#31 Permanecer en Cristo
Introduction
«Como el Padre me ha amado, así también Yo los he amado; permanezcan en Mi amor» (Jn 15:9)
¿Qué quiere Dios de ti?
Algunos responden que una religión, pero ese no es mi caso. De hecho, creo que es más factible afirmar que Jesús vino a destruir la religión que a establecerla.
Por otro lado, algunos dicen que no se trata de religión, sino que Dios quiere una relación. En mi opinión, eso también es cierto. Sin embargo, no creo que esté expresando lo suficiente.
Audioguía
Audio#31 Permanecer en Cristo
Part I: En El Vientre
En una ocasión Jesús dijo:
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer. Si alguien no permanece en Mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecen en Mí, y Mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho. En esto es glorificado Mi Padre, en que den mucho fruto, y así prueben que son Mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también Yo los he amado; permanezcan en Mi amor (Jn 15:5-9).
Permanecer significa vivir dentro de. Jesús está diciendo que quiere que vivas dentro de Él, y así Él vivirá dentro de ti. Eso me suena a algo más que una relación.
Supongamos que entrevistas a un bebé que está dentro del vientre de su madre y le preguntas: «¿Tienes una relación con tu madre?».
Estoy seguro de que el bebé te miraría un poco confundido. Cuando los bebés están en el vientre materno se ven como si fueran extraterrestres, así que es posible que no te des cuenta de que el bebé está desconcertado, pero realmente lo está.
El bebé te diría algo así como: «Sí, tenemos una relación, pero es mucho más que eso. Quizá te hayas dado cuenta de que vivo dentro de ella.
Y aunque quizá no lo entiendas, en realidad no puedo vivir sin ella. Dependo completamente de ella para todo lo que me mantiene vivo».
«Así que, sí» —diría el bebé— «tenemos una relación; pero llamarla relación es quedarse inmensamente corto».
Si le preguntaras a Dios si lo que verdaderamente quiere es una relación contigo, me imagino que te diría: «Llámalo como quieras, pero a lo que te estoy invitando es mucho más que una relación. Te ofrezco ser la matriz en la que existes y la sangre que corre por tus venas. Quiero ser el cordón umbilical que te aporta los fluidos que te sostienen y, a la vez, quiero ser esos fluidos que te sustentan. Quiero ser el aliento que entra en tus pulmones, y quiero ser tus pulmones. Lo que quiero es que encuentres tu vida dentro de Mí. Mi deseo es que seamos uno».
Las relaciones son agradables, pero son intermitentes: entramos y salimos continuamente de ellas. Por eso necesitamos algo más profundo con Dios, algo que sea más constante.
Y lo necesitamos porque estamos hechos para ello. Sin eso tendremos una terrible sensación de vacío.
Además, lo necesitamos porque es la única manera de vivir la vida que debemos vivir. Estamos hechos para ser como Jesús, para vivir una vida santa y fructífera. Por nosotros mismos seríamos incapaces de alcanzar ese fin, pero tenemos a Dios viviendo dentro de nosotros (y, al mismo tiempo, vivimos dentro de Él). El que Dios permanezca en nosotros es lo que nos permite vivir como Él vivió.
Dios se ha ofrecido a habitar en nosotros, y nosotros tenemos que asegurarnos de que lo hacemos en Él. Jesús no dijo: «Puesto que permanecen en mí», sino: «Si permanecen en Mí». Tenemos que tomar una decisión, y nos dijo que tomáramos la correcta: «Permanezcan en mi amor».
¿Cómo sería ese permanecer en Jesús?
Creo que se trata de:
Quitar las demás cosas de en medio, para dejar que Dios haga
Su voluntad en mí.
Entregar mi corazón a Dios y dejar que Él derrame Su amor en mí.
Tener la confianza de que si tengo a Jesús, aunque no tenga
nada más, tengo todo lo que necesito.
Darle prioridad a Dios sobre cualquier otra cosa.
Renunciar al control de mi vida y dárselo al Señor.
Pero ¿cómo podemos llegar a eso?
Cuando Jesús habló acerca de ser la vid, en realidad estaba cerca de un viñedo. No sé si has tenido la oportunidad de ver una vid de cerca, pero las vides brotan del suelo, las ramas crecen de ellas y las uvas nacen de las ramas. La rama tiene una conexión vital con la vid. Si permanece unida a la vid, la rama obtendrá los nutrientes que necesita para dar fruto. Si no está en contacto con la vid, la rama no puede hacer nada: no obtendrá nutrientes, no podrá dar fruto. En otras palabras, la rama estará muerta.
Como mencioné, permanecer significa vivir en. Como cuando permaneces en tu casa o apartamento. Jesús dice en Juan 15:4: «Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes». Así que lo que está diciendo es: «Quiero que vivas dentro de Mí, y quiero vivir dentro de ti». Jesús nos está diciendo que Él es la fuente de la vida, y si queremos vida, tenemos que estar conectados con Él.
Por eso debemos darle prioridad a estar conectados con Jesús por encima de todo lo demás. Esto quiere decir que debemos darle prioridad a los hábitos o rutinas espirituales que nos conectan con Jesús, y que nos permiten permanecer en Él.
Algo que nos puede ayudar a hacer esto es tener una «regla de vida».
Si notas, no dije que necesitáramos reglas para la vida. La vida tiene sus propias «reglas», algunas de las cuales son útiles, como devolver los vehículos prestados con el tanque lleno, decir por favor y gracias a menudo, dejar la tapa del sanitario abajo (esa parece ser la favorita de mi esposa). También he oído otras reglas de vida que no resultan ser tan útiles, como que si eres perseguido por un animal, tienes que tumbarte en el suelo durante cinco segundos; la regla de los cinco segundos evitará que el animal te coma (estoy bastante seguro de que eso no es cierto).
Todas estas son reglas para la vida, pero ¿has oído hablar de una «regla de vida»? Desde que Agustín escribió la conocida «regla de vida» para los cristianos en el año 397 d.C., muchos seguidores de Jesús la han adoptado. ¿Qué es una regla de vida? En realidad, no se trata de reglas. La palabra regla viene más de gobernante que de regla.
Una regla de vida es un conjunto de hábitos o rutinas intencionales que nos ayudan a mantenernos conectados con Jesús. Pueden ser prácticas espirituales, relacionales o vocacionales. Estas prácticas nos ayudan a alinear nuestras prioridades, valores y pasiones más profundas con la forma en que vivimos nuestras vidas. Tener una «regla» nos ayuda a superar las distracciones, a no estar tan dispersos, apresurados, reactivos y agotados.
Estos hábitos son a los que vas a dar prioridad y que pondrás en práctica repetidamente porque sabes que te ayudarán a mantenerte conectado con Jesús.
Tu regla probablemente incluirá prácticas que te ayudarán a construir tu relación con Dios, como la lectura de las Escrituras, la oración, el dar y el ayuno. Probablemente también incluya algunas prácticas que nutran tu vida física, como el sueño, el día de reposo o el ejercicio. Asimismo puede tener algunos elementos relacionales que se centren en tus amistades y tu familia. Además, debe tener algunas prácticas relacionadas con tu participación en la iglesia.
Si estás consciente de que eres una rama y Jesús es la vid —tu fuente de vida— no puedes considerar estos hábitos espirituales como algo opcional. Tienes que mantenerte conectado.
Ahora, ¿quieres oír algo fascinante?
¿Recuerdas que Jesús dijo que Él es la vid y nosotros somos las ramas?
Si miras un viñedo veras que hay una vid con sus ramas, y también un enrejado. Sin un enrejado, las ramas crecerán desordenadamente a lo largo del suelo. En el suelo son más propensas a las enfermedades y más vulnerables a las plagas que quieren el fruto. Pero al no estar en el suelo y estar sujetas por una malla, las ramas crecerán más sanas y producirán más fruto. Por otra parte, el enrejado también embellece el viñedo: en lugar de crecer caóticamente a lo largo del suelo, la vid y las ramas crecen entrelazadas y verticales.
Si quieres ramas sanas y una abundante cosecha de uvas, necesitas una estructura de apoyo resistente.
Entonces, ¿qué es lo fascinante?
La palabra regla, como en regla de vida, procede del latín regula, que significa enrejado.1 Al igual que un enrejado, una regla de vida crea una estructura de prácticas espirituales. Lo que significa que en lugar de sentirte caótico, ahora llevas un ritmo espiritual; serás menos vulnerable, estarás más sano y producirás más frutos. Asimismo, vivirás una vida más hermosa, que honra a Dios y ama a las personas.
Todos necesitamos una regla de vida: una estructura de prácticas espirituales a la que damos prioridad porque nos mantiene conectados con Jesús. Y a su vez, necesitamos mantenernos conectados con Jesús porque Él es la fuente de la vida.
Así que, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo llegamos al punto en el que permanecemos en Jesús?
La respuesta es que debemos buscar apasionadamente a Dios, que es sobre lo que vamos a reflexionar en la próxima sección.
Es necesario comprometemos a darle prioridad constantemente a ciertas prácticas espirituales que nos mantienen conectados con Jesús, así que, vamos a considerar tres prácticas espirituales vitales en las siguientes secciones.
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Discusión y reflexión:
- Dios nos hace la invitación a una relación de «yugo» con Él, y a venir a Él para que dejemos nuestras cargas y descansemos. ¿Qué cargas te agobian? ¿ Qué sería para ti entregar esas cargas a Dios?
- ¿En qué momento puedes dedicar unos minutos de oración para ir a Dios y entregarle tus cargas? Inténtalo.
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Parte II: Acosadores De Dios
«¿A quién tengo yo en los cielos sino a Ti? Fuera de Ti, nada deseo en la tierra» (Sal 73:25)
Quiero animarte a que te conviertas en un acosador.
Esto puede sonar extraño, ya que todos hemos escuchado historias aterradoras de personas como John Hinkley Jr., que, debido a su obsesión, acosó a la actriz Jodie Foster y posteriormente intentó asesinar al presidente Ronald Reagan con el objetivo de impresionarla.
También existen otras historias de acoso aterradoras y extrañas. Una de ellas es la de Cristin Keleher, que se obsesionó con el exbeatle George Harrison, por lo que entró en su casa2 y le preparó una pizza congelada mientras lo esperaba.3
En el caso de William Lepeska, estaba tan desesperado por ver a la estrella del tenis Anna Kournikova que cruzó a nado la bahía de Biscayne para llegar a su casa.4 Para su desgracia, se equivocó de casa y fue detenido.
Hay formas de acoso que dan miedo, pero también existen otras que son menos peligrosas. Se me ocurre pensar en el caso de una niña de trece años que se obsesiona con un chico de la escuela. Está tan enamorada que piensa en él todo el tiempo, y escribe su nombre en todos sus cuadernos. Puede que él no sepa que ella existe, pero ella ya tiene elegidos los nombres de los hijos que van a tener juntos.
También imagino que organiza todo su día —cómo llegará a clase, cuándo irá al baño— para poder verlo tantas veces como sea posible. Esta chica está obsesionada con este chico, no puede dejar de pensar en él, tiene que verlo siempre y siente que no puede vivir sin él. Por eso lo acosa.
Un acosador de Dios
Mucha gente quiere contar con la ayuda de Dios en su vida. De hecho, la mayoría quiere recibir las bendiciones de Dios. Pero lo que realmente necesitamos desear es a Dios mismo.
Un acosador de Dios es alguien que busca a Dios más que nada, que quiere más y más de Él, se da cuenta de que Dios es lo que necesita, y por eso va en busca de Él. Un acosador de Dios no es alguien que alcanza el estatus de «súper cristiano». Por el contrario, todo cristiano debería ser un acosador de Dios, según lo que Dios mismo nos dice. Por ejemplo: «Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón» (Jer 29:13-14). «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza» (Mr 12:30 NBLA).
Todo cristiano debería ser un acosador de Dios, y si no lo somos, nunca permaneceremos verdaderamente en Jesús.
Tal vez el mejor ejemplo de un acosador de Dios en la Biblia es un hombre del Antiguo Testamento llamado David. El fue quien se enfrentó a Goliat y luego se convirtió en rey. Y aunque no era un hombre perfecto, se equivocaba a menudo y pecaba igual que nosotros, David sabía que Dios era su mayor tesoro, así que se levantaba y seguía buscándolo. David era un acosador de Dios.
Aquí puedes ver un poema de amor que David escribió acerca de Dios:
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente.
Mi alma tiene sed de ti;
todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, sedienta y sin agua.
Te he visto en el santuario
y he contemplado tu poder y tu gloria.
Tu gran amor es mejor que la vida;
por eso mis labios te alabarán.
Te bendeciré mientras viva
y alzando mis manos te invocaré.
Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete,
con labios jubilosos te alabará mi boca.
En mi lecho me acuerdo de ti;
pienso en ti en las vigilias de la noche.
A la sombra de tus alas canto de alegría,
porque tú eres mi ayuda.
Mi alma se aferra a ti;
tu mano derecha me sostiene (Sal 63:1-8).
¿Ves a lo que me refiero?
Con frecuencia, los cristianos hablamos de tener una relación de amistad con Dios, y es cierto que Dios nos ofrece Su amistad. Pero yo tengo muchos amigos, ¡y a ninguno le hablo así! Nunca me he acercado a un amigo a decirle: «Amigo, te busco intensamente; mi alma tiene sed de ti, porque eres glorioso. De hecho, anoche, cuando estaba en la cama pensando en ti, me puse a cantar…».
Esto no es un lenguaje de amistad; es un lenguaje de acoso. Y lo mejor es que no acaba aquí. David también escribió,
Respóndeme pronto, Señor,
que el aliento se me escapa.
No escondas de mí tu rostro
o seré como los que bajan a la fosa
(Sal 143:7).
¿Ves la razón por la que llamo a David un acosador de Dios? Y Dios llamó a David «un hombre conforme a Mi corazón» (Hch 13:22).
Eso es lo mismo que quiero para mí y para ti.
Y esta es la buena noticia: Dios no nos evita. De hecho, promete estar con nosotros todo el tiempo (ver, por ejemplo, Jn 14:16-17 y Mt 28:20.) Así que no hace falta que salgamos a buscarlo, basta con que le prestemos
atención. Algunas personas han llamado a esto «practicar la presencia de Dios»: Recordamos que está con nosotros, ejercitamos nuestra mente en Él y procuramos mantenernos en constante contacto. Es decir, permanecemos.
¿Cómo podemos hacerlo? Me encanta los consejos que Max Lucado da en su libro Just Like Jesus [Como Jesús].5 En él, sugiere que primero le entregues a Dios tus pensamientos cuando estás despierto: Al despertarte por la mañana, centra los primeros pensamientos del día en Él; en segundo lugar, dale a Dios tus pensamientos cuando estás esperando: Pasa algún tiempo en silencio con Dios, compartiendo tu corazón con Él y escuchando Su voz; en tercer lugar, ofrece a Dios tus pensamientos susurrantes: Haz oraciones breves repetidamente a lo largo del día, puedes repetir la misma corta oración: «Dios, ¿te estoy complaciendo?» «¿Estoy en Tu voluntad, Señor?» «Jesús, te amo y quiero seguirte»; y por último, entrégale a Dios tus pensamientos de ocaso: Habla con Dios mientras te duermes, repasa tu día con Él, y termínalo diciéndole que lo amas.
Eso es algo que puedes hacer. Puedes ir tras el corazón de Dios. Puedes ser un acosador de Dios. Y si lo eres, permanecerás.
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Discusión y reflexión:
- Lee Mateo 13:44-46. Jesús está diciendo que si tuvieras que renunciar a todo para tener a Dios en tu vida, sería el mejor cambio que harías. ¿A qué has tenido que renunciar para tener a Dios en tu vida? ¿A qué tendrías que renunciar? ¿ Qué sería lo más difícil de renunciar? Por qué crees que vale la pena renunciar a todo por Dios?
- Por lo general, nos gusta orar desde el corazón utilizando nuestras propias palabras. Pero algunas personas encuentran a veces valor en orar una oración escrita por otra persona. La gente ha hecho esto especialmente con los salmos de la Biblia. Hoy, ora el Salmo 63:1-8 y/o el Salmo 40, haciendo tuyas las palabras que recitas y ofreciéndolas de corazón.
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Parte III: Recuesta Tu Cabeza
«Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu, y así,
velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos»
(Ef 6:18)
Un cristiano es alguien que ha decidido seguir el camino de Jesús, que elige vivir la vida de la misma manera que Jesús la vivió. Así que, ¿cómo vivió Jesús Su vida?
Cuando estudias la vida de Jesucristo, parece que no había nada más importante para Él que conectarse con Su Padre celestial. En palabras de Richard Foster: «No hay nada más llamativo en la vida de Jesús que Su intimidad con el Padre… Al igual que vemos un patrón continuo en una manta, la oración se entreteje en la vida de Jesús».
Como hemos dicho, Jesús llamaba a esto permanecer o vivir en. Jesús vivió Su vida con una conexión tan íntima y constante con Su Padre, que es como si viviera la vida en Él. Jesús permanecía en Su Padre, y nos invita a que nosotros permanezcamos también en Él.
Jesús nos hace un llamado a crear un estilo de vida en el que eliminemos las distracciones y entremos en el silencio para poder concentrarnos en Dios, para que podamos hablar con Él y así mismo escucharle, para que hagamos vida con Él. No se trata de dejar de vivir las otras cosas de nuestra vida, sino de aprender a permanecer. Se trata de tener un ritmo de oración, de apartarnos de las distracciones para permitirnos estar más cerca de Dios.
Este mismo ritmo lo podemos ver en Jesús. Te mostraré un ejemplo.
No sabemos mucho de los primeros treinta años de Jesús en la tierra, pero una vez pasado ese tiempo, sale a la escena pública y declara quién es y lo que ha venido a hacer.
Después de esto, Jesús es bautizado. En Su bautismo, Dios habla desde el cielo, afirmando que Jesús es Su Hijo.
Y entonces, Jesús se va y ora durante cuarenta días.
Se va al desierto, solo, y ora durante cuarenta días. Irse solo no es la forma típica de lanzarse al mundo y conseguir los cinco minutos de fama. Esto es especialmente cierto si quieres iniciar un movimiento a nivel mundial y has pasado los primeros treinta años viviendo en la oscuridad. Simplemente, uno no puede volver al anonimato durante otras seis semanas más. Sin embargo, Jesús lo hizo: Empezó orando. Se fue a un lugar de silencio para poder sentir la presencia de Dios y orar; para poder estar en comunión con Su Padre.
Jesús pasó tiempo con Su Padre para asegurarse de que estaba mental, emocional y espiritualmente preparado para lo que estaba a punto de hacer. Había demasiado en juego como para que empezara sin ponerse de rodillas.
Después de eso regresa y, —como se ve en la descripción que da el primer capítulo de Marcos de su primer día de ministerio— enseña acerca de Dios y sana a la gente.
Luego se despierta y ¿vuelve al trabajo? No. Sino que «levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba» (Mr 1:35 NBLA).
Para que quede claro: Jesús se fue a un lugar de silencio durante un mes y medio, luego regresa, tiene un día de intensa actividad, y después vuelve directamente a un lugar de silencio para poder permanecer, para poder sentir la presencia de Dios y orar, para poder estar en comunión con Su Padre. Fue esa intimidad con el Padre lo que provocó toda la intensidad del ministerio de Jesús.
Y esto es algo que vemos que Jesús hace una y otra vez, era lo que marcaba el ritmo de Su vida; podríamos decir que era el ritmo de vida de Jesús.
Es lo mismo que sucede con un auto. Si no supieras nada de automóviles y vieras a alguien llenando el tanque de gasolina de su carro, podrías pensar que es algo que se hace una sola vez: ¡Le pones gasolina y ya está! Pero si sigues observando te darás cuenta: ¡No es así! Le pones gasolina, lo conduces, pones gasolina nuevamente, y lo conduces. Si no lo llenas una y otra vez, el auto no podrá andar. Asimismo, cuando observas la vida de Jesus, te podrás dar cuenta: Vivió un poco, y luego buscó el silencio para sentir la presencia de Dios y orar, y se llenó.
Ese era Su ritmo, y ese debe ser el ritmo de Sus seguidores.
De hecho, en el libro de los Hechos vemos que los seguidores originales de Jesús siguieron Su ejemplo. En Hechos 2:42 se lee: «Y se dedicaban continuamente … a la oración» (NBLA). En los Hechos, los creyentes oraban: para ser guiados en sus decisiones (1:15-26), para tener el valor de compartir el mensaje de Jesús con los no creyentes (4:23-31), como parte habitual de su vida cotidiana y de su ministerio (2:42-47; 3:1; 6:4), cuando eran perseguidos (7:55-60), cuando necesitaban un milagro (9:36-43), cuando alguien estaba en dificultades (12:1-11), antes de enviar a otras personas al ministerio (13:1-3, 16:25), unos por otros (20:36, 21:5) y para recibir la bendición de Dios (27:35). Oraban y Dios liberaba Su presencia y poder en medio de ellos.
La oración era parte de su «regla de vida». Buscaban a Dios y la oración les permitía vivir en Él.
Lo que la oración es
El orador y escritor Brennan Manning solía contar la historia de una mujer que le pidió que fuera a hablar con su padre, que estaba en su lecho de muerte. Manning accedió a ir con ella inmediatamente.
La joven le abrió la puerta y le dijo que su padre estaba en la habitación. Cuando Manning entró, vio una silla vacía junto a la cama, y dijo: «Veo que me espera».
El hombre que estaba en la cama respondió: «No, ¿quién es usted?». Manning le explicó que su hija lo había invitado a venir para hablarle de Dios.
El hombre asintió y dijo: «Tengo una pregunta para usted». Le contó que siempre había creído en Dios y en Jesús, pero que nunca había aprendido a orar. En una ocasión le preguntó a un predicador de la iglesia, quien le dio un libro para que lo leyera. En la primera página había dos o tres palabras que no conocía, y tras unas cuantas páginas, abandonó la lectura y siguió sin orar.
Algunos años más tarde, mientras estaba en el trabajo con un amigo cristiano llamado Joe, le mencionó que no sabia como orar. Joe parecía confundido, y le dijo: «¿Estás bromeando? Bueno, esto es lo que tienes que hacer: Toma una silla vacía y ponla a tu lado, imagínate a Jesús sentado en esa silla y háblale. Cuéntale lo que sientes por Él, cuéntale tu vida, cuéntale tus necesidades».
El hombre señaló la silla vacía junto a su cama y dijo: «Llevo años haciendo eso. ¿Está mal?»
«No —Manning sonrió— Es fantástico. Solo tienes que seguir haciéndolo».
Los dos estuvieron hablando un poco más, y luego Manning se marchó.
Una semana después, la hija del hombre lo llamó y le dijo: «Quería que supieras que mi padre murió ayer. Gracias de nuevo por visitarlo; le gustó mucho hablar contigo».
Al escuchar esto, Manning le respondió: «Espero que haya muerto en paz».
«Bueno, fue interesante», le dijo la hija, «ayer tenía que ir a la tienda, así que entré en la habitación de mi padre antes de salir. Él estaba bien. Hizo un chiste cursi y me fui. Cuando regresé, ya había muerto. Pero esto es lo extraño: justo antes de morir, se arrastró fuera de la cama y murió con la cabeza recostada en esa silla vacía».
Las relaciones tienen que ver con el amor y se basan en la comunicación. Si vamos a tener una relación real con Dios, si vamos a permanecer, debe ser algo que tenga que ver con el amor y se base en la comunicación.
La oración es comunicarse con Dios, sin embargo, también es mucho más que eso: La oración es amor. Dios nos ama, y Su amor por nosotros nos llama a responderle. Orar no es apretar los dientes y someterse a una «disciplina», sino enamorarse. La oración es una intimidad compartida con Dios. La oración es recostar la cabeza en tu Padre amoroso. Es permanecer en Jesús.
Por un lado, la oración es así de simple. No necesitas leer un libro lleno de grandilocuencias; basta con acercarte a una silla vacía. No necesitas un montón de seminarios; solo tener un corazón abierto.
Por otra parte, la oración es una actividad que en cierto sentido no es natural. Es hablar con Dios, pero no estamos acostumbrados a hablar con alguien a quien no podemos ver. También es dejar que Dios nos hable, pero no estamos acostumbrados a escuchar a alguien a quien no podemos oír. No quiero hacer de la oración algo más complicado de lo que es, pero si eres nuevo en la oración o tienes problemas con ella, todo esto puede parecer un poco confuso. Así que permíteme compartir algunos pensamientos que han ayudado a mi vida de oración.
Crecer en la oración
La oración no es solo una parte de nuestro día, sino que debería ser el aire que respiramos. La Biblia dice: «oren sin cesar» (1Ts 5:17) y «oren … en todo momento» (Ef 6:18). Orar es compartir nuestra vida con Dios, compartir nuestros pensamientos y nuestros momentos con Él; así que es algo que podemos y debemos hacer todo el tiempo.
Sin embargo, necesitamos dedicar un tiempo especial a la oración cada día. ¿Por qué? Porque fijar nuestra atención en Dios durante un momento nos ayudará a mantenerla centrada en Él el resto del día. Además, profundizaremos mucho más en ese tiempo especial de silencio que en el ajetreo diario. Es igual que lo que ocurre en un matrimonio. Mi esposa y yo podemos pasar todo un día juntos y hablar de mil cosas, pero hasta que no dejamos de hacer otras cosas y nos sentamos frente al otro, probablemente no hablaremos de nada sustancial.
¿Cuándo debes dedicar ese tiempo a la oración? Bueno, ya que es la parte más importante de tu día, deberías dedicarle el mejor momento del día. ¿Eres una persona que madruga? Entonces pasa tiempo con Dios apenas te despiertes. ¿Tu cerebro no empieza a funcionar hasta después de doce tazas de café? Entonces quizá la hora de la comida sea una mejor opción. Algunas personas prefieren dedicar la última parte del día a centrarse en Dios en oración.
Y realmente puedes ser creativo en ese tiempo. A veces pienso mis oraciones, otras veces hablo en voz alta. Lo más habitual es que escriba mis oraciones en un diario. También he hecho caminatas de oración. Y en ocasiones escucho música de adoración y paso parte de mi tiempo con Dios cantándole. Loimportante es el amor, que realmente conectemos con Dios.
Experimenta y descubre qué te ayuda a conectar realmente con Dios.
Y si nada de eso funciona, siempre puedes acercarte a una silla vacía.
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Discusión y reflexión:
- Lee Mateo 6:5-13. Jesús nos da un modelo, o un esquema, para la oración, no las palabras exactas que debemos orar. Nuestras palabras no deben ser recitadas, sino que deben salir de nuestro corazón. Vuelve a leer el modelo de oración de Jesús. ¿Sobre qué tipo de cosas nos dice que debemos orar?
- Utiliza la oración modelo de Jesús en Mateo 6:7-13 como esquema para tus oraciones de hoy. Lee una línea con espíritu de oración (como «Padre, santificado sea Tu Nombre») y luego dedica un momento a orar la idea de esa línea con tus propias palabras.
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Parte IV: Siendo Alimentados Para Toda La Vida
«Pues aunque ya debieran ser maestros, otra vez tienen necesidad de que
alguien les enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios,
y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido»
(Heb 5:12)
Cuando se me ocurrió esta idea, no me imaginaba que tendría a un fornido Navy SEAL sentado en mi regazo, pero así fue. Y es como suele decirse: «Cuando la vida te da un Navy SEAL, aliméntalo como a un bebé».6
Es común escuchar en todas las iglesias a personas que se quejan: «En esta iglesia no siento que me alimenten». Tengo un amigo que siempre responde diciendo: «Solo hay dos tipos de personas que no pueden alimentarse por sí mismas: los imbéciles y los bebés. ¿Cuál eres tú?» Aunque lo que dice es bastante fuerte, tiene razón. En poco tiempo, los niños aprenden a alimentarse por sí mismos, y también los cristianos deberían aprender a alimentarse espiritualmente.
Ese fue el punto que estaba tratando de demostrar con el SEAL de la Marina. Estaba predicando un sermón y empecé tomando a un bebé en mis brazos y dándole de comer. Todos pusieron caras de «¡Oh!, qué adorable» e hicieron comentarios como «Qué lindo es ese bebé que está en brazos de nuestro pastor». Devolví el bebé a su madre y comencé con un mensaje sobre la importancia de leer la Biblia todos los días. En el mensaje les decía: «Si das a un hombre un pez, le darás de comer durante un día. Enséñale a pescar y comerá toda la vida». Terminé el mensaje tratando de ilustrar lo equivocado que es que personas que ya no son infantes espirituales dependan de otra persona para que los alimente. Pedí un voluntario y el Sr. Navy SEAL levantó la mano. La iglesia que pastoreaba en Virginia Beach tenía un grupo de SEAL, pero no pensé ni por un momento que uno de ellos se ofrecería como voluntario. Se acercó y le pedí que se sentara en mi regazo. Tenía un tarro de comida para bebés y le pregunté si podía darle de comer. Y todos pusieron caras de «Qué perturbador», y comentarios de «Qué incómodo es ver a ese hombre musculoso en los brazos de nuestro pastor».
¿Es realmente tan importante?
¿Es realmente tan importante leer la Biblia por cuenta propia? Sí, lo es.
Si vas a la iglesia una vez por semana, ¿no es suficiente con escuchar el sermón bíblico? No, no lo es. No si quieres permanecer.
Es de importancia crítica que leamos, estudiemos, conozcamos y apliquemos la Biblia. ¿Por qué?
- Primero, porque amamos a Dios y queremos experimentar cada vez más Su amor. La Biblia es como una carta que Dios nos escribió. ¿Te imaginas recibir cartas de amor de alguien y nunca abrirlas? La Biblia nos dice que Dios es amor, y nosotros crecemos en Su amor a medida que leemos lo que nos ha escrito.
- Asimismo, la Biblia nos orienta en la vida. Es muy fácil sentir que estamos perdidos o que no tenemos rumbo. Pero Dios nos dio sabiduría en la Biblia que nos puede indicar la dirección que necesitamos tomar.
- También es importante leer la Biblia con constancia porque esto nos ayuda a saber lo que es verdad y lo que no lo es.
- Otra razón por la que necesitamos estudiar la Biblia es que es la clave para la madurez espiritual. Si no te adentras en la Palabra de Dios, estás atrofiando tu propio crecimiento espiritual.
Es un punto crítico, pero los estudios nos dicen que un tercio de los cristianos nunca leen la Biblia, y otro tercio la lee solo de una a tres veces por semana. Sin embargo, son quienes leen la Palabra de Dios al menos
cuatro veces por semana los que progresan en su fe. Tras años de investigación, esa es la conclusión a la que ha llegado el Center for Bible Engagement. Por ejemplo, alguien que lee la Biblia por lo menos cuatro veces a la semana es:
- 228 por ciento más dispuesto a compartir su fe con otros.
- 231 por ciento más dispuesto a discipular a otros.
- 407 por ciento más inclinado a memorizar las Escrituras.
- 59 por ciento menos propenso a ver pornografía.
- 68 por ciento menos probable que tengan relaciones sexuales fuera del matrimonio.
- 30 por ciento menos en riesgo de luchar contra la soledad.7
¿Qué debo hacer?
La Biblia es un libro enorme. ¿Por dónde empezar y cómo leerla?
Siempre he optado por leer libros enteros de la Biblia. Algunas personas se dedican a curiosear y hojear, pero cuando lees un libro de la Biblia, captas todo el contexto de lo que estás leyendo. Entiendes quién lo escribió, a quién iba dirigido, qué temas se tratan.
También recomiendo leer el Nuevo Testamento antes que el Antiguo. El Antiguo Testamento va primero en el orden cronológico, pero es más difícil de entender porque describe una época más distante de nosotros. Conocer el Nuevo Testamento nos ayuda a entender el Antiguo. Y en el Nuevo Testamento es donde nos encontramos con Jesús, y toda la Biblia gira en torno a Jesús.
Antes de leer, le pido a Dios que me hable a través de Su Palabra. Quiero leer la Biblia con un espíritu humilde y sacar de ella todo lo que más pueda.
Y, mientras leo, me hago estas tres preguntas.
En primer lugar, ¿qué es lo que dice? Mi problema es que tiendo a tener prisa al leer un capítulo de la Biblia y luego no tengo ni idea de lo que leí. Pero la Biblia es demasiado importante como para leerla por encima. Así que intento ir más despacio, haciéndome preguntas tipo: «¿Qué dice?» «¿Qué he aprendido sobre Dios?» «¿Qué he aprendido sobre mí mismo?»
Segundo: ¿Y qué pasa con esto? Imagina que alguien lee el mismo pasaje de la Biblia que tú acabas de leer y te pregunta: «¿Y qué pasa con esto? ¿Qué tiene que ver esto con la vida hoy?». ¿Qué responderías? ¿Cuál es el principio de vida que hay en el pasaje?
En ocasiones esto es fácil de hacer. Lees un versículo que dice: «No juzgues». ¿Qué puede significar eso para hoy? Significa que no debes juzgar. Sin embargo, otras veces no es tan fácil. Por ejemplo, hay un versículo en la Biblia que dice que no comamos carne sacrificada a los ídolos (Hch 15:20). No creo que vendan ese tipo de carne en mi supermercado, así que ¿puedo saltarme ese versículo? En realidad, no;
no puedo. Con una mirada al contexto e indagando un poco, descubrirás que en los inicios del cristianismo había un debate entre dos grupos: A uno no le importaba comprar y comer carne que había sido sacrificada al dios de otra religión; el otro pensaba que hacerlo equivalía a participar de esa otra religión. El debate se llevó ante los líderes de la Iglesia, que finalmente emitieron un veredicto. Básicamente dijeron que la carne que ha sido ofrecida a los ídolos no es diferente de lo que ponen en una hamburguesa con queso. ¿Por que? Porque los ídolos no son reales; solo representan dioses falsos. Entonces, no es una ofensa a Dios que comas carne que ha sido sacrificada a ellos. Sin embargo, sí ofende a algunas personas. Al comer esa carne, les estas haciendo tropezar en su caminar espiritual. Así que mejor no la comas. Hay que estar dispuesto a renunciar a la propia libertad para ayudar a los demás (1Co 8:4-9).
Así que, ¿hay un principio para tu vida en el versículo de «No comas carne sacrificada a los ídolos»? Absolutamente. Y eso nos lleva a la última pregunta que me hago cuando leo la Biblia.
Tercero: ¿Y ahora qué? Esto trasciende la lección universal para centrarse en la aplicación específica. ¿Cómo debería cambiar tu vida a partir de lo que leíste? En el caso del versículo sobre no comer carne sacrificada a los ídolos, quizá te parezca bien tomar una copa de vino con la comida, pero estás cenando con un amigo que está recuperándose del alcoholismo. Este versículo te diría que no te tomes una copa porque eso podría hacerlo tropezar. O tal vez tienes un traje de baño muy revelador que te gusta usar para tomar el sol en el patio trasero de tu casa, pero vas a ir a una fiesta en la piscina con un grupo de chicos. Este versículo diría que no te pongas el traje de baño para no llamar demasiado la atención.
La pregunta «¿Y ahora qué?» nos ayuda a aplicar lo que hemos leído. Y es que obedecer a Dios aplicando la Biblia es la clave para amarlo (Jn 14:15) y ser bendecidos por Él (Stg 1:25).
Si tienes una Biblia, puedes alimentarte por ti mismo, y si lo haces tu vida cambiará.
O también puedo llamarte al escenario y darte una cucharada de comida de bebé, pero créeme, eso no te gustaría.
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Discusión y reflexión:
- Lee Santiago 1:22-25.
- ¿Qué dice? ¿Qué dice este pasaje acerca de no solo leer, sino aplicar la Biblia a tu vida?
- ¿Y qué pasa con eso? ¿Por qué crees que aplicar la Biblia es de tanta importancia para vivir realmente para Dios?
- ¿Y ahora qué? ¿Qué podría ayudarte a ser más consistente en buscar el «¿Y ahora qué?» y aplicarlo a tu vida?
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Parte V: Donde Está Tu Corazón
«No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:19-21)
Desde que tuvimos a nuestros hijos, mi esposa y yo no intercambiamos regalos de Navidad. Simplemente soy demasiado tacaño. Pero antes de que ella trajera al mundo al retoño de mis entrañas, cada uno de nosotros tenía un presupuesto de cien dólares para gastar en regalos de Navidad. Uno de esos años Jen me dijo que quería un brazalete de tenis de diamantes. Así que fui a la tienda y el vendedor me enseñó el brazalete de tenis de diamantes que podía comprar con cien dólares. Me quedé mirándolo y le pregunté: «¿Está seguro de que esos son diamantes? Más bien parecen trocitos de brillantina».
Aun así, lo compré y se lo regalé a Jennifer la mañana de Navidad. Recuerdo escucharla decir: «¡Es justo lo que quería, un brazalete de tenis de brillantina!».
Unos pocos días después se rompió el cierre —lo cual no me sorprendió—, así que lo llevé a arreglar. Un día antes de eso, la abuela de Jen nos había regalado cien dólares a cada uno. Era su regalo de todos los años y el único dinero que usábamos para darnos un capricho. Mientras esperaba a que arreglaran el cierre, me fijé en los brazaletes de tenis de doscientos dólares. De verdad se podían ver los diamantes.
Unas horas más tarde, le entregué a Jen su brazalete de tenis. Ella lo miró y me preguntó: «Espera, ¿aumentó el brillo?»
A lo que respondí sonriendo: «En realidad, te he comprado uno mejor».
Ella se quedó un poco confusa: «¿De dónde sacaste el dinero? Espera, usaste el dinero de mi abuela, ¿no? ¿Por qué? ¿Qué te hizo hacerlo?».
Le dije la verdad: «El amor me hizo hacerlo».
Todo tipo de razones
Quiero que pienses en el dar, como el dar dinero a Dios a través de la Iglesia. A la gente no le gusta oír hablar acerca de este tema, pero Dios habla mucho de ello. De hecho, puedes comprobar el número de veces que estas importantes palabras aparecen en la Biblia:
Creer: 272 veces.
Orar: 374 veces.
Amar: 714 veces.
Dar: 2.162 veces.8
Y eso es solo la palabra dar. A menudo la palabra que verás en la Biblia es diezmar. La palabra diezmo significa décimo; diezmar es dar a Dios el primer décimo de lo que uno gana. También verás la palabra ofrenda. Una ofrenda es cualquier cosa que le das a Dios por encima del diez por ciento.
Debemos dar generosamente a Dios, y hay todo tipo de razones para hacerlo. Por ejemplo:
Es el dinero de Dios, no el nuestro. Nosotros pensamos que es nuestro dinero, pero Dios nos dice que es Suyo.9 La única razón por la que tenemos dinero es porque Él nos ha dado la capacidad de ganarlo. Así que, en realidad, no le estamos dando a Dios parte de nuestro dinero; Dios nos deja quedarnos con la mayor parte del Suyo, y nosotros le devolvemos un poco.
Dios nos ha ordenado que le regresemos algo de nuestros ingresos.
A lo largo del Antiguo Testamento, el Señor nos ordena que le demos el diez por ciento.10 En el Nuevo Testamento envía a Su Hijo Jesús11 a vivir y morir por nosotros y luego nos ordena que demos generosamente.12 Desde el principio la gente ha tenido grandes razones para dar generosamente a Dios, pero ahora tenemos una razón mucho mayor.
Dios te bendecirá por dar.13 Si pudiera elegir entre las bendiciones de Dios o una parte de mi dinero, ¡me quedaría con las bendiciones de Dios todos los días!
Dar aumenta mi fe. Eso me ayuda a confiar más en Dios y menos en mí. Al principio da miedo decidir vivir con menos de la totalidad de tus ingresos, pero esto no solo demuestra fe, sino que también la hace crecer, pues ves cómo Dios provee para ti.
Dar me ayuda a aceptar mi mortalidad. Es muy fácil vivir solo pensando en esta vida y en las cosas de este mundo, pero vamos a vivir para la eternidad. Y lo único que realmente importa es lo que dura para siempre. Cuando doy, reconozco que hay algo más importante que mi vida temporal e invierto mi dinero en algo que tendrá un impacto más allá de mis años aquí en la tierra.
Dar también me ayuda a establecer mis prioridades. Dios ordenó al antiguo Israel que le diera el primer diez por ciento.14 No nuestras sobras, sino el primer cheque que escribimos. Cuando hacemos eso, nos ayuda a aclarar que Dios es lo más importante en nuestras vidas.
Dar a Dios me permite tener un impacto eterno con mi dinero. Tengo muchas opciones de cómo gastar mi dinero. La mayor parte de lo que gasto acaba en un retrete o en un basurero. En cambio, lo que doy a Dios a través de la Iglesia se destina a Su misión de llevar a Sus hijos perdidos a Su hogar y a una eternidad en el cielo. ¡Eso es en lo que quiero gastar mi dinero!
El Amor
Hay todo tipo de razones para dar generosamente a Dios, pero ahora quiero que te concentres en una que aún no he mencionado: el amor. Dar expresa mi amor por Dios y me ayuda a experimentar Su amor por mí. El dar también hace crecer mi amor hacia Él.
Puede que te suene un poco extraño, pero es algo que Jesús dice directamente.
Él dice: «El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por Mi Padre; y Yo lo amaré y me manifestaré a él» (Jn 14:21). Tenemos el mandato de ser generosos con Dios a través de nuestro dinero. Los que aman a Jesús aceptarán y obedecerán ese mandato. Y porque aman a Dios de esa manera, el amor de Dios se les revelará. Es decir, los que lo hacen experimentan el amor de Dios.
Jesús también dice: «Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:21). En otras palabras, inviertes tu dinero en aquello que te importa, y te importa aquello en lo que inviertes tu dinero.
¿No es cierto que invertimos nuestro dinero en lo que nos importa? De hecho, podría conocerte muy bien con solo mirar tu cuenta corriente y el extracto de tu tarjeta de crédito.
¿Y no es también cierto que cuando inviertes dinero en algo empiezas a preocuparte más por ello? Por ejemplo, si tienes un auto viejo y destartalado, no te importará mucho. Y si recoges a tu amigo mientras come algo y te pregunta: «¿Puedo comerme estas papas fritas en tu auto?», te reirías y le dirías: «Por mí puedes comer espaguetis con una cuchara». Sin embargo, si sales y gastas mucho dinero en un vehículo nuevo, estoy seguro que le dirías a tu amigo: «¡No, no puedes comer dentro de mi auto! De hecho, ¡no quiero ni que respires en él!». Cuando tu dinero va a Dios, te preocupas cada vez más por Él.
Lo opuesto también es cierto. Si nos preocupamos demasiado por nuestro dinero de manera que no lo damos, entonces perdemos una oportunidad importante de conectarnos con Dios y crecer. De hecho, nos estaríamos moviendo en la dirección opuesta a Dios. Jesús dice: «Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas» (Lc 16:13). La Biblia dice incluso que el amor al dinero puede apartarnos de nuestra fe: «Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores» (1Ti 6:10).
Jesús dijo: «Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón», y no creo que sea exagerado parafrasearlo de esta manera: «Porque donde inviertas tu dinero, allí es donde permaneces».
Devuelve generosamente lo que recibes de Dios. No trates de calcular el mínimo que tienes que darle; más bien, mira cuánto puedes darle.
Te aseguro que te alegrarás mucho de haberlo hecho. Y puede que los demás piensen que estás loco, pero cuando te miren raro y te pregunten por qué, simplemente sonríe y di: «El amor me hizo hacerlo».
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Discusión y reflexión:
- Lee 2 Corintios 9:1-15. ¿Qué aprendes sobre el dar a partir de este pasaje? Dedica tiempo a crear un plan para dar: ¿Cuánto le darás a Dios? ¿Qué significa ser generoso? ¿Cuándo y cómo aumentarás tu forma de dar?
- A menudo, el dinero es lo que más compite con Dios por nuestra adoración, y suele ser lo último que la gente realmente da a Dios. Tómate un tiempo para orar sobre tus finanzas. Pídele a Dios que te revele tu corazón y dónde necesitas cambiar en lo que se refiere al dinero. Pídele que te ayude a darle más prioridad a Él que al dinero y a lo que puedes comprar con él.
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Conclusión
Estás hecho para vivir por encima de la ansiedad, gozando de paz, paciencia y pasión; sin preocupaciones y sintiéndote lleno, no vacío; guiado, no confundido; impulsado por un propósito, no aburrido.
Si no estás viviendo esa vida, el problema es que no estás permaneciendo. Permanecer es la solución a tus luchas.
Es la vida que estás destinado a vivir.
Nada es más importante que el hecho de que vivas esa vida y te conviertas en lo que estabas destinado a ser. Eso es lo que te dará verdadera vida en esta vida y lo que llevarás a la eternidad.
Jesús te está invitando a algo mejor. Te está invitando a entrar en Sí mismo. Es la invitación más asombrosa que alguien jamás te haya ofrecido. Di que sí. Elige permanecer en Jesús hoy, y luego vuelve a elegirlo cada día el resto de tu vida.
Notas Finales
- https://biblegeeks.fm/podcast/daily-43
- http://news.bbc.co.uk/2/hi/entertainment/6224725.stm
- Lo que me parece más raro es pensar que un exbeatle compre o coma una pizza congelada.
- http://www.cbsnews.com/news/kournikova-stalker-given-warning/
- Max Lucado, Just Like Jesus [Como Jesús] (Nashville: Word Publishing, 1998), 70–73
- Puede que me haya acabado de inventar eso.
- https://bttbfiles.com/web/docs/cbe/Scientific_Evidence_for_the_Power_of_4.pdf
- Estas cifras pueden variar un poco de una traducción a otra, pero puedes hacerte una idea.
- Por ejemplo, ver Sal 24:1 y 1Co 4:2.
- Por ejemplo Lv 27:30
- Por cierto, Jesús afirmó el diezmo. Ver Lc 11:42 y Mt 23:23.
- 2 Corintios 9 es un ejemplo de esto.
- Por ejemplo, ver Dt 12:6-7; Mal 3:10-12; y 2Co 9:6.
- Por ejemplo Pro 3:9 y Dt 12:6-7
Acerca del autor
VINCE ANTONUCCI es pastor fundador de Forefront Church en Virginia Beach, Virginia, y de Verve Church (vivalaverve.org), en el corazón de Sin City, junto al Strip de Las Vegas. Vince es autor de I Became a Christian and All I Got Was This Lousy T-Shirt (2008), Guerrilla Lovers (2010), Renegade (2013), God For The Rest Of Us (2015) y Restore (2018). También trabaja como escritor colaborador, ayudando a autores a crear contenidos convincentes que inspiren a sus lectores. Le encanta pasar tiempo con sus mejores amigos: su esposa Jennifer y sus hijos Dawson y Marissa.