#49 Una Guía Bíblica Para La Libertad Financiera
Introducción
La mayoría de los cristianos sabemos que la generosidad es algo bueno. Sin embargo, cuando se trata de la riqueza, muchos cristianos se muestran desconfiados o temerosos. Después de todo, ¿no dijo Jesús que era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja que un rico entrara en el reino de los cielos? (Mc 10:25). Sí, lo dijo. Por lo tanto, al abordar el tema de la riqueza, es importante que tengamos en cuenta los peligros. Un pastor cristiano de antaño comparó nuestros corazones con «fábricas de ídolos»: siempre están dispuestos a convertir esto o aquello en dioses para luego adorarlos.
Pablo estaba hablando de esto mismo cuando le escribió a Timoteo diciendo que «el amor al dinero es la raíz de toda clase de males» (1 Tm 6:10a). Al parecer, Pablo sabía que el dinero era un dios que muchos elegían. Sin embargo, debemos prestar atención a que él no dijo que el dinero era la raíz de toda clase de males, sino que el amor al dinero lo era. Es decir, el dinero en sí no es malo; lo que es malo es el amor al dinero, pues suele acarrear todo tipo de problemas. Por lo tanto, no amemos el dinero.
¿Pero es esto todo lo que dice la Biblia acerca del dinero? No exactamente. ¿Sabías que existen 2350 versículos que hablan sobre él? De hecho, ¡el 40 % de las parábolas de Jesús son acerca del dinero! De todo el contenido bíblico sobre el dinero, los cristianos podemos aprender muchos principios sobre cómo usarlo para la gloria de Dios. Como es de esperar, cuando obedecemos el camino de Dios con respecto al uso del dinero, Él recibe la gloria, y nosotros nos disponemos al éxito. Cabe aclarar que el éxito puede no implicar grandes riquezas. No obstante, la Palabra de Dios nos ayuda a tomar buenas decisiones financieras que, con el tiempo, a menudo conducen a la libertad en lugar de a la esclavitud. De eso trata esta guía de habilidades para la vida: la libertad financiera para la gloria de Dios. Si es la voluntad del Señor, esta guía te ayudará a comprender qué es el dinero, a usarlo para su gloria y a disfrutar de la libertad financiera.
Audioguía
Audio#49 Una Guía Bíblica Para La Libertad Financiera
Parte I: ¿Qué dice la Biblia sobre la administración del dinero?
Cuando era niño, mi abuelo me regaló una de sus viejas botas de vaquero. No un par de botas, solo una. La trampa era que la bota estaba llena hasta el tope de monedas sueltas. ¡Fácilmente pesaba unos trece kilos! Para un niño de ocho años, ¡eso era como un millón de dólares! Recuerdo que varias veces conté la suma total y luego la coloqué en un lugar seguro. Estaba muy entusiasmado. Todavía tengo la bota, pero ya no tengo el dinero.
Verás, después de unos meses con las monedas, llegó la escuela bíblica de vacaciones. Ese año hicimos una colecta de monedas, y era chicos contra chicas. Quien recaudara más tendría derecho a presumir durante todo un año. En un grupo infantil con niños de ocho años, ¡el derecho a presumir era muy valioso! Después de dos noches en la escuela bíblica de vacaciones, estábamos por debajo de las chicas en muchas monedas. Así que le dije a mi madre: «Voy a entregar mi bota esta noche». Para mi sorpresa, no le gustó la idea. «Tu abuelo te la dio para que ahorraras lo que hay en ella. ¿Por qué no das solo algunas monedas y guardas el resto?». ¿Acaso mi madre me estaba diciendo que no se lo diera a la iglesia? ¿Era mejor que me lo quedara todo para mí?
Estas son versiones infantiles del tipo de preguntas que todos deberíamos hacernos como seguidores de Jesús. ¿Qué espera Jesús de nosotros como sus seguidores en lo que respecta al uso de nuestro dinero? Más aún, ¿cómo deben pensar los cristianos sobre el dinero? La buena noticia es que la Biblia tiene mucho que decir sobre nuestras monedas, nuestras tarjetas de crédito y todo nuestro dinero en general.
De hecho, la Biblia tiene tanto para decir que esta guía no logra cubrir todos los puntos y principios que contienen las Escrituras. Aun así, antes de entrar en los detalles de cómo ahorrar y gastar con sabiduría, me gustaría comenzar reflexionando sobre algunos principios destacados relacionados con la administración del dinero. ¿Por qué? Porque, al final, no se trata de tu riqueza ni de la mía. Se trata de la gloria de Dios y de nuestra fidelidad solo a Él. Si pierdes de vista esto, entonces tu búsqueda de la riqueza terminará casi con toda seguridad en idolatría, lo cual es espiritualmente mortal. En lugar de libertad financiera, estarás en una prisión espiritual. Así que, antes de hablar de tu dinero, hablemos de cómo cuidar tu corazón.
He seleccionado treinta versículos de las Escrituras y los he organizado en siete puntos. Cuando los analices en tu grupo de mentoría, haz pausas para reflexionar sobre si tu vida se caracteriza por las instrucciones que Dios nos dejó con respecto al dinero y su administración.
En primer lugar, los cristianos debemos confiar en que Dios satisfará nuestras necesidades.
«¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡él es mi salvación!» (Is 12:2).
«Danos hoy nuestro pan cotidiano» (Mt 6:11).
«¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, de los que se apoyan en caballos, de los que confían en la multitud de sus carros de guerra y en la gran fuerza de sus jinetes, pero no toman en cuenta al Santo de Israel ni buscan al Señor!» (Is 31:1).
En estos versículos, aprendemos que tanto la salvación como la comida y la protección provienen del Señor. Debemos confiar en Él para todo lo que necesitamos. Al fin y al cabo, Él ha prometido que usará todo en nuestras vidas para nuestro bien eterno. ¿Dudas de eso? Simplemente acude a Jesús, el propio Hijo de Dios, que fue ofrecido como rescate por todos los que creen. Si Dios no escatimó a su propio Hijo, ¿cómo podemos dudar de que se encargará de todo lo demás?
¿Qué significa esto para nuestro dinero? Significa que nuestro dinero proviene de Dios y que siempre debemos confiar en que Él nos dará lo que necesitamos. A veces, esto significa riqueza. En la providencia divina, también puede significar pérdida. En cualquier caso, podemos confiar en que el Señor nos dará lo que necesitamos. Después de todo, Él conoce nuestras necesidades mejor que nosotros mismos.
En segundo lugar, los cristianos debemos trabajar duro, como para el Señor.
«Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor. El que hace el mal pagará por su propia maldad, porque en esto no hay favoritismos» (Col 3:23-25).
«Pon en manos del Señor todas tus obras y tus proyectos se cumplirán» (Pr 16:3).
«Pensé entonces: “Al justo y al malvado los juzgará Dios, pues hay un tiempo para toda obra y un lugar para toda acción”» (Ecl 3:17).
Confiar en que el Señor satisfará nuestras necesidades no significa que no debamos esforzarnos. De hecho, Dios nos dice que debemos trabajar para satisfacer nuestras necesidades. Entonces, ¿cómo es? ¿Dios nos provee o nosotros trabajamos? Bueno, son ambas. Dios nos provee mediante nuestro trabajo. Puede que estés pensando: «Un momento, si yo trabajo, ¿por qué se lleva Dios el crédito?». Bueno, supongo que te das cuenta de que toda tu vida es un regalo que te ha dado Dios, ¿verdad? No tendrías una mano para levantar en el trabajo si no tuvieras un Creador que te la hubiera dado.
Pero hay otra razón por la que Dios debe recibir el crédito por satisfacer todas nuestras necesidades. Como está claro en los versículos anteriores, Dios nos pide que hagamos nuestro trabajo como si fuera para Él. Esto significa que trabajamos para Él y con el fin de mostrarlo al mundo. Por lo tanto, nuestro trabajo es un testimonio de nuestro Dios misericordioso, que nos provee todo lo que necesitamos. La próxima vez que te sientas tentado a holgazanear, detente y pregúntate: «¿Me comportaría así si Dios estuviera aquí?». Amigo querido, Dios te ha dado todo y lo ve todo. Con lo que te ha dado, espera que trabajes para su gloria.
En tercer lugar, los cristianos damos de nuestra abundancia.
«Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría»
(2 Co 9:7).
«Den y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida con que midan a otros, se les medirá a ustedes» (Lc 6:38).
«En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad» (2 Co 8:2).
«No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!» (Hch 3:6).
«Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando bien la gracia de Dios en sus diversas formas» (1 P 4:10).
¡Dios nos ha dado tanto! Lo que más tengo en mente es a Jesús. Él es más valioso que todas las riquezas de este mundo y, si lo tienes a Él, confío en que lo sabes. Más aún, bajo Jesús, Dios también nos ha dado muchísimo. Nos ha dado la vida, nuestras iglesias, nuestras familias, nuestras amistades, oportunidades para servirle, las muchas alegrías de la vida y mucho más. ¡Dios es tan bueno!
¿Qué nos pide a cambio de todo lo que nos ha dado? Bueno, por un lado, nos pide nuestra adoración. Es decir, Dios espera que le juremos lealtad solo a Él. Parte de mostrarle lealtad significa que debemos dar a Dios y a otras personas de la abundancia de lo que Él nos ha dado. Esto incluye nuestro dinero, pero no se limita a él. Debemos considerar todo lo que tenemos —a Jesús y todo lo demás— y buscar devolvérselo a Dios y a otras personas. ¿Qué tienes que no hayas recibido? Nada. ¿Qué puedes dar como testimonio de que has recibido todo lo que tienes de tu amoroso Padre celestial? Da eso.
En cuarto lugar, los cristianos damos para apoyar el ministerio de nuestra iglesia local.
«Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas» (Pr 3:9).
«Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hch 20:35).
«Porque, si uno lo hace de buena voluntad, lo que da es bien recibido según lo que tiene y no según lo que no tiene» (2 Co 8:12).
«Traigan íntegro el diezmo a la tesorería del Templo; así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor de los Ejércitos—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde» (Ml 3:10).
Quizás alguna vez en la caja registradora de tu supermercado local, el cajero te ha dicho: «¿Te gustaría redondear los ochenta y siete centavos (o cualquier otra cantidad) para el hospital de niños de la ciudad (o cualquier otra organización benéfica)?». Tal vez hasta hayas adquirido la costumbre de responder a su pregunta con un rotundo «¡sí!».
La realidad es que hay muchísimas buenas obras que podemos hacer con nuestro dinero; el hospital de niños de nuestra ciudad es solo una de ellas. Sin embargo, quiero animarte a que siempre empieces por dar a tu iglesia local. Las razones para ello son muchas más de las que puedo mencionar aquí, pero déjame contarte algunas. En primer lugar, lo más importante que podemos hacer con el dinero que donamos es ayudar a hacer discípulos, y esa es la responsabilidad explícita de toda iglesia que predica el evangelio. En segundo lugar, dar al pueblo de Dios es un patrón establecido bíblicamente tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. En tercer lugar, cuando damos a nuestra iglesia local, estamos invirtiendo en nuestro propio crecimiento espiritual porque con ese dinero nuestra iglesia pagará al pastor para que predique excelentes sermones. En cuarto lugar, ese dinero se unirá al de nuestros hermanos en la fe para invertir en cosas más grandes para la gloria de Dios.
Estas son solo algunas razones para que nuestras donaciones comiencen con nuestra iglesia.
En quinto lugar, se espera que los cristianos demos a los necesitados según nuestras posibilidades.
«Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará» (Mt 6:2-4).
«Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya. Porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón» (Lc 12:33-34).
«[El perezoso] todo el día se lo pasa codiciando, pero el justo da con generosidad» (Pr 21:26).
«¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la Ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello» (Mt 23:23).
Volvamos al pedido del cajero de redondear el importe a favor de una organización benéfica local. ¿Debería un cristiano dar en esa situación? ¡Bueno, tal vez! Si la organización es buena (es decir, si no promueven un evangelio falso y si realizan con honestidad el trabajo que se han propuesto hacer a favor de los necesitados), entonces un cristiano debería sentirse libre, tal vez incluso obligado, a dar. Cuando damos con fe, Dios recibe la gloria por nuestra generosidad. Así que siéntete libre de dar a los demás, ya sea a una organización benéfica o a alguien necesitado.
En sexto lugar, los cristianos deseamos ser una bendición para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
«Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas» (Mt 6:24).
«El hombre de bien deja herencia a sus nietos; las riquezas del pecador se quedan para los justos» (Pr 13:22).
«Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores» (Pr 22:7).
«Pero si una viuda tiene hijos o nietos, que estos aprendan primero a poner en práctica su religión, cumpliendo sus obligaciones con su propia familia y correspondan así a sus padres y abuelos, porque eso agrada a Dios» (1 Tm 5:4).
«El hombre de bien deja herencia a sus nietos; las riquezas del pecador se quedan para los justos» (Pr 13:22).
Puede que esto no sea muy popular entre los cristianos hoy en día, sin embargo, es muy cierto. Dios nos manda a proveer para nuestros hijos. Esto, en parte, significa procurar su seguridad económica. Tengo la bendición de tener un abuelo que siempre nos recordaba que trabajaba para garantizar nuestra seguridad a largo plazo. Cuando lo veía salir de casa a las seis de la mañana para subirse al camión de plomería, sabía que estaba trabajando para mí.
Una buena autoridad bendice a quienes están debajo. ¿No es ese el ejemplo que nos ha dado nuestro Padre celestial? ¡Él nos dio al Señor Jesús y todo lo que está bajo su autoridad! Por lo tanto, padres, deben esforzarse por sus hijos, y esto debería incluir, en parte, dejarles una herencia. Por supuesto, una herencia económica no es lo más importante que pueden hacer por ellos (¡eso sería criarlos en el temor y la amonestación del Señor!), pero es importante. Así que, en el trabajo, trabajen para ellos y díganles que es por eso que trabajan tan duro. Esto los ayudará a comprender no solo su amor, sino también el amor de Dios a través de su ejemplo.
El resto de esta guía abordará los conceptos básicos y los principios de la inversión. Espero que esos principios te ayuden a hacer crecer tu patrimonio. No obstante, si en el camino pierdes de vista lo que dice la Palabra de Dios sobre la riqueza, entonces serás el más desafortunado. Tanto si ganas cien millones de dólares como si no ganas nada, la Palabra de Dios debe ser la que guie tu corazón.
En séptimo lugar, los cristianos debemos prestar atención a las advertencias de la Biblia en relación con las deudas.
«Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores» (Pr 22:7).
«No tengan deudas pendientes con nadie a no ser la de amarse unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la Ley» (Rm 13:8).
«No te comprometas por otros ni salgas fiador de deudas ajenas; porque, si no tienes con qué pagar, te quitarán hasta la cama en que duermes» (Pr 22:26-27).
«El Señor abrirá los cielos, su generoso tesoro, para derramar a su debido tiempo la lluvia sobre la tierra y para bendecir todo el trabajo de tus manos. Tú prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado de nadie» (Dt 28:12).
«Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros ofensores» (Mt 6:12).
«Los malvados piden prestado y no pagan, pero los justos dan con generosidad» (Sal 37:21).
Podemos contar innumerables historias sobre los problemas que surgen cuando gastamos más de lo que ganamos. Recuerdo que una vez estaba tan endeudado con la tarjeta de crédito que no sabía cómo iba a salir de esa situación. La deuda me causaba tanta ansiedad que me costaba dormir por las noches. Sin embargo, como estos cuantos versículos demuestran, la Biblia tiene mucho que decir sobre las deudas. Si hubiera prestado atención a sus instrucciones, me habría ahorrado mucho sufrimiento.
Si eres como yo, seguramente sueles sentirte tentado a endeudarte por todo tipo de cosas. Ten cuidado. Escucha la Palabra de Dios. Camina con fe. Sé que no siempre es intuitivo asociar el uso de la tarjeta con el señorío de Cristo en nuestras vidas, pero si te detienes a pensarlo, creo que verás que tal vez sí lo sea. ¿Cuánto tiempo te llevará pagar la tarjeta de crédito después de usarla para comprar un televisor nuevo, una consola de videojuegos, irte de compras o pasear por la ciudad? El 25 % de interés de la tarjeta de crédito es una cifra difícil de digerir. ¿Qué podrías haber hecho con el dinero que terminarías pagando solo en intereses por esas compras? Muchas cosas.
No pretendo que esto sea una guerra contra las tarjetas de crédito. Tampoco te estoy diciendo que nunca compres ropa, zapatos, televisores o cualquier otra cosa. Lo que te estoy diciendo es que sometas esas decisiones al señorío de Jesús y que procures tomar decisiones que le den gloria a Él (lo cual requiere que prestes atención a las instrucciones de pasajes como los mencionados anteriormente) y que te traigan libertad financiera. Con libertad, puedes ser generoso.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de lo que dice la Palabra de Dios sobre el dinero y su administración?
- ¿Qué es lo más difícil para ti de aplicar de la Palabra de Dios sobre el dinero y su administración?
- ¿Has sufrido consecuencias negativas por no seguir la Palabra de Dios sobre el dinero y su administración? ¿Qué sucedió?
- ¿De qué manera has visto que la Palabra de Dios beneficia tu enfoque sobre el dinero y su administración?
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Parte II: Los fundamentos
¿Te acuerdas de Dobie, de la vieja serie de televisión en blanco y negro llamada «Los muchos amores de Dobie Gills»? Nunca olvidaré a un personaje de la serie llamado Maynard G. Krebs. A Maynard se le revolvía el estómago cada vez que alguien mencionaba la palabra «trabajo». Ante la mera mención de cualquier tipo de trabajo manual, Maynard repetía:
«T-t-t-t-trabajo…». A decir verdad, la mayoría de la gente siente por la disciplina lo mismo que Maynard sentía por el trabajo. La disciplina es dura, tediosa y dolorosa. ¿Y sabes qué más? La disciplina normalmente implica decir no a otras opciones que, en el momento, parecen más divertidas.
¿Significa esto que debemos evitar la disciplina? Para nada. No disciplinarnos a nosotros mismos nos lleva a un dolor continuo y a largo plazo. Al final, obtenemos aquello para lo que nos disciplinamos. Si solo vivimos para los deseos inmediatos, nos convertimos en esclavos de ellos, es decir, perseguimos nuestra propia cola creyendo que, si pudiéramos atraparla, encontraríamos la felicidad. Así es como la mayoría de la gente trata el dinero: como un medio para satisfacer un deseo inmediato. ¿Tienes algo de dinero? Gástalo rápido y sé feliz durante… ¿cuánto tiempo? No mucho. Si no eres disciplinado con el dinero, es probable que te sientas insatisfecho con lo rápido que se gasta y lo lento que se repone. Vives de cheque en cheque deseando que los días de pago fueran todos los días en lugar de cada dos semanas.
Pocos tienen la disciplina necesaria para ahorrar dinero con el fin de que este crezca con el tiempo. Después de todo, la disciplina en el ahorro requiere decir «no» a los deseos actuales para poder decir «sí» a cosas buenas como la generosidad, la jubilación y la herencia para nuestros hijos en el futuro. Decir «no» hoy en día se conoce a veces como «retrasar la gratificación». Tengamos en cuenta que la disciplina económica no significa ausencia de gratificación, sino gratificación retrasada. Sin duda, las gratificaciones no serán las mismas para alguien sin disciplina que para alguien con disciplina. Para quien no tiene disciplina, la gratificación significa salir a comer fuera, gastar en lujos innecesarios, malgastar dinero en placeres efímeros. Quien tiene disciplina suele ahorrar para cosas mejores, como una casa, la educación de sus hijos, la jubilación y vivir generosamente por el bien de los demás.
¿Te das cuenta de lo que todo eso tiene en común? El impacto. Retrasar la gratificación para ahorrar para cosas mejores significa poder tener un impacto positivo en los demás. ¿Quieres paz financiera ahora y la oportunidad de impactar a los demás siendo generoso más adelante? Espero que sí, y espero que esta guía te ayude a conseguirlo.
No es nada del otro mundo. Hay algunos principios básicos para alcanzar la paz financiera que me gustaría compartir contigo. La vida consiste en tomar unas cuantas decisiones acertadas y mantenerlas. Los principios son pocos y nunca cambian; los métodos son muchos y cambian continuamente. Debemos seguir los principios.
El hecho de que estés dispuesto a seguir una guía de habilidades para
la vida como esta es una buena señal y un gran comienzo. Muchos han dicho, y estoy de acuerdo, que los líderes son lectores. Así que aprendamos algunas cosas sobre el dinero y la paz financiera.
1. Gasta menos de lo que ganas.
Principio bíblico: «En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume, pero el necio todo lo despilfarra» (Pr 21:20).
Gastar menos de lo que ganamos es la base de la estabilidad financiera. Cuando vivimos dentro de nuestras posibilidades, evitamos la esclavitud de las deudas y creamos un margen para la generosidad y las necesidades futuras. Ya sea que ganes poco, mucho o un monto intermedio, gasta menos de lo que ganas y tendrás paz y confianza, y seguirás enriqueciéndote con el tiempo. Esta es una habilidad básica y efectiva para la vida.
Una nota al margen: el hecho de que tus ingresos aumenten con el tiempo no significa que tus gastos deban hacer lo mismo. Frecuentemente debes preguntarte: «¿Necesito esto o solo lo deseo?». Es fácil suponer que, como tenemos más, debemos gastar más, pero no siempre es así. Nuestro deseo de gastar siempre más suele tener su origen en nuestra falta de satisfacción. Pero ¿qué le dijo Pablo a Timoteo?: «[…] con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias» (1 Tm 6:6a). Con lo que tengas hoy, ora para que el Señor te dé contentamiento. Al fin y al cabo, si te sientes satisfecho, gastar menos y vivir dentro de tus posibilidades será mucho más fácil.
2. Tenga cuidado con las deudas.
Principio bíblico: «Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores» (Pr 22:7).
La deuda esclaviza, limitando tu capacidad de servir a Dios y a las personas libremente. La Biblia nos anima a no deberle nada a nadie, solo amor (Rm 13:8).
Contraer una deuda significa que consumimos hoy y prometemos pagar con el trabajo de mañana. Compramos para hoy y prometemos pagar otro día en el futuro. Arrastrar una deuda quita la paz y la confianza porque siempre deberemos el salario de mañana para disfrutarlo hoy. Este es un estilo de vida insostenible que no podremos cambiar si no desarrollamos el autocontrol.
Las tarjetas de crédito son uno de los peores tipos de deuda que podemos contraer. La razón es que la mayoría de las tarjetas cobran más del 25 % de interés. Es una tasa increíblemente alta. Muchos pueden dar testimonio de lo desbordados que estaban por las deudas de las tarjetas de crédito, lo que les provocaba frustración y miedo. Si hoy estás libre de deudas de tarjetas de crédito, ¡sigue así!
Resumen para memorizar y recordar siempre:
- Las deudas te llevarán a lugares donde jamás quisiste estar.
- Las deudas te retendrán más tiempo del que jamás pensaste quedarte.
- Las deudas te costarán más de lo que jamás pensaste pagar.
3. El autocontrol es una lección fundamental que debemos aprender en la vida
Principio bíblico: «Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse» (Pr 25:28).
Si no desarrollamos el autocontrol, malgastaremos todo el dinero que tengamos. El resultado será la esclavitud, no la paz. Sin embargo, si tenemos autocontrol en nuestras finanzas, podremos ahorrar, invertir y vivir con generosidad. Pensemos también en estos otros beneficios:
- Mejora en la toma de decisiones: el autocontrol nos ayuda a resistir las decisiones impulsivas, lo que nos lleva a tomar decisiones más pensadas y beneficiosas.
- Mejora en las relaciones: al gestionar las emociones y las reacciones, el autocontrol fomenta una mejor comunicación y reduce el conflicto.
- Aumento de la productividad: mantenernos enfocados y resistirnos a las distracciones permite una mayor eficiencia y el logro de los objetivos.
- Mejor salud: el autocontrol favorece hábitos más saludables, como mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio con regularidad y evitar comportamientos nocivos.
- Estabilidad emocional: te permite regular el estrés y las emociones negativas, y esto fomenta la resiliencia y el bienestar.
4. Como todo en la vida, la paz financiera comienza cuando reconocemos a Dios como creador y Señor
Principio bíblico: «Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada» (Jn 15:5).
Se nos ha dado todo lo que tenemos. ¿Estamos agradecido por nuestros padres, por nuestro cuerpo, por nuestra inteligencia, por nuestros ojos, manos y oídos? Todo lo que tenemos proviene de Dios, y Él nos dice que siempre lo reconozcamos y le demos gracias, y que pongamos nuestra vida al servicio de los demás, tal como Él nos ha servido en Jesús.
5. Debemos servir como Jesús.
Principio bíblico: La vida de Jesús revela que la grandeza viene a través del servicio. ¿Te parece extraño? Pues al mundo sí, porque se basa en el progreso personal y la autopromoción, pero Jesús vino a servir, no a ser servido. Tu vida, incluidas tus finanzas, también debería basarse en el servicio. Entre otras cosas, esto significa anteponer las necesidades de los demás a las nuestras (Flp 2:5-7).
Al comienzo de mi caminar con Cristo, me parecía imposible entender que pudiera tener más paz, gozo y confianza al servir a las personas. Ahora, a mis ochenta años, he disfrutado de cuarenta años de alegría, emoción y desafíos al servir a los demás; y el Señor ha provisto para todas mis necesidades a lo largo del camino.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Cuál de estos consejos te resulta más difícil de poner en práctica?
¿Por qué? - ¿Cómo se relaciona el dinero con nuestra confianza (o falta de ella) en Dios?
- ¿Alguien sabe cómo gastas tu dinero? Cuéntaselo a tu mentor o a alguien de confianza de tu iglesia para que te ayude a mantenerte enfocado.
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Parte III: Cómo administrar el dinero
Me convertí al cristianismo a mis treinta y tantos. Antes de mi conversión, mi vida era un desastre, y la razón principal era mi pecado. Perdí mi matrimonio, lastimé a mis hijos y me endeudé. Sin embargo, por la gracia de Dios, llegué a comprender el evangelio, me arrepentí de mi pecado y puse mi confianza en Jesús. Poco después (a mis treinta y ocho años), conocí a Carol y me casé con ella en segundas nupcias. Carol me enseñó mucho sobre muchas cosas, entre ellas, el dinero.
Al poco tiempo de habernos casado, nos mudamos a Tennessee y compramos una casa allí. Sin embargo, no sabíamos que pronto el Servicio de Impuestos Internos llamaría a nuestra puerta para informarme que debía 150 000 dólares (en 1983) por la recuperación del crédito fiscal por inversión y pusieron un embargo sobre nuestra nueva casa. Peor aún, yo nos endeudaba cada vez más con gastos imprevistos. ¡Una vez compré un jacuzzi a crédito! Cuando llegó a nuestra puerta, Carol lo devolvió. Ese día me hizo saber que tenía que controlar mis gastos. Me dijo: «Si no puedes pagarlo en efectivo, ¡no lo compres!». Mi actitud hacia el dinero cambió ese día. Sabía que tenía que empezar a poner en práctica algunos de los consejos que compartí en la segunda parte de esta guía de habilidades para la vida.
Con la ayuda de mi esposa, elaboré un plan de pago de deudas y, en dos o tres años, nos liberamos de ellas. En ese momento, Carol se preguntó cuánto tendríamos que ahorrar para prepararnos para la jubilación. En dos años, ahorramos esa cantidad y, tras muchas buenas inversiones, ese dinero creció hasta ser más que suficiente para vivir.
Después de aproximadamente cinco años de casados, Carol me propuso donar todo el efectivo acumulado a lo largo de cada año a ministerios cristianos, para no acumular lo que no necesitábamos. Ella era generosa con los demás, y yo aprendí la generosidad a partir de su ejemplo.
Durante los siguientes cuarenta años, hemos donado al menos el 50 % de nuestros ingresos anuales a ministerios cristianos, hemos vivido bien y hemos sido hospitalarios con muchos durante ese tiempo. Dios ha sido misericordioso. Por desgracia, Carol partió con el Señor cuando tenía sesenta y tres años. Alabo al Señor por su vida y por todo lo que me enseñó sobre cómo vivir la mía.
La regla del 80-10-10
Reconozco que no todos pueden donar el 50 % de sus ingresos. Por eso, suelo recomendar la regla del 80-10-10. Para que quede claro, estas cifras son recomendaciones iniciales. En función de tu situación, es posible que tengas que ajustarlas para reflejar lo que el Señor te ha dado y las responsabilidades que tienes.
No exagero cuando digo que la regla del 80-10-10 cambió mis finanzas. Aquí te lo explico en detalle.
- El primer 10 % de tus ingresos debe destinarse a tu iglesia local. Digo «el primer» porque, a menudo, si esperamos hasta fin de mes, acabamos gastando esa cantidad en nosotros mismos en lugar de dársela al Señor. Al destinar el primer 10 % a la obra del Señor, demostramos que Él es nuestra prioridad y nuestro tesoro. Esto es un testimonio para nuestros hijos y para el mundo que nos observa.
- El segundo 10 % de tus ingresos debe destinarse a tu cuenta de ahorros o a tu cuenta de inversiones. Una vez más, si esperas hasta el final del mes para ahorrar o invertir, no te quedará suficiente dinero para hacer el pago. Cuanto más tiempo vivas con esta disciplina, más rico te harás.
- Eso deja un 80 % para tus necesidades, gustos y deudas. Descubrirás que este autocontrol forzado cambiará tu vida para mejor. Empiezas por controlarte a ti mismo. Luego, poco a poco, aprendes a invertir. Y, por último, aprendes que la paz y la confianza no provienen del gasto, sino del autocontrol.
Esta es solo una opción a la hora de planificar cómo gastar tu dinero. Si bien es posible que tengas que ajustar estas cifras u optar por una estrategia diferente, te recomiendo que estas tres categorías principales formen parte de cualquier método que elijas. Debes dar, ahorrar y gastar con prudencia.
Consejos para invertir de forma inteligente
Esta guía de habilidades para la vida trata sobre la libertad financiera, no sobre inversiones. No obstante, la inversión suele desempeñar un papel importante en la consecución de la libertad financiera. Por lo tanto, aquí tienes algunos consejos breves sobre cómo puedes invertir sabiamente lo que Dios te ha dado con el fin de que se multiplique.
- Comprar barato es la clave del éxito y requiere sabiduría. La mayoría de los inversores compran caro y creen que el valor seguirá aumentando con el tiempo.
- Entre 1980 y 2020, el mercado inmobiliario y bursátil no dejó de subir, por lo que ganar dinero fue fácil. Los últimos cinco años han sido turbulentos y no tan tranquilos. Esto significa que, si estás iniciando tu camino en el mundo de la inversión, tendrás que ser paciente.
- Después de décadas invirtiendo, he aprendido que las inversiones más rentables son aquellas en las que compramos un activo «cuando su valor ha caído significativamente» y luego se recupera y nos devuelve una buena ganancia. Las caídas de valor en empresas consolidadas suponen una buena oportunidad para entrar en el mercado.
- Pensemos a corto plazo. Estar fuera del mercado al menos la mitad del tiempo reduce la exposición al riesgo. Sin embargo, obtenemos altos rendimientos al adquirir un buen asesoramiento financiero y al aceptar que los mejores rendimientos vienen cuando hay turbulencias en el mercado.
- El mercado determina el precio de venta, no tú. La clave del éxito es comprar bien, más que vender bien.
Recordemos que la riqueza implica responsabilidad. Nuestros corazones se ven fácilmente tentados a convertir la riqueza en un ídolo. Nada de lo que digo sobre el crecimiento de la riqueza es seguro o vale la pena si no escuchamos y prestamos atención a las advertencias de la Biblia sobre la idolatría y el mandato de vivir con generosidad.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Alguna vez has hecho una planificación de gastos? ¿Tienes una ahora? ¿Qué desafíos o alegrías has tenido gracias a la planificación financiera?
- ¿Puedes examinar tu vida pasada e identificar alguna etapa que se caracterizara por malas decisiones financieras? ¿Qué te ayudó a salir de ella?
- ¿Qué medidas has adoptado que te ayudan a controlar tus finanzas?
Parte IV: Recursos sobre finanzas
- En tu iglesia, ¿conoces a algún creyente maduro en la fe que haya sido fiel con sus finanzas y que esté dispuesto a ayudarte a aprender a administrar las tuyas? Busca a ese tipo de personas y tendrás prosperidad.
- Otra opción para recibir orientación financiera es Ramsey Financial Solutions. Dave Ramsey ofrece consejos útiles sobre cómo salir de deudas, la compra y venta de bienes raíces, la planificación financiera, la inversión, la planificación para la jubilación, la contratación de seguros, la declaración de impuestos y mucho más. https://www.ramseysolutions.com/money-34462
- En YouTube, tienen cientos de videos de gran utilidad, producidos a diario, de personas como nosotros que comparten sus problemas y oportunidades. Son EXCELENTES PARA ESCUCHAR los principios financieros de Dios. https://www.youtube.com/results?search_query=dave+ramsey+show
Cuatro libros clásicos para leer:
1. Mover of Men and Mountains (El que mueve hombres y montañas), de R. G. LeTourneau. Leí este libro por primera vez a finales de los años 80 y, desde entonces, lo he leído muchas veces. El autor era un constructor de grandes máquinas para el movimiento de tierras. He pasado casi toda mi vida laboral en el campo de la maquinaria, por lo que me gustó el título de este libro y quise leer sobre este hombre.
Mover of Men and Mountains es una autobiografía que narra la vida de R. G. LeTourneau, un prolífico inventor, industrial y cristiano devoto que revolucionó la industria del movimiento de tierras. El libro entrelaza su trayectoria personal, sus logros empresariales y su fe inquebrantable, presentando su vida como un testimonio del poder de colaborar con Dios en todos los proyectos. Escrito en un tono coloquial e inspirador, detalla cómo LeTourneau superó los retos gracias a su ingenio, perseverancia y compromiso de donar el 90 % de sus ingresos a causas cristianas.
R. G. LeTourneau fue uno de mis héroes en el mundo de la maquinaria. Su generosa vida me ha animado muchas veces a vivir con más generosidad con lo que Dios me ha dado. Te recomiendo este libro. Si no es este, elige otro libro que cuente la historia de alguien que vivió con generosidad y trata de vivir siguiendo su ejemplo.
2. El hombre más rico de Babilonia, de George S. Clason, es fácil de leer y está lleno de valiosa sabiduría. Se publicó por primera vez en 1926 y sigue siendo un clásico de las finanzas personales que utiliza parábolas ambientadas en la antigua Babilonia para transmitir principios atemporales sobre la riqueza y la administración del dinero. Las historias se centran en Arkad, un escriba que era pobre y se convirtió en el hombre más rico de Babilonia, y en sus enseñanzas a otras personas que buscan el éxito financiero.
El mensaje central del libro gira en torno a la idea de que el éxito financiero es alcanzable para cualquiera que comprenda y aplique los principios básicos. Uno de los conceptos más importantes es «págate primero a ti mismo», que aconseja ahorrar al menos el 10 % de cada ingreso. Este principio enfatiza la importancia del ahorro constante como base para la acumulación de riqueza. Tanto si llegas a ser rico como si no, el ahorro es un ingrediente esencial para la libertad financiera.
El libro también destaca la importancia de controlar los gastos. Sostiene que las personas deben distinguir entre los gastos necesarios y los gustos, y evitar que sus gastos crezcan hasta igualar sus ingresos. Vivir dentro de las propias posibilidades es fundamental para alcanzar la libertad financiera.
Además, destaca la importancia de hacer que el dinero trabaje «para nosotros» mediante inversiones sabias. Aconseja buscar el conocimiento y el asesoramiento de personas con experiencia en asuntos financieros y evitar las inversiones arriesgadas que prometen ganancias rápidas. También analiza el poder del interés compuesto, ilustrando cómo el dinero invertido puede generar ganancias adicionales con el tiempo.
Otros temas clave incluyen la importancia de ser propietario de una vivienda, garantizar ingresos futuros mediante inversiones o planificar la jubilación, y buscar siempre mejorar la capacidad de generar ingresos. El libro también aborda el papel de las oportunidades y la necesidad de actuar con decisión cuando estas se presentan.
Recomiendo El hombre más rico de Babilonia a quienquiera que necesite aprender los principios fundamentales para alcanzar la libertad financiera. El libro hace hincapié en la importancia de ahorrar, planificar, invertir con sabiduría y desarrollar una mentalidad que fomente el éxito financiero.
3. Piense y hágase rico, de Napoleon Hill, se publicó por primera vez en 1937. Es un libro de autoayuda que presenta una filosofía sobre el logro personal, pero debes tomarlo con cautela. Sé que muchos se preocuparán al oír la palabra «autoayuda» y, por eso, no lo recomiendo como la respuesta a todo. Aun así, creo que sigue siendo un recurso útil para aprender a tener éxito financiero y más.
El libro enfatiza el poder de la mentalidad y la importancia de tener un deseo fuerte. El autor afirma que un deseo ardiente, junto con una confianza específica, puede impulsar a las personas hacia sus objetivos. Además, introduce el concepto de «autosugestión», una técnica para influir en el subconsciente a través de afirmaciones y visualizaciones repetidas.
Otro principio clave que Hill propone es el conocimiento especializado.
Él sostiene que el conocimiento general no es suficiente para alcanzar
la riqueza; en cambio, las personas deben adquirir conocimientos específicos relacionados con el campo que han elegido. También destaca el papel de la imaginación, distinguiendo entre la imaginación sintética (que combina ideas existentes) y la imaginación creativa (que genera ideas nuevas).
Sabemos que la planificación organizada es crucial para convertir los deseos en realidad. Hill destaca la importancia de crear un plan de acción detallado y colaborar con otros a través de un grupo «Master Mind», que fomenta la sinergia y el apoyo. La toma de decisiones y la persistencia también son vitales; las personas exitosas toman decisiones rápidamente y se mantienen firmes en ellas, sin dejarse desanimar por los obstáculos.
Por último, Piense y hágase rico brinda un marco para cultivar una mentalidad orientada al éxito y tomar medidas concretas para alcanzar los objetivos propios. Además, hace hincapié en que, al comprender y aplicar estos principios, cualquiera puede alcanzar la prosperidad y la realización personal.
4. El inversor inteligente, de Benjamin Graham, se publicó por primera
vez en 1949. Al hablar de inversiones, algunos lo consideran la biblia. Este libro ofrece una filosofía a largo plazo centrada en minimizar el riesgo y maximizar las ganancias mediante un análisis minucioso. Los principios de Graham de invertir en empresas infravaloradas y contar con un margen de seguridad siguen siendo fundamentales para los inversores prudentes.
Todos estos libros ofrecen una combinación de consejos prácticos, principios fundamentales y perspectivas reveladoras sobre la psicología del dinero, lo que los convierte en recursos valiosos para quien desee comprender el mundo de las finanzas y desenvolverse eficazmente en él, ahora y en el futuro.
Más recursos
Si eres nuevo en la planificación financiera, el ahorro y la inversión, te recomiendo que busques un mentor financiero. Uno de los mejores lugares para encontrar a esa persona es tu iglesia local. En la era de la información, los cristianos solemos buscar ayuda para los muchos problemas de la vida en cualquier lugar menos en las iglesias locales. Esto es un error.
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Preguntas para reflexionar:
- ¿Con quiénes de tus conocidos crees que podrías hablar sobre tu dinero (lo que ganas, donas, ahorras y gastas)?
- ¿Te sientes incómodo hablando sobre tus ingresos, donaciones, ahorros o gastos? ¿Por qué?
- ¿Tus padres usaban el dinero de forma sabia? ¿De qué forma sí o no?
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Conclusión
Escribí esta guía, en parte, para ayudarte a pensar sabiamente sobre cómo ganar más dinero. Pero esta no es la razón principal por la que la escribí. Lo hice para que, más allá del dinero que ganes, aprendas a honrar a Dios y a servir a los demás con él. Al hacerlo, creo que estarás en una mejor posición para dar testimonio a todos los que observan tu vida de que Dios es quien dice ser y que es digno de toda tu adoración.
Acerca del autor
John Nugier es un devoto seguidor de Cristo que reside en el valle central de California. Tras su exitosa carrera empresarial, John se ha dedicado a vivir una vida de alto impacto, invirtiendo en el bien eterno de los demás. Su deseo es transmitir la sabiduría adquirida con tanto esfuerzo a las generaciones futuras y ver a otros cristianos asumir la tarea de mentorear. Esta es la visión detrás del Proyecto de Mentoría.
Taylor Hartley se desempeña como director editorial de 9Marks en Washington, D. C. Está casado con Rachel, con quien tiene un hijo, Bode. Taylor obtuvo su máster en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Actualmente, está trabajando para obtener su máster en Teología en el London Seminary, en Reino Unido.
Tabla de contenido
- Parte I: ¿Qué dice la Biblia sobre la administración del dinero?
- En primer lugar, los cristianos debemos confiar en que Dios satisfará nuestras necesidades.
- En segundo lugar, los cristianos debemos trabajar duro, como para el Señor.
- En tercer lugar, los cristianos damos de nuestra abundancia.
- En cuarto lugar, los cristianos damos para apoyar el ministerio de nuestra iglesia local.
- En quinto lugar, se espera que los cristianos demos a los necesitados según nuestras posibilidades.
- En sexto lugar, los cristianos deseamos ser una bendición para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
- En séptimo lugar, los cristianos debemos prestar atención a las advertencias de la Biblia en relación con las deudas.
- Preguntas para reflexionar:
- Parte II: Los fundamentos
- 1. Gasta menos de lo que ganas.
- 2. Tenga cuidado con las deudas.
- 3. El autocontrol es una lección fundamental que debemos aprender en la vida
- 4. Como todo en la vida, la paz financiera comienza cuando reconocemos a Dios como creador y Señor
- 5. Debemos servir como Jesús.
- Preguntas para reflexionar:
- Parte III: Cómo administrar el dinero
- La regla del 80-10-10
- Consejos para invertir de forma inteligente
- Preguntas para reflexionar:
- Parte IV: Recursos sobre finanzas
- Cuatro libros clásicos para leer:
- Más recursos
- Preguntas para reflexionar:
- Conclusión
- Acerca del autor