#18 La voluntad de Dios y la toma de decisiones
Introducción: Decisiones
Algunos investigadores estiman que un adulto toma unas 35.000 decisiones al día. En realidad, no sé cómo comprobar una cifra así, pero es muy evidente que uno está constantemente decidiendo qué hacer. Por lo general, la mayoría de las decisiones que tomas son rápidas: mirar hacia aquí, moverte hacia allá, pensar esto o decir lo otro. Muchas de ellas son relativamente pequeñas, como qué comer o qué ropa ponerte. Otras son morales, como qué hacer en una situación determinada. Las menos frecuentes son las decisiones grandes, como, por ejemplo, si quieres casarte con una cierta persona o si vas a elegir una carrera en particular.
Al llegar el momento de decidir qué hacer en decisiones de gran importancia, algunas personas están tan ansiosas por actuar que abren fuego antes de siquiera escuchar que digan: ¡Preparados y apunten! Otras, más indecisas, pueden quedarse todo el tiempo preparándose y apuntando, pero, debido a su extrema precaución, dudan si alguna vez apretarán el gatillo. Estas últimas terminan totalmente paralizadas, como si un mago del mundo de Harry Potter les hubiera lanzado el hechizo Petrificus Totalus
—una maldición que inmoviliza todo el cuerpo.
¿Por qué algunas personas se paralizan a la hora de tomar una decisión? Una posible respuesta es que sufren una parálisis por análisis: «Hay múltiples opciones y quiero tener más información antes de decidir».
Otra posibilidad es que dudan en comprometerse porque les gusta tener opciones. Ahora bien, aquí no me refiero al miedo a perderse de algo (FOMO, por sus siglas en inglés), sino al miedo a llegar a tener mejores opciones (FOBO, por sus siglas en inglés). Algunas personas tienden a esperar para comprometerse con una decisión simplemente porque podría aparecer una opción mejor. Por ejemplo, quizás no quieras responder a una invitación a cenar el sábado por la noche porque puede que salga algo mejor y no te lo quieres perder. De igual manera, es posible que retrases tu compromiso de ir a una universidad en particular porque en el último minuto podría surgir algo más interesante. O simplemente puede que no te atrevas a invitar a salir a una joven atractiva porque tal vez algún día descubras a una que sea aún más hermosa y tenga mejor carácter.
En el caso específico de los cristianos, es posible que se bloqueen a la hora de tomar una decisión porque piensan que Dios quiere que hagan algo muy específico y temen equivocarse. Si toman la decisión equivocada, entonces estarán fuera de la perfecta voluntad de Dios. Abordemos primero esa preocupación y luego consideremos cómo podemos decidir qué hacer.
Audioguía
Audio#18 La voluntad de Dios y la toma de decisiones
Parte I: ¿Una Guía Detallada Para Cada Situación?
¿Promete la Biblia que Dios nos revelará exactamente lo que debemos hacer en cada situación particular?
La respuesta corta: No. Pero ¿qué hay de lo que dice Proverbios 3:5-6?
«Confía en el SEÑOR de todo corazón
y no te apoyes en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos
y él enderezará tus sendas».
¿Promete este pasaje que Dios nos dirigirá o guiará específicamente para que tomemos una decisión concreta en el momento en que nos encontremos en una encrucijada? A menudo los cristianos recurrimos a este pasaje de Proverbios para conocer la voluntad específica de Dios en una decisión importante:
- ¿A qué universidad ir? O ¿acaso debería ir a la universidad?
- ¿Con quién debería casarme?
- ¿A qué iglesia ir?
- ¿Qué trabajo debería tener?
- ¿En qué ciudad o pueblo debería vivir?
- ¿Qué casa debería comprar (o alquilar)?
- ¿Qué tipo de auto debería comprar?
- ¿Debería mudarme a otro lugar?
- ¿Cómo invertir el dinero?
- ¿Cómo debería invertir el resto de mi vida cuando esté jubilado?
¿Qué es el enfoque subjetivo para encontrar la voluntad de Dios?
De acuerdo con la opinión común, encontrar la voluntad específica de Dios para tu vida (lo que yo llamo aquí el enfoque subjetivo), se logra confiando en el Señor, ya que Él te dirá exactamente qué opción debes tomar. ¿De qué modo? A través de diferentes medios, como las Escrituras, el testimonio interno del Espíritu, las circunstancias, consejos, tus deseos, el sentido común y/o una guía sobrenatural —ciertas impresiones y sentimientos de paz. Los partidarios de este enfoque tienden a centrarse en la guía sobrenatural argumentando que la clave para saber qué hacer no es a través del uso cuidadoso de la mente para analizar sabiamente una situación, de acuerdo con los principios que Dios ha revelado en la Biblia, sino que se trata de esperar a que Dios te produzca ciertas guías, impresiones, impulsos y sentimientos. Garry Friesen resume brevemente el enfoque subjetivo a través de cuatro enunciados:
- Premisa: Para cada una de nuestras decisiones Dios tiene un plan o voluntad perfecta.
- Propósito: Nuestro objetivo es descubrir la voluntad individual de Dios y tomar decisiones de acuerdo con ella.
- Proceso: Interpretamos las impresiones internas y las señales externas a través de las cuales el Espíritu Santo comunica Su guía.
- Prueba: La confirmación de que hemos discernido correctamente la voluntad individual de Dios proviene de una sensación interna de paz y de los resultados externos (exitosos) de la decisión.1
Este enfoque subjetivo para discernir o encontrar la voluntad de Dios es como una versión modificada del Urim y el Tumim. Bajo el pacto mosaico, los líderes del pueblo de Dios le pedían al Señor que revelara Su voluntad específica en un asunto, y podían obtener una respuesta directa de Sí o No a una pregunta directa con el uso del Urim y el Tumim (por ejemplo, 1S 14:41-42). La respuesta era objetiva y claramente divina; no se necesitaban sentimientos. Sin embargo, ya no estamos bajo el pacto mosaico, y este enfoque subjetivo para conocer la voluntad de Dios no es ni objetivo ni claramente divino.
El enfoque subjetivo es engañoso por al menos seis razones:
- La Biblia es suficiente para conocer, confiar y obedecer a Dios.
Andrew Murray (1828 – 1917) representa el enfoque subjetivo cuando afirma: «No nos basta con tener la Palabra y tomar y aplicar lo que creemos que debemos hacer. Debemos esperar que Dios nos guíe, para saber lo que Él quiere que hagamos».2
No obstante, Dios nos dio la Biblia para guiarnos y, por tanto, el enfoque subjetivo termina socavando la suficiencia de las Escrituras. Quienes siguen este enfoque no necesariamente están rechazando esta suficiencia, pero están viviendo de manera inconsistente a ella. El enfoque subjetivo espera que Dios dirija a la persona a tomar decisiones específicas llenándola de guías e impresiones, impulsos y sentimientos, pero Dios nunca promete hacer eso por nosotros. En lugar de ello, Dios ha revelado suficientemente Su voluntad en la Biblia para ayudarnos a vivir sabiamente. La suficiencia de las Escrituras significa que la Biblia es totalmente suficiente para su propósito: que conozcas, confíes y obedezcas a Dios (ver 2Ti 3:16-17). El propósito principal de la Biblia no es responder directamente a todas las preguntas que puedas hacer, sino revelarte a Dios para que puedas conocerlo y honrarlo.3
La recompensa que se promete en Proverbios 3:5-6 es que Dios «enderezará tus sendas» (Pro 3:6b). La idea de esto es que Dios te despejará los obstáculos para que puedas avanzar con éxito por el camino correcto. Ahora bien, existen solo dos caminos por los que puedes ir: el camino de los malvados o el camino de los justos (Pro 2:15; 11:3, 20; 12:8; 14:2; 21:8; 29:27). El camino equivocado es moralmente torcido; el camino recto es moralmente derecho. Y finalmente, el camino derecho es el camino de la recompensa. Que Dios haga derechos tus caminos significa que te permite vivir sabiamente y luego disfrutar de las recompensas que resultan de vivir así. Proverbios 3:5-6 no enseña que Dios te dirigirá o guiará con una revelación especial fuera de la Escritura. La Biblia es suficiente para conocer, confiar y obedecer a Dios. - La Biblia tiene autoridad sobre tus impresiones y sentimientos.
El enfoque subjetivo te lleva a valorar más tu propia percepción de la voluntad de Dios que aquella voluntad que Él ya ha revelado en la Biblia. La atención pasa a centrarse en tu apreciación subjetiva, en lugar de aquello que Dios ha dicho objetivamente.
Esto no significa que es necesariamente incorrecto decidir qué hacer en una situación basándote en tu instinto o intuición. Pero no hace falta tener un sentido arácnido para confirmar que estás haciendo lo que Dios quiere que hagas. No necesitas sentir una sensación especial de paz antes de tomar una decisión, lo que necesitas es sabiduría basada en lo que Dios ha revelado en Su Palabra.
No obstante, algunas opiniones consideran que el mandamiento de Pablo en Colosenses 3:15 respalda este enfoque subjetivo: «Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo». Pero cuando observamos el contexto del pasaje (Col 3:11-15), Pablo no está sugiriendo que cada cristiano debe decidir qué hacer en función de la paz que sienta en su corazón. Más bien, Pablo está indicando cómo la comunidad de creyentes debe tratarse unos a otros. Algo parecido escribe en su exhortación a la iglesia en Efesios 4:3, donde nos manda a estar deseosos «por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz».
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando tu percepción subjetiva de lo que debes hacer contradice las palabras de Dios? Por ejemplo, la Biblia dice con toda claridad: «La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual» (1Ts 4:3). ¿Qué pasa si sientes que, en tu caso particular, Dios quiere que tengas relaciones sexuales con alguien con quien no estás casado (o que Dios quiere que salgas y te cases con un no cristiano)? ¿Y si tienes la fuerte impresión de que Dios realmente te dijo que lo hicieras? ¿Qué pasa si tu conciencia está tranquila al respecto? En tal caso, es posible que tu conciencia esté tranquila, pero eso significa que está mal calibrada.4 La Palabra clara y suficiente de Dios tiene autoridad sobre tus impresiones y sentimientos.
¿Y qué sucede si estás eligiendo entre dos o más opciones buenas? Como hemos visto, no es necesario echarlo a la suerte, ni lanzar una moneda, ni buscar una impresión subjetiva, ni un sueño, ni una visión, ni un mensaje angélico, ni una señal, ni una voz apacible, ni una profecía predictiva. Y aunque la Biblia sí narra casos en los que Dios habló a individuos de manera aislada, clara, específica, milagrosa y por iniciativa divina —como en el caso de Moisés y la zarza ardiente en Éxodo 3—, tales situaciones son excepcionales, y no constituyen un modelo a seguir para tomar nuestras decisiones. Como es obvio, Dios puede hacer lo que quiera, así que no estoy afirmando que no pueda comunicarse con nosotros de ninguna otra forma que no sea la Biblia. Sin embargo, eso no es normal ni necesario, por lo que es erróneo darle prioridad a una búsqueda de ese tipo de guía directa de Dios fuera de Su Palabra. Incluso si parece que Dios te está dando una guía extraordinaria, esa guía no tiene la autoridad de las Escrituras. Por tanto, no debes tratar esa comunicación del mismo modo que tratas las suficientes Escrituras, porque no puedes estar seguro de que dicha comunicación proceda realmente de Dios, ni de que la estés interpretando correctamente. Si quieres oír con seguridad la voz de Dios, lee la Biblia. La Biblia tiene autoridad sobre tus impresiones y sentimientos. - La Biblia enfatiza en que debes confiar en la sabiduría que Dios ya ha revelado.
Al usar el enfoque subjetivo, buscamos conseguir la dirección de Dios por medio de una nueva revelación en situaciones específicas, en lugar de confiar en la sabiduría que Dios ya ha revelado en Su Palabra. Sin embargo, el contexto de Proverbios 3:5-6 no establece un contraste entre el uso de mi mente y el esperar, de forma mística, que Dios actúe sobre mis pensamientos. Más bien, el contraste es entre confiar en mi propia sabiduría en lugar de confiar en la sabiduría de Dios.
Nuestro problema es que pecaminosamente confiamos en nuestra propia sabiduría. Es como si yo, por arrogancia, tratara de hacer pan de masa madre por mi cuenta, haciendo caso omiso de las instrucciones expertas de mi esposa (yo soy un experto en comer pan de masa madre, mas no en prepararlo). Cuando insistimos en confiar en nuestra propia sabiduría, estamos siendo insensatos y rebeldes. Deberíamos confiar más en la sabiduría de Dios. En el libro de los Proverbios, la forma en que conocemos la sabiduría de Dios es escuchando Sus instrucciones y enseñanzas. Algo a lo que tenemos acceso a través de la Biblia. Aprendemos a confiar en Dios escudriñando lo que ha dicho y obedeciéndolo con Su ayuda. Es por esta razón que los cristianos memorizamos la Biblia y profundizamos en ella, la cantamos, la oramos y la obedecemos: la Biblia es nuestra principal fuente para conocer la sabiduría de Dios de manera absoluta. Confiamos en Sus palabras. Nos apoyamos en Sus palabras. La Biblia está llena de promesas en las que confiar y mandatos que obedecer. Céntrate en ellos (por ejemplo, Ro 12:9-21; Ef 4:17 – 5:20).
El enfoque subjetivo te lleva a concentrar tu atención en lo que Dios no ha revelado en lugar de hacerlo en lo que sí. Esto te puede conducir a obsesionarte con elegir entre dos o más opciones aparentemente buenas. ¿Deberías unirte a esta o aquella iglesia? ¿Deberías salir con este o aquel creyente? ¿Deberías ir a esta o aquella escuela? ¿Deberías tomar este trabajo o aquel otro? La Biblia no te da una respuesta directa a todas estas preguntas. Si bien para Dios todos esos detalles son importantes, está mucho más interesado en que lo ames con todo tu ser, que ames a tu prójimo como a ti mismo, y que vigiles de cerca tu vida y tu doctrina (1Ti 4:16). El enfoque subjetivo hace que te preocupes por cómo elegir entre buenas opciones (como si debería vivir en esta o en aquella casa) en lugar de preocuparte por creer y obedecer la Biblia. Además, presenta la voluntad de Dios como algo que Él te hubiera ocultado y fueras totalmente responsable de descifrarla y seguirla.
En este sentido, los teólogos son de mucha ayuda para distinguir dos aspectos de la voluntad de Dios. Un aspecto es lo que a Dios le gustaría que ocurriera (por ejemplo, no asesinar), y otro aspecto es lo que Dios realmente quiere que ocurra (por ejemplo, Dios predestinó que la gente asesinara a Jesús —Hch 2:23; 4:28). Los teólogos distinguen con diversos términos estas dos formas en que Dios quiere las cosas (ver Figura 1).5
Fig. 1. Términos que distinguen las dos maneras en que Dios quiere
| Lo que Dios quiere que suceda (no siempre sucede) | Lo que de hecho Dios quiere que suceda (siempre sucede) | |
| Voluntad moral: esto es lo que debemos obedecer. Dios nos dice lo que está bien y lo que está mal. | Voluntad soberana: Esto es lo que Dios ordena. | |
| Voluntad ordenada: esto es lo que Dios manda. | Voluntad decretada: esto es lo que Dios decreta. | |
| Voluntad revelada: lo que Dios nos dice lo que debemos hacer. | Voluntad secreta u oculta: normalmente Dios no nos revela su plan detallado con antelación. (Una excepción a esto son las profecías predictivas como la de Daniel 10.) | |
Dios nos revela su voluntad moral (Mt 7:21; Heb 13:20-21; 1Jn 2:15-17), pero no suele revelarnos su voluntad soberana (Ef 1:11). Así que cuando estamos tratando de decidir qué hacer, debemos enfocarnos en obedecer la voluntad moral, ordenada o revelada de Dios —no en encontrar su voluntad soberana, decretada o secreta/oculta. Deuteronomio 29:29 pone de manifiesto esos dos aspectos de la voluntad divina: «Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, pero las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley» (LBLA). No necesitas preocuparte por encontrar «las cosas secretas» antes de tomar una decisión. En cambio, eres responsable de obedecer «las cosas reveladas» al hacerlo. Esto implica usar la sabiduría para tomar una decisión. La Biblia enfatiza que debes confiar en la sabiduría que Dios ya ha revelado.6
4. La Biblia enfatiza que eres responsable de tomar decisiones.
La voluntad moral de Dios no solo incluye cómo debes comportarte en lo exterior, sino también lo que debe motivarte en lo interior. Pero no te lo especifica todo con detalles. Cuando tienes opciones viables, el enfoque subjetivo te conduce a ser más pasivo, a dejar que Dios te guíe con ideas y sentimientos espontáneos, que no tienen mucha evidencia o ni siquiera están basados en pensamientos conscientes. Esta puede ser una forma cómoda de quitarse la culpa de encima y evitar asumir la responsabilidad de una decisión difícil. Puede ser una excusa hipere spiritual para ser perezoso en lugar de orar por sabiduría y luego usar el cerebro. Sin embargo, los mandamientos de la Biblia presuponen que eres responsable de tomar decisiones. Y uno de esos mandamientos es «Adquiere sabiduría» (Pro 4:5, 7).
Recuerdo que cuando estaba en la escuela conocí a un chico que salía con una joven cristiana. Ambos amaban al Señor y su carácter era irreprochable. Pero cuando el noviazgo se hizo más serio, la joven decidió romper. El chico estaba confundido porque no entendía la razón por la cual ella estaba terminando la relación. Todo lo que ella decía era que «no tenía paz» para seguir saliendo con él (lo que es mejor que decir que Dios le dijo que rompiera). Utilizaba una jerga pseudoespiritual que decía entre líneas: «Oye, no me culpes. Solo estoy caminando con el Señor y siguiendo Su guía».7
De igual manera, puede ocurrir que en ocasiones un pastor siga el enfoque subjetivo justificando su visión con alguna versión de «Dios me lo dijo». Incluso cuando ese tipo de testimonio es bien intencionado, puede ejercer una influencia injusta sobre la gente. Así, los miembros de la iglesia pueden llegar a preguntarse: «¿Quién soy yo para interponerme en el camino de Dios? Dios mismo habló directamente con el pastor, así que esta es claramente la voluntad de Dios». En realidad puede ser manipulador cuando alguien (especialmente un líder) eleva sus impresiones subjetivas (que pueden o no provenir del Señor) a un lugar que está por encima de la crítica o el desafío.
Cuando los líderes de la iglesia apelan a la revelación privada y especial de Dios a modo de modelo, otros los imitarán. Esto terminar en una encrucijada, como cuando un hombre le dice a una joven: «Dios me dijo que me casara contigo», y la joven le responde: «No, no lo hizo. De hecho, me dijo que no me casara contigo».
Pongamos el contraste con la forma en que Pablo explica sus decisiones:
- «Si conviene [si fuere propio (RVR1960), si acaso es conveniente (RVC), si parece oportuno (NTV)] que yo también vaya, iremos juntos» (1Co 16:4).
- «Pero creí necesario enviaros a Epafrodito» (Fil 2:25 LBLA).
- «Cuando ya no pudimos soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas» (1Ts 3:1; comparar DHH).
- «He decidido pasar allí el invierno» (Tit 3:12).
Pablo reconocía su propia responsabilidad en sus decisiones, y nosotros haríamos bien en seguir su ejemplo. En lugar de decir: «Dios me dijo que hiciera esto» o «Dios me lo puso en el corazón» o «Sentí que Dios me hablaba», sería mejor decir: «Lo he pensado y orado por ello, y me parece prudente». Asume la responsabilidad de lo que decidas.
5. Es imposible seguir con coherencia el enfoque subjetivo.
Si tomas miles de decisiones cada día, ¿cómo puedes sacar el tiempo necesario para confirmar que cada una de ellas es exactamente lo que Dios quiere que hagas? Al vestirte, ¿por qué elegir esos calcetines? Al hacer las compras, ¿por qué elegir ese cartón de huevos? Cuando entras en una sala con asientos libres, ¿por qué elegir ese asiento? Cuando llegas a una reunión, ¿por qué iniciar una conversación con esa persona? Todas estas son decisiones en las que no puedes pasar responsablemente todo el día reflexionando. En la práctica, los cristianos que sostienen el enfoque subjetivo tienen que seguirlo de forma incoherente. Normalmente no lo siguen en las decisiones ordinarias, sino únicamente en las que consideran más importantes. Aunque en ocasiones, lo que pensamos que son decisiones ordinarias son más importantes de lo que creemos: elegir un asiento que termina siendo justo al lado de la persona con la que te acabarás casando, o hablar con un desconocido que te conecta con el trabajo de tus sueños.
6. El enfoque subjetivo es históricamente novedoso.
Garry Friesen descubrió que el enfoque subjetivo
es en realidad una novedad histórica. La obsesión por una guía segura que garantice decisiones infalibles parece ser una preocupación propia del cristianismo moderno de los últimos 150 años. Antes de los escritos de George Müller, prácticamente no se hablaba de «cómo descubrir la voluntad de Dios para tu vida» en la literatura de la Iglesia. Lo que yo llamo el enfoque tradicional de la orientación era parte integral de la cultura teológica del Movimiento de Keswick, que fue muy influyente en Inglaterra y América.8
La novedad del enfoque subjetivo no prueba decisivamente que sea erróneo. Sin embargo, su novedad debería, al menos, hacer reflexionar sobre su aceptación acrítica.
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Dios ha decretado un plan específico para tu vida, pero te llama a confiar en Él. No debes preocuparte por averiguar cuál es Su plan decretado antes de tomar una decisión. Entonces, si la Biblia no promete que Dios te revelará exactamente lo que debes hacer en cada situación particular, ¿cómo se supone que debes decidir?
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Discusión y reflexión:
- ¿Cómo resumirías el enfoque subjetivo al tomar decisiones y la voluntad de Dios en tus propias palabras?
- ¿Qué encuentras clarificador y desafiante en esta evaluación del enfoque subjetivo?
- ¿Cómo el enfoque subjetivo te ha afectado a ti o a tus conocidos al momento de tomar decisiones?
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Parte II: ¿Cómo Decidir Qué Hacer? Cuatro Preguntas De Diagnóstico
Estas cuatro preguntas de diagnóstico son un conjunto de principios que te ayudarán a decidir qué hacer (estos principios no son pasos que uno tenga que dar en un orden específico):
- Deseo santo: ¿Qué quieres hacer?
- Puertas abiertas: ¿Qué oportunidades están abiertas o cerradas?
- Consejo sabio: ¿Qué te aconsejan las personas sabias que te conocen bien a ti y a tu situación?
- Sabiduría bíblica: ¿Qué crees que deberías hacer basándote en una sabiduría bíblica?
- Deseo santo: ¿Qué quieres hacer?
Es posible que estés pensando: «¿Qué clase de diagnóstico me pregunta qué quiero hacer? ¿Insinúas que si quiero hacer algo pecaminoso, debo hacerlo?». No, esta pregunta de diagnóstico tiene una advertencia importante: Haz lo que quieras hacer si eres felizmente leal al Rey. No debes hacer lo que quieras si te estás rebelando contra Dios. Por el contrario, si te estás sometiendo a Dios —es decir, si le estás siguiendo con alegría, si estás obedeciendo Su voluntad moral revelada en la Biblia—, entonces haz lo que quieras hacer. Esta es otra forma de decir lo que John MacArthur sostiene en su breve libro sobre la voluntad de Dios: «Si eres salvo, lleno del Espíritu, santificado, sumiso y sufres de acuerdo a la voluntad de Dios, entonces haz lo que quieras».9
Pero definitivamente no hagas lo que quieras si el objetivo de tu vida no es glorificar a Dios. Dios te llama a engrandecerlo como miembro fiel de una iglesia que hace discípulos. Si eres hombre, Dios te llama a exaltarlo como un hombre fiel —como hijo, hermano, esposo, padre, y/o abuelo. Si eres una mujer, Dios te llama a honrarlo como una mujer fiel —como hija, hermana, esposa, madre y/o abuela.
Este principio de «deseo santo» se basa en el Salmo 37:4:
Deléitate en el SEÑOR
y él te concederá los deseos de tu corazón.
Tales deseos son deseos santos. Si te estás deleitando en Dios, entonces lo que quieres hacer se alineará con lo que debes hacer. Si estás siendo egoísta, entonces lo que quieres hacer no se alineará con aquello que deberías hacer. Por eso Agustín dice: «Ama y haz lo que quieras»10 Es decir, haz lo que quieras si amas a Dios con todo tu ser y amas a tu prójimo como a ti mismo.
Si estás contemplando la posibilidad de casarte con un cristiano en particular, entonces es útil que te preguntes: «¿Quieres casarte con esta persona?». Si ese prospecto te disgusta (y si te estás deleitando en Dios), entonces eso es un buen indicador de que no debes casarte con esa persona. Recuerda lo que dice Pablo en 1 Corintios 7:39: «La mujer está ligada a su esposo mientras él vive; pero si el esposo muere, ella queda libre para casarse con quien quiera, con tal de que sea en el Señor» (énfasis añadido). Esto significa que (1) una viuda cristiana tiene la opción de volver a casarse o no, y (2) puede casarse con quien quiera siempre y cuando el hombre sea cristiano.
Es notable que cuando Pablo establece los requisitos para un pastor o un obispo, comienza de esta manera: «Si alguno desea ser obispo, a noble función aspira» (1Ti 3:1). Uno de los criterios para ser pastor es que quiera serlo.11 ¿ Qué es lo que deseas en tus momentos más santos?
2. Puertas abiertas: ¿Qué oportunidades están abiertas o cerradas?
Quienes sostienen el enfoque subjetivo pueden excusarse en la metáfora de la puerta abierta en dos sentidos. En primer lugar, puede ser una excusa para hacer lo que no se debe. Por ejemplo, cuando una escuela prestigiosa te ofrece una beca o una empresa te ofrece un trabajo bien pagado, y entras por la «puerta abierta» aunque haya buenas razones para no hacerlo. En segundo lugar, puede ser una excusa para no hacer lo que deberías. Por ejemplo, si estás desempleado y tratando de encontrar un trabajo para mantener a tu familia, y en lugar de salir a buscarlo con energía y creatividad, buscas a medias y luego holgazaneas diciendo que Dios no ha abierto ninguna puerta.
Todo a lo que me refiero al decir «puerta abierta» o «puerta cerrada» es que una oportunidad puede ser o no una opción en este momento. En otras palabras: considera tus circunstancias. Cuando mi familia vivió en Cambridge, Inglaterra, durante la primera mitad del 2018, exploramos algunos campus hermosos, como el King’s College. Sin embargo, a veces no podíamos entrar en los terrenos de un campus porque las puertas estaban cerradas. Es frustrante cuando una puerta cerrada te impide entrar donde deseas ir. Las puertas cerradas reducen tus opciones en ese momento (y digo «en ese momento» porque una puerta que está cerrada ahora puede abrirse en otro momento).
La Biblia utiliza la metáfora de la puerta abierta para ayudarnos a decidir qué hacer. Así es como Pablo comparte sus planes de viaje con la iglesia de Corinto: «Pero me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés, porque se me ha abierto una gran puerta para un trabajo eficaz» (1Co 16:8-9 énfasis añadido). Pablo planea quedarse en Éfeso porque Dios está abriendo grandes oportunidades para servir en un rico campo de trabajo. Esto implica que si Dios no estuviera abriendo esa puerta, los planes de viaje de Pablo habrían cambiado.
Ahora bien, que una puerta esté abierta no significa que haya que atravesarla. Pablo les dice a los corintios: «Ahora bien, cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, descubrí que el Señor me había abierto una puerta. Aun así, me sentí intranquilo por no haber encontrado allí a mi hermano Tito, por lo cual me despedí de ellos y me fui a Macedonia» (2Co 2: 12-13 énfasis añadido). A veces te preguntas si debes cruzar una puerta abierta y decides no hacerlo. Una puerta abierta es una oportunidad que puedes o no aceptar. Por el contrario, una puerta cerrada no es una opción, pero podemos orar para que Dios abra una puerta en particular (ver Col 4:3-4).
Por lo tanto, si diligentemente has aplicado para varios trabajos y solo hay tres opciones disponibles y necesitas un trabajo inmediatamente, entonces esas opciones son tres puertas que están abiertas ahora mismo. Simplemente no puedes atravesar una puerta cerrada. Todas las puertas cerradas han contribuido a limitar tus opciones a tres puertas abiertas en ese momento.
En conclusión, que una puerta esté abierta no significa que debas atravesarla, y una puerta cerrada tampoco significa que una oportunidad esté así para siempre. Sin embargo, a la hora de considerar qué hacer, es útil observar cuáles son las oportunidades viables en ese momento y cuáles no.
3. Consejo sabio: ¿Qué te aconsejan que hagas las personas sabias que te conocen bien a ti y a tu situación?
Es posible que prefieras tomar las grandes decisiones de forma independiente, sin embargo, buscar el consejo de personas piadosas y sabias es una muestra de humildad y sabiduría:
- «Donde no hay buen consejo, el pueblo cae, pero en la abundancia de consejeros está la victoria» (Pro 11:14 LBLA) (énfasis añadido en todos los versículos siguientes).
- «Al necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio escucha el consejo» (Pro 12:15).
- «El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado» (Pro 13:20).
- «Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan» (Pro 15:22).
- «Escucha el consejo, acepta la corrección y llegarás a ser sabio»
(Pro 19:20). - «Afirma tus planes con buenos consejos; entabla el combate con buena estrategia» (Pro 20:18).
- «La guerra se hace con buena estrategia; la victoria se alcanza con muchos consejeros» (Pro 24:6).
Las personas sabias que te conocen bien, ¿qué te aconsejan acerca de ti mismo y de tus objetivos? Escucha con atención y humildad sus consejos.
Pero, ten cuidado, porque hay formas astutas de intentar manipular los consejos: compartir selectivamente solo parte de la información relevante y pedir consejo solo a personas que intuyes que estarán de acuerdo con lo que quieres hacer. El espíritu de los proverbios anteriores es que, cuando pidas consejo a personas sabias, lo hagas con la mente abierta. Sé un aprendiz humilde que está abierto a lo que sugieren los sabios. No seas necio:
«Al necio le parece bien lo que emprende, pero el sabio escucha el consejo» (Pro 12:15).
Por lo tanto, si estás considerando la posibilidad de casarte con un cristiano en particular, ¿qué crees que deberías hacer si tus padres, tus pastores y tus amigos más íntimos te advierten que les parece una mala idea por diversas razones? Si todos los consejos van en contra de lo que estabas pensando hacer, entonces, por regla general, esos consejos deberían hacerte reflexionar seriamente y llevarte a dar marcha atrás.
Este principio es especialmente útil cuando todos los consejos que recibes están alineados tanto con lo que quieres hacer como con una puerta que Dios ha abierto providencialmente. Sin embargo, resulta menos útil cuando consultas a personas sabias que te conocen bien y saben bien de tu situación y, aun así, te aconsejan de forma diferente. Por ejemplo, si estás contemplando la posibilidad de casarte con un cristiano en particular, ¿qué deberías hacer si el consejo es aproximadamente mitad a favor y mitad en contra? Tendrás que formular una cuarta pregunta de diagnóstico.
4. Sabiduría bíblica: ¿Qué crees que deberías hacer basándote en la sabiduría bíblica?
Esta pregunta de diagnóstico no es perfectamente paralela a las tres primeras ya que las abarca a todas. El camino de la sabiduría lo tiene todo en cuenta:
- Tu deseo santo
- Puertas abiertas y cerradas
- El consejo sabio
- La voluntad moral de Dios revelada en la Biblia
- Otra información relevante que puedas obtener al considerar tus dones (¿qué actividades te han resultado fructíferas?) y al investigar (¿cuáles son los pros y los contras de las distintas opciones?)
Por lo general, Dios no interviene en la vida de Su pueblo con una revelación directa y especial. Dios espera que hagas uso de la sabiduría bíblica para tomar decisiones.
El rey Josafat oró de esta manera: «¡No sabemos qué hacer! Pero en ti hemos puesto nuestra esperanza» (2Cr 20:12). En la vida habrá muchos momentos en los que no sabrás qué hacer. Pero puedes orar. En concreto, debes pedirle a Dios sabiduría: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (Stg 1:5). Cuando ores sobre lo que debes escoger en una determinada situación, no debes centrarte en recibir una revelación especial, impresiones o directrices. Por el contrario, debes centrarte en obtener sabiduría.
Pero, ¿qué es exactamente la sabiduría? La esencia de la sabiduría es la destreza o habilidad. He aquí cuatro ilustraciones:
- José es sabio porque puede gobernar Egipto con destreza (Gn 41:33).
- Bezaleel es sabio porque es hábil en la artesanía y los diseños artísticos (Ex 31:2-5).
- Hiram es sabio porque puede realizar con destreza cualquier trabajo en bronce (1R 7:13-14).
- El pueblo de Israel es sabio en cuanto que es hábil para pecar. Jeremías dice sarcásticamente,
son hábiles para hacer el mal;
no saben hacer el bien (Jer 4:22).
En Proverbios, un hombre es sabio porque sabe vivir con destreza. Por tanto, podemos definir la sabiduría así: La sabiduría es la habilidad para vivir con prudencia y sagacidad (prudente significa «actuar o mostrar cuidado y reflexión para el futuro», y sagacidad significa «tener o mostrar habilidad para evaluar con precisión situaciones o personas y convertir esto en una ventaja para uno»).12
Por ejemplo, un hombre sabio no se limita a entender que las palabras de una mujer prohibida gotean miel y son más suaves que el aceite, pero al final es afilada como una espada de dos filos y sus pies descienden hacia la muerte (Pro 5:3-5). Un hombre sabio aplica hábilmente ese conocimiento manteniéndose alejado de ella (5:8) y bebiendo el agua de su propio pozo (5:15). La sabiduría es la habilidad para vivir con prudencia y sagacidad.
Por eso, cuando intentas decidir qué hacer en una situación en particular, necesitas la sabiduría que está saturada de la Biblia. Necesitas discernimiento para entender y aplicar la voluntad moral de Dios.
- Por eso Pablo nos manda: «Y comprueben lo que agrada al Señor … No sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor» (Ef 5:10,17 énfasis añadido). «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta» (Ro 12:2 énfasis añadido).
- También por ello Pablo ora así: «que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio. Así podrán discernir lo que es mejor» (Fil 1:9-10 énfasis añadido; comparar con Col 1:9).
Cuando se trata de dirección, la Biblia enfatiza el pensamiento correcto, no los sentimientos confusos. Necesitas sabiduría para entender lo que Dios te manda hacer en la Biblia, y para luego aplicarlo en casos puntuales.
De ahí la importancia de que leamos la Biblia con atención y no la manipulemos. Si vas a la Biblia en busca de dirección hojeando al azar un pasaje y leyéndolo fuera de contexto, no estás interpretando ni aplicando la Biblia con cuidado. En lugar de eso, estás actuando precipitadamente y con insensatez.13
Esto no solo ocurre con las grandes decisiones, como con quién casarse o qué trabajo tomar. También ocurre con las decisiones éticas, que requieren razonamiento moral:
- ¿ Qué debes pensar sobre el contacto romántico con tu novia o novio antes de casarte?
- ¿Deberían tú y tu pareja utilizar métodos anticonceptivos en el matrimonio?
- ¿Deberías hacerte un tatuaje?
- ¿ Los cristianos deben votar? De ser así, ¿cómo? ¿Puede un cristiano en los Estados Unidos votar a un demócrata para presidente, congresista o gobernador?
- ¿ Debería vestirme de determinada manera o no?
- ¿Debería pasar una tarde libre viendo una película o un programa en particular?
El siguiente diagrama de Vaughan Roberts es un buen resumen de cómo los cristianos deben tomar decisiones éticas basadas en los principios de 1 Corintios 8-10 (ver Figura 2).14
Háganlo todo para lagloria de Dios (1Co 10:31)

Fig. 2. Diagrama de flujo para tomar decisiones
La pregunta inicial es «¿Lo permite la Biblia?». Si la Biblia prohíbe una actividad en particular, como tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, entonces no lo hagas. Es un rotundo no. No es discutible.
La siguiente pregunta es «¿Me lo permite mi conciencia?». En otras palabras, «¿Puedo dar gracias a Dios por ello?». Si tu respuesta es Sí, entonces podríamos añadir otra pregunta aquí en el organigrama: «¿Necesitas calibrar tu conciencia para alinearla con la Palabra de Dios?» Tu conciencia es tu percepción o sentido de lo que crees que está bien o mal.15 Tu conciencia no puede hacer que una actividad pecaminosa (como emborracharse) sea permisible, pero puede hacer que una actividad permisible (como beber vino con moderación) sea pecaminosa si te condena por hacerla.
Las tres últimas preguntas exploran áreas de libertad. En ellas se enfatiza que tú y tus libertades individuales no son los únicos factores a considerar. Una señal de madurez y piedad es que eliges qué hacer basándote no solo en cómo puede afectarte a ti, sino en cómo puede afectar a los demás.
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Estas son las cuatro preguntas de diagnóstico que pueden ayudarle a decidir qué hacer:
- Deseo santo: ¿Qué quieres hacer?
- Puertas abiertas: ¿Qué oportunidades están abiertas o cerradas?
- Consejo sabio: ¿Qué te aconsejan las personas sabias que te conocen bien y saben de la situación?
- Sabiduría bíblica: ¿Qué crees que deberías hacer basándote en la sabiduría bíblica?
Después de que hayas analizado estas cuatro preguntas y decidido qué hacer, ¿qué sigue?
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Discusión y reflexión:
- ¿Hay decisiones a las que te enfrentas actualmente que se beneficiarían de estas cuatro preguntas de diagnóstico?
- ¿Coincide la descripción de la sabiduría que acabamos de dar con tu forma de pensar al respecto, o se trata de un nuevo enfoque de la sabiduría para ti? ¿Cuáles son algunas áreas de tu vida que requieren que ejercites la sabiduría bíblica?
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Parte III: Toma Una Decisión Y Sigue Adelante
No te paralices. No analices demasiado. No temas ansiosamente que puedas perder el centro de la voluntad de Dios. No te obsesiones con que puedas experimentar algo desagradable. En lugar de eso, como exhorta Kevin DeYoung, «simplemente haz algo».16 Toma una decisión y sigue adelante. No «sueltes y dejes todo a Dios». En lugar de eso, como dice J. I. Packer, «confía en Dios y ponte en marcha».17
Cuando tomes una decisión, puedes sentir la tentación de ser ansioso, malhumorado, inflexible, pensativo y cobarde. Esto es lo que debes hacer en su lugar.
- No estés ansioso; confía en Dios.
Considera un momento lo que Jesús ordena: «No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán» (Mt 6:25). Dios alimenta a las aves, y tú eres más valioso que ellas (6:26). Preocuparte no te ayudará a vivir más (6:27), y de hecho te hará menos santo y menos feliz. La ansiedad es contraproducente. Dios viste magníficamente a los lirios, y también te vestirá a ti (6:28-30). Así que en lugar de preocuparte por lo que comerás, beberás o vestirás (o con qué persona te casarás, en qué escuela estudiarás, qué trabajo desempeñarás, los hijos que tendrás, dónde vivirás o cuándo morirás), busca primero el reino de Dios y Su justicia, y Él se encargará del resto (6:31-33). No te preocupes por el futuro porque «cada día tiene ya sus problemas» (6:34).
La gente orgullosa se preocupa. La gente humilde no. Y la manera de humillarse es echando todas las preocupaciones sobre Dios: «Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte a su debido tiempo. Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes» (1P 5:6-7).
Lo opuesto a estar ansioso es confiar en Dios. ¿Confías en Él? ¿Confías en Dios aunque no te diga todas las razones de lo que hace? ¿Confías en el carácter de Dios basándote en cómo Él se ha revelado a ti en las Escrituras? Las palabras de Dios te hacen sabio.
Esto puede resultarte difícil porque es natural que quieras conocer el futuro. Pero aunque ciertamente no lo conoces, Dios sí lo conoce. Él lo ha ordenado todo, y te tiene cubierto. Él está cuidando de ti, y te ha dado exactamente lo que necesitas para agradarle: «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Ro 8:28 énfasis añadido). «Todas las cosas» incluye todas tus decisiones, ya sean sabias o imprudentes.
Cuando nos preocupamos por el futuro, desconfiamos de Dios y lo deshonramos. En realidad, no necesitas conocer todos los detalles de lo que está por venir. Necesitas confiar y obedecer a Dios. Y eso incluye no preocuparse por el mañana. - No seas malgeniado; sé santo y feliz.
Es posible que llegues a preocuparte tanto por discernir cuál es la voluntad de Dios para una decisión en particular (como aceptar o no una oferta de trabajo) que le restes importancia a lo que las Escrituras dicen explícitamente sobre esa voluntad. Así, por ejemplo, encontramos dos pasajes en la Biblia que dicen explícitamente: «Esta es la voluntad de Dios»:
- «La voluntad de Dios es que sean santificados [La voluntad de Dios es que sean santos NTV]; que se aparten de la inmoralidad sexual» (1 Ts 4:3).
- «Estad siempre gozosos; orad sin cesar; dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús» (1 Ts 5:16-17 LBLA).
La voluntad de Dios no es que seas malgeniado. Sino que seas santo y feliz.
En La travesía del viajero del alba, de C. S. Lewis, ¿recuerdas lo malhumorado que está Eustace antes de que Aslan le quitara los dragones? No seas malgeniado como Eustace. La voluntad de Dios para ti es precisamente todo lo contrario: Quiere que seas santo y feliz. Recuerda que agradas a Dios al obedecerle,18 y eres más feliz cuando vives según Su designio; cuando disfrutas de Dios y de Sus dones.19
3. No seas inflexible; más bien, desarrolla la disposición de ajustar tus planes.
Tendrás que tomar decisiones, algunas de las cuales deberán ser inflexibles, como la decisión moral de no cometer adulterio. Sin embargo, en muchas otras áreas, tienes la libertad de honrar a Dios eligiendo esto o aquello: si comer en Chipotle o en Chick-fil-A, si leer El progreso del peregrino o El Señor de los Anillos, si quedarte en casa o viajar, si asistir a la escuela a tiempo completo o trabajar a tiempo completo. Mientras planeas
Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero». ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla que aparece por un momento y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora se jactan en sus fanfarronerías. Toda esta jactancia es mala (Stg 4:13-16 énfasis añadido)
Tampoco te vuelvas orgulloso después de haber tomado una decisión. Si decidiste sabiamente, es porque Dios te dio esa sabiduría. Y a veces, luego de tomar una decisión, tienes que revisar tu plan a la luz de circunstancias que no habías previsto. Muchas de tus decisiones son alterables, así que debes estar dispuesto a ajustarlas. Tus planes se cumplirán «si el Señor quiere». No seas inflexible.
4. No sobrepienses las decisiones pasadas; esfuérzate en avanzar hacia lo que tienes por delante.
Tienes una vida muy corta, no la desperdicies preguntándote: «Pero, ¿y si hubiera elegido diferente?». Haz como Pablo: «Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús» (Fil 3:13-14). Por supuesto, debes aprender de tus errores, eso es lo que hace la gente sabia. Pero no hay que obsesionarse con el pasado. Pablo continuaba hacia la meta sin centrarse en el pasado. Esto incluye su vida pasada antes de convertirse en cristiano, al igual que su vida pasada como cristiano, es decir, el buen progreso que había hecho en Cristo. Puedes aplicar este principio de forma responsable para no darle demasiadas vueltas a decisiones pasadas. En lugar de preocuparte por lo que habría sucedido si hubieras elegido diferente, debes concentrarte en lo que tienes por delante. Toma una decisión, y sigue adelante.
5. No seas cobarde; sé valiente.
Puede que haya un elemento de riesgo aun cuando tomes una decisión que honra a Dios. Así fue cuando la reina Ester decidió: «Me presentaré ante el rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y, si perezco, que perezca!» (Est 4:16 énfasis añadido). Necesitas valor para seguir adelante.20
Si te cuesta elegir a qué universidad ir, necesitas valor para comprometerte y dejar de preocuparte por lo que puedas estar perdiéndote en otra. Elige sabiamente y sigue adelante.
Si eres un hombre que está considerando tener una relación con una mujer en particular, con el fin de ver si sería apropiado para ustedes dos casarse, necesitas coraje porque ella podría decir «no». En este punto, el análisis y el consejo de Kevin DeYoung son muy acertados:
Cuando hay un exceso de mujeres cristianas solteras que quieren casarse, esto es un problema. Y es un problema del que yo responsabilizo directamente a los hombres jóvenes cuya inmadurez, pasividad e indecisión están llevando sus hormonas al límite del autocontrol, retrasando el proceso de crecimiento y obligando a innumerables mujeres jóvenes a invertir mucho tiempo y dinero en una carrera (lo que no es necesariamente malo) cuando preferirían casarse y tener hijos. Hombres, si desean casarse, encuentren una mujer piadosa, trátenla bien, hablen con sus padres, háganle la pregunta, contraigan matrimonio y empiecen a tener hijos.21
Con esto no pretendo dar a entender que solo los hombres jóvenes pueden pecar y las mujeres jóvenes no. Asimismo, reconozco que puede haber otros factores atenuantes, como el feminismo y la decadencia cultural. Mi preocupación aquí es que algunos cristianos se acercan al matrimonio de forma subjetiva y perezosa, y me parece sensato exhortar a los hombres a que tomen valientemente la iniciativa y sean responsables.
Asimismo, cuando decidas qué hacer, ten cuidado con la mentalidad del evangelio de la prosperidad. Según el evangelio de la prosperidad, Dios recompensa el aumento de nuestra fe con un aumento de la salud y/o la riqueza. Pero eso es pervertir el evangelio. El evangelio es que Jesús vivió, murió y resucitó por los pecadores y que Dios te salvará si te alejas de tus pecados y confías en Su Hijo. No es verdad que Dios siempre bendice a Su pueblo obediente con salud y riqueza.
Al obedecer a Dios, es posible que sufras. Dios no promete que tu vida estará siempre libre de conflictos, dificultades y problemas. Al contrario, la Biblia dice: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2Ti 3:12 RVC). En la buena providencia divina, es normal que la gente piadosa sufra: es el caso de hombres como Job, José, Daniel, Jeremías y Pablo. Si sufres, eso no significa necesariamente que hayas tomado una mala decisión. Dios no promete que nunca te ocurrirá nada malo si te mantienes en el centro de Su voluntad. Sin embargo, podemos confiar en Dios, en que Cristo siempre estará con nosotros (Mt 28:20) y en que ninguna persona o cosa podrá oponerse con éxito a nosotros (Ro 8:31-39).
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Discusión y reflexión:
- ¿Cuál de estos cinco puntos es el más difícil para ti? ¿Por qué crees que es así?
- ¿Existe un problema de corazón o una creencia errónea detrás de esa dificultad?
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Conclusión: «Yo Era El León»
¿Cómo sería poder dar un vistazo a tu vida dentro de dos, cinco, diez, o veinticinco años? Tal vez te gustaría que Dios interpretara tu pasado y te revelara tu futuro, y te explicara cómo encaja lo que está sucediendo ahora en el panorama general. Pero ese no es el camino que Dios suele usar. No debes tomar decisiones pidiéndole a Dios que te revele tu futuro. Todo tendrá sentido a su debido tiempo. Por ahora, tu trabajo es confiar plenamente en Dios y no en ti mismo o en alguien más.
Me encanta cómo C. S. Lewis retrata esta verdad en El caballo y su muchacho cuando el león Aslan habla con el niño Shasta. Shasta, que piensa que está solo, comienza a quejarse: «Creo que debo de ser el chico más desgraciado del mundo. A todo el mundo le va bien las cosas menos a mí». Lewis añade: «Sintió tanta pena de sí mismo que las lágrimas corrieron por sus mejillas».22 Entonces, Shasta se da cuenta de repente de que alguien caminaba a su lado en la oscuridad más absoluta. Ese alguien es Aslan. Cuando Shasta le cuenta a Aslan sus penas, la respuesta de Aslan debería también servirnos de reprimenda y ánimo a los de poca fe:
[Shasta] le contó que no había conocido a sus padres y que el pescador lo había criado de un modo muy severo. Y luego le contó la historia de su huida y y el modo en que los persiguieron los leones y se vieron obligados a nadar para salvar la vida; y todos los peligros corridos en Tashbaan y la noche que había pasado entre las Tumbas y cómo las bestias le aullaban desde el desierto. Le habló también del calor y la sed padecidos durante el viaje por el desierto y que casi habían alcanzado su objetivo cuando otro león los persiguió e hirió a Aravis. También mencionó lo mucho que hacía que no probaba bocado.
—Yo no te llamo desafortunado —dijo la Gran Voz.
—No te parece mala suerte que me haya encontrado con tantos leones?
—inquirió él [Shasta].
—Solo había un león —declaró la Voz.
—Pero ¡qué dices! ¿No has oído que había al menos dos la primera noche, y…?
—Solo había uno: pero era muy veloz.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo era el león.
Y cuando Shasta se quedó boquiabierto e incapaz de decir nada, la Voz siguió:
—Yo era el león que te obligó a unirte a Aravis. Yo era el gato que te consoló entre las casas de los muertos. Yo era el león que alejó a los chacales de ti mientras dormías. Yo era el león que dio a los caballos las renovadas fuerzas del miedo durante los dos últimos kilómetros para que pudieras llegar ante el rey Lune a tiempo. Y yo fui el león que no recuerdas y que empujó el bote en el que yacías, una criatura al borde de la muerte, de modo que llegaras a la orilla donde estaba sentado un hombre, desvelado a medianoche, para recibirte.
—Entonces ¿fuiste tú quien hirió a Aravis?
—Fui yo.
—Pero ¿por qué?
—Niño —respondió la Voz—, te estoy contando tu historia, no la suya.
A cada uno le cuento su propia historia, y ninguna otra.
—¿Quién eres?
—Yo mismo —contestó la Voz, en un tono tan profundo y grave que la tierra tembló. Y repitió en tono fuerte, claro y alegre— Yo mismo. —Y luego una tercera vez—: Yo mismo. —Lo musitó tan quedo que apenas se oía y, sin embargo, el sonido pareció surgir de su alrededor, como si las hojas susurraran con él.
Shasta ya no temía que la Voz perteneciera a un ser que fuera a comérselo, ni que se tratara de la voz de un fantasma; pero una clase de temblor nuevo y distinto lo embargó. Aunque a la vez se sentía contento …
No obstante, tras echar una ojeada al rostro del león saltó de la silla y cayó a sus pies. No pudo decir nada, pero lo cierto era que tampoco deseaba decir nada y supo que no necesitaba decir nada.23
Los encuentros directos con Dios —como el de Aslan con Shasta— no son normales. No necesitas buscarlos porque Dios ya te ha dado lo que necesitas para ser fiel y fructífero. El diálogo entre Shasta y Aslan debería recordarte que Dios, que todo lo sabe, todo lo puede y todo lo hace bien, supervisa todas las cosas para tu bien, y que en esta vida no conocerás todas las formas y razones por las que Dios desarrolla Su plan para ti. Así que no estés ansioso y enfadado como Shasta. Confía en Dios y ponte en marcha. Elige sabiamente y sigue adelante.
Agradecimientos
Gracias a los amigos que amablemente ofrecieron sus comentarios sobre los borradores de este pequeño documento. Entre ellos, John Beckman, Bryan Blazosky, Tom Dodds, Abigail Dodds, Betsy Howard, Trent Hunter, Scott Jamison, Jeremy Kimble, Cynthia McGlothlin, Charles Naselli, Jenni Naselli, Kara Naselli, Hud Peters, John Piper, Joe Rigney, Jenny Rigney, Adrien Segal, Katie Semple, Steve Stein, Eric True y Joe Tyrpak.
Notas Finales
- Garry Friesen, con J. Robin Maxson, Decision Making and the Will of God: A Biblical Alternative to the Traditional View [Tus decisiones y la voluntad de Dios], 2 ed. (Sisters, OR: Multnomah, 2004), 35. Para un resumen del enfoque subjetivo, ver 21–35. Friesen escribió su tesis doctoral sobre «La voluntad de Dios en relación con la toma de decisiones» (Seminario Teológico de Dallas, 1978), y ha dedicado atención académica a este tema durante décadas. Lo que yo llamo el enfoque subjetivo, Friesen lo llama «el enfoque tradicional», ya que era prácticamente el único enfoque que escuchó enseñar a la gente mientras crecía.
- Andrew Murray, God’s Will: Our Dwelling Place [La voluntad de Dios: nuestra morada] (Springdale, PA: Whitaker House, 1982), 76–77 (cursiva original).
- Acerca de la suficiencia de las Escrituras, ver Stephen J. Wellum, Systematic Theology, Volume 1: From Canon to Concept [Teología Sistemática, Volumen 1: Del Canon al Concepto] (Brentwood, TN: B&H Academic, 2024), 338–349.
- Ver Andrew David Naselli y J. D. Crowley, Conscience: What It Is, How to Train It, and Loving Those Who Differ [La conciencia: qué es, cómo entrenarla y cómo amar a los que difieren] (Wheaton, IL: Crossway, 2016), 55–83.
- Ver Andrew David Naselli, Predestination: An Introduction [Predestinación: Una Introducción], Short Studies in Systematic Theology (Wheaton, IL: Crossway, 2024), cap. 7, 111–20. Acerca de la meticulosa soberanía de Dios y la responsabilidad humana, ver cap. 6, 79–110.
- Para consejos sobre cómo se aplica esto al casarse, ver Douglas Wilson, Get the Girl: How to Be the Kind of Man the Kind of Woman You Want to Marry Would Want to Marry [Consigue a la chica: Cómo ser el tipo de hombre con el que querría casarse el tipo de mujer con la que te quieres casar] (Moscú, ID: Canon, 2022), 29–38.
- Más tarde me enteré de que su respuesta era algo engañosa. En realidad, terminó la relación porque estaba preocupada por el carácter del chico, pero no quiso decírselo. Aunque no estaba obligada a explicárselo, entiendo por qué él se sintió frustrado y confundido. Ella optó por esconderse tras un velo místico de emociones santificadas en lugar de admitir una razón legítima: no quería seguir saliendo con él porque no lo consideraba el tipo de hombre al que estaría dispuesta a jurar someterse y respetar hasta que la muerte los separara. Esa es una prerrogativa que toda mujer tiene. Ella tiene todo el derecho de no casarse con un hombre si cree que es arrogante, incompetente, perezoso, poco atractivo, molesto, débil, indigno de confianza o cualquier otra razón válida. Es posible que estuviera aplicando la voluntad moral de Dios para honrarlo y haya llegado a la siguiente conclusión: «No creo que el Señor quiera que me case contigo».
- Garry Friesen, «Walking in Wisdom: The Wisdom View», en How Then Should We Choose? Three Views on God’s Will and Decision Making [¿Cómo debemos elegir? Tres perspectivas sobre la voluntad de Dios y las decisiones], ed. Douglas S. Huffman (Grand Rapids: Kregel, 2009), 105. Respecto a la teología de Keswick, ver Andrew David Naselli, No Quick Fix: Where Higher Life Theology Came From, What It Is, and Why It’s Harmful [Sin soluciones rápidas: De dónde vino la teología de una vida mejor, qué es y por qué es dañina] (Bellingham, WA: Lexham, 2017).
- John MacArthur, Found: God’s Will; Find the Direction and Purpose God Wants for Your Life [Encontrado: La voluntad de Dios; Descubre la dirección y el propósito que Dios tiene para ti], 3rd ed. (Colorado Springs, CO: Cook, 2012).
- Agustín, Ten Homilies on the First Epistle of John [Tratados sobre la primera carta de San Juan], Homily 7 (on 1 John 4:4-12), §8.
- Para saber cómo discernir si un hombre está llamado al ministerio pastoral, ver C. H. Spurgeon, «Lecture II: The Call to the Ministry», en Lectures to My Students: A Selection from Addresses Delivered to the Students of the Pastors’ College, Metropolitan Tabernacle [Lecciones a mis estudiantes: Una selección de discursos pronunciados a los estudiantes del Pastors’ College en el Metropolitan Tabernacle], Lectures to My Students 1 (Londres: Passmore and Alabaster, 1875), 35-65; James M. George, «The Call to Pastoral Ministry», en Rediscovering Pastoral Ministry: Shaping Contemporary Ministry with Biblical Mandates [Redescubriendo el ministerio pastoral: moldeando el ministerio contemporáneo de acuerdo con los mandatos bíblicos], ed. John MacArthur (Dallas: John MacArthur), 102-105; Jason K. Allen, Discerning Your Call to Ministry: How to Know for Sure and What to Do about It [Discerniendo tu vocación al ministerio: cómo estar seguro y qué hacer al respecto] (Chicago: Moody, 2016); Bobby Jamieson, The Path to Being a Pastor: A Guide for the Aspiring [El camino al pastorado: una guía para los aspirantes], 9Marks (Wheaton, IL: Crossway, 2021).
- New Oxford American Dictionary [Nuevo Diccionario Americano Oxford].
- Para más consejos sobre cómo interpretar la Biblia, ver Andrew David Naselli, How to Understand and Apply the New Testament: Twelve Steps from Exegesis to Theology [Cómo entender y aplicar el Nuevo Testamento: doce pasos de la exégesis a la teología] (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2017); D. A. Carson y Andrew David Naselli, Exegetical Fallacies [Falacias exegéticas], 3rd ed. (Grand Rapids: Baker Academic, en preparación).
- Vaughan Roberts, Authentic Church: True Spirituality in a Culture of Counterfeits [La Iglesia auténtica: Una verdadera espiritualidad frente a una cultura de falsificaciones] (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2011), 133. Usado con permiso.
- Ver Naselli and Crowley, Conscience [Conciencia], 32–44.
- Kevin DeYoung, Just Do Something: A Liberating Approach to Finding God’s Will; or, How to Make a Decision without Dreams, Visions, Fleeces, Open Doors, Random Bible Verses, Casting Lots, Liver Shiver, Writing in the Sky, Etc. [Solo haz algo: un enfoque liberador para encontrar la voluntad de Dios; o, cómo tomar una decisión sin sueños, visiones, hilos, puertas abiertas, versículos bíblicos al azar, echar a suertes, escalofríos en el estómago, escribir en el cielo, etc.] (Chicago: Moody, 2009).
- J. I. Packer, Keep in Step with the Spirit: Finding Fullness in Our Walk with God [Caminar en sintonía con el Espíritu: cómo encontrar la plenitud en nuestro andar con Dios], 2nd ed. (Grand Rapids: Baker Books, 2005), 128. Para una crítica de «soltar y dejar todo a Dios» como paradigma de la vida cristiana, ver Naselli, No Quick Fix [Sin soluciones rápidas].
- Comparar con Wayne Grudem, «Pleasing God by Our Obedience: A Neglected New Testament Teaching», en For the Fame of God’s Name: Essays in Honor of John Piper [Para la gloria del nombre de Dios: ensayos en honor de John Piper], ed. Sam Storms y Justin Taylor (Wheaton, IL: Crossway, 2010), 272–292.
- Ver John Piper, Desiring God: Meditations of a Christian Hedonist [Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano], 5th ed. (Wheaton: Crossway, 2025); Joe Rigney, The Things of Earth: Treasuring God by Enjoying His Gifts [Cosas terrenales: amando a Dios a través de sus dones], 2nd ed. (Moscú, ID: Canon, 2024).
- Cf. John Piper, Risk Is Right: Better to Lose Your Life Than to Waste It [Arriesgarse es lo correcto: Es mejor perder la vida que desperdiciarla] (Wheaton, IL: Crossway, 2013); Joe Rigney, Courage: How the Gospel Creates Christian Fortitude [El coraje: cómo el evangelio crea fortaleza cristiana], Union (Wheaton, IL: Crossway, 2023).
- DeYoung, Just Do Something [Solo haz algo], 108.
- C. S. Lewis, The Horse and His Boy [El caballo y su muchacho],
The Chronicles of Narnia (New York: HarperCollins, 1954), 161–162.
Acerca del autor
ANDREW DAVID NASELLI (PhD, Universidad Bob Jones; PhD, Escuela de Teología Evangélica Trinity) es profesor de teología sistemática y Nuevo Testamento en el Bethlehem College and Seminary de Minneapolis y pastor principal de la iglesia Christ the King Church en Stillwater, Minnesota. Andy y su esposa, Jenni, están casados desde 2004 y Dios les ha bendecido con cuatro hijas.