conocer el objetivo final te ayuda a orientarte durante el proceso. Dios, en su misericordia, nos revela una imagen clara del objetivo final para moldear la manera en que vivimos una vida con propósito en el presente. Esta es la base para cualquier persona que desee encontrarse a sí misma: no hay que mirar en nuestro interior, sino mirar a Aquel que conoce el final de la historia.
En las Escrituras, el «estudio de las últimas cosas» siempre ha tenido un impacto en la forma en que vivimos el presente. La escatología y la ética van de la mano. De hecho, poner la mente en el cielo guía nuestros pasos en la tierra. Esta última parte de la guía se centrará en cómo el futuro le da propósito y dirección al presente. Aquí veremos la recopilación definitiva de versículos bíblicos sobre una vida con propósito.
Uno de los capítulos más prácticos para enfrentar el futuro con fe es Hebreos 11. Muchos llaman a este capítulo el «salón de la fe», ya que describe brevemente la biografía de algunos santos del Antiguo Testamento para mostrar cómo la fe moldeaba sus vidas cotidianas. Al inicio, el autor de Hebreos resume el capítulo con una breve definición de fe: «Ahora bien, la fe es tener confianza en lo que esperamos, es tener certeza de lo que no vemos» (Hb 11:1). La fe viva de los santos del Antiguo Testamento representa la forma en que la gloria del futuro, asegurada en el presente, lo transforma todo.
Noé construyó un arca de salvación porque Dios le dijo que se acercaba el juicio. Abraham partió hacia una tierra desconocida, dispuesto a ser forastero y peregrino porque se le había prometido la ciudad eterna de Dios. Moisés pudo soportar el desprecio y renunciar a las riquezas de Egipto porque sabía que tener a Cristo era mejor que cualquier cosa que el mundo pudiera ofrecerle. Estos santos y muchos otros vivieron bajo la luz de la promesa de Dios. Las promesas del final, recibidas mucho antes, moldearon su obediencia y les dieron fuerza durante sus breves vidas aquí en la tierra. La eternidad lo cambia todo.
El regreso de Cristo
Cristo ya vino a pagar por los pecados de su pueblo, pero desde su ascensión, hemos estado en un periodo de espera. Sin embargo, habrá un día en el que Jesús no vendrá a lidiar con el pecado, sino a juzgar a quienes están fuera de Él y a traer salvación a su pueblo. El apóstol Pedro menciona en sus cartas cuán importante es tener en cuenta la segunda venida de Cristo. En 1 Pedro 1:13, nos dice que preparemos nuestras mentes. Nos llama a tener dominio propio mientras esperamos el regreso del Señor. La idea central de Pedro en esta sección es una vida de santidad. Ya que nos encontraremos con el Señor y lo veremos tal como es, debemos vivir una vida santa y estar atentos.
Pedro continúa hablando del regreso de Cristo en 2 Pedro 3. Anima a los santos diciéndoles que el Señor cumplirá pronto esta promesa. En el versículo 10, dice que el día del Señor vendrá «como un ladrón». Es decir, no sabemos cuándo, pero sabemos que vendrá. En este periodo de espera, nos veremos tentados de muchas formas a pensar que esto es falso. Sin embargo, el hecho de que estemos próximos a la eternidad exige una vida de preparación y vigilancia mientras esperamos que nuestra fe se vuelva visible, y, finalmente, nos reunamos con quien tanto nos amó. Este es nuestro propósito último y lo que impulsa a la Gran Comisión como nuestro propósito principal mientras esperamos ese día.
Herencia eterna
El libro de Efesios usa un lenguaje majestuoso para describir las riquezas de la gracia que tenemos en Cristo Jesús. Pablo nos presenta nuestra adopción y nuestra herencia gloriosa en el cielo. Si vamos a heredar riquezas en el futuro, ¿para qué aferrarnos tan ingenuamente a nuestras posesiones terrenales? ¿Por qué ser esclavos de una cuenta de retiro si la gloria del cielo espera por nosotros? Jesús les inculca este pensamiento a sus discípulos: «No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:19-21; ver también 1 Tm 6:19). El tesoro puro, duradero y celestial al final del camino transforma a su pueblo en dadores generosos y radicales en el presente.
Cuerpos resucitados
La vida va mucho más allá de nuestros cuerpos físicos. Como Cristo Jesús resucitó de la muerte, nosotros también resucitaremos. Él fue la primicia y por medio de Él también experimentaremos «la resurrección de los muertos» (1 Co 15:21). El último día, recibiremos un cuerpo que ya no estará bajo la maldición. El Señor promete que ya no habrá enfermedades crónicas, discapacidades ni muerte (Ap 21:4). Esto transforma por completo nuestra forma de vivir con propósito aquí y ahora.
El ejercicio físico trae provecho, pero no tanto como entrenar el alma y vivir para los demás (1 Tm 4:8). ¿Por qué no usar estos cuerpos temporalmente sanos para servir a Dios con más energía en la iglesia, en lugar de buscar la vanagloria en las redes sociales? Si nos diagnostican una enfermedad terminal, podemos enfrentar la muerte con la esperanza de la vida. En ese momento, ¿cómo podríamos luchar por la fe en la resurrección y glorificar a Dios incluso en medio de nuestro sufrimiento? Si recibiremos un cuerpo nuevo, revestido de inmortalidad, debemos estar dispuestos a hacer sacrificios por el reino en el cuerpo temporal que el Señor nos dio. Los misioneros hacen esto todo el tiempo al vivir en lugares insalubres o peligrosos para su salud física a fin de adorar a Dios en todas las naciones. En algunas partes del mundo, esto puede conducir a la destrucción del cuerpo terrenal por amor a Jesús. La resurrección final de nuestros cuerpos cambia la forma en que valoramos nuestros cuerpos físicos si nuestro objetivo mayor en esta vida es glorificar a Dios.
Visión beatífica
Al final, veremos a Dios. El último día, con nuestras almas y cuerpos resucitados, veremos a Aquel a quien amamos. Estaremos cara a cara con Él, contemplando su belleza sin obstáculos y sin fin:
– Salmos 17:15: «Pero yo en justicia veré tu rostro; cuando despierte, estaré satisfecho al contemplar tu semejanza».
– 1 Corintios 13:12: «Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido».
– 1 Juan 3:2-3: «Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como Él es. Todo el que tiene esta esperanza en Cristo se purifica a sí mismo, así como Él es puro».
– Apocalipsis 22:4-5: «Lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos».
Estos son solo algunos de los pasajes bíblicos que describen esta bendita visión de Dios. Esta visión futura impacta nuestro presente al destruir todo rival de este deseo supremo de nuestra alma. Entonces, podemos orar: «¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra» (Sal 73:25).
La esperanza de esta gozosa visión nos ayuda a soportar el sufrimiento de esta vida. Podemos perderlo todo, pero valdrá la pena si al final obtenemos esta visión. Perder amigos, trabajos, salud, posesiones y estatus no es nada en comparación con lo que somos, con Aquel a quien veremos y con lo que seremos. Su presencia, por encima de todas las cosas, es lo único que necesitamos y el fin para el cual fuimos creados. Nuestro Dios, al que amamos, es y será nuestro cielo.
Sentimos alegría aquí por la contemplación mediante la fe, pero después sentiremos una alegría más abundante. Al igual que un soldado que regresa a casa después de la guerra para ver a su esposa y a sus hijos, de la misma forma los santos pondrán fin a su añoranza el último día. En palabras de Agustín:
Entra en el gozo que no tiene tristeza, el cual contiene todo deleite, donde estará todo bien y no habrá mal alguno. Allí la vida será verdadera vida, dulce y amable, y siempre digna de memoria; donde no habrá enemigo que asalte ni lazo alguno, sino una seguridad suprema y cierta, una tranquilidad segura y un placer tranquilo, una felicidad placentera; una eternidad dichosa, una bienaventuranza eterna y la visión bendita de Dios, que es el gozo del Señor tu Dios. ¡Oh gozo sobre todo gozo! ¡Gozo que excede a todo gozo; gozo fuera del cual no hay gozo!… ¿Cuándo entraré en ti, para ver a mi Dios, que habita en ti?
Una vida con los ojos puestos con fe en esta visión final nunca será igual. Ninguna posición tan humilde ni lugar tan alto; ningún bien terrenal tan grande ni recursos demasiado escasos; ninguna experiencia tan completa ni sueño tan grande puede compararse con la plenitud de lo que vendrá cuando contemplemos a Dios cara a cara. Entonces, y solo entonces, se alcanzará el fin sin final. Por ahora, caminamos por fe y no por vista.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué otras realidades del fin de los tiempos moldean la manera en que vivimos hoy? ¿Puedes pensar en otras?
- ¿De qué manera la visión beatífica impacta nuestras vidas en la actualidad?
- ¿De qué forma has estado viviendo para el mundo de hoy y no para el futuro?
- ¿Qué desafíos enfrentas actualmente a la hora de vivir a la luz de estas realidades eternas?
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Conclusión
Espero que esta breve guía te haya ayudado a ver que una vida con propósito es una vida centrada en Dios. Conocer la historia de Dios del mundo desde la creación, pasando por la caída, la redención y la consumación nos ayuda a encontrar nuestro lugar y nuestro propósito aquí. Fuimos creados por Dios, caímos de Él, fuimos redimidos por Dios y seremos consumados en Él, todo para honrar y alabar a Dios. Los detalles específicos de nuestras vidas individuales sirven a este fin mayor y más glorioso. Cualquier cosa por debajo de eso será pecaminosa e insatisfactoria. Entonces, la pregunta para ti hoy es: ¿has encontrado el camino?
Acerca del autor
Wilson Ramsey es asistente pastoral en la iglesia bautista Capitol Hill en Washington, D. C. Está casado con Eunice, con quien tiene un hijo, Haddon.
Tabla de contenido
- Parte I: ¿Dónde Estábamos?
- Preguntas para reflexionar:
- Parte II: ¿En Qué Nos Equivocamos?
- Preguntas para reflexionar:
- Parte III: Hallados En Cristo
- El propósito eterno de Dios
- Redirigidos y restaurados
- Preguntas para reflexionar:
- Parte IV: Vivir En El Presente
- El camino de santidad
- El mayor privilegio hoy
- Designación providencial
- Preguntas para reflexionar:
- Parte V: El Final Del Camino
- Vivir en la luz del final
- El regreso de Cristo
- Herencia eterna
- Cuerpos resucitados
- Visión beatífica
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Acerca del autor