#17 El Sermón Del Monte
Introducción
El yugo de Jesús: el cristianismo como una vida de mentoría
A lo largo de los últimos dos mil años, hay un símbolo que ha sido central en el arte, la teología, la joyería, la arquitectura, los estandartes e incluso los tatuajes cristianos: la cruz. Las imágenes y estatuas de toda la cristiandad resaltan la cruz de Jesús. Innumerables sermones y libros hablan de la importancia de la cruz. Las iglesias y los ministerios suelen tener la palabra «cruz» en su nombre. Y hasta hace poco, la mayoría de las iglesias se construían en forma de cruz con el altar en el punto central.
Esta centralidad de la cruz es comprensible. Jesús murió voluntariamente una muerte sacrificial en una cruz (Mt 26:33-50). Jesús habló con regularidad de la necesidad de que Sus discípulos tomaran su propia cruz y lo siguieran (Mt 10:38; 16:24; Mr 8:34; Lc 14:27). El apóstol Pablo habló con frecuencia de la vida cristiana como una forma de abrazar la cruz de Cristo, incluyendo su dolor y vergüenza (1Co 1:17-28; Ga 6:14; Col 1:19-23).
Sin embargo, hay otro símbolo importante que Jesús utiliza y que no ha desempeñado un papel tan central en el pensamiento cristiano como la cruz, pero creo que debería: el yugo. Un estudio minucioso del Evangelio de Mateo muestra que, aunque solo se encuentra en un texto, el yugo es central para la teología y el propósito del Evangelio de Mateo y para todo el ministerio de Jesús. En Mateo 11:28-30, después de afirmar con valentía Su papel único como revelador de Dios (11:25-27), Jesús invita a las personas a tomar Su yugo sobre sus vidas.
Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera (Mt 11:28-30).
Tanto el yugo como la cruz están hechos de madera, pero el yugo es una imagen agrícola más que un símbolo de ejecución. El yugo representa a un granjero que guía pacientemente a un animal por una larga hilera del campo, dando dirección al buey o a la vaca mientras ara la tierra y prepara el terreno para la siembra.
Lo que Jesús quiere decir con Su invitación a tomar Su yugo sobre nuestros cuellos se explica de inmediato: significa «aprendan de Mí» (11:29). La palabra traducida «aprendan», es la misma palabra que se traduce como «convertirse en discípulo», es decir, una persona que se convierte en el estudiante de un maestro, que aprende de las palabras y el ejemplo de un experto. Mientras que la cruz habla de autosacrificio, el yugo habla de discipulado o mentoría. Esto es el cristianismo: la invitación de Jesús a aprender de Él el camino para encontrar el verdadero shalom, la vida floreciente para la que fuimos creados y que anhelamos. Jesús está diciendo que este verdadero descanso solo se encontrará al tomar Su yugo sobre nuestras vidas, convirtiéndonos en Sus discípulos, sometiéndonos a Él como nuestro verdadero mentor.
Audioguía
Audio#17 El Sermón Del Monte
Parte I: El Evangelio De Mateo Como Libro Para Hacer Discípulos
La imagen de Jesús como maestro, hacedor de discípulos y mentor se encuentra en todos los Evangelios, pero en ningún lugar tan claramente como en el Evangelio de Mateo. De principio a fin, el Evangelio de Mateo habla sobre el discipulado, y toda la historia está estructurada como un libro para hacer discípulos.
Cuando Juan el Bautista llega predicando, su mensaje es un llamado al arrepentimiento debido a la venida del reino de los cielos (Mt 3:2). Jesús dice exactamente lo mismo cuando comienza Su ministerio (Mt 4:17). El llamado al arrepentimiento no es un mensaje de condenación, sino de invitación. El llamado al arrepentimiento no es un mensaje de culpa acumulada, sino un llamado urgente a cambiar de una manera de ver y estar en el mundo al modo de la vida de Dios. El arrepentimiento es el lenguaje del discipulado.
La famosa y culminante conclusión de Mateo también enfatiza el discipulado. En Su «Gran Comisión» (Mt 28:16-20), Jesús envía a Sus discípulos con Su propia autoridad para «hacer discípulos» a personas de todas las naciones. Este discipulado es una mentoría de vida a vida arraigada en el Dios Trino (en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu) y se manifiesta como bautizar y enseñar a las personas. Bautizar es una invitación a las personas a identificarse con Jesús y entrar en la comunidad de Sus otros discípulos. Enseñar es una invitación a aprender a habitar el mundo de acuerdo con las instrucciones de Jesús con respecto a la doctrina, la moralidad, los hábitos y las sensibilidades que Jesús mismo modela. Esto es mentoría y no hay nada más central para el cristianismo que esto.
Pero este énfasis en el discipulado no se encuentra solo al principio y al final del Evangelio de Mateo. Entre el llamado inicial al arrepentimiento y la comisión final de ir y hacer discípulos, todo el Evangelio de Mateo se basa en una visión de hacer discípulos. Mateo comunica esto al estructurar la parte principal de su Evangelio en torno a cinco grandes bloques de enseñanza (capítulos 5 – 7, 10, 13, 18, 23 – 25). Estos bloques son recopilaciones de las enseñanzas de Jesús con el propósito de discipular.
En el mundo antiguo, se escribieron muchas biografías sobre maestros y filósofos famosos. Los dichos de un maestro a menudo se recopilaban en colecciones memorizables basadas en un tema, llamadas «epítomes». Si alguien quería aprender cierta filosofía de vida o religión, un epítome le proporcionaba un conjunto de instrucciones prácticas y accesibles para meditar y practicar en la vida real. Estos epítomes eran especialmente importantes porque muy pocas personas en el mundo antiguo tenían acceso a la educación, y la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir más allá de los signos básicos. Tener un bloque de enseñanzas memorizables basado en un tema era crucial para recibir mentoría.
Mateo, que es discípulo de Jesús y se comprometió a obedecer el mandato del Señor de hacer más discípulos, escribió una biografía magistral sobre Jesús el maestro con este propósito: invitar a las personas a arrepentirse y tomar el yugo de Jesús sobre sus vidas para que puedan encontrar la vida. En resumen, Mateo nos invita a ser guiados en el camino del discipulado cristiano del reino. Las historias de lo que hizo Jesús y las recopilaciones de Sus enseñanzas fueron esenciales para este objetivo.
El Evangelio de Mateo está organizado de esta manera, con los cinco bloques de enseñanza destacados:
- Orígenes y comienzos (1:1 – 4:22)
Introducción (1:1 – 4:16)
Puente (4:17-22) - Revelación y separación: en palabra y obra (4:23 – 9:38)
Primer epítome (5:1 – 7:29)
Primera narración (8:1 – 9:38) - Revelación y separación: como el Maestro, así los discípulos (10:1 – 12:50)
Segundo epítome (10:1 – 11:1)
Segunda narración (11:2 – 12:50) - Revelación y separación: un nuevo pueblo apartado de Dios(13:1 – 17:27)
Tercer epítome (13:1-53)
Tercera narración (13:54 – 17:27) - Revelación y separación: dentro y fuera de la nueva comunidad(18:1–20:34)
Cuarto epítome (18:1 – 19:1)
Cuarta narración (19:2 – 20:34) - Revelación y separación: juicio ahora y en el futuro (21:1 – 25:46)
Quinta narración (21:1 – 22:46)
Quinto epítome (23:1 – 25:46) - Finales y comienzos (26:1 – 28:20)
Puente (26:1-16)
Conclusión (26:17 – 28:20)
Por lo tanto, podemos ver que todo el Evangelio está dedicado a hacer discípulos y estos cinco epítomes brindan la mayor concentración de material de mentoría.
Centrados en lo famoso: el Sermón del monte
A lo largo de la historia de la iglesia, el primero de estos epítomes (Mateo5 – 7) ha sido la porción más influyente, predicada, estudiada, escrita y famosa de toda la Biblia. Al menos desde los días de Agustín, estos capítulos han recibido el título de «El Sermón del monte».
Las diferencias entre las denominaciones y las tradiciones teológicas se pueden rastrear hasta la forma en que interpretan estos capítulos fundamentales. A menudo describo el Sermón del monte como una tira reactiva de piscina que muestra los niveles de cloro, el equilibrio del pH y la alcalinidad. Si sumergiéramos a cualquier teólogo o denominación en el Sermón del monte, inmediatamente nos diría mucho sobre su comprensión y convicciones teológicos. Esto se debe a que el Sermón toca muchas verdades importantes, como la relación del Antiguo Testamento con las enseñanzas de Jesús, lo que significa ser justo a los ojos de Dios, cómo tratar a otras personas y cómo relacionarse con el dinero.
El Sermón del monte no nos da todo lo que queremos o necesitamos saber para ser discípulos fieles de Jesús. Pues es solo uno de los cinco bloques de enseñanzas de Mateo, de modo que es parte de otras enseñanzas de Mateo y también tenemos el resto de la Biblia. Pero el Sermón es famoso por una razón: es expansivo, profundo y fundamental para la vida del discipulado. Estos capítulos son un excelente lugar para comenzar a aprender a tomar el yugo de Jesús sobre nuestra vida y ser guiados por Él, el Rey de reyes y la Sabiduría de Dios encarnada.
Jesús concluye Su sermón más famoso con una imagen de dos personas que construyen la casa de sus vidas de diferentes maneras (Mt 7:24-27): una que es necia y otra que es sabia. La persona necia escucha las enseñanzas de Jesús, pero no hace nada con ellas. La persona sabia escucha y pone en práctica las palabras de Jesús. La razón por la que esta es la imagen final del Sermón es porque todo el mensaje de Mateo 5 – 7 es una invitación a la sabiduría. La sabiduría puede definirse como las maneras prácticas de vivir el mundo, las que están alineadas con el reino de Dios y que dan como resultado el verdadero florecimiento humano que anhelamos. Este es el discipulado al que Jesús nos invita. Este es el yugo que nos ofrece si estamos dispuestos a ser guiados por Él.
Así como todo el Evangelio de Mateo está estructurado intencionalmente, también lo está el Sermón del monte. El sermón no es una colección aleatoria de dichos de Jesús, sino un mensaje muy bien elaborado y bellamente estructurado. El sermón de Jesús está organizado de la siguiente manera:
- Introducción: el llamado al pueblo de Dios (5:3-16)
1. Nueve bienaventuranzas para el nuevo pueblo de Dios (5:3-12)
2. El testimonio del nuevo pacto del pueblo de Dios (5:13-16) - Tema principal: la mayor justicia (MJ) para el pueblo de Dios (5:17 – 7:12)
1. La MJ en relación con la obediencia a las leyes de Dios (5:17-48)
a. Proposición (5:17-20)
b. Seis exégesis/ejemplos (5:21-47)
c. Resumen (5:48)
2. La MJ en nuestra piedad hacia Dios (6:1-21)
a. Introducción: agradar al Padre en el cielo, no a los humanos (6:1)
b. Tres ejemplos (6:2-18)
** Excursus central sobre la oración (6:7-15)
c. Conclusión: Recompensas en el cielo, no en la tierra (6:19-21)
3. La MJ en nuestra relación con el mundo (6:19 – 7:12)
a. Introducción (6:19-21)
b. En relación con los bienes de este mundo (6:22-34)
c. En relación con la gente de este mundo (7:1-6)
c. Conclusión (7:7-12) - Conclusión: una invitación a la sabiduría a causa de la luz del futuro (7:13-27)
1. Dos tipos de caminos (7:13-14)
2. Dos tipos de profetas (7:15-23)
3. Dos tipos de constructores (7:24-27)
Como podemos ver, el Sermón sigue una estructura clásica de Introducción, Tema principal y Conclusión. Cada parte juega un papel en el mensaje general. Ese mensaje es una invitación a la sabiduría, a la vida de shalom y al florecimiento que se produce al tomar el yugo de Jesús sobre nuestras vidas.
En lo que sigue, repasaremos cada sección del Sermón de Jesús, buscando entender la sabiduría que enseña. No podremos decir todo lo que hay que decir sobre las enseñanzas de Jesús aquí,1 pero combinaremos algunas secciones y seguiremos el esquema general haciendo la pregunta: «¿Cómo es ser guiado por Jesús?».
—
Discusión y reflexión:
- ¿De qué maneras te sientes tentado a no vivir en el mundo según el reino de Dios?
- ¿En qué áreas de tu vida deseas ver un mayor florecimiento?
—
Parte II: Reestructurando Nuestras Nociones De Felicidad (5:3–16)
Como pastor, una de las preguntas que suelo hacer a la gente es: «¿Qué mensaje recibiste cuando estabas creciendo sobre cómo encontrar una buena vida?».
Esta es una pregunta muy importante que debemos hacernos porque todos recibimos algún tipo de mensaje, y ese mensaje ha seguido influyendo en el curso de nuestras vidas para bien o para mal, nos demos cuenta o no.
Todos a quienes les he hecho esta pregunta pueden encontrar una respuesta. Muchas personas responden de inmediato con un dicho breve que un padre, un tío o un mentor les dijo repetidamente. Dichos como:
- «Nunca trabajarás un día en tu vida si amas lo que haces».
- «Trabaja duro. Obtén buenas calificaciones. Encuentra un buen cónyuge».
- «Ama a Dios. Ama a los demás».«Vive con tu convicción en mente».
- «No te preocupes por lo que piensen los demás. Simplemente sé tú mismo».
O, si la Guerra de las galaxias jugó un papel importante, es posible que hayas escuchado:
- «Hazlo o no lo hagas, no hay intento» del Maestro Yoda.
A estos dichos breves y concisos los llamamos «aforismos». Los aforismos son palabras de sabiduría que nos guían a través de una gran cantidad de situaciones impredecibles de la vida. En el mundo antiguo, había un tipo de aforismo que usaban los maestros de la sabiduría, este era llamado macarismo, que procede palabra griega que significa ser verdaderamente feliz o florecer (makarios). Un macarismo es una declaración que describe una forma de vida que es buena y hermosa. Un macarismo es una invitación a adoptar una determinada mentalidad y un conjunto de hábitos para que podamos encontrar el verdadero florecimiento humano.
Los macarismos generalmente se usaban junto con sus opuestos: los ayes. Los ayes no son maldiciones. Son advertencias de que ciertas formas de habitar el mundo resultarán en pérdida y dolor. Así también, los macarismos no son bendiciones. Son invitaciones a la buena vida. Cuando se combinan, los macarismos y los ayes se describen a menudo como dos caminos o dos senderos de vida que divergen y terminan en experiencias muy diferentes.
Esta combinación de macarismos y ayes se encuentra en toda la Biblia como la invitación a la sabiduría divina, como la diferencia entre el camino de la vida y el camino de la destrucción. Por ejemplo, todo el libro de Proverbios está lleno de aforismos de este tipo, especialmente los primeros nueve capítulos, que se basan en la idea de dos caminos. El rey Salomón pinta un cuadro para su hijo de dos caminos diferentes para vivir; un camino traerá vida y el otro traerá destrucción. De la misma manera, el Salmo 1, comúnmente conocido como un salmo de sabiduría, describe dos caminos que la vida de las personas puede tomar: uno que existe bajo la influencia de los necios y el otro en el que una persona medita en las instrucciones de Dios y permite que esta sabiduría guíe su vida. El camino necio conduce a una vida que no es mejor que el polvo que se lleva el viento. El camino sabio se describe como un árbol frondoso plantado junto a una corriente de agua que da fruto durante muchos años.
Esto es exactamente lo que Jesús está diciendo en la parte inicial del Sermón. Como el último y fiel Hijo de David, el Rey del reino de Dios y la encarnación de la sabiduría misma, Jesús está ofreciendo a todas las personas la manera de habitar el mundo que promete la verdadera felicidad, no solo para esta era, sino también en la nueva creación eterna. Así es como Jesús introduce Su sermón, con nueve macarismos sobre la vida verdaderamente buena.
Durante al menos 1.500 años, estos macarismos iniciales han sido llamados Las bienaventuranzas. Esta descripción proviene de la palabra latina béatus que significa lo mismo que makarios: «feliz» o «floreciente». Los cristianos siempre han entendido Mateo 5:3-12 como invitaciones a la vida verdaderamente floreciente que se puede encontrar a través de Jesús, el mismo Jesús que dijo en otro lugar que había venido «que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Jn 10:10).
Sin embargo, hoy en día hay mucha confusión sobre lo que son Las bienaventuranzas. Casi todas las Biblias modernas traducen las declaraciones de Jesús sobre el macarismo con la expresión «bienaventurados». «Bienaventurados los pobres en espíritu… bienaventurados los que lloran», etc. Esta es una idea muy diferente. Si leemos las bienaventuranzas de Jesús como declaraciones de bendición, entonces debemos preguntarnos qué significa esto. ¿Está diciendo Jesús que Dios bendecirá a las personas que vivan de la manera que describe en 5:3-12? ¿Son estos nuevos requisitos de entrada para ingresar al reino? ¿O simplemente están describiendo el tipo de personas que serán bendecidas por Dios cuando venga el reino (lo que todavía equivale a algo así como un requisito)? Estas preguntas no entienden la naturaleza de un macarismo. Con las bienaventuranzas, Jesús nos invita a adoptar Su verdadera comprensión del mundo para que podamos encontrar la vida verdadera. No son requisitos de entrada ni meras declaraciones sobre el futuro. Son una nueva visión de cómo encontrar la vida verdadera al seguirlo.
Lo que es chocante no es que Jesús nos pinte un cuadro de la vida verdaderamente floreciente. Lo que es chocante es la forma en que describe esta vida en el reino de Dios. Los macarismos de Jesús no son en absoluto lo que cualquiera de nosotros esperaría o desearía naturalmente. Cuando leemos las nueve declaraciones de Jesús sobre dónde se encuentra la vida verdadera, con la excepción de una, ¡todas sus declaraciones son inesperadamente negativas!
- Florecientes [«bienaventurados»] los pobres de espíritu…
- Florecientes los que lloran…
- Florecientes los humildes…
- Florecientes los que tienen hambre y sed de justicia…
- Florecientes los misericordiosos…
- Florecientes los de limpio de corazón… [el único potencialmente positivo]Florecientes los que procuran la paz…
- Florecientes que han sido perseguidos por causa de la justicia…
- Florecientes serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí…
Observa estas imágenes: pobreza, duelo, mansedumbre, hambre y sed, persecución. Las nociones de pacificación y misericordia pueden sonar más positivas, pero también son imágenes negativas al renunciar a nuestros derechos en la búsqueda de reconciliar las relaciones con los demás.
¿Qué está pasando aquí? La clave para entender los macarismos de Jesús es prestar atención a lo que dice también en la segunda mitad:
- …pues de ellos es el reino de los cielos.
- …pues ellos serán consolados.
- …pues ellos heredarán la tierra.
- …pues ellos serán saciados.
- …pues ellos recibirán misericordia.
- …pues ellos verán a Dios.
- …pues ellos serán llamados hijos de Dios.
- …pues de ellos es el reino de los cielos.
Jesús está reestructurando nuestras nociones de la buena vida al invitarnos a orientar nuestras vidas en torno a nuestra relación con Dios como el que proveerá todo lo que anhelamos y necesitamos. La razón por la que puede decir que estos estados negativos (humildad, duelo, pérdida de poder, renunciar a los derechos al perdonar a los demás, aceptar el maltrato y la persecución) son felicidad, es porque en esos lugares nuestros corazones se redirigen a Dios y Él nos encuentra allí. La clave para una vida verdaderamente buena, dice Jesús, se encuentra en una reorientación de nuestras vidas hacia Dios y Su reino (ver Mt 6:33), incluyendo el hecho de que esto implicará sufrimiento, pérdida y dolor en medio de la verdadera felicidad.
De esto tratan los famosos versículos de «sal y luz» en Mateo 5:13-16. Jesús está llamando a Sus discípulos a seguir Sus caminos en el mundo, a ser heraldos del mensaje del nuevo pacto que Él está trayendo al mundo. Debido a que esto traerá oposición y pérdida (ver especialmente Mateo 10), Sus discípulos se sentirán tentados a alejarse de los caminos de Jesús, y con eso, dejar de ser salados y ocultar su luz. Pero este no es el camino del discipulado. En cambio, Jesús dice: «Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos» (Mt 5:16).
Entonces, ¿cuál es el mensaje de mentoría aquí?
Todos deseamos vivir una vida significativa y feliz. Jesús y la Biblia no se oponen a esto. De hecho, Jesús comienza Su primer sermón en el Nuevo Testamento con este mensaje. Nuestro problema no es el deseo de felicidad, sino nuestra necedad y ceguera al tratar de encontrarla en lugares distintos a Dios. Como dijo C. S. Lewis,
Parece que nuestro Señor no encuentra nuestros deseos demasiado fuertes, sino demasiado débiles. Somos criaturas a medias, que jugamos con la bebida, el sexo y la ambición cuando se nos ofrece una alegría infinita, como un niño ignorante que quiere seguir haciendo pasteles de barro en un barrio pobre porque no puede imaginar lo que significa la oferta de unas vacaciones en el mar. Nos satisfacemos con demasiada facilidad (El peso de la gloria).
Aquí, al comienzo del Sermón, Jesús nos invita a tomar Su yugo de mentor para reestructurar nuestras nociones de la buena vida en torno a Dios y Su reino venidero, siguiendo los caminos de la misericordia, la humildad, el sufrimiento y el anhelo que el mismo Jesús modela.
—
Discusión y reflexión:
- ¿En qué se parece o se diferencia esta explicación de las bienaventuranzas de Jesús de cómo las has entendido anteriormente?
- ¿Por qué deberíamos querer asumir el yugo del mentoreo de Jesús, viviendo en la sabiduría del Sermón del monte?
—
Parte III: ¿Qué Es Importante Para Dios En Nuestras Relaciones Con Los Demás? (5:17-48)
Una de las preguntas más desconcertantes y complicadas para los cristianos, es cómo pensar acerca del Antiguo Testamento y sus enseñanzas en relación con el Nuevo Testamento. ¿Los mandamientos del Antiguo Testamento todavía se aplican a los cristianos? ¿Dios espera lo mismo de Su pueblo en el Nuevo Testamento que en el Antiguo?
Diferentes teólogos y denominaciones han llegado a conclusiones muy variadas sobre estas preguntas importantes, y dos mil años de reflexión no las han resuelto por completo. Estas no son meramente preguntas académicas. Son preguntas que afectan la forma en que pensamos acerca de Dios, y hablan sobre qué partes del Antiguo Testamento, si las hay, continúan aplicándose diariamente al pueblo de Dios en el nuevo pacto.
Estas enormes preguntas están en el corazón de la parte principal del sermón de Jesús (5:17 – 7:12). No podemos resolver el dilema completamente a partir de estos versículos; necesitamos todo el Nuevo Testamento para darle sentido. Pero esta parte del Sermón es la sección más importante de la respuesta del cristianismo a estas interrogantes.
Jesús aborda directamente el tema de la Torá (las instrucciones mosaicas) en relación con el cristianismo en Mateo 5:17: «No piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir». En esta profunda declaración, Jesús afirma simultáneamente la bondad de lo que Dios hizo y ordenó en la historia de Israel y, al mismo tiempo, indica que algo nuevo y diferente está llegando a través de Él. Jesús afirma tanto la continuidad como la discontinuidad entre el Antiguo Testamento/judaísmo y el cristianismo. Él no está aboliendo, sino que está cumpliendo.
Las muchas cosas que Jesús dice acerca de hacer la voluntad de Dios en Mateo 5:17 – 7:12 exponen y explican cómo se ven esta continuidad y discontinuidad. La discontinuidad se encuentra en Jesús sirviendo como el árbitro final e intérprete de la voluntad de Dios. Jesús ejerce Su autoridad para pronunciar definitivamente cómo interpretar la ley y los profetas («Ustedes han oído que se dijo, pero yo les digo…»). Al final del Sermón, Jesús reitera que son Sus palabras las que ahora son la palabra final: «Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca» (Mt 7:24).
Mientras seguimos leyendo en Mateo, vemos que Jesús sigue reivindicando la autoridad divina, como la capacidad de perdonar el pecado (Mt 9:6), ejercer el control sobre la naturaleza misma (Mt 14:13-33) y la proclamación de que nadie puede conocer a Dios sino por medio de Él (Mt 11:25-27). Esta «toda autoridad [que] me ha sido dada en el cielo y en la tierra» que posee plenamente después de Su resurrección (28:18-20) se transfiere a Su iglesia, el grupo permanente de Sus discípulos en todo el mundo (Mt 18:18-20; 10:40; 21:21). Todo esto es discontinuidad. Hay una nueva era, un nuevo pacto entre Dios y la humanidad que está disponible para cualquiera que lo siga en la fe (Mt 26:28), ya sea judío o gentil, aparte del antiguo pacto mosaico (Ro 3:21-26; Ga 3:15-29; Heb 9:15-28).
Pero también hay continuidad entre lo que Dios ha dicho en el pasado y lo que Jesús está enseñando ahora. Dios no ha cambiado, y Su voluntad y justicia no han cambiado. Los cristianos son parte de un nuevo pacto con Cristo como mediador, pero el corazón de lo que Dios quiere para Su pueblo no ha cambiado, porque Él nunca ordena nada que no esté de acuerdo con quién es Él. Los aspectos específicos judíos del pacto mosaico han terminado porque su propósito se ha cumplido: levantar la descendencia, Jesús, que cumpliría las promesas a Abraham de bendecir a todas las naciones (Ga 3:15-29). Hay un nuevo pacto al que todos, judíos o gentiles, deben pertenecer para ser el pueblo de Dios. Pero la esencia de la voluntad de Dios para Sus criaturas no ha cambiado. De eso se trata Mateo 5:17 – 7:12.
La declaración que guía y sirve como fundamento para todas las enseñanzas de Jesús se encuentra en Mateo 5:20: «Si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos». Al principio, esto puede parecer como si Jesús estuviera diciendo que tenemos que hacer cosas aún más justas que los santos del Antiguo Testamento y, especialmente, los muy piadosos fariseos. Esta no es una perspectiva agradable. Tampoco es el punto de Jesús. Más bien, Su punto es que debemos tener una justicia que no sea solo externa (comportamiento), sino también interna (en el corazón). La «justicia no supera la de los escribas y fariseos» es tanto externa como interna. No es una mayor cantidad de cosas justas que hacemos en nuestro comportamiento, sino más bien, es un comportamiento que está arraigado en un corazón que ve y ama a Dios.
Lo que Jesús está diciendo aquí está en completa continuidad con todo lo que Dios dijo en el Antiguo Testamento; Dios siempre ha visto y se ha preocupado por nuestros corazones, no solo por nuestras acciones. Ser santo es ser íntegro. Las buenas obras con un corazón muerto no son lo que Dios quiere. Debemos ser íntegros/consistentes así como nuestro Padre celestial es íntegro/consistente (Mt 5:48, que es lo que significa «perfecto» allí). Esto es lo que Jesús está enseñando a lo largo de Mateo 5:17 – 7:12.
Entonces, ¿cuál es el mensaje de mentoría aquí en Mateo 5:17-48?
En pocas palabras: ser un discípulo mentoreado por Jesús, significa que debemos mirar dentro de nuestros corazones, no solo concentrarnos en nuestro buen comportamiento externo. Jesús aplica esta idea de «mayor justicia» de la persona completa a seis formas en que nos relacionamos con otras personas. La siguiente lista proporciona ejemplos. No son un conjunto completo de instrucciones, pero tienen el propósito de reentrenar nuestro pensamiento sobre la importancia de nuestros corazones cuando nos relacionamos unos con otros.
- El primer ejemplo se refiere a la ira, el resentimiento y el odio hacia otras personas (Mt 5:21-26). Jesús reconoce que el asesinato está mal. Pero insiste en el tema del corazón bajo el acto máximo del asesinato: la ira y el resentimiento hacia otra persona. Jesús desafía a Sus discípulos a mirar hacia dentro y a abordar el problema desde su raíz.
- El segundo y tercer ejemplo se refieren a la poderosa experiencia humana de la sexualidad y su manifestación en el matrimonio
- (Mt 5:27-32). El adulterio está mal, afirma Jesús. Pero los discípulos no pueden estar satisfechos de no haber cometido adulterio cuando sus corazones están llenos de lujuria (Mt 5:27-30). Los discípulos no pueden tratar el vínculo sagrado del matrimonio desde la posición de un corazón endurecido y, por lo tanto, divorciarse a la ligera (Mt 5:31-32; ver explicación adicional en Mt 19:1-10).En el cuarto ejemplo, Jesús habla de ser una persona completa en cuanto al cumplimiento de nuestras palabras (Mt 5:33-37). Si uno hace un compromiso externo o una promesa, debe ir acompañado de una voluntad interna de hacer lo que se dijo.
- En el quinto y sexto ejemplo, Jesús enfatiza la necesidad de integridad en las relaciones más difíciles: aquellos que nos hacen daño y aquellos que son nuestros enemigos (Mt 5:38-48). En ambos casos, Jesús llama a Sus discípulos a pasar de un corazón vengativo a uno de amor. Así como Dios Padre es misericordioso con Sus hijos y Sus enemigos, también los discípulos de Jesús deben serlo con sus enemigos.
—
Discusión y reflexión:
- ¿Por qué Dios no quiere que solo nuestras acciones se alineen con Su Palabra?
- ¿Cómo te ha desafiado Mateo 5:17-48 con respecto a tus relaciones?
—
Parte IV: ¿Qué Es Importante Para Dios En Nuestra Relación Con Él? (6:1-21)
En 5:17-20, Jesús ha declarado claramente que lo que está enseñando no se opone a lo que Dios dijo en el pasado. Sino que está trayendo el Nuevo Pacto, el que verdaderamente redefine quiénes son el pueblo de Dios y cómo tener acceso a Dios, solo a través de Él. Pero la justicia que Dios requiere no ha cambiado. Debemos ser transformados en nuestros corazones, no solo en nuestro comportamiento externo. Jesús ahora aplica esto a nuestras prácticas espirituales realizadas para honrar a Dios.
En Mateo 6:1, Jesús establece claramente cómo el principio de plenitud/mayor justicia se aplica a nuestras prácticas espirituales. Los discípulos deben ser cuidadosos y estar atentos no solo a sus prácticas, sino también a sus motivos: «Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos». Nuestros motivos a nivel del corazón importan, no solo las cosas que hacemos.
Jesús da tres ejemplos reales de las buenas y malas maneras de practicar nuestra piedad: la limosna, la oración y el ayuno. No se trata de una lista exhaustiva de prácticas espirituales, sino de modelos de cómo poner en práctica lo que Él enseña. Cada una de estas prácticas es buena; Jesús no las critica, pero en cada caso, los discípulos deben prestar atención a sus motivaciones internas.
En Mateo 6:2-4, Jesús habla de la buena práctica de dar dinero a los necesitados. La limosna es diferente del diezmo y otras formas de dar para apoyar el templo o la iglesia. Es una donación sacrificial para las necesidades específicas de las personas. La limosna es parte del cuidado de los pobres que Dios ordenó a lo largo del Antiguo Testamento (Dt 15:7-11; Sal 41:1; Ga 2:10; Stg 2:14-17). Jesús no cambia el mandamiento, pero señala que es posible hacer esta buena obra de manera abierta y llamativa con el propósito de ganar el honor y el respeto de los demás. Los verdaderos discípulos se resistirán a ese motivo y ayudarán a los necesitados de maneras que no busquen mejorar su imagen ante los demás. Esto no significa que todo lo que se dé debe ser necesariamente en sobres por medio de otras personas para que nadie sepa quién dio el dinero. Esto no significa que si ayudamos a alguien a mover sus muebles, tengamos que aparecer con un pasamontañas, sin nuestras placas de matrícula y con nuestras voces alteradas para que nadie sepa que somos nosotros los que ayudamos. Sin embargo, lo que sí significa, es que debemos estar atentos a nosotros mismos y prestar atención a nuestros motivos, resistiendo el engrandecimiento personal.
En Mateo 6:5-6, Jesús se dirige a nuestra vida de oración. Al igual que con dar para ayudar a los necesitados, es posible orar de tal manera que nos proporcione el honor y respeto de los demás. Es posible convertirse en un orador profesional muy hábil, cuya elocuencia y aparición pública se conviertan en una fuente de autopromoción. Los discípulos de Jesús deben resistir esta tentación, en cambio deben centrarse en orar al Padre de una manera sincera y personal, no en orar de forma fingida. Al igual que con la limosna, esto no significa que nunca podamos orar en público o en grupo. El Antiguo y el Nuevo Testamento y la historia de la iglesia están llenos de buenos ejemplos de oración con otros. Sin embargo, sí significa que debemos ser sensibles a la posibilidad de orar con motivos de ganar honor.
Mientras Jesús está en este tema, profundiza más en el asunto de cómo debe ser nuestra oración al darnos lo que se llama el Padre Nuestro (Mt 6:9-13). Los discípulos de Jesús no deben acercarse a Dios como lo hacen los paganos, balbuceando con muchas palabras para tratar de convencer a un Dios distante de que los escuche, como si la oración fuera un conjuro mágico (Mt 6:7). Más bien, los cristianos conocemos a Dios como Padre, tal como lo conoce Jesús, y, por lo tanto, podemos orar de una manera diferente. En el Padre Nuestro, Jesús ofrece pautas para el tipo de oración que no es para autopromoción, sino que es sincera y está dirigida a Dios en una relación real con Él.
En Mateo 6:18-19, Jesús da Su tercer ejemplo de cómo es la piedad integral, esta vez hablando del ayuno. El ayuno —abstenerse de comer durante un tiempo dedicado a centrarse en nuestra dependencia de Dios— es algo que los judíos y los cristianos han practicado durante milenios. Jesús espera y recomienda esta práctica entre Sus discípulos. Sin embargo, al igual que con la limosna y la oración, es muy fácil ejercer la buena práctica del ayuno de una manera que busque el honor de los demás. Es posible ayunar de una manera que llame la atención sobre la propia piedad. En cambio, Jesús invita a Sus discípulos a una forma diferente de ayuno, centrándose no en la apariencia externa, sino en la estrecha conexión con Dios como Padre.
Jesús concluye esta triple discusión sobre prestar atención a nuestros corazones en actos de piedad con una exhortación final: «No acumulen para sí tesoros en la tierra» donde pueden ser destruidos, sino más bien «acumulen tesoros en el cielo» donde no pueden ser destruidos
(Mt 6:19-20). Esta es otra manera de decir lo que dijo en Mateo 6:1, donde advirtió que, si practican su piedad con motivos equivocados, «no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos». En cada ejemplo, Jesús usa exactamente el mismo lenguaje: los motivos del corazón marcan la diferencia entre recibir una recompensa del Padre en los cielos (Mt 6:4, 6, 18) o la «recompensa» temporal y fugaz de la alabanza de otras personas, que en realidad no es ninguna recompensa (Mt 6:2, 5, 16).
Entonces, ¿cuál es el mensaje de mentoría en Mateo 6:1-21?
Una vez más: ser un discípulo de Jesús significa que debemos mirar dentro de nuestros corazones, no solo afuera, a nuestra buena conducta. Los actos de piedad (limosna, oración y ayuno) son buenos porque dan forma a nuestras vidas. Pero esa justicia externa es insuficiente si no examinamos nuestros corazones y motivos. Los fariseos son un modelo del potencial de ser una buena persona religiosa, pero no tener una verdadera relación con Dios Padre.
Una vez que empezamos a escuchar este mensaje de Jesús, es fácil caer en la desesperación y la desmotivación, porque una persona honesta sabe que los motivos nunca son completamente claros y puros. Incluso cuando buscamos la sinceridad completa, nuestro dar a los demás, nuestra oración, nuestro ayuno, nuestra enseñanza, nuestra evangelización, etc., nunca están libres de impurezas. El objetivo de Jesús no es paralizarnos con una introspección enfermiza que nos impida hacer el bien hasta que sepamos que nuestros corazones son totalmente puros. Eso no sucederá hasta que seamos completamente redimidos en la nueva creación. En cambio, Jesús está llamando a Sus discípulos a vivir conscientes de sus corazones. A medida que tomamos Su yugo del discipulado sobre nuestras vidas, esto moldeará nuestros motivos, sensibilidades y afectos. Tendremos temporadas de crecimiento y temporadas de sequía. Progresaremos en un área de nuestro corazón y tropezaremos en otras. Pero con el tiempo, veremos un crecimiento en plenitud a medida que aprendemos de Él.
—
Discusión y reflexión:
- ¿Cómo sería en tu vida diaria orar a Dios como tu «Padre celestial»?
- ¿De qué manera te sientes tentado a realizar prácticas espirituales para obtener la aprobación y el honor de las personas, en lugar de honrar a Dios?
- ¿Te cuesta obedecer a Jesús cuando sabes que tus motivaciones no son cien por ciento puras? ¿Por qué deberías dar el siguiente paso de fidelidad?
—
Parte V: ¿Qué Es Importante Para Dios En Nuestra Relación Con Las Cosas Y Las Personas Del Mundo? (6:19 – 7:12)
En los escritos griegos antiguos, los autores solían hacer ingeniosos juegos de palabras, utilizando las mismas palabras para comunicar dos ideas diferentes, de forma muy similar a lo que todavía hacemos en la poesía y las letras de las canciones de hoy. En Mateo 6:19-21, Jesús hace exactamente eso. La exhortación a acumular tesoros en el cielo en lugar de en la tierra es la conclusión de lo que Jesús estaba diciendo sobre las recompensas espirituales en Mateo 6:1-18. Al mismo tiempo, la exhortación a acumular tesoros en el cielo en lugar de en la tierra también es la introducción a Mateo 6:22 – 7:12.
En esta tercera parte de la sección principal del Sermón (6:19 – 7:12), Jesús continúa con el mismo mensaje: ser justo es más que tener un comportamiento externo piadoso; también debe provenir de un corazón transformado. La justicia que es solo superficial es insuficiente (Mt 5:20). En cambio, ser discípulo es ser alguien que busca la plenitud: vivir alineado con la voluntad del Padre tanto interior como exteriormente (Mt 5:48).
En Mateo 6:19 – 7:12, Jesús aplica el tema de la plenitud a la relación de los discípulos con los bienes y las personas del mundo, con el dinero y las relaciones. Lo que atesoramos se convierte en lo que amamos y en lo que somos interiormente. Esto es lo que Jesús quiere decir cuando dice: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:21). Jesús primero muestra cómo funciona este principio del tesoro del corazón en la relación del discípulo con el dinero. Usando una imagen que es menos familiar para los lectores modernos, Jesús señala que el dinero tiene el potencial de hacer que nuestros corazones se vuelvan avariciosos y celosos. El ojo malo o avaricioso oscurece toda el alma (Mt 6:22-24). Luego describe el intento de buscar al dinero y a Dios al mismo tiempo, como la tarea imposible de servir a dos amos diferentes y opuestos. El resultado será lealtad a uno y deslealtad al otro. No hay manera de amar verdaderamente a Dios y a las riquezas (Mt 6:24).
Llevando esta idea más profundo, Jesús aborda el tema de la ansiedad por el dinero y todo lo que éste puede proporcionarnos (Mt 6:25-34). Por supuesto, la vida como humano siempre está llena de preocupaciones y ansiedades; es muy natural tener inquietudes sobre nuestro futuro, nuestros hijos y nietos, amigos, iglesia, país y el mundo. Jesús no está condenando las preocupaciones naturales, ni recomendando una vida desapegada y sin emociones. Pero sí señala que cuando tratamos de servir a Dios y al dinero, el resultado no es la seguridad y la alegría que esperamos. Cuando tratamos de proveer para nosotros mismos mientras decimos que confiamos en el Padre, el resultado no es la seguridad y la paz que pensamos que esto traerá. Más bien, sucederá todo lo contrario, pues este tipo de doblez de corazón crea ansiedad. La ansiedad por el dinero y todo lo que éste puede proporcionarnos es el resultado inevitable de tratar de vivir una vida dividida entre el presente y un futuro imaginado. Esta división del alma es lo opuesto a la plenitud (Mt 5:48) y, por lo tanto, no traerá prosperidad, sino más incertidumbre.
Los medios para evitar este intento de amar a Dios y al dinero que crea ansiedad son dos. Los discípulos de Jesús (1) deben recordar conscientemente el cuidado y la provisión de su Padre celestial, y (2) deben reorientar los compromisos de su vida, de todo corazón, hacia el reino venidero.
Para recordar el cuidado del Padre celestial, no necesitamos mirar más allá de la creación misma. Las aves no tienen la capacidad de plantar campos y, sin embargo, Dios provee para ellos (Mt 6:26). Los lirios no tienen la capacidad de coser ropa y, sin embargo, Dios provee para ellos (Mt 6:28-29). Los hijos de Dios valen infinitamente más que las aves que mueren y los lirios que se marchitan. Por lo tanto, podemos estar seguros de que Dios proveerá para nosotros. Debemos recordarnos conscientemente Su cuidado paternal para calmar nuestros corazones ansiosos.
En última instancia, también debemos reorientar conscientemente nuestra energía, compromisos en el calendario y cuentas bancarias hacia las prioridades del reino. Jesús invita a Sus discípulos a buscar «primero Su reino y Su justicia» con la promesa de que, si hacemos esto, Dios proveerá todas nuestras necesidades diarias (Mt 6:33).
En Mateo 7:1-6, Jesús continúa enseñándonos que los discípulos del reino son aquellos que examinan humildemente sus corazones en cómo evalúan y juzgan a los demás. Compararnos con otros e intentar dar sentido a nuestra identidad criticando a otras personas no es el estilo de vida ni la justicia que excede la de los escribas y fariseos (Mt 5:20). Para redirigirnos, Jesús da una seria advertencia de que, tarde o temprano, la forma en que evaluamos a los demás se volverá justamente contra nosotros (Mt 7:1). Para enfatizar el punto, Jesús da la imagen cómica de una persona que intenta sacar una mota de polvo del ojo de otra persona mientras tiene una enorme viga que sobresale del suyo (Mt 7:1-5). Esto nos recuerda la parábola de Jesús sobre el siervo a quien se le perdonó mucho, pero luego se negó a perdonar a su consiervo (Mt 18:21-35). Los discípulos de Jesús son aquellos que, en cambio, viven con sabiduría en su forma de interactuar con los demás (Mt 7:6) y cuyas vidas están marcadas por la misericordia, la compasión y el perdón (Mt 5:7, 9, 21-26, 43-48).
Para concluir la sección principal del sermón, Jesús dirige palabras de gran consuelo y aliento a Sus discípulos sobre el cuidado misericordioso del Padre celestial (Mt 7:7-11). Dios Padre no es como otros dioses del mundo antiguo: cambiante, poco confiable, en última instancia lejano, sin forma de conocerlo. Más bien, es un Padre que con alegría, generosidad y de todo corazón da buenos regalos a Sus hijos. Solo tenemos que pedir.
Todas las enseñanzas de Jesús sobre vivir con todo el corazón en relación con los bienes y las personas del mundo (6:19 – 7:12) se pueden resumir con la memorable frase de Jesús: «Todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas» (Mt 7:12). Jesús no vino a abolir la ley y los profetas, sino a cumplirlos (Mt 5:17). Está trayendo un Nuevo Pacto y la redefinición del pueblo de Dios como todos aquellos que lo siguen. Dios siempre ha visto y se ha preocupado por nuestra persona interior, nuestros corazones. Dios quiere que vivamos en los caminos de Su reino, pero esta justicia no debe ser meramente externa, sino también interna. A medida que busquemos Su reino, en esta clase de justicia a través de una relación con Dios como Padre, comenzaremos a encontrar el florecimiento o las bienaventuranzas que Jesús mencionó en Mateo 5:3-12.
Entonces, ¿cuál es el mensaje de mentoría en 6:19 – 7:12?
El tema del dinero en nuestras vidas es siempre muy personal. El dinero, la riqueza y las cosas del mundo son realidades con las que todos luchamos en algún grado, y la mayoría de las personas en gran medida. Como se ha observado, la persona que dice que la riqueza no le afecta es como el alcohólico que dice que puede tomar un trago más. El dinero y todo lo que nos proporciona tocan puntos del corazón relacionados con nuestra seguridad, identidad y valor.
Jesús no se avergüenza de abordar nuestra relación con el dinero, y con razón. Su invitación a un verdadero florecimiento humano a través de la plenitud exige que miremos hacia nuestro interior y prestemos una atención diligente a las formas en que somos tentados a acumular tesoros en la tierra en lugar de acumular en el cielo, las formas en que tan a menudo tratamos de servir a dos señores a la vez: Dios y la riqueza. El resultado de esta vida dividida no es la paz sino la ansiedad. Por lo tanto, el discípulo que recibe mentoría estará dispuesto a dejar que Jesús hable a su vida en este nivel central del dinero y todas las cosas que éste promete proporcionar, reorientando consciente y continuamente el compromiso de buscar «primero Su reino y Su justicia» (Mt 6:33).
Lo mismo ocurre con nuestras relaciones con los demás. La honestidad a nivel del corazón requiere que prestemos atención a todas las formas en que tendemos a juzgar y criticar a los demás. Ser un discípulo que acepta la mentoría es ser alguien que hace el trabajo diligente de resistir esta postura crítica hacia los demás. En cambio, nos volvemos humildemente a Dios como Padre y le pedimos que quite la viga de nuestro ojo.
El deseo del Padre para Sus hijos es que encuentren libertad, paz y prosperidad en su relación con los bienes y las personas del mundo. Esto solo sucederá si abrimos nuestro corazón a este trabajo interior que nos hará completos.
—
Discusión y reflexión:
- ¿Cómo se ha manifestado en tu vida la ansiedad por el dinero y todo lo que ofrece? ¿En qué áreas necesitas buscar más plenamente, primero, el reino de Dios?
- ¿Por qué es fácil ver las faltas de los demás, pero no las nuestras? ¿Cómo puedes invitar a la rendición de cuentas a tu vida para que puedas ver las diversas «vigas» en tu ojo?
—
Parte VI: La Invitación De Jesús A Una Vida De Sabiduría Y Prosperidad (7:13-27)
Como se dijo anteriormente, el Sermón del monte está estructurado en tres partes: la invitación a la florecimiento y el shalom (5:3-16), el tema principal de la verdadera justicia, que significa ser coherentes en nuestras acciones y corazones (5:17 – 7:12), y, por último, una serie de invitaciones a encontrar la vida verdadera (7:13-27). Estas partes no están desconectadas. Todas pueden resumirse bajo la idea general de la sabiduría. La sabiduría es la gran categoría de la Biblia para describir la voluntad de Dios para Su pueblo y los medios por los cuales encontramos shalom, paz y florecimiento. La sabiduría se describe como estar con Dios en el principio, invitando a todas las personas a encontrar la vida mediante la reorientación de sus vidas hacia los caminos de Dios (Pr 8:1-36). Y, en última instancia, la sabiduría se convierte en una persona: Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado (1Co 1:24; ver también Mt 11:25-30).
Todo el Sermón del monte debe considerarse como una invitación a la sabiduría, al igual que el libro de Proverbios, el Salmo 1, la epístola de Santiago y muchas otras partes de la Biblia. Si esto no resulta claro para el oyente/lector del Sermón hasta ahora, se volverá sumamente claro en la conclusión de Jesús.
Por lo general, se describe la sabiduría en contraste con su opuesto, la necedad. Nuestras vidas se describen como un camino con constantes bifurcaciones en el camino. Podemos elegir el camino de la necedad que resulta en pérdida, dolor y destrucción. O podemos elegir el camino de la sabiduría que resulta en vida, florecimiento y paz (ver Salmo 1 nuevamente).
Este tipo de enseñanza y exhortación de «dos caminos», es lo que encontramos en la conclusión en tres partes que Jesús hace en Su sermón:
La conclusión de Jesús: primera parte
En la primera instancia, describe dos puertas y dos caminos, uno de los cuales es angosto y difícil y el otro es ancho y fácil (Mt 7:13-14). La inclinación natural de cualquier persona es hacia el camino fácil y llano, pero Jesús sorprendentemente dice que este camino aparentemente superior en realidad conduce a la destrucción. Por el contrario, el camino pedregoso, desigual y estrecho conduce a la vida. ¿Cuál es este camino angosto y difícil? Es el modo de vida que Jesús acaba de recomendar a lo largo de Su mensaje: buscar ser personas completas en lugar de ser meramente justos externamente. Este es el camino más difícil porque requiere dejar que Dios haga una obra reveladora y transformadora no solo en nuestro comportamiento, sino en nuestras actitudes, en la postura de nuestras almas hacia Dios y los demás, en las cosas que amamos y odiamos; en resumen, en nuestros corazones. Esto es duro y doloroso. Pero este tipo de trabajo del alma que nos hace plenos o completos es la única manera de encontrar la verdadera vida y la paz.
La conclusión de Jesús: segunda parte
El segundo ejemplo de Jesús sobre «dos caminos» es más grande y agrega un elemento de matiz sobre el que vale la pena reflexionar (Mt 7:15-22). La gran idea es que los discípulos sabios discernirán lo que Dios valora entre Su pueblo. Nuestra tendencia humana es sobrevalorar y honrar a las personas cuyos dones y poderes son llamativos y exteriormente impresionantes, descritos aquí como profetizar, expulsar demonios, hacer muchos milagros (Mt 7:22). El apóstol Pablo aborda el mismo tema al hablar sobre el posible abuso de otros dones externamente dinámicos como hablar en lenguas, profetizar, sanar, palabras de conocimiento sin ser personas de amor (1Co 12 – 14). Sorprendentemente, Jesús muestra que en muchos de esos casos, los aparentemente dotados no conocen verdaderamente a Dios (Mt 7:23). Son falsos profetas (Mt 7:15). La diferencia entre un profeta verdadero y uno falso, dice Jesús, no está en la manifestación externa de poderes ostentosos (podemos recordar que los magos de la corte del Faraón eran capaces de imitar algunos de los poderes divinos otorgados a Moisés, [Ex 7:8-13]). Más bien, el verdadero profeta es aquel cuyo interior coincide con su exterior, cuyo comportamiento proviene de un buen corazón. Uno podría realizar aparentes milagros en nombre del cristianismo, pero por dentro ser un lobo en lugar de una oveja, como aparentan (Mt 7:15).
En Mateo 7:16-20, Jesús repite una idea clave: que se puede reconocer un tipo de árbol por el tipo de fruto que produce. Una higuera produce higos, no manzanas. Un árbol sano produce fruto entero, no fruto enfermo o no se queda sin dar fruto. A primera vista, esto parece ser lo opuesto a lo que Jesús está diciendo en este párrafo. Acaba de describir a alguien que parece una oveja y hace cosas aparentemente buenas, pero en realidad es un lobo. Entonces, ¿cómo podemos saber si un árbol es bueno o malo por su fruto si los lobos pueden producir un fruto parecido al de una oveja? Aquí es donde entra en juego el matiz importante. La imagen del árbol nos recuerda que a veces lleva tiempo discernir qué tipo de árbol es alguien y si ese árbol es verdaderamente sano. Cuando las plantas de plátano y banano crecen en la selva, no se puede notar la diferencia hasta que sus diferentes tipos de fruto comienzan a brotar y crecer. Tanto los árboles vivos como los muertos suelen tener el mismo aspecto en invierno. Es solo en primavera, cuando un árbol comienza a florecer, que se puede notar la diferencia. Lo mismo ocurre con las personas en el mundo. Tarde o temprano, el fruto y la salud verdaderos de una persona se revelarán. Esto no se dará a través de más ejemplos de justicia externa —actos de gran piedad, obediencia a la ley o incluso poderes milagrosos—. Más bien, los verdaderos discípulos se pueden identificar al observar las cosas a nivel del corazón. Las cosas de las que Jesús habla son asuntos del corazón: amor, misericordia, compasión, humildad, fidelidad, no estar lleno de lujuria, codicia, envidia, odio y orgullo. Tarde o temprano, estos rasgos de carácter, o la falta de ellos, se revelarán y mostrarán qué clase de árbol es realmente una persona.
La conclusión de Jesús: tercera parte
La tercera y última invitación de «dos caminos» a la sabiduría se encuentra en Mateo 7:24-27. La imagen que Jesús usa para concluir Su sermón más famoso presenta una imagen de dos formas diferentes en que las personas podrían responder a Su mensaje. Se pueden describir con términos claros e inequívocos: la persona necia y la persona sabia. A ambas personas se las describe como personas que construyen una casa, lo cual representa claramente sus vidas (ver Proverbios 8:1, donde se describe a la Sabiduría como persona que construye su casa). A la luz del tema constante de la sabiduría a lo largo de la Biblia, el estado final de estos dos tipos diferentes de personas no es una sorpresa. La casa de la persona necia está construida sobre la arena, y por eso se la lleva una inundación repentina debido a una tormenta. En cambio, la casa de la persona sabia está construida sobre la roca y por eso, a pesar de los fuertes vientos y olas, no se cae.
¿Qué significa esto? Jesús explica que la diferencia entre la persona necia y la sabia tiene que ver con una respuesta personal a Él. En ambos casos, la persona escucha las enseñanzas de Jesús, tal como lo hacemos ahora al leer estos versículos. Pero la diferencia entre el necio y el sabio está en la respuesta. El necio escucha las palabras de Jesús y no hace nada al respecto. El sabio escucha las palabras de Jesús y las toma en serio, arrepintiéndose, pasando de una manera de ver y estar en el mundo al camino del reino. En su epístola, Santiago reflexiona sobre las palabras de Jesús y describe al necio como un hombre que se mira en un espejo y luego se va y de inmediato olvida cómo es (Stg 1:23-24). Esto es autoengaño (Stg 1:22). El sabio, por otro lado, escucha las palabras de Jesús y hace lo que Él dice. Santiago describe a este hombre como «el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz». Esta persona «será bienaventurado» o florecerá (Stg 1:25). Nota que la diferencia entre las dos casas no se puede identificar centrándose en la apariencia externa. Ambas casas se ven geniales. La diferencia fundamental está en el fundamento oculto, o la falta de él.
¿Cuál es entonces el mensaje de mentoría en Mateo 7:13-27?
El punto principal del Sermón es una exhortación a ser íntegros, a buscar una justicia que no sea superficial. Para enfatizar este punto, Jesús nos da tres imágenes memorables: caminos anchos y estrechos, profetas verdaderos y falsos, constructores sabios y necios. En cada caso, el tema es el mismo: lo que importa es el corazón interior, no solo la apariencia exterior. El discípulo que recibe la mentoría es aquel que escucha la invitación de Jesús a vivir en el camino más difícil, el camino de la transformación a nivel del corazón. Es más fácil centrarse en el comportamiento externo porque parece más controlable y menos invasivo. Pero Jesús deja en claro que esto no es realmente sabiduría. Este es el camino ancho que lleva a la destrucción. Este es el camino de la autopromoción mediante habilidades y poderes llamativos que muestran que uno realmente no conoce a Dios. Este es el camino del necio, que levanta muros y techo para una casa que se derrumbará desastrosamente cuando lleguen las pruebas, las dificultades y el juicio final. El discípulo a quien Jesús da mentoría escucha estas palabras y se aparta del camino necio para encontrar una vida que valga la pena vivir ahora y por la eternidad.
—
Discusión y reflexión:
- ¿Qué posturas de tu corazón necesitan ser moldeadas por Jesús para estar más en línea con Su sabiduría?
- ¿Cómo creces en tener un corazón que desea a Dios y Su reino?
—
Conclusión
No es difícil ver por qué el Sermón del monte de Jesús ha seguido siendo central para toda la comprensión y vida cristiana. Las palabras de Jesús son memorables, reveladoras y desafiantes. Son a la vez profundas y prácticas, teológicas y pastorales.
Por más que intentemos evitar su mensaje penetrante, cualquiera que lea el Sermón con sinceridad saldrá con una mayor conciencia de su fragilidad y tendencia a vivir como los fariseos, felices de centrarse en controlar la conducta en lugar de mirar sus corazones.
De hecho, es difícil tomar en serio el mensaje de Jesús, a pesar de su clara declaración de que debemos tener esta justicia integral como persona, de lo contrario demostraremos que no somos parte de su reino venidero, que no estamos en el camino que lleva a la vida, que no somos la persona sabia cuya casa permanecerá estable en el juicio. Es difícil porque incluso las personas más piadosas y maduras, si son honestas, todavía verán muchos momentos de lujuria, codicia, avaricia, envidia, resentimiento, ansiedad, amor al dinero, deseo de la alabanza de los demás y motivos impuros en sus corazones. ¿Qué hacemos cuando miramos hacia dentro y vemos que nuestros corazones rara vez, si es que alguna vez, coinciden con nuestra conducta? ¿Significa esto que nadie será salvo?
La respuesta a esta pregunta crucial viene de tomar el Evangelio de Mateo en su totalidad. Se nos recuerda que Jesús vino al mundo para salvar a Su pueblo de sus pecados (Mt 1:21), muriendo en nuestro lugar y haciendo un nuevo pacto entre Dios y la humanidad que se basa en el sacrificio expiatorio de Jesús (Mt 26:27-29). Jesús continuamente nos mira con compasión (Mt 9:36). Dios es nuestro Padre y nos da con gusto. Simplemente debemos pedir (Mt 7:7-11). Y volvemos a las poderosas palabras del mismo Jesús en Mateo 11:28: «Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar».
Siempre que estamos aprendiendo cualquier habilidad (conducir un automóvil, jugar al golf, aprender un idioma, etc.) tropezamos, damos pasos en falso y luchamos. Lo mismo ocurre con el aprendizaje para seguir a Jesús. Los discípulos originales de Jesús y todos los discípulos en todos los lugares durante los últimos dos mil años han tropezado, luchado y, con frecuencia, han fracasado. Así es como se ve la mentoría honesta. Con la bondad y la amabilidad de Dios en mente, podemos recibir con confianza e imperfectamente la invitación de Jesús de «tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas» (Mt 11:29).
—
Notas Finales
- Para una mayor explicación al Sermón del monte, ver Jonathan T. Pennington, El Sermón del monte y el florecimiento humano: comentario teológico (Proyecto Nehemías, 2020).
Acerca del autor
JONATHAN PENNINGTON (PhD, Universidad de St. Andrews, Escocia) ha sido profesor de Nuevo Testamento en el Southern Seminary durante casi 20 años. También ha trabajado en el ministerio pastoral durante 30 años, actualmente como uno de los pastores de enseñanza de Sojourn East en Louisville, KY. Es autor de muchos libros sobre los Evangelios, cómo interpretar la Biblia y la predicación. Puede encontrar más información y muchos recursos del Dr. Pennington en www.jonathanpennington.com.
Tabla de contenido
- Parte I: El Evangelio De Mateo Como Libro Para Hacer Discípulos
- Centrados en lo famoso: el Sermón del monte
- Discusión y reflexión:
- Parte II: Reestructurando Nuestras Nociones De Felicidad (5:3–16)
- Discusión y reflexión:
- Parte III: ¿Qué Es Importante Para Dios En Nuestras Relaciones Con Los Demás? (5:17-48)
- Discusión y reflexión:
- Parte IV: ¿Qué Es Importante Para Dios En Nuestra Relación Con Él? (6:1-21)
- Discusión y reflexión:
- Parte V: ¿Qué Es Importante Para Dios En Nuestra Relación Con Las Cosas Y Las Personas Del Mundo? (6:19 – 7:12)
- Discusión y reflexión:
- Parte VI: La Invitación De Jesús A Una Vida De Sabiduría Y Prosperidad (7:13-27)
- La conclusión de Jesús: primera parte
- La conclusión de Jesús: segunda parte
- La conclusión de Jesús: tercera parte
- Discusión y reflexión:
- Conclusión
- Notas Finales
- Acerca del autor